Peón alfil rey: sacrificio de dama
Le exigen ser Gran Maestro, cabeza fría para afrontar la derrota, disciplinado para avanzar en el deporte ciencia, maduro para viajar solo por el mundo. Pero cuando se enamora le vuelven a decir que es un niño. Emilio Córdova Daza, 16 años, nunca antes tan asediado por la prensa, ni cuando le decían “genio del ajedrez en el Perú”, está en alguna carretera de Brasil huyendo de su padre que ha ido con un canal de TV para perseguirlo y “volverlo a entrar en razón” pues una mujer de 29 años lo ha vuelto loco.
No hay como echarle la culpa a la dama para perder una partida. Eso me lo enseñó mi abuelo a los ocho años: una vez que se le echa la culpa, son las otras piezas las que nos llevan a la ruina. El caso de Emilio y su enamorada Adriane ha despertado a una adormilada prensa del corazón: la jugada maestra la realizó el padre, Arturo Córdova, haciendo de esta historia el nuevo capítulo de un reality show para mayor morbo del (poco) respetable.
Imaginamos que el padre tuvo esta desesperada salida por la necesidad de conseguir el pasaje a Brasil para traerlo de vuelta. Lo va a pagar caro, precisamente el propio Emilio ha sentido esta cobertura como una traición. Y está dispuesto a la fuga. En este caso las presiones que el padre y adláteres vienen ejerciendo sobre el Maestro Internacional lo han arrinconado en la culpa con un solo y único escape: los brazos de la mujer madura.
¿Cuánto tiempo se puede dejar solo viajando a un chico por el mundo?, ¿cuánto tiempo solo enfrentando a las aduanas, a las habitaciones solitarias de los hoteles, a los competidores que te miran y pronuncian otras lenguas? Emilio estuvo en Rusia, en Grecia, en España, en Estados Unidos y, los últimos cuatro meses, viajando por diferentes ciudades de América Latina, para terminar cuarto en el III Campeonato Sudamericano Sub20, sin poder alcanzar su presea: el grado de Gran Maestro Internacional. ¿No es demasiado para un joven aún imberbe?
Según dicen los que entienden, un buen Maestro sabe medir el riesgo. Pero, ¿cómo manejarlo fuera de las tablas con los dedos anudados aún por la pubertad? A los quince años el primer amor viene con las huellas del sufrimiento sobre la frente. Eso lo sabemos todos. Y en este caso, este enamoramiento vivido como romance pero también “de carne y hueso” (me refiero, señores, a sexo) pueden perturbar incluso la mente de un estratega. “Esa mujer que le dobla la edad lo ha deslumbrado” ha dicho el padre, insistiendo en un tema de segundo orden, cuando el nudo del conflicto es otro y ya Emilio lo ha gritado en varias entrevistas: su pena, su vergüenza, su temor de regresar como un fracasado. Pero una mujer de 30 y un niño de 15 son una mejor solución aunque sean un escándalo mayor.
¿Por qué una mujer se puede enamorar de alguien 15 años menor? Por múltiples motivos, por supuesto. Por ternura, por sexo, por locura. Por querer salir de los hombres “maduros” que pretenden darte lecciones todo el tiempo (de historia, de política, de manejo de automóvil, y ¡ahora hasta de cocina!); o por la saludable inocencia que limpia y refresca un poco el corazón. Claro que hacerlo con un menor de edad es otro asunto, y raya con el delito (seducción de menores). Emilio ha confesado que le mintió, que le dijo tener 20 años. Y ella al enterarse de la verdad ha puesto pies en polvorosa.
¿Será cierto todo esto u otra estrategia para regresar al semi-anonimato de un campeón de ajedrez en el Perú? Nadie lo sabe y quizás ahora tengamos al Maestro triste y melancólico. “Tal vez me dieron mucha libertad y ahora estoy volando solo” ha dicho en una entrevista. Lo mismo le sucedió a Icaro y sus alas fueron derretidas por los rayos del sol. Dédalo lloró la muerte de su hijo, pero… ¿acaso no fue él quien le enseñó a volar?
En fin, los aficionados y los románticos esperamos tablas entre blancas y negras, por el bien del Maestro. Y del amor a los quince años.

