Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

January 24, 2007

Hillary

Filed under: Kolumnas

¿Qué sucede cuando a una feminista su esposo le es infiel?, ¿de qué manera se puede salir digna de un escándalo mediático a nivel planetario? Al parecer, Hillary Clinton, graduada en leyes por la Universidad de Yale y feminista según confesión propia, le ha sacado el mayor provecho a su posicionamiento político después del fallido impeachment contra su marido, y se consolida como la primera opción de los demócratas a la Casa Blanca. Parece la venganza feminista perfecta. Porque resulta que si esto fuera así, si esta mujer se convierte en la más poderosa del mundo, Bill, frenando la megalomanía de todo ex presidente, tendrá que hacer el papel de segundón y posar para las fotos un paso atrás de su consorte y de sus secretarios de Estado. Y precisamente ahí mismo, en el salón oval, donde él tendrá tiempo de recordar su “intimidad inapropiada” con una becaria, ella despacharía las actividades del día para tomar las decisiones futuras del imperio. La vida da vueltas. En el video que ha colgado de su página, una Hilary Clinton completamente dueña de la situación, vestida de lacre y enmarcada en una sala de clase media americana, con árboles detrás de la ventana, dice: “no estoy comenzando la campaña, estoy comenzando una conversación… contigo, con América” porque “si ustedes forman parte del diálogo, también son parte de la solución”. Es la típica presentación extremadamente política —¡si no lo sabremos!— que sirve como gancho para empezar a recaudar fondos en una campaña que se perfila como la más caliente de los últimos años. Si en las internas demócratas, primero, le gana al afroamericano Omaba Baraco y al latino Bill Richardson, además del resto de “hombres blancos”, y luego en las presidenciales se la juega contra la supuesta candidateable, Condoleeza Rice, mujer y negra y ultraconservadora, Hillary se estaría aposentando como la primera mujer más poderosa de la tierra después de Isabel La Católica. Que no es poco. Una de las columnistas más avezadas de Newsweek, Anna Quindlen, califica a Hillary Clinton como “verdaderamente inteligente. Ella tiene una agudeza mental y un conocimiento enciclopédico de asuntos claves, además de una ética del trabajo que parece una versión reforzada de la ética calvinista con esteroides”. La mujer chambea como pocas. Pero, al parecer, no basta para calificar como presidenciable: también se requiere un extraño factor x que la senadora Clinton ganó conforme iba disipándose la niebla de la infidelidad. Un factor x cuyo origen se remonta al papel de víctima y, en el país de los escándalos, a la salida tipo “perfil bajo a la francesa” que usó para desmarcarse de ese sanbenito: la escritura de su propia biografía, Viviendo la historia. Besteseller de los bestsellers, dicho sea de paso. Realmente se nota que durante estos 15 años, desde que ella estuviera en la Casa Blanca como esposa y que fuera atacada por la prensa fashion por sus peinados caseros con bincha, hoy se ha convertido en la candidata decidida y amable que, como dice la escritora Rosa Regás, le está sacando provecho de las tres “d” que toda mujer debe poseer: distinción, discreción, distancia.






















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