Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

June 8, 2007

Lo sagrado y lo abyecto

Filed under: Kolumnas

“Sólo un Dios vivo, puede morir” con esta enigmática cita del filósofo francés Alain Badiou, el crítico Juan Carlos Ubilluz inició su ponencia en el seminario Lo “sagrado” y los medios de comunicación realizado la semana pasada en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. La frase, por supuesto, concitó la atención del público, diverso y heterogéneo, y no porque sonara destemplada o fuera de lugar, sino por que en voz de un agnóstico, por no decir ateo, indica más un desafío que una promesa.

Ubilluz es un especialista en literatura comparada, pero sobre todo, estudioso de la obra del psicoanalista Jacques Lacan, y autor de un libro singular que recomiendo altamente, Nuevos súbditos, sobre el cinismo y la perversión en la sociedad peruana contemporánea. Durante su ponencia Ubilluz se preguntaba por qué el filósofo francés Badiou, a estas alturas de la posmodernidad, reactualiza la famosa cita del filósofo alemán Friedich Nietzsche, “Dios ha muerto”, para organizar la singularidad del sujeto.

¿Pero qué significa “Dios ha muerto”? En principio, para alivio de los creyentes que lean estas páginas, no significa que ya Dios no exista. Lo que implica la frase es que, después de la revolución de la modernidad encabezada por los racionalistas alemanes y los filósofos de la Ilustración, el sujeto occidental —como ser pensante— constituye sus relaciones no por el determinismo pre-moderno organizado desde algunas esferas celestiales (esa mano divina que juega con los hilos del destino como si los seres humanos fuéramos marionetas), sino basado en la secularización y la individuación y la idea de que cada quien forja su propio destino. Somos los hombres y las mujeres quienes debemos responsabilizarnos por nuestras decisiones. No hay un ente, de cualquier tipo, que sea el culpable primero de lo que nos pasa, de nuestra “mala suerte”, de nuestros errores, de nuestras propias culpas. Digamos que en la modernidad “Dios está en otro lado”. Para Badiou, no obstante, “Dios ha muerto” implica que el sujeto contemporáneo ya no puede oír la voz de su singularidad, que es la voz del Dios vivo.

Si la posmodernidad, como sabemos, no es en realidad un “post” sino más bien un “ultra”, es decir, una expresión sofisticada de un imaginario completamente diferente producto del “capitalismo tardío”, ¿por qué habría que insistir en que “Dios ha muerto” si al parecer esto ya era claro? No sólo en sociedades como la peruana, cuyos habitantes vivimos en un interregno entre modernidad, pre-modernidad y post-modernidad, sino incluso en Estados Unidos, la Meca del capitalismo, las relaciones entre los seres humanos no responden de manera tan transparente a este supuesto general “individual y secular”. Ubilluz cita la película de Mel Gibson, La pasión de Cristo para poner en manifiesto que hay “un suplemento obsceno que soporta la ley simbólica de la Iglesia” y argumentar que la película no le hace ningún favor a la jerarquía eclesiástica, sino por el contrario, organiza sus normas sobre un “suplemento fantasmático” oculto, una especie de ley nocturna, que refuerza lo sagrado sobre niveles de lo abyecto.

Esta claro que la película es la primera puesta en escena de un exceso de plasticidad en torno a las torturas de Cristo. Recuérdese esas tomas: latigazos que sacuden el estupor del público, la sangre cayendo incluso en la cara de los torturadores, los charcos sobre las piedras pulidas del patio, los instrumentos de tortura cada vez más sofisticados en su crueldad, y las caras de los soldados gozando de la tortura, riendo como brutos, mientras el cuerpo del hombre joven y bello se vuelve una sola costra, ante nuestros ojos, en cámara lenta y en primerísimos primeros planos. Ubilluz sostiene que es una escena sadomasoquista homosexual. En todo caso, considero que frente a estas imágenes el cuerpo del espectador se horroriza, pero a su vez se siente atraído. Cierra los ojos pero los vuelve a abrir: es lo abyecto que ejerce un insólito poder de subyugación.

¿Y qué es lo abyecto? La crítica búlgara Julia Kristeva propone el concepto de abyecto como un punto de partida para vincularlo a lo perverso, lo sucio, aquello que nos produce repulsión. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua abyección implica envilecimiento y humillación. Aunque parezca increíble lo sagrado y lo abyecto tienen varios elementos en común: ambos son conceptos ambiguos, casi inasibles, y tanto lo abyecto como lo sagrado atraen y repelen. En casi todas las culturas, el cadáver es a su vez sagrado y abyecto: por su dimensión de caída (cadáver = cadere, caer) se convierte en lo intocable que, nos recuerda a través de su descomposición, nuestro propio efímero.

Para Badiou, Nietzsche es el antifilósofo que “se pierde” como sacrificio en su propio cuerpo —su locura final— ante la pira ardiente de la filosofía. De alguna manera la frase inicial de este artículo implica que Dios no ha muerto sino nuestra capacidad de escucharlo, de vincularnos a una singularidad subjetiva, de organizar un lazo hacia lo auténticamente nuestro.

2 Comments »

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  1. Estimada Rocío: Te escribe Lilian Elphick, escritora y editora chilena. Dado que no conseguí tu email, me tomé la libertad de reproducir dos excelentes ensayos tuyos en www.letrasdechile.cl
    Ojalá me escribieras
    Saludos cordiales, Lilian

    Comment by Lilian Elphick — June 9, 2007 @ 1:50 pm

  2. A estas alturas creo que el dios falso de las religiones engaña y hace perder el rumbo y el tiempo a tantos. Dios es un Dios de Espíritu y de verdad. No es un Dios lejano, machista ni enojado…tampoco es tan controversial e incomprensible como muchos suponen… es un Dios tan claro y sencillo en su Palabra sino la adulteramos y/o rechazamos rebeldemente, es un Dios que sólo está a un paso de nuestra fe y que anhela profundamente tener una relación sincera, personal e íntima con cada uno de nosotros. Lamentablemente hay tanta gente que no le cree, que pierde el tiempo inventando tanta cosa contra la Verdad y le hace mentiroso por diversas razones, pero sobre todo por que no le conocen y no han tenido un encuentro real con el Cristo de la Biblia, con aquél que vivió, murió, resucito y sigue vivo y obrando hasta ahora.
    Y aunque El anda cerca de nosotros, pero lejos de nuestros “pecados”, prefiero vivir y morir creyendo en El y, como me dijo alguien por ahí… que si aún Dios no existiera más allá de nuestra muerte, no habré perdido mucho si muero creyendo en El, salvo algunas inmundias más que dejaría de cometer. Pero si así no fuera y El realmente existiera, entonces me estoy jugando la eternidad y algo más que las 7,000 promesas de vida y amor que nos ha legado en su Palabra.
    Sé bien que esto es como el debate de siempre y la de nunca acabar, que cada quién tiene sus ideas y sus crisis… pero si de algo sirve tocar este tema es también como para comentarlo libremente y sin censura en esta no menos interesante Kolumna.

    Saludos…
    http://jorgeampuero777.blogspot.com/

    Comment by Jorge Ampuero — June 10, 2007 @ 7:05 pm

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