Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

May 29, 2006

EL SENTIDO DE LA K

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Si la ruptura con las reglas de ortografía del español parece una propuesta nihilista de un García Márquez enardecido y dispuesto a atacar “el terror del ser humano desde la cuna”, los jóvenes subterráneos de las diversas tribus urbanas de América Latina y España ya la habían puesto en práctica desde hace años. Pero no como Gabo lo sugiere sino desde un uso gozoso de las letras sin más reglas que las formadas en el propio acto de escribir por la regalada gana y sin perder en ningún momento el delicado hilo de la comunicación.

El uso indistinto de la k por la q y por la c (cuando es velar, oclusiva y sorda); de la z por la c y por la s y la defunción definitiva de la h así como la incorporación de la x con una función diferente, se ha puesto en práctica en numerosas paredes desde México hasta Argentina, pasando por los famosos graffitis de Bogotá y de Quito. Se trata sin duda de la creación de nuevas reglas que no están escritas pero que asientan una nueva forma de asumir el lenguaje más allá de lo establecido y sobre todo de recrearlo en su propio uso y abuso.

Esta subversión de la ortografía en la práctica concreta de la escritura, sobre todo en paredes y otras zonas públicas, me parece un punto de estudio que, desdeñado por naftalínicos lingüistas, debería ser revisado puesto que propone otro lenguaje dentro del mismo lenguaje. Nada más creativo que jugar con las letras, cambiar un signo por otro, no romper con la significación establecida pero al mismo tiempo cargarla de un sentido completamente diferente, antinormativo y kontracultural. Se trata de una revolución no por silenciosa menos contundente.

Esta forma de escribir ha pasado de los muros de las calles a la música (básicamente al rock de estirpe punk) y luego, por adhesión, a la literatura, en textos poéticos muy vinculados a estos grupos y a esta forma muy propia de sentir el lenguaje. En el Perú los miembros de grupo poético Kloaka, a comienzos de la década del 80, eran los que más la utilizaban (aunque cabe recordar acá la posición de vanguardia de Hora Zero en la psicodélica década del 70); hoy se pueden leer fanzines completos, artículos, estudios e incluso una nobela: Ciudad Rayada (Espasa, Madrid, 1998) del español José Angel Mañas, en donde el narrador va incorporando poco a poco el grafema k por la letra c y este cambio está vinculado con una progresiva intoxicación del personaje con diversas drogas y por una creciente espiral de violencia interna.

Pero en realidad quienes han llevado al extremo el uso de estos signos trastocados son los grupos de música subte. Uno de los más radicales, en su fuerza e intuición, pues no sólo rompen con el grafema sino con el sentido completo de la oración, son las canciones de Leuzemia: “Noterrado en un valdío cualkiera/ Encantado de poses sikiera/ Eminente/ Decí-Me-embró…”. A pesar de estar separada de la música, la letra no deja de lanzar destellos porque lo importante no es entenderla sino sospechar lo que se encuentra detrás: la ruptura con la lógica racional occidental y la puesta en movimiento de un sinfín de sentidos que se abren paso desde los bordes y lo subalterno.

El lenguaje no es un instrumento: es el límite de nuestro mundo. Hay algo que está más allá del lenguaje y en el juego de aprehenderlo concebimos otras formas —nuevas, inéditas— que lo pueden liberan. Desde los bordes, desde lo subalterno, desde lo periférico se crea con más fuerza esa forma de capturar lo innombrable. Esa es mi apuesta y por eso el sentido eminente de mi k.

La K de Okupa

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Esta kolumna salió publica el año 1998 en el diario El Comercio. En ese entonces la idea de utilizar una "k" en el título tenía que ser explicada. Obviamente, quienes manejaban el lenguaje subterráneo, sabían perfectamente la idea de la propuesta: okupar en términos políticos y periodísticos un espacio reservado para la cultura hegemónica. Esa ha sido mi intención desde siempre: entrar por algún intersticio en los espacios del poder letrado para, desde ahí, lanzar algunas ideas contra-hegemónicas. A veces se puede, a veces no; otras simplemente la tensión de las negociaciones se torna imposible. Pero creo que es preciso tener en cuenta todos los espacios para, poco a poco, ir creando en el Perú un imaginario solidario y libertario.






















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