Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

March 25, 2007

Plagios

Filed under: Kolumnas

Una vez plagié a un poeta. Y lo peor de todo es que publiqué las líneas plagiadas como título de un poema. Sólo eran tres palabras: “Ojos labios quebrados”. El autor, Carlos López Degregori, me lo hizo notar amablemente cuando vio el libro. Pero todo estaba consumado. Una sección del poemario se llamaba “Plagios”, aunque yo, bajo cada uno de los títulos robados, aludía a los poetas que fueron mi fuente. Un supuesto juego bien planificado. No obstante, ¿cómo se escapó ese texto?, ¿cómo me hizo caer en una sinvergüencería? Carlos López, con cierta sabiduría que aún ahora envidio, me dijo: “no te hagas problemas, es un homenaje”. Cierto: un homenaje a Pavese, Zurita, Sexton, Albinoni y a él mismo; puesto que usé esos versos como títulos pues me parecían los mejores que podía poner. Pero a él no lo había citado; a los demás, si. Sabía que el título era de otro, pero había olvidado de quién.

Mi yerro se debe a mi afán por el juego de citas. Uno de los estilos de citar que más me gusta es el de Itaca, primer libro de Jorge Eslava. En el texto él incluye una serie de versos de poetas famosos, como los de P. C. Cavafis sobre la famosa patria de Odiseo. Pero no menciona a Cavafis. La lectora y el lector deben darse cuenta de la referencia. El mismo juego poético utilizó Luis Hernández en sus “cuadernos”. Me sorprendió descubrir a través de Internet, que uno de sus más conocidos versos —“hay personas que nacieron para la luz del día / y otras que nacieron para un vago fulgor”— le pertenecía a Amado Nervo. Y es que Luchito The Kid usa estos juegos retóricos en sus textos, y menciona a muchos poetas sin referirse a ellos expresamente. Eso se llama “guiño”, como lo hace Santiago Roncagliolo en Abril Rojo al hablar de golpes “como del odio de Dios”, sólo para vallejianos.

El año pasado uno de mis estudiantes plagió totalmente su trabajo final. ¿Cómo me di cuenta? Por el lenguaje. Ese nivel de lenguaje no podía pertenecer a ese alumno, de quien ya había leído el examen parcial y una tarea. Puse una frase bastante rebuscada del texto en Google —si, niños y niñitas, los viejos profesores también “gugueleamos”— y ahí estaba en una página de “El rincón del vago” u otra similar. Le envié el link a su correo electrónico. Se deshizo en disculpas, me escribió una carta muy emotiva, verdaderamente arrepentida. Yo sabía que él no era un vago, al contrario, un muchacho que trabaja mientras estudia y que, como él mismo me lo dijo, copió por no tener tiempo. Le puse “cero-cero”.

¿Con qué criterio yo, que he usurpado y utilizado un verso de Carlos López y lo confieso públicamente, puedo ponerle cero-cero a un muchacho que copió un trabajo final? Coger versos, usarlos y remedarlos, revolotearlos por aquí y acá, escribir uno en un texto y otro en otro, o creer que esa extraordinaria metáfora se te ocurrió a ti y resulta que pertenece a Santa Teresa de Jesús es una cosa… y otra completamente diferente hurtar un trabajo íntegro sin cambiarle ni coma, y tratar de pasar gato por liebre. En el primer caso, si es que hay culpa no hay dolo, en el segundo el dolo se da con alevosía y ventaja.

¿Me estoy disculpando hábilmente para quedar bien contigo, desocupado lector? Honestamente no: un asunto es la originalidad en el arte —cuestión polémica en las vanguardias y superada en la posmodernidad— y otro muy distinto, en un texto científico o periodístico (acabo de citar a Cervantes, por si acaso…).

El asunto de plagiar un artículo, ensayo, libro de investigación o afín, es tema harto delicado porque se ponen en juego muchos elementos que, en otro espacio cultural y en otro contexto, no necesariamente tienen el mismo peso y por lo tanto no constituyen un plagio. Tampoco se puede extrapolar una técnica literaria posmoderna –la imitación, el pastiche, la reformulación, la re-escritura— y usarla como método de trabajo en las ciencias humanas o en el periodismo.

Lo que cuenta en el plagio es la intención: ¿hubo o no propósito de usar el pensamiento, trabajo, esfuerzo y estética del texto para engañar al lector y hacerlo creer, con audacia y cautela, que no se trataba del pensamiento, trabajo, esfuerzo y estética de otra persona? Cada quien, con su conciencia. Por lo pronto nunca más cité un verso sin mencionar al autor (en mis poemarios siempre incluyo, imitando a Oscar Malca, “mixes and samplers”). Y estoy segura de que mi ex alumno, este ciclo, se vuelve a matricular en mi clase.

La fotografía es de un "plagio" de la Estatua de la Libertad sobre un conocido casino en Lima (Foto Giancarlo Tejeda).

1 Comment »

The URI to TrackBack this entry is: http://kolumnaokupa.blogsome.com/2007/03/25/plagios/trackback/

  1. Hola
    Este articulo me resulta muy interesante y me gustaria ampliar el tema, tiene alguna bibliografia que me pueda sugerir? de antemano muchas gracias.

    Comment by Orlando Estrada — January 16, 2008 @ 4:16 pm

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>



Anti-spam measure: please retype the above text into the box provided.






















Get free blog up and running in minutes with Blogsome
Theme designed by Hadley Wickham