Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

January 27, 2007

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De Marito a Mario

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La identidad de género en el hombre se construye sobre el cuerpo a partir de la articulación de roles o mandatos genéricos, normas sociales, identidades y oposiciones. Esta construcción en el Perú, país paternalista más que patriarcal, se sustenta además sobre uno de los estratos básicos de producción de simbologías: el machismo.

En El Pez en el Agua, libro de memorias cuyo rasgo principal es la sinceridad extrema —el strip trease espiritual por citar un término caro a Vargas Llosa— así como la transparencia de los incordios hepáticos de su autor, constituye un escenario apropiado para el análisis de los mandatos y roles sobre el comportamiento masculino que produjo y produce la sociedad peruana.

El libro se inicia con un acontecimiento que cambia la vida del narrador: el protagonista, es decir, el mismo MVLL travestido en personaje, se entera que su padre, supuestamente muerto, está vivo y que pronto lo va a conocer. El primer encuentro con el padre es de choque frontal: se inicia una relación de odio, enfrentamientos, rebeldías acalladas —que el narrador llama “cobardías”— además de escapes a través de la imaginación o de la acción. MVLL nos muestra el difícil camino de ser “el hijo-esposo de mamá” a ser el escritor en ciernes que termina huyendo con una esposa-mamá a París: la tierra prometida.

Esta trama se desarrolla en los capítulos impares vinculados a sus primeros años de vida. La otra sección, capítulos referidos a la formación y destrucción del Frente Democrático, tampoco está exenta de representaciones de la masculinidad vinculadas a la sensualidad del poder (los hombres toman las grandes decisiones, las mujeres se dedican a la acción social en los pueblos jóvenes, con las respectivas exepciones que confirman la regla).

Para destacar las representaciones de masculinidad en relación con el ciclo vital del escritor habría que dividirlas en:

1. Etapa de las faldas de mamá: MVLL es un niño sin padre, nómade, que tiene como figura masculina principal a su abuelo y a sus tíos, no cariñosos pero sí tolerantes. Es el centro de su pequeño mundo. Se siente cómodo así y, sobre todo, protegido. Su grupo de pares lo empieza a introducir en el mundo del sexo, pero se da cuenta que la sola mención de la palabra cachar le produce asco, náuseas y vergüenza. 

2. Primer escisión: el Padre entra a escena. MVLL es despojado de su “pequeño mundo” en Piura y “raptado” por sus padres a una pequeña casa de Magdalena, donde el padre empieza a imponer su orden y autoridad. Detesta a su padre y sobre todo le da “asco” lo que le haga a su madre. Celos al Gran Falo. Empieza el enfrentamiento pero el niño MVLL reproduce con su madre a escala las mismas presiones y crueldades a las cuales el padre la somete: nace el pequeño tirano (pequeño falo). Se va imponiendo la representación de autoridad e internalizándose. “Mis escenas exigiéndole que nos escapáramos donde él nunca pudiera encontrarnos debían hacer mucho más difícil su vida… Ella se ponía a llorar y yo me sentía un miserable”.

3. Escapar no es huir: La Madre acepta la propuesta del hijo: se escapan, pero sólo para volver a regresar y se construye así un círculo vicioso: escapar-regresar. La escisión se abre de tajo a tajo y empieza la alternancia que se repetirá incluso en la propia estructura de sus memorias y de sus libros de ficción: siempre capítulos en paralelo, siempre alternancia, siempre Uno y Otro. La figura del Padre, norma de la masculinidad, se ve enfrentada a la figura materna: en este caso víctima. El niño tiene la convicción de “salvarla” pero sabe que no puede hacerlo, su frustración se traduce en “otra de las formas alambicadas de oponerme a él inventadas por mi cobardía”: escribir.

4. Resistencia: esta etapa está marcada por la presencia del colegio La Salle, donde encuentra otro grupo de pares que lo ayudan a resistir al Omnipotente Padre (que muestra su autoridad pegándole frente a todos los alumnos formados en el patio). Se da un acoso homosexual que el autor minimiza (caso que es frecuente entre los colegios religiosos de Lima). Continua el sentimiento de asco por el sexo pero al mismo tiempo se inician los enamoramientos bajo la tutela del Ideal Mariano en todo su esplendor: la mujer debe ser intocable. Empieza a escribir: esa acción que el Padre califica de “mariconería”.

5. Colegio Militar: la mariconería “profesionalizada” a través de la escritura de novelitas eróticas se convierte en acción “masculina”: cobra prestigio frente al difícil grupo de pares que le toca sortear (“La escala de valores erigida en torno a los mitos elementales del machismo y la virilidad servía, además de cobertura moral para esa filosofía darwiniana que era el colegio. Ser valiente, es decir, loco era la forma suprema de la hombría, y ser cobarde, la más abyecta y vil.”) Asimismo se inicia sexualmente con prostitutas del Jirón Huatica. A una de ellas la recuerda con especial énfasis porque “hacer el amor con ella no era una simple transacción comercial” y termina calificándola como la mascota del grupo de pares. Superado el asco, la mujer como lugar del deseo y del sexo es calificada de animal.

6. Periodista con P de Padre: no la reconciliación pero sí la tolerancia y el manejo de la situación cambian cuando el narrador entra a trabajar en el mismo lugar “donde trabaja su padre”. El hecho laboral como espacio de la madurez y la masculinidad. Pasa luego a ser periodista de locales del diario La Crónica iniciando la reafirmación de su lugar en el mundo: la bohemia y las trasnochadas sólo son parte del camino hacia la consagración del escritor. El padre tolera los horarios nocturnos siempre en función del sacrosanto trabajo, pero “A pesar del trabajo y de las canas al aire de ese verano de hombre grande, frente a la figura paterna seguía siendo un niño”. El padre termina por “renunciarlo” al trabajo en el periódico. El niño no puede hacer otra cosa más que aceptar.

7. La huida del Inca. Después de esta situación, el hombre grande no podía volver a ser hombre chico en los reinos paternos, por lo tanto, huye lejos: a la arcadia de su infancia. Viaja a Piura para terminar el quinto de secundaria. El padre, cada vez más permeable, le permite este cambio de escenario. Es en Piura donde se inicia públicamente como escritor profesional con una obra de teatro que nunca ha recopilado pero que lleva a las tablas (y que tiene un título por demás sugerente): La huida del Inca. También es en esta ciudad que no sólo frecuente el burdel “la casa verde” sino que incluso introduce a sus amigos piuranos. Putañero, escritor, fuera del espacio paterno: el chico se convertía en hombre. Además se inicia en política organizando a los escolares del colegio San Miguel de Piura en contra de los exámenes sorpresa.

8. La Universidad: posteriormente la consagración de su masculinidad se da en dos campos: el intelectual y el amoroso. MVLL entra a la Universidad de San Marcos (“Y decidí también presentarme a San Marcos y no a La Católica, universidad de niñitos bien, de blanquitos y de reaccionarios. Yo iría a la nacional, la de los cholos, ateos y comunistas”) y en clara competencia con otra de sus figuras paternas (el tío Jorge) le gana el objeto amoroso: nada menos que una divorciada, liberal, y además tía política del escritor en ciernes, Julia Urquidi. El matrimonio además fue otro desafío al padre (Julia tiene que huir a Chile conminada por sus amenazas) que gracias a los buenos oficios de Raúl Porras Barrenechea (“Después de todo, casarse es un acto de hombría, señor Vargas. Una afirmación de virilidad. No es tan terrible, pues. Hubiera sido mucho peor que el muchacho le saliera un drogadicto o un homosexual…”) terminó aceptándolo como una muestra de que su muchacho se había convertido en un hombre (“aunque yo había cometido una estupidez, casarme, era una cosa de hombres, un acto viril…”).

Conclusión

Las pautas de la masculinidad en su proceso de construcción estuvieron marcadas por la presencia del padre. El padre para MVLL ha sido la autoridad y modelo del que siempre renegó pero no tuvo más remedio que obedecer e, inconscientemente, imitar en la relación con su madre. Es así que en este libro establece una metáfora entre el Padre y el Perú, alternando capítulos entre uno y otro.
Pero el espacio donde MVLL se socializó como varón es el de su grupo de pares. Desde el colegio La Salle, pasando por el Colegio Militar y la Universidad de San Marcos, los tres espacios son considerados por el narrador como “viriles”. Su performance en los tres se cumple a cabalidad dentro de las pautas de “lo masculino” gracias a su vocación y su talento: escribir es otra forma de asumir su rol de género, siempre y cuando sea de manera profesional.
Por otro lado el tema de la sexualidad es internalizado desde la doble moral sexual clásica de la sociedad peruana: las enamoradas son para tener amores platónicos, las putas para tener amor carnal (aunque él admite haberse enamorado de una prostituta de Huatica “no se lo habría confesado a mis amigos de bohemia porque ¿qué hombre en sus cabales se enamoraba de una puta?”). Es así que la sexualidad vinculada con el amor se proyecta en esa típica relación edípica que establece con Julia Urquidi: el matrimonio es también una afirmación de virilidad a pesar (o justamente por eso) con una mujer mayor, divorciada, liberal.
Son los espacios del trabajo, públicos, donde también se reproducen como presiones del grupo, las expectativas viriles: el periódico, primero, y los diferentes siete empleos después que sirven “para mantener a Julita” son requisitos sine qua non para que Marito (diminutivo feminizante) se convierta en Mario. 

January 24, 2007

Hillary

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¿Qué sucede cuando a una feminista su esposo le es infiel?, ¿de qué manera se puede salir digna de un escándalo mediático a nivel planetario? Al parecer, Hillary Clinton, graduada en leyes por la Universidad de Yale y feminista según confesión propia, le ha sacado el mayor provecho a su posicionamiento político después del fallido impeachment contra su marido, y se consolida como la primera opción de los demócratas a la Casa Blanca. Parece la venganza feminista perfecta. Porque resulta que si esto fuera así, si esta mujer se convierte en la más poderosa del mundo, Bill, frenando la megalomanía de todo ex presidente, tendrá que hacer el papel de segundón y posar para las fotos un paso atrás de su consorte y de sus secretarios de Estado. Y precisamente ahí mismo, en el salón oval, donde él tendrá tiempo de recordar su “intimidad inapropiada” con una becaria, ella despacharía las actividades del día para tomar las decisiones futuras del imperio. La vida da vueltas. En el video que ha colgado de su página, una Hilary Clinton completamente dueña de la situación, vestida de lacre y enmarcada en una sala de clase media americana, con árboles detrás de la ventana, dice: “no estoy comenzando la campaña, estoy comenzando una conversación… contigo, con América” porque “si ustedes forman parte del diálogo, también son parte de la solución”. Es la típica presentación extremadamente política —¡si no lo sabremos!— que sirve como gancho para empezar a recaudar fondos en una campaña que se perfila como la más caliente de los últimos años. Si en las internas demócratas, primero, le gana al afroamericano Omaba Baraco y al latino Bill Richardson, además del resto de “hombres blancos”, y luego en las presidenciales se la juega contra la supuesta candidateable, Condoleeza Rice, mujer y negra y ultraconservadora, Hillary se estaría aposentando como la primera mujer más poderosa de la tierra después de Isabel La Católica. Que no es poco. Una de las columnistas más avezadas de Newsweek, Anna Quindlen, califica a Hillary Clinton como “verdaderamente inteligente. Ella tiene una agudeza mental y un conocimiento enciclopédico de asuntos claves, además de una ética del trabajo que parece una versión reforzada de la ética calvinista con esteroides”. La mujer chambea como pocas. Pero, al parecer, no basta para calificar como presidenciable: también se requiere un extraño factor x que la senadora Clinton ganó conforme iba disipándose la niebla de la infidelidad. Un factor x cuyo origen se remonta al papel de víctima y, en el país de los escándalos, a la salida tipo “perfil bajo a la francesa” que usó para desmarcarse de ese sanbenito: la escritura de su propia biografía, Viviendo la historia. Besteseller de los bestsellers, dicho sea de paso. Realmente se nota que durante estos 15 años, desde que ella estuviera en la Casa Blanca como esposa y que fuera atacada por la prensa fashion por sus peinados caseros con bincha, hoy se ha convertido en la candidata decidida y amable que, como dice la escritora Rosa Regás, le está sacando provecho de las tres “d” que toda mujer debe poseer: distinción, discreción, distancia.






















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