Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

June 8, 2011

Nos mudamos a La Mula

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Desde enero de 2011 esta KOLUMNA OKUPA se ha mudado a La Mula el soporte de la RCP que está rompiéndola.

January 30, 2011

Impunidad en campaña

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¿Debería salir de prisión Alberto Fujimori por un indulto si es que está enfermo de cáncer? El tema es sumamente complejo pero solo hay una respuesta posible: no. No se trata de que estemos a favor o en contra de los indultos, o que seamos fujimoristas o  antifujimoristas. El nudo del problema es un asunto de derecho internacional público: no se puede ni indultar ni amnistiar a personas que han sido sentenciadas por delitos de lesa humanidad y, en el caso peruano, por secuestro agravado.

Lamentablemente esta importante particularidad técnico-jurídica no se tiene en consideración porque ha sido una parte interesada, Keiko Fujimori, quien ha  sostenido durante varios meses como parte de su campaña el  indulto a su padre. Como hija, podría entenderse; como estadista, es un despropósito totalmente anacrónico. Como electores, nosotros no tenemos por qué escuchar a una buena hija; estamos escuchando a una más que mediocre estadista.

Por eso mismo Keiko Fujimori, a quien tampoco le faltan asesores, ha querido virar a última hora el discurso de su campaña y propone que el tema del caso de su padre se resolverá en los “tribunales”. El punto es que en los tribunales ya se decidió y hay una sentencia firme. Sin embargo, como se sabe, los abogados de Alberto Fujimori han presentado una decena de hábeas corpus y hay uno que está esperando pronunciamiento de los miembros del Tribunal Constitucional; pero, al parecer, por declaraciones del presidente del mismo, se ha pensado postergar el fallo después de las elecciones. Como bien ha sostenido Marisol Pérez Tello, de la Alianza de PPK, “el aparato judicial no se puede detener por las encuestas”. Coincidimos plenamente: las decisiones de un poder autónomo del Estado no pueden frenarse con base en cálculos políticos. ¿La resolución del hábeas corpus a favor de Fujimori implicaría que este podría salir a la calle inmediatamente? No. Solo devendría nula la confirmación de la sentencia, mas no la sentencia. ¿Qué significa esto? Que la sentencia se volvería a revisar. Es decir: las leguleyadas de nunca acabar para no respetar una sentencia ejemplar.

La situación es más que lamentable porque hay muchos políticos que están “quebrando cintura” para no oponerse de forma directa a la posibilidad de la impunidad y tratar, ingenuamente, de redituar los votos de ese 20% duro del fujimorismo. Es realmente indignante que los cálculos electorales puedan sobreponerse a las declaraciones públicas hechas antes de la campaña o incluso a los supuestos valores democráticos y firmes que suelen esgrimir de la boca para afuera. Más bien deberían de considerar que defender los derechos humanos, teniendo en cuenta los miles de afectados por las vejaciones a los mismos, podrían eventualmente también otorgarles votos.

Esta kolumna se ha publicado en La República el domingo 30 de enero, coincidiendo con mi cuadragésimo octavo cumpleaños. Ha salido el sol limeño de verano y ese es un gran regalo.

January 23, 2011

Un km de chalina

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Aprendí a tejer de las manos de mi madre cuando tenía siete años. Lo primero que me enseñó fue a poner los puntos en el palito, de una manera rarísima, que luego en el colegio imitaban mis amigas porque el método de mi mamá era más rápido que el de la profesora. Lo primero que se aprende es lo más fácil: reveses y derechos en una chalina. Ese fue mi primer tejido: una chalina azul. Era horrible, estaba mal tejida, llena de errores y horrores, enganchados, puntos falsos, pero la terminé y le puse sus flecos al final y daba la vuelta al cuello. Y aprendí. Más adelante en mi vida me la he pasado tejiendo: chompas para mis enamorados, chales para mi abuela y, mucho más adelante, ropones para mi hija, de colores fuertes, nada de rosadito. Es que tejer es la manera práctica de poner en movimiento las manos mientras estás pensando en otra cosa, viendo televisión o conversando. Tejer es evitar el refocilamiento de la nada. Tejer es una manera de combatir el estrés y de relajarse. Y por supuesto es una actividad colectiva: generalmente tejemos acompañadas. Creo que tejer es un acto de amor.
Sabía que tejer era una actividad de templanza y orden, pero he aprendido, la semana pasada,que también tejemos para recordar y hacer memoria y para pedir verdad y justicia. Eso es precisamente el proyecto La Chalina de la Esperanza, que ha regresado por todo lo alto a la Galería Pancho Fierro de la Municipalidad de Lima, como bien dice Paola Ugaz, una de las organizadoras, “en el centro del Perú: la Plaza Mayor”, y –además– de las manos de las señoras de ANFASEP, como Adelina García, y con el apoyo de Susana Villarán, Salomón Lerner, Gustavo Gutiérrez, Pilar Coll, Mario Vargas Llosa y Magaly Solier, quien tejió un pedazo de chalina para recordar a su abuela Herminia Ramos Soto, víctima del conflicto en Ayacucho. Y por supuesto bajo la batuta telar de Morgana Vargas Llosa, Paola Ugaz y Marina García-Burgos (Colectivo Desvela), quienes han apostado por esta propuesta simbólica que admiro profundamente.
Como ha sostenido Morgana, el proyecto nació hace dos años con la idea de utilizar esta forma creativa para que las propias víctimas del conflicto armado o familiares de desaparecidos participen. Y al principio se trató de algo bastante modesto pero, con el apoyo de cientos de manos tejedoras de todos los rincones del Perú, la chalina ha cobrado hoy decenas de metros de tejido regular: se trata de paneles tamaño oficio, muchos de ellos con los nombres o recuerdos de los desaparecidos, y realizados por las manos de madres y viudas, en honor a las memorias de los que se han ido: “he hecho chalina pensando en mi hija, los recuerdos hacia ella cuando era bebé, hasta los 21 años, tan linda cariñosa buena”. Este papel acompaña uno de los tejidos que han llegado desde Huamanga, Cusco, Huancavelica, Ucayali e incluso desde Colombia, Japón, Turquía u otros países. Fernando de Szyszlo piensa que la exposición debería ir al Lugar de la Memoria porque, como le señaló a La Mula, “está tan vinculada al dolor de la gente que ha perdido parientes en esta tragedia (…). Cuando termine de dar la vuelta al Perú y a algunas ciudades del extranjero, debería terminar allá”. Paola Ugaz también señaló que “como periodista te enseñan a ser muy escéptica, pero esta chalina me ha enseñado a creer. Si nuestro conflicto se dio entre hermanos, entonces como país debemos empezar a hacer más actos simbólicos, precisamente, para sentirnos como un solo país”.
Esta kolumna ha sido publicada en La República el domingo 23 de enero de 2011.

January 16, 2011

Treinta años sin reparación

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Tenía trenzas negras, apenas 16 años y una falda de color claro que luego se ensangrentó. Era 1981 y esta  joven mujer de la provincia de Parrco, Ayacucho, fue violada por siete sinchis durante toda una noche de horror y lágrimas. Ella recuerda que pedía auxilio, pero los policías le metieron un pañuelo en la boca para tapar sus estertores y sus gritos. “Esa, esa noche me violaron siete, eran siete, siete militares o sea los siete sinchis entraron a violarme. Uno salía, otro entraba, otro salía, uno entraba. Ya estaba totalmente muerta yo, ya no sentía que estaba normal” es lo que ha declarado en su testimonio. Esta joven campesina ayacuchana fue acusada de subversiva y trasladada, así con la ropa ensangrentada, primero a la cárcel de Huamanga y luego a Lima. Le dolía el cuerpo, pero, sobre todo, sentía que estaba “totalmente muerta yo”. En Lima el médico legista le dio informe de una de las verdades más cruentas para una mujer: tenía cuatro meses de embarazo. La joven quiso interrumpirlo, luego quiso dar a su hija en adopción, pero finalmente la cría, con todo lo que eso implica: resentimientos y luchas y sobre todo amor. Su hija es hoy una bella mujer alta y espigada, madre también, que este año cumple treinta. ¿Esta joven ayacuchana encontró alguna vez justicia? No ¿Los sinchis fueron enjuiciados? No ¿Ella como víctima fue reparada? No ¿Tenemos vergüenza como nación de lo que sucedió con esta joven mujer peruana?

Reparar es un término que usamos para solucionar problemas y, según el diccionario de la Real Academia, tiene 12 acepciones: una de ellas es desagraviar. Quizás no sea el término más feliz para hablar de reparar la justicia que se ha quebrado, pero es el que se usa de una manera técnica para señalar que una víctima de violación durante un conflicto armado –o una víctima asesinada o una víctima desaparecida o una víctima sin piernas por un atentado– tiene el derecho a ser resarcida en su dignidad.

Tiene la oportunidad otorgada por el Estado de ser desagraviada. Es así que en el Perú surge el Plan Integral de Reparaciones que es obligatorio para el Estado peruano. El proceso de este plan ha sido lento, pero finalmente se está llevando a cabo gracias a la persistencia de personas comprometidas. El Consejo de Reparaciones, la institución técnica que tiene la misión de levantar el catastro de víctimas, está funcionando luego de penas y retrasos –sobre todo después de prescindir de casi todo el personal por falta de presupuesto durante el 2009– pero hoy en día ya tiene registradas 84,747 personas como víctimas. Según su secretario técnico, Jairo Rivas, es probable que se llegue a una cifra alrededor de los 100 mil registrados para cuando termine el periodo (julio del 2011).

Pero el asunto no son solo las cifras. Es la ejecución de las reparaciones:  llevar a la realidad el desagravio a una persona que pasó por el infierno de la violencia política.  Las reparaciones son simbólicas pero también económicas y tienen varios componentes.  Si bien el Estado peruano ha respondido con un presupuesto para reparaciones colectivas, aún no se pronuncia sobre las reparaciones individuales, ni sobre temas de salud, acompañamientos psicológicos, acceso a la educación y reparaciones para desplazados. Esto no depende del Consejo de Reparaciones sino de la Comisión Sectorial de Alto Nivel – CMAN, conformada por el MEF, la PCM y el MINDES. A los cinco años de funcionamiento de este organismo, digamos que hay –para ser políticamente correctos– “poca voluntad” por llevar a buen término el plan.  Y esto implica que la joven ayacuchana, ahora abuela, siga mendigando justicia en este país que, según dicen, avanza.

Esta kolumna ha sido publicada en La República el 16 de enero de 2011. La foto es de Nelly Plaza, de la protagonista de esta historia, con su hija, en la Plaza de Armas de Huamanga durante una de las audiencias de la CVR.

January 9, 2011

Los derechos humanos y los candidatos

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La candidata a la presidencia de la República que más ha hablado sobre derechos humanos en lo que va de la campaña es Keiko Fujimori: ella ha señalado que es necesario reponer la pena de muerte. Haber hablado más no es, necesariamente, hablar a favor sino en contra de los derechos humanos, en este caso, en contra del derecho a la vida, tan mentado por su candidato a la vicepresidencia al referirse a la píldora del día siguiente, pero tan disociado de la esperanza cuando se trata de hacer campaña usando la sensibilidad de los electores.Keiko Fujimori sostiene que debe castigarse con pena de muerte a los violadores de niños. “Yo creo que este tipo de delincuentes no tienen arreglo. Es algo que se aplica en varias partes del mundo. Creo que ha llegado el momento de debatir la propuesta porque es un clamor popular”, ha dicho a RPP.

¿Un clamor popular? Cuando se da un caso concreto muchos peruanos, sobre todo quienes somos padres y madres de familia, nos sentimos consternados ante este delito, como ha sucedido la semana pasada en el caso de la niña violada y asesinada por su propio padre. Una madre vaciada de su hija o un familiar indignado pueden llorar y gritar y querer venganza, pero ¿matar al padre acaso devolverá la vida a la niña? Obviamente no. El caso de la pena de muerte, y eso lo propuso el Marqués de Beccaria hace siglos en su famoso tratado “De los delitos y las penas”, no restituye el derecho dañado ni cumple con los otros requisitos de la pena. Por lo tanto, la pena de muerte no tiene ningún sentido jurídico, y además va en contra del propio contrato social. La pena de muerte, lamentablemente, se ha convertido en el caballito de batalla de aquellos candidatos –aquí y allá y en todas partes– que no tienen más programa político que unas cuantas ideas hilvanadas sin sutura y previas a la Revolución Francesa.

En realidad el derecho a la vida, a la libertad, a la igualdad ante la ley, entre otros, no son necesariamente puntos en agenda de los candidatos. Sacar a la palestra a la “pena de muerte” no es sino una manera de apelar a la barbarie para aplacar la barbarie.

Este planteamiento responde a la idea de que la seguridad ciudadana es la principal preocupación de los peruanos e invoca al miedo, al temor y al terror para tomar las grandes decisiones. Tal vez en encuestas urbanas la inseguridad esté en alza, sin embargo no es necesariamente el principal problema de los grandes sectores rurales y urbanos marginales, quienes tienen como espada de Damocles a la falta de distribución de los ingresos. La seguridad ciudadana es, casi, un tema municipal; un tema de la nación es la pobreza y la corrupción. Pero ¿qué candidato se ha referido a los derechos humanos como un punto de su plan de gobierno?, ¿qué va a suceder con todas las víctimas registradas del conflicto armado que ya van en 84,747?, ¿se les va a reparar económicamente?, ¿y simbólicamente se les va a reparar?, ¿las mujeres violadas por el Ejército o por SL y el MRTA tendrán alguna ayuda psicológica que les permita hacer más vivibles sus propias vidas?, ¿ese padre sabrá con exactitud si su hijo, que no pasa la Navidad con él desde hace 20 años, está absolutamente muerto?

Esta kolumna ha sido publicada en La República el domingo 9 de enero de 2011.

January 4, 2011

El año de José María Arguedas

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“Estoy luchando con tremendo esfuerzo y me siento perplejo por dentro. No sé adónde iré a parar. Lo que me sostiene es mi fervor por el Perú…” esas fueron las palabras que envió José María Arguedas a su psicoanalista Lola Hoffman en una carta desesperada fechada en marzo de 1967. Un año después, acumulando frustraciones y agobiado por un cansancio existencial, Arguedas escribía su última carta, una carta colectiva a los miembros de su “casa de estudios”, en la que se encuentran las siguientes líneas: “Todo cuanto he hecho mientras tuve energía le pertenece al campo ilimitado de la universidad y sobre todo el desinterés y la devoción por el Perú y el ser humano”.

El amor al Perú. ¿Qué es para nosotros el amor al Perú?, ¿qué sentido tuvo para Arguedas el amor al Perú? Fue un amor prístino, transparente, un amor al olor de la tierra, al viejo campesino surcado de arrugas del cual podía enamorarse, un amor de niño, un warma kuyay como el que sintió por el becerrito que latigueó el Kutu, un amor sin límites que, sin embargo, no pudo darle ese “temple de vida” que requería para seguir respirando. Por supuesto que no era un amor a la bandera y a los símbolos patrios, sentimientos vacuos que algunos utilizan incluso como justificación de asesinatos, el de Arguedas fue un amor de otra índole, una sensación de pertenencia a los rincones más oscuros de nuestro país: a la sentina de la cárcel de El Sexto donde también encontró humanidad, o a la belleza de esos ríos profundos que separan en dos una comarca; por eso, en esa misma carta termina diciendo: “He vivido atento a los latidos de nuestro país”.

Lamentablemente los latidos del país nunca estuvieron atentos a José María Arguedas. ¿Qué billete ha llevado su rostro?, ¿qué estatua de homenaje se ha levantado en un lugar céntrico de la capital?, y lo que es peor, ¿qué edición popular ha impreso el gobierno peruano para difundir su obra? Ninguna. (El congreso ha editado una antología pero no es de divulgación popular). Es cierto que el mejor homenaje es leerlo, pero a los cien años de su nacimiento, quedaría como un deber del país darle a Arguedas, por ese amor que nos enseña en cada una de sus letras, un vuelto de todo esto. Una nada. Una casi nada. Declarar el año 2011 como “Año de José María Arguedas” sea quizás una decisión fatua y burocrática y puede ser que no sirva de nada; pero sí como un símbolo que permita, a los niños que asisten a las escuelas más alejadas de Yuyungo o Puquio, interesarse por este “gringacho”, que ha sabido silbar y cantar y escribir tomándole el pulso a la alegría y el dolor de ser peruano.

El Ministerio de Cultura, según su página web, está gestionando ediciones de sus novelas y sobre todo de su obra antropológica aún inédita, concursos de danzas y de artesanías en homenaje al escritor, y el bautizo de un tramo de la carretera Nazca-Urcos con su nombre. Esperamos que realmente todo esto se lleve a cabo en un año de cambios ministeriales. Pero sobre todo, recordemos lo que dijo el mismo José María en su Último Diario: “Me gustan, hermanos, las ceremonias honradas. No las fantochadas del carajo…”

Esta kolumna ha sido publicada el domingo 2 de enero de 2011 en La República. Al ser redactada no se sabía aún del año 2011 como “Año de Machu Picchu al mundo”, denoninación con la que no estoy de acuerdo tampoco.

En la foto de arriba, José María Arguedas y Blanca Varela en Puerto Supe. 

December 27, 2010

Una película de Navidad

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Sobre el lío que ha armado el proyecto de Ley ProCine

La semana pasada ha sido muy movida en el ámbito cinematográfico por la discusión pública entre dos o más sectores de cineastas en relación con el proyecto de ley de Fomento y Masificación de la Cinematografía Nacional presentada por los congresistas Carlos Raffo y Luciana León que modifica la ley de cine de 1994. Por un lado, la Unión de Cineastas Peruanos, cuyo representante es Christian Wiener, ha enviado una carta al presidente Alan García para que observe la ley y vuelva a ser discutida; por otro lado, la Asociación de Productores Cinematográficos del Perú, encabezada por Francisco Lombardi, ha apoyado esta ley llamada “Procine” con su respaldo a través de una carta pública y su presencia en el momento de la votación durante la plenaria del Congreso.

La situación es muy compleja para quien no está dentro del medio cinematográfico y difícil de explicar en unas pocas líneas. Sin embargo, siguiendo los comentarios del blogger y abogado Felipe Gamboa, se puede decir que la ley tiene algo bueno, algo malo y algo horrible. Lo bueno, según él, es que se ha quitado el 10% del impuesto municipal, lo que en teoría abarataría ir al cine; lo malo es “que la ley Procine reduce a 3.33 el porcentaje para el fomento del cine nacional y es ambigua en torno a la naturaleza del aporte y a las consecuencias de su incumplimiento”; y lo horrible es que no se ha designado un monto para que el Estado en el presupuesto de la República le otorgué a la promoción de los concursos públicos de Conacine, dejando en el aire una de las formas de fomento del cine más importantes y efectivas. Finalmente, la ley fomenta la distribución y la comercialización del cine –no necesariamente peruano–sobre la creación y producción, lo que implica que podríamos tener más Cinemarks o Cineplanets pero con películas de Hollywood que arrinconan a la producción nacional, latinoamericana y europea.

Lo penoso –agregando otra categoría a la propuesta por Gamboa– es que dentro del gremio y fuera de sus fronteras se esté comentando que el grupo de APCP ha sido siempre favorecido por los concursos de Conacine y se insinúa que estarían coludidos con sus funcionarios y empleados para beneficiarse con los fondos. Yo fui jurado de Conacine en el 2006 y el 2008, y las dos veces, cuando tuvimos que votar, se calificaron los guiones o las películas por puntos, se hizo un recuento del puntaje en una pizarra, se sumaron esos puntos uno a uno y de esta manera se designó a los ganadores. En el 2006 el presidente del jurado fue el finado Pablo Guevara, quien hizo una labor impecable, y con el genio que tenía Pablo hubiera sido imposible cualquier contubernio con Lombardi, que ganó en esa ocasión el rubro de posproducción; y en el 2008 fue presidente Alejandro Legazpi, quien hizo lo propio. Los premios fueron otorgados por votación mayoritaria y en ambos casos tuvimos que leer decenas de guiones, muchos de impecable factura, y ver la viabilidad de cada uno de esos proyectos. Creatividad es lo que más hay en nuestro país para la producción de cine, por lo mismo haberse equivocado en no designar un porcentaje del presupuesto es un error muy perjudicial para el cine peruano. Por eso considero que la ley tiene que reformularse. Sin embargo, que en este momento el gremio se divida es la manera más absurda de perder fuerza.

Esta kolumna fue publicada el domingo 26 de diciembre de 2010 en La República.

December 19, 2010

El pueblo es bruto

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¿Partidos o alianzas?, ¿frentes o retaguardias?, ¿insider u outsider?, ¿militantes o invitados?, ¿todo lo sólido se desvanece en el aire? Las diversas crisis cíclicas previas a las elecciones se apoderan, ahora, de todo el espectro político: derechas, izquierdas y el ultrapeleado centro. Nadie quiere ir solo, pocos apuestan por sus propios militantes, buscan al outsider-bolo-fijo que es, siempre, la locomotora de un partido que puede quedarse fuera de registro. ¿No será momento de repensar en la ley electoral? La semana pasada la ONPE presentó el último número de su revista Elecciones invitando a algunos miembros de diferentes partidos políticos para que, de alguna manera, comenten los artículos publicados. Casi todos coincidieron, tanto Carlos Ferrero como Felipe Osterling, Carmen Losada de Gamboa, Carlos Tapia y Carlos Roca, en comentar un artículo muy polémico sobre la crisis de los partidos, escrito por el profesor español Manuel Alcántara.

Para Felipe Osterling el gran problema de la crisis de partidos en el Perú es la falta de confianza en el foro público de las nuevas generaciones. Su crítica no se enfocó en la falta de credibilidad de los liderazgos, sino en que los electores desconocen la maquinaria política debido a una deficiente formación en “educación cívica”. En otras palabras, y disculpen la sobreinterpretación, “el pueblo es bruto”. Quizás no le falta razón al referirse al tema educativo, pero no podemos aducir que la falta de confianza esté solo vinculada a la escasa “educación cívica”. Considero que, en términos amplios, el pueblo peruano es uno de los más politizados de América Latina y es interesante cómo ha pervivido en el electorado este interés en la política a pesar de que despotriquen de ella. A su vez, las posibilidades de educación cívica eran sumamente altas cuando no votaban ni mujeres, ni analfabetos y sí hombres blancos y letrados. Pero se trataba de una democracia absolutamente reducida a una élite. Si ahora solo votaran los bachilleres universitarios, entonces tendríamos más facilidad de poder difundir una cultura cívica y ética, pero a su vez estaríamos en la práctica restringiendo esa cultura que tendría poco de cívica y nada de ética.

Considero que los viejos dirigentes deben poner las barbas en remojo: parte del problema de la crisis de partidos es la falta de una generación de recambio. Lourdes Flores, por ejemplo, es una lideresa que está gastada en la faena electoral y su partido ha tenido que optar por una alianza con otra alianza y así respirar seguros de poder conseguir el ansiado 5% que permite la supervivencia. ¿Y qué sucedió con los jóvenes pepecistas? No lo sabemos, están ahí, han militado en el partido desde siempre, desde sectores incluso periféricos y de provincias, pero siguen ninguneados por las cúpulas limeñas. Precisamente este fue el comentario que hizo Carlos Roca: hay tanto desencanto de las dirigencias locales y provincianas sobre las centralizadas en Lima que los propios militantes con posibilidades regionales se salen de los partidos para evitar el ninguneo o la asignación manu militari desde la capital. Y Carlos Roca sabe de lo que habla.

Esta kolumna salió publicada en Domingo de La República el 19 de diciembre de 2010.

December 18, 2010

Nariz

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Desde que escribi el post sobre el comentario de Mario Vargas Llosa sobre la “naricita respingona” de su esposa, no he podido sacarme de la cabeza, por asociaciones libres y perversas, la imagen de Bibi Ayesha, la joven afgana cuyo esposo le mutiló la nariz y las orejas como castigo a su “mal comportamiento”. Dos narices, dos hombres opuestos, dos historias completamente antagónicas: la celebración y la humillación dolorosa, casi mortal.


Bibi Ayesha aún en Kabul.

Bibi Ayesha, 20 años, de la etnia de los pashtún, una de las más conservadoras en Afganistán, se había escapado de casa del marido para tratar de liberarse de los golpes y maltratos a los que la sometía él y toda la familia política. Ella había sido dada por su padre al marido en pago por una “deuda de sangre” que había cometido un tío de la joven contra la familia del marido. Bibi logró escapar a Kandahar donde fue encontrada por su esposo. Aquí las versiones comienzan a diferir: algunas, como la que narra Elizabeth Rubin en National Geographic, sostiene que el esposo de Bibi Ayesha, un “combatiente talibán”, le rebanó la nariz y las orejas mientras otros hombres la sostenían, siguiendo las instrucciones de una yirga (consejo) talibán. Por su lado, la reportera Ann Jones en The Nation sostiene que las interpretaciones de los hechos difieron de lo que Ayesha le narró: ella le contó que su suegro le cortó la nariz con un cuchillo, que si bien los hombres del pueblo la celebaron, no hubo talibanes que intervinieron o que dieron una orden.

Lo lamentable de todo este asunto es que la revista Time jaló agua para su molino con la nariz de Bibi Ayesha. Publicó la foto en carátula junto a un titular que rezaba: ¿Qué pasaría si dejamos Afganistán?, obviamente, una maquiavélica manipulación del caso terrible de mutilación de esta joven afgana. Es cierto que los médicos de las tropas estadounidenses apostadas en Afganistán la salvarón de desangrarse, la ayudaron y algunas organizaciones humanitarias con las que contactaron, pudieron conseguir financiación de una prótesis y para diversas cirujás plásticas a las que será sometida para recuperar su rostro. Pero eso no implica que los afganos se encuentren mejor “ocupados” por las tropas estadounidenses, y menos aún, que por la presencia de estas tropas puedan contener todos los crímenes que se cometen contra las mujeres.

Como sostiene una de las mujeres que vivió y logró sacar a Bibi Ayesha de Kabul, Esther Hyneman, lo fundamental de todo esto es que las mujeres afganas siguen muriendo al ser sometidas a estas vejaciones por las familias políticas y por sus propias familias. No es un problema solo de cualidades masculinas, odios y celos o rivalidades en torno a las tres posesiones de los pashtún: zar (oro), zamin (tierra) y zan (mujeres), sino sobre todo, un sistema patriarcal basado en la propiedad de la fertilidad femenina.


Bibi Ayesha con una prótesis.

Casualmente Elizabeth Rubin, la autora de la nota de National Geographic, narra que encontró en una librería de Kabul los poemas que recogió Sayd Bahodín Majruh de la tradición oral de las mujeres pashtún. El libro lo encontré en castellano en una librería de Madrid, se titula El suicidio y el canto, precisamente en memoria de todas esas mujeres pashtún que pensaron en morir como la única manera de salir de ese infierno. Los poemas de dos versos son los llamados landays, poesía oral transmitida a escondidas, de una voz de mujer a otra voz de mujeres, que narra historias de amores prohibidos y cantos de libertad. Uno de estos cantos sostiene, en breves palabras, lo que quizás haya pensado Bibi Ayesha:

Al instante serías un monton de ceniza / si lanzara sobre ti una mirada encendida…

December 12, 2010

Tengo la nariz, me falta la esposa

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Hemos sido muchos los que nos emocionamos con el gesto de Mario Vargas Llosa, ese escape de las lágrimas más allá de la solemnidad, y en el preciso lugar y momento en que se encumbra como un escritor universal. Durante la segunda parte de su discurso, cuando hablaba del Perú, Vargas Llosa recordó: “el Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años”. Más adelante remata: “sin ella mi vida sería un torbellino”.

Este homenaje a la mujer que organiza la vida del Premio Nobel peruano me ha hecho recordar a esa peculiar especie humana denominada “esposas de escritores”. Desde Georgette de Vallejo, la viuda fiel que le tiró a la cara a Enrique Larrea, veinte años después de la muerte del vate, un puñado de monedas devolviéndole una deuda que él había comentado en una conferencia pública a la que ella asistía, hasta Sybila Arredondo de Arguedas, la viuda de José María, quien pasó varios años de su vida en las cárceles peruanas sentenciada por terrorismo y quien, a pesar de todo, sigue persistiendo en publicar la obra completa del escritor. Al otro lado del planeta, Tess Gallagher, la viuda de Raymond Carver, ha hecho lo posible y lo imposible para seguir manteniedo la imagen más benévola e independiente de su esposo, aunque finalmente se supo que fue el editor Gordon Lish, quien le daba el magnífico toque carveriano a esos cuentos minimalistas.

Consiero que en general no se trata de mujeres tan apasionadas sino organizadas: Mercedes Barcha, la esposa de Gabriel García Márquez también le “hace malestas” pero, además, sacó dinero de donde no había –hasta vendió los aparatos eléctricos de su casa en México– mientras Gabo terminaba Cien años de soledad. Por otro lado, en el Perú, sabemos que “la Negra” esposa de Antonio Cisneros siempre ha sido su bálsamo y su soporte: él mismo le ha dedicado a ella varios poemas y no de la serie de los irónicos.

Hace unos cuantos meses me invitaron al Festival Mundial de Poesía en Caracas, Venezuela, y como parte de las actividades de los poetas invitados compartí el viaje a Ciudad Bolivar con una pareja de esposos, él un poeta francés, Francois Migeot y Judith Alvarado, una antropóloga venezolana que había trabajado en Puno y conocía de cerca muchos de los problemas del Perú. En esa ocasión ella fungía de esposa de escritor: no solo traducía sus poemas del francés al español, organizaba sus entrevistas, hacía las listas de entrega de sus libros y le cuidaba el sueño, sino que también a los extranjeros nos explicaba la casi inexplicable política del país. Una mañana frente al mar Caribe no pude dejar de soltar mi típica frase envidiosa: “ay, yo necesito una esposa como tú” y todas, incluyendo a nuestra excelente cicerone, nos reímos a carcajadas. No es que yo estuviera enamorando a la señora Migeot, ni nada por el estilo, sino que envidiaba soberanamente al poeta que tenía en ella a una compañera, a una secretaria, a una traductora, a una adjunta, a una asistenta y además a la madre de sus hijos.

Me comentaron después que lo mismo, al parecer, dijo hace muchos años la escritora polaca-mexicana Elena Poniatowska. En estos trances, al parecer, las diferencias de género siguen siendo las mismas. Las escritoras generalmente, aunque no es tan simple el asunto, no tenemos esposos que nos ayuden, nos hagan las maletas, nos abran la puerta del carro, lleven nuestras cuentas, se encarguen de la casa y nos despidan en los aeropuertos con un beso apasionado.

Dicen que Leonard Woolf intentó organizarle la vida a Virginia, pero ella terminó metiéndose piedras en los bolsillos del abrigo para dejarse llevar por el río Ouse. El caso extremo es el de la escritora ecuatoriana Alicia Yañez, quien escribía en el walking-closet de su cuarto, mientras su esposo dormía en la cama, porque no tenía escritorio ni un cuarto propio, además el hombre tenía que trabajar y ella no lo quería desvelar. Ted Hughes se dedicó a esconder y perder los dos últimos diarios de su esposa, Sylvia Plath, porque “no quería que sus hijos se enteren” de los últimos momentos en que él le falló a ella en todos los puntos de la lealtad.

En fin: la historia reciente nos llena de anécdotas de un lado y otro; sin embargo, nos enseña que, a pesar de todos los cambios de políticas públicas, y de apuestas de UNIFEM, y de ONGs que luchan por los derechos de las mujeres, hombres y mujeres tenemos otro tipo de dificultades si queremos hacernos de una pasión y de un nombre, más aún si no tenemos una esposa o esposo o compañero o secretario o asistente que nos cobije.

En todo caso, como consuelo, recordemos con otra Premio Nobel de Literatura, Wislawa Szymborska, el agradecimiento a aquellos a los que no ama:

Debo mucho
a quienes no amo.

El alivio con que acepto
que son más queridos por otro.

La alegría de no ser yo
el lobo de sus ovejas.

Estoy en paz con ellos
y en libertad con ellos,
y eso el amor ni puede darlo
ni sabe tomarlo.

El poema ha sido tomado de aquí.

Los Nobel también lloran

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El hombre, el patriarca, el escritor conocido y reconocido se quebró en el museo de Estocolmo cuando habló de la mujer que lo ha acompañado durante 45 años, y tuvo que leer entre suspiros y lágrimas algunas de las frases que había preparado para tal ocasión. A lo lejos, en el Perú, quienes seguíamos por radio o U-stream el discurso que leyó en español no pudimos sino contagiarnos de ese rebalse de emoción. Dice el secretario perpetuo de la Academia Sueca, Peter Englund, que es el único Nobel que ha llorado durante la lectura de su discurso. No queda duda de que, a pesar de su racionalidad y su liberalismo, el toque latinoamericano han sido esas lágrimas que muestran a Vargas Llosa como, finalmente, somos todos por estos lares, tan alejados de las distancias nórdicas y tan cercanos a una sensibilidad a flor de piel.

Llorar nos hace más humanos. Vargas Llosa no se ha permitido unas lágrimas, estas han salido, como dice el verso de Garcilaso, el poeta: “salid sin duelo lágrimas corriendo”, porque se han escapado de la solemnidad del espacio, entre las líneas de un texto que ha apostado por ciertos valores que han acompañado desde siempre al escritor: la lectura, la familia, su terquedad en su apuesta por la ficción. Precisamente junto a esta apuesta también podemos encontrar una firme oposición a cualquier tipo de autoritarismo, desde el autoritarismo patriarcal ejercido por su propio padre hasta el político de los dictadores latinoamericanos, y con este valor Vargas Llosa ha podido describirnos, en sus novelas y en su autobiografía, la crueldad del aprendizaje y, a veces, del ejercicio de la masculinidad en América Latina. Sin duda, Vargas Llosa es quien ha descrito y escrito con profusión sobre el tema, sobre la bestialidad de un machismo sin frenos, desde su temprana La ciudad y los perros hasta La fiesta del Chivo. Por eso mismo, estas lágrimas de un hombre que se está logrando en el mismo hecho de leer su discurso son contundentemente simbólicas. Los hombres sí lloran cuando deben de llorar. A mucha honra.

Por cierto, apenas unas cuantas horas de este hecho y ya algunos blogs están hablando de las “lágrimas de cocodrilo de esa caterva de burgueses que acompañan al intelectual del fascismo” en un tono, por cierto, hiperbólico y acrítico, de brochazos en blanco y negro, que no le hacen ningún bien a la opinión pública. Me parecen estúpidos y mezquinos semejantes calificativos. Uno puede discrepar de Vargas Llosa, desde una perspectiva política e ideológica, pero no puede creer que sea un fascista. Es totalmente lo opuesto: es un libertario desmedido. Cree a pie juntillas en la libertad, sobre todo, del mercado y por eso yo discrepo. Pero, como decía Alberto Flores Galindo, disentir es una forma de aproximarnos, por lo mismo no podemos dejar de percibir lo vil que es calificar a esas lágrimas como falsas. Todo lo contrario: nunca he sentido un quiebre de voz de un hombre mayor, de un hombre público acostumbrado a las lecturas en público, tan honestamente real y profundo y verdadero.

Esta kolumna ha sido publicada en el especial sobre Vargas LLosa del diario La República el domingo 12 de diciembre de 2010.

December 5, 2010

Música de filtraciones

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“¿Por qué publicamos estas filtraciones? Porque creemos que hay un tipo de información que no está circulando y que puede producir muchos cambios. Información que las organizaciones están ocultando con una gran inversión de dinero. Esa es una buena señal de que cuando la información salga, hará mucho bien […] Los hombres rectos cuidan de las víctimas no crean víctimas” con estas palabras se presentó en julio de este año Julian Assange en el programa TED (Technology, Entertainment, Design) un sitio web que difunde ideas e información científica vinculada al activismo global a través de conferencias o entrevistas que cuelga en su página. Assange, el supuesto hacker que ha puesto en jaque a gobiernos de todo el mundo —aunque él se autocalifica más bien de periodista— es el hombre de la semana y sobre cuya cabeza hay más de uno que muy bien pondría el cartel “se busca vivo o muerto”.

Wikileaks no es nuevo para nuestro país. Hace buen tiempo Pablo O’Brien y Marco Sifuentes colgaron 86 de los famosos “petro-audios” en la página (actualmente, como está hackeada, este material tampoco se puede escuchar). En una columna de ese entonces Sifuentes narra cómo se pudo en contacto con los “administradores” anónimos de la misma, las preguntas que le hicieron y la forma cómo fueron levantando la información, todo por chat. Una de las condiciones de la información es la confidencialidad además del anonimato: por eso mismo la sobre-exposición mediática de Assange, quien se ha convertido en la cabeza de turco de WikiLeaks, con ánimo de héroe pero quizás resultados de mártir. Obviamente no se trata de Jason Bourne, pero cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia, puesto que Julian Assange es el hijo monstruoso y radical de una prédica muy norteamericana: la libertad de información.

Aunque parezca irónico, Assange el 26 de noviembre de este año, apenas cuatro días antes de comenzar a poner en circulación poco a poco los 251,287 cables de las embajadas de Estados Unidos de todo el orbe, le escribió al embajador estadounidense en Gran Bretaña solicitándole algún contacto anónimo o privado para poder saber, con antelación, si alguna de esta información sitúa a personas en peligro de daño y termina diciendo: “Wikileaks respetará la confidencialidad del asesoramiento proporcionado por el Gobierno de los Estados Unidos y está dispuesta a considerar cualquier comunicación que se haya introducido sin demora”.  La respuesta fue inmediata: una orden de captura internacional por supuesto delitos sexuales en Suecia. Casi parece un chiste.

La ultraconservadora activista Sarah Palin ha pedido que se busque a Assange como a Osama bin Laden (si es así, no lo encontrarán nunca) y Candice Miller, legisladora republicana, exigió que se “cierre WikiLeaks” porque es “una organización terrorista internacional”.  Los políticos tiemblan mientras la plebe mira con una sonrisa de medio lado.

Luego de varios días de “no se encuentra la página que busca”, las megafiltraciones van apareciendo de a pocos en la página recargada desde otro soporte. Mientras tanto Assange y WikiLeaks buscan financiamiento por “goteo” para pagar la defensa del primero y la infraestructura de la segunda y alistan baterías contra el nuevo “blanco” de sus filtraciones: el Bank of America, según dicen las liki-lenguas.

Esta kolumna ha sido publicada en La República el domingo 5 de diciembre de 2010. La ilustración es pirateada de Time.

December 1, 2010

Nunca me cansaré (letanías)

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Nunca me cansaré de escribir contra la violencia ejercida sobre las mujeres por padres, novios, enamorados, esposos, maridos, amantes, más-que-amigos y demás varones, y sostener que se fundamenta en un asqueroso conjunto de ideas: el machismo.

Nunca me cansaré de repetir que el machismo no es una característica de los varones, ni un defecto de los hombres, sino un sistema de discriminación.

No me cansaré de intentar entender ese sistema de discriminación que, considero, se basa en la idea de poderío del hombre sobre la mujer para controlar la natalidad y el parentesco matrilineal, un sistema que propugna la supremacía del varón y, sobre todo, de homologación de cierta fuerza física a una especie de superioridad moral.

Nunca me cansaré de estudiar ese sistema para analizar sus estructuras, laberínticas y perversas, sus maneras de organizar la discriminación con tal sutileza que, incluso, las propias mujeres lo creemos así y por eso nos victimizamos.

No me cansaré de hacer lazos violetas y ponerme lazos violetas, y vestirme de violeta, y recordar que el violeta es el color de la melancolía (Eielson lo dijo).
Nunca me olvidaré de mis antecesoras: todas aquellas mujeres que murieron para que yo escriba esta kolumna, aquellas cuyas imprentas fueron quemadas, y que luego excomulgadas salieron del Perú huyendo para salvar sus vidas.

Nunca me cansaré de explorar las diversas formas de parar la violencia física contra las niñas y contra las mujeres en situaciones vulnerables: conflictos armados, guerras internas y externas, trata de personas, prostitución forzada  y otras situaciones de alto riesgo.

No me agotaré ante la mirada indiferente, ante la cachetada de indolencia, que tantas reciben de tantas otras, sin percibir que es necesario ser solidarias con las mujeres golpeadas, quemadas, achicharradas vivas en las piras funerarias de sus maridos, lapidadas, rociadas con aceite y quemadas (como esa mujer del Cusco hace apenas cuatro días).

Y aunque se me caigan todas y cada una de las pestañas no cejaré en seguir leyendo, estudiando y aprendiendo en nombre de mi abuela que no pudo terminar la secundaria, de mi otra abuela que, terminándola, no la dejaron ser enfermera, y de mis tatarabuelas que, seguramente, “apenas escribían los recados de la lavandería” (Ricardo Palma lo dijo).

No me cansaré de repetir esta letanía, por los siglos de los siglos, contra mares y tormentas, contra todo pronóstico, contra el aburrimiento del mundo, contra los lectores que me desprecian, contra los que me ofenden, contra las mujeres que me ningunean, contra aquellos que se espantan de mi carácter panfletario y monotemático porque, mientras has leído este párrafo, una mujer ha muerto por culpa de una mano masculina que le asestó un navajazo, dos tiros en la espalda o “unos cuantos piquetitos” como dijo ese asesino mexicano cuando lo descubrieron.

Esta kolumna ha sido publicada en La República el domingo 28 de noviembre de 2010.

November 24, 2010

¿Toda mujer adora a un fascista?

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Qué pasa con este miedo
al que parece me estoy acostumbrando…

Lo guardo aquí despacito
para tenerlo como el arma que me convierte
siempre en víctima.

El miedo a lo que no sé
a lo que no puedo controlar
a los otros y sus futuros y posibles daños.

Was ist denn los?

Me doblo ante una maquinaria dura
me ablando ante el gesto autoritario
y finalmente dejo que me domine

Cuando ya me tiene bajo sus botas
me desecha
me desprecia

¿Por qué termino bajo las suelas si tengo dignidad?

¿Toda mujer adora a un fascista?

¿Qué tengo adentro para
comportarme de esta manera?

¿Y las que estuvieron antes?

Aquellas iniciaron esta cadena de acontecimientos
que perfora  nuestros esqueletos.

Hay que levantar del fondo del mar a la mujer-esqueleto
conocer cada una de sus miradas huecas
y desenredarla del ovillo de la vida para que resucite

someterse a la calma de la razón

y entender que no es necesaria la bota negra en la cara
para odiar.
O perdonar.

De Turbulencia, Estuendomudo, 2005.

November 21, 2010

Web 2.0: control de daños

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Uno de los amigos de la infancia de mi hermano, matemático egresado de la PUCP y doctorado en inteligencia artificial en Alemania, me ilustró sobre las diferencias entre datos, información y conocimiento como sustrato de búsquedas en los diferentes tipos de web: la 1.0, 2.0 y 3.0. Me llamó la atención el paralelismo entre el lenguaje de la informática y el lenguaje del periodismo.

Él se dedica a la web 3.0 y todavía me faltan varias clases más para poder explicarles de qué se trata, pero la 2.0 como la conocemos ahora es, sin duda, el sustrato de las diferentes instancias en que nos conectamos en lo que se suele denominar “redes sociales”. Twitter, Facebook, blogs, hi5, chat de Hotmail y toda la lista completa de redes que, para aquellos que les interesa estar informados de inmediato y estar conectados en la soledad de su habitación, resulta perfecta.

Yo soy una de esas. Prefiero muchas veces chatear con algún amigo que hablar cara a cara con él. Por una simple y sencilla razón: escribo mejor de lo que hablo. Y más rápido (me refiero solo a los amigos, a los más-que-amigos es mejor mirarles a los ojos). Otra razón poderosa para la comunicación vía bites: pensamos, no sé por qué motivo, cuando chateamos o colgamos un post o escribimos en el muro de otra persona, que estamos solos con esas palabras. Este detalle es sumamente peligroso, porque no nos encontramos ante la soledad de la página en blanco, sino ante la exposición total, absolutamente transparente, de nuestras ideas, pesares, consejos e incluso de algún que otro arrebato. Además otro detalle: esas huellas van a quedar en la red para siempre. Y uno final: aunque quisiéramos esconder nuestra identidad, muchas veces, es fácilmente detectable por el IP de la computadora que usamos, que es único y permite, con ciertos errores de varios kms a la redonda, una ubicación casi exacta de la persona vía cualquier mapa de Google.

Esta semana Gustavo Gorriti le ha dedicado su columna en Caretas (replicada en Ideele-Reporteros) a una discusión que empezó en mi muro de Facebook, y que, por cierto, no era absolutamente privada sino pública, en la medida de que a mis muros yo permito entrar a todas las personas que lo quieran hacer (no así a mis fotos o a mis otros datos) porque considero que el Facebook, que puede servirle a las adolescentes como fuente de diversión y juego, a las personas que nos dedicamos a la comunicación nos sirve primordialmente como instrumento de trabajo (así como el Twitter o el teléfono o los blogs). Esto no implica, por cierto, que las personas que hayan puesto ahí sus comentarios no sepan perfectamente que estos son públicos, pero sí que a veces olvidan este gran detalle.

Yo soy responsable de las posibilidades de interconectar a esas personas, pero obviamente no de lo que digan ni de lo que piensen y menos de lo que se digan entre ellos (ajos & zafiros). Como diría Vallejo: “allá ellos, allá ellos, allá ellos…”.

Sin embargo, no puedo dejar de insistir en que, si quieren ser mis amigos de Facebook, instalen en sus chips su propio control de daños.

Esta kolumna ha sido publica en La República el domingo 22 de noviembre de 2010.






















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