Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

June 2, 2007

Lo “sagrado” y los medios de comunicación

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Jesús Martín Barbero

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Se autodenomina “cartógrafo mestizo” pues, de alguna manera, lo que ha hecho en el transcurso de sus investigaciones es mapear la realidad y, lo que es harto más complicado, las simbolizaciones de una realidad cambiante, heterogénea, dura, violenta y difícilmente adjetivable como lo es la de nuestro continente. Pero sus mapas de conocimiento propuestos no serían como los de las carreteras o los escolares, con su costa amarilla, su sierra marrón, su selva verde, sino como aquellos mapas meteorológicos —espacios fractales de colores iridiscentes— o como los de las profundidades de la tierra —capas tectónicas superpuestas unas a otras: “la cartografía se mueve rediseñando el mapa de América Latina, tanto el de sus fronteras e identidades […] como el de sus formas políticas y sociales: devaluaciones del Estado, ingobernabilidades, flexibilizaciones laborales, desocializaciones institucionales, descentramientos culturales”. Estamos hablando de un cartógrafo de espacios imaginarios que pulsa el temple de la política, de la comunicación y, en buen cuenta, de la vida.

Jesús Martín Barbero, si bien nació en la tierra de Santa Teresa, la seca y ventosa Ávila, en el corazón de España, su recorrido intelectual lo ha desarrollado en Colombia y México, Cali y Guadalajara respectivamente, por eso mismo, es considerado uno de los más prestigiosos intelectuales iberoamericanos. La próxima semana viene a Lima para participar como invitado especial del seminario Lo “sagrado” y los medios de comunicación organizado por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y para ser condecorado como Doctor “honoris causa” por la Pontificia Universidad Católica. La conferencia que dictará en la UARM tiene como título “Deslocalizaciones de lo sagrado y reencantamiento del mundo”, que de alguna manera marca dos de sus referentes últimos: lo sagrado como espacio interregno, in media res —como dirían los literatos— o in between —como dirían los angloparlantes—, que no está ni aquí ni allá sino en el intermedio, surgiendo ya no de las religiones oficiales, sino de los medios, de las multitudes, de las sensibilidades, de las angustias unificadas. Y el otro tema es el mundo re-encantado a partir, precisamente, de la relación virtual a través de la red, o de la televisión y la radio, o incluso regresando a la lectura en varias ventanas abiertas al mismo tiempo.  

A pesar de ese afán por la cartografía, y por abrirse a formas “indisciplinadas” de conocimiento, Martín Barbero es tradicionalmente reconocido como uno de los más lúcidos pensadores e investigadores de los medios de comunicación. Su libro fundamental, traducido a varios idiomas, y editado numerosas veces desde 1987 es De los medios a las mediaciones. El libro no se centra en los productores de mensajes sino en los receptores —o como los llamaría después García Canclini consumidores culturales— para poder entender de qué manera se crean resistencias al discurso coral de los medios. Para Martín Barbero el receptor es un ser activo que tuerce, que interrumpe, que transforma y se apropia de los mensajes. Fue precisamente él quien hizo la diferencia entre lo popular y lo masivo en América Latina y estudió hace años géneros considerados deleznables como las telenovelas. Pero las coordenadas de Umberto Eco no nos servirían para calificarlo, pues Martín Barbero no es ni un apocalíptico ni un integrado: para él la verdad cultural de América Latina está en entender que somos mestizos, pero no sólo en el sentido racial del término, sino porque en la trama y el urdimbre de nuestras sensibilidades mezclamos lo rural y lo urbano, lo indígena y lo cosmopolita, el folklore con lo popular y lo popular con lo masivo.

Para Martín Barbero comunicar es “hacernos sentir juntos” y por eso mismo, sostiene que los medios hoy en día, básicamente la televisión, “está secuestrada por intereses ajenos al de las mayorías. Tenemos una televisión bastarda que no se corresponde con la diversidad cultural de nuestras sociedades”. Asimismo cree que las mediciones de ratings son un engaño social “por mucho aparatito que coloquen en las antenas, tener la tele encendida es algo muy distinto a prestar atención a lo que se ve”. Si alguna luz encuentra al final del túnel oscuro del monólogo televisivo actual está en la apuesta por el propio televidentes como sujeto activo y por sacar adelante el megaproyecto de una cadena mundial de televisión alternativa “para pinchar la soberbia de las grandes televisiones”.






















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