Nuevos súbditos
Presentación del libro de Juan Carlos Ubilluz publicado por el IEP
En primer lugar agradezco que me hayan pedido presentar este libro pues creo que se trata de un texto no sólo bueno, en el sentido machadiano del término, sino además desafiante, transgresivo, en el mejor sentido, quizás no-lacaniano, pues trasgrede las fronteras no solo disciplinarias, sino aquellas invisibles que se han levantado dentro del mundo universitario y del pensamiento entre los no-lacanianos y los lacanianos. Creo que en algún sentido —y esa es mi fantasía, por lo menos— desdibuja la sonrisa cachacienta del “especialista” frente a la sonrisa boba de incertidumbre del enterado. Y esta es una especie de reivindicación de los enterados frente a los espacialistas que, nosotros, esperábamos por años (viniendo de un especialista, por supuesto).
Creo que la labor de difusión de Lacan más allá de los círculos psicoanalíticos es una tarea que recién comienza con este libro en el Perú. Pues a pesar de los libros anteriores que parten del análisis lacaniano, como los de Marcos Mondoñedo entre otros, no se había logrado esto pues se trata de textos cuyas referencias inmediatas son los estudiantes universitarios inmersos en el discurso lacaniano a través de sus cursos.
Considero que la literatura, en general, y el campo de los análisis que nacen de lo literario en particular, tienen mucho que aportar en la construcción de una propuesta de narrativa nacional diferente. No es una tarea solo de sociólogos y antropólogos, eso es lo que precisamente saben los miembros del IEP desde la famosa mesa redonda de Arguedas. De alguna manera este libro propone eso y más: se trata de utilizar recursos de lectura, análisis y marcos teóricos pertinentes para ir mas allá de lecturas, análisis y marcos teóricos. Es un gesto imprescindible en el mundo académico peruano contemporáneo.
Por otro lado, como todo neurótico, me da la impresión de que Juan Carlos siempre ha estado buscando ir mas allá, quizás precisamente empujado por el deseo de prestigio que nos empuja a todos quienes estamos sentados en esta mesa. Ese prestigio que es difícil de definir, de entender, de conceptuar, de organizar, de diseñar, pero que, como dice Bourdieu, quienes nos encontramos dentro del campo podemos fácilmente percibir y que se convierte, por supuesto, en un motor del deseo. Creo esto por la historia de Juan Carlos que leí en Caretas —y que sabía de oídas de terceros— de jugador de fútbol en Luxemburgo, a estudiante en París, luego a doctarando en Austin, a profesor en San Marcos, a estudiante en la Escuela Psicoanalítica Lacaniana de Lima. Por esto mismo, la autoría del libro en esta historia está también vinculada con ese deseo y, por lo mismo, con un posicionamiento diferente a lo que estaba haciendo hasta ahora.
Pero no he venido a pararme en el campo del psicoanálisis para indagar en las intenciones detrás del texto, sino para dar cuenta de lo que, según mi punto de vista, plantea el texto como desafiante, perturbador, productivo y de las que, también según mi modesto punto de vista, podrían ser eventualmente sus insuficiencias.
En principio es obvio que el libro va más allá de los límites disciplinarios y creo que con él se presenta precisamente un desafío a los círculos lacanianos peruanos y a los investigadores especialistas en general. ¿Por qué? Bueno, porque:
1. usa el universo que se abre tras las palabras de Lacan como punto de partida de una complejidad que va más allá del cuarto del analista.
2. sale de la criptología lacaniana para explicarnos a los legos qué importancia y sentido tienen en el discurso lacaniano nociones como Otro, Nombre del Padre, ideal del yo y yo-ideal, goce y deseo, entre otros conceptos; y como estos permiten una estructura de análisis bastante pertinente para las “mentalidades” que construyen las formaciones sociales imaginarias o el imaginario peruano.
3. vincula el discurso lacaniano con el análisis marxista para analizar el mundo popular peruano, algo que viene haciendo Slavoj Zizek desde hace tiempo desde el mundo popular norteamericano pero que no se ha hecho específicamente desde análisis latinoamericanos
4. es una pauta para que otros investigadores especialistas, psicocríticos o no, se afanen en la función de comunicación que debe de tener todo libro para clarificar la opacidad de la nomenclatura de la especialidad (sobre todo los post-estructuralistas).
El libro plantea y a su vez regresa, en un afán nietzscheano, sobre ciertos conceptos que permiten entender qué nos pasa éticamente.
1. Uno de estos puntos es básico: el capitalismo tardío propone el imperativo del goce en un mundo donde el Nombre del Padre no garantiza el orden simbólico. En otras palabras: nos hemos convertido en un nuevo estilo de súbditos pendiente de la aprobación de los demás. Un súbdito del mercado que es, a su vez, cínico pues sabe perfectamente que “comprar” no garantiza la felicidad, y sin embargo, actúa como si no lo supiera. Creo que este punto es básico para entender el cinismo peruano, sobre todo, el fujimonte-cinismo sobre el cual se ha consolidado no solo un sistema de corrupción, sino que se han reafirmado los peores vicios de la globalización.
2. Un segundo punto que me ha servido a mí especialmente para entender, desde mis investigaciones, los discursos autoritarios es la inflexión del sujeto criollo en un sujeto pendejo. De aquel sujeto que elude a las normas, con gracia y picardía para proporcionarse alguna ventaja hemos pasado a un sujeto que, no solo no las cumple para procurase ventajas, sino que en este incumplimiento de la Ley si arremete o violenta al otro, lo hará con “satisfacción” de su propio y mínimo poder. La pendejada en el caso peruano, y específicamente en el fujimonte-cinismo, es una fantasía —una respuesta imaginaria para eludir la angustia— sobre la cual se sostenía el apoyo de la inmensa población peruana. La fantasía del pendejo se organiza, a su vez, sobre el miedo a la lornez, o a ser percibido como un lorna, como un perdedor. El pendejo sería pues, de alguna manera, el exitoso, el popular en las versiones de las series norteamericanas, y el lorna nuestra versión chicha y criolla del loser, sin embargo, como dice Ubilluz, se trata de un sujeto que re-afirma al sistema pendejo por su incapacidad de ponerlo en cuestión, de salir de sus cuadrantes, de erigirse sobre la injusticia de su trama.
En este sentido, digamos, parte de la subversión contra este sistema sería la exigencia de justicia como acción no sólo para salir de la lornez, sino para des-localizarse de los límites de la pendejada cínica.
Creo que estos conceptos ayudan a percibir de manera mucho más nítida nuestra precariedad ética pues está basada no en la pobreza, ni en una falta de educación moral, por decirlo de alguna manera, sino por el contrario, en una extensión de la supervivencia a patrones morales y éticos que no tienen
En este sentido el libro hace un gran e impresionante diagnóstico de las estructuras psíquicas de nuestro comportamientos colectivos y el imaginario sobre el cuál se basan, pero aún deja algunos vacíos a ser llenados, sobre todo para quiénes están interesados en la génesis de estas estructuras y estos comportamientos: ¿cómo hemos devenido en esto? Es una pregunfta que nace de los intersticios del texto y que ya se han planteado algunos historiadores, es más, de alguna manera, Ubilluz propone algunos libros que dialogan permanentemente con éste, como el de Gonzalo Portocarrero, Rostros criollos del mal, o el de Alenka Zupancic, en otras coordenadas geopolíticas.
A su vez, el libro se organiza sobre la estructura de la experiencia de un sujeto peruano, básicamente el urbano-costeño, aunque como bien dice Ubilluz, el pendejo así como el criollo, son sujetos que van más allá de los lugares cliché y pueden existir perfectamente en los pequeños pueblos de la sierra cajamarquina o en los pueblos jóvenes de Iquitos.
No obstante, hay otras coordenadas de pensamiento que se erigen desde “saberes otros” por decirlo de alguna manera: la pregunta para los antropólogos que plantearía este libro, y que deja aún vacía es, ¿en qué medida estos sujetos-otros de las comunidades alto-andinas, por ejemplo, que muchos limeños podrán concebir como “lornas” o sujetos de/a su poder, también forman parte de estas estructuras perversas?, ¿cuál es el rol que juegan?, ¿cómo podemos percibirlos desde estas coordenadas?
Porque no se trata de que no estén: en los libros de Jaime Bayly, por ejemplo, uno de los grandes cínicos de nuestra cultura urbano criolla, estos sujetos también existen y son percibidos como outsiders de los límites de su mundo, pero a su vez, con total desprecio: por eso mismo son calificados como los “brownies”, los marroncitos, y desde ese racismo se pretende interpretar los “errores” de las masas —los índices de votación por Humala— ni siquiera como fisuras de la modernidad sino como excedentes de la misma, esto es, siguiendo las mismas coordenadas de Sarmiento o Echevarría, los “excesos de la plebe”.
Desde esta lógica, también, los “brownies” no cumplen ninguna función y por lo tanto devendrían en invisibles Garabombos o, en el peor de los casos, como hombres-no sujetos, como homo sacer o musulmanes en términos de Agamben, restos que pueden en cualquier momentos ser evacuados del sistema.
Personalmente creo que este libro, también en sus propios vacíos, sigue planteando retos verdaderamente desafiantes.



Podría indicarme en qué número de Caretas parace la minibiografìa de Ubilluz. Agradeceré mucho la informaciòn
Comment by clara — August 2, 2007 @ 7:04 pm