Terremoto en Perú
El sismo
Ayer a las 6:41 pm se sintieron dos sismos de 7.5, y 7.0 grados en la escala de Richter en el Perú y zonas de Colombia, Ecuador y otros países. El epicentro fue en el mar, a pocos kms bajo la superficie, frente al puerto de Pisco, que es la ciudad más afectada. Al momento se han reportado más de 450 personas que han fallecido y más de un millar de heridos.
Una gran cantidad de fallecidos se encontraban en una misa, en la Iglesia San Clemente de Pisco, que colapsó totalmente con el terremoto. La ciudad de Pisco, de donde es oriundo el destilado de uva que ahora caracteriza al Perú, está prácticamente destrozada. Los hospitales han colapsado, y los cadáveres se encuentran regados en las pistas, a la intemperie, porque la morgue está saturada. En la mañana el mismo presidente Alan García estuvo en la Plaza de Armas de Pisco, donde pudo ver, así como nosotros a través de las cámaras de televisión, las decenas de cadáveres envueltos en mantas al costado de las bancas. La gente desesperada le preguntaban al alcalde y a las autoridades qué podían hacer. Y las autoridades respondían: "sólo enterrarlos, enterrarlos como sea". El propio Alan García comentó que no podían llevar ataúdes pues las carreteras están interrumpidas. Alrededor de la plaza caminan los niños, y si todo sigue así, sin poder recoger los cadáveres por lo menos en bolsas, se pueden desatar epidemias que empeorarían la situación. El sur está en caos.
Las zonas aledañas –Cañete, San Andrés, Cerro Azul, y la misma ciudad de Ica– están asimismo muy afectadas. Al momento de escribir estas líneas hay personas que están vivas bajo los escombros, y que se han comunicado por celulares con las personas de afuera. Los pobladores reclaman mayor ayuda efectiva del Estado, sobre todo, medicamentos, sangre, alimentos, cobijas y agua. La mayoría de ministros de Estado, incluyendo el de salud, han viajado a Pisco para ver in sito los efectos.
Una de las paredes del Penal Tambo de Mora colapsó, y por lo mismo 600 internos han fugado y debido al caos en el que se encuentra la ciudad, algunos de ellos incluso han "regresado". La esposa de uno de los prisioneros comentó ante las cámaras de Canal N que, en realidad, el marido sólo escapó para ir a buscarla y saber si se encontraba bien, y ahora de nuevo se ha entregado. Pero los que han regresado son apenas 50 personas, tanto hombres como mujeres. La Ministra de Justicia ha apelado a la persuasión diciendo que deben regresar pues son personas "que han perdido la libertad pero no la dignidad".
En Lima el sismo se sintió con menos fuerza, pero igualmente produjo daños en casas de adobe o de quincha, y en los distritos de Barranco, Chorrillos, Barrios Altos, cuyos suelos son de arena y tienden a moverse mucho más. Muchas casas de adobe y quincha, en zonas pobres de la ciudad, han caído y se han producido heridos graves. Muchas de los distritos de Lima se encuentran en este momento sin luz ni agua.
La tierra sigue temblando, mientras escribo estas líneas, la pantalla de la computadora se mueve, en el quinto piso de mi casa. Las réplicas se han dado por cientos y, desde este piso, muchas de ellas se sienten y algunas con bastante fuerza. El miedo está corriendo. Yo misma lo he vivido.
Mi historia
Cuando sucedió el terremoto, yo apenas había comenzado mi clase de Estudios Culturales en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Tengo pocos alumnos pues se trata de un post-grado. Al principio hice el comentario clásico que se nos escapa a los limeños durante un temblor "tranquilos, ya va a pasar", pero uno de mis alumnos comentó: "profe, está muy larguito, así que mejor bajamos".
Todos los salones estaban llenos. La gente bajó los tres pisos con mucha calma, salimos todos hacia el patio, y luego hacia el jardín de la universidad. Y la tierra seguía temblando, en ondas, horizontalmente (este es uno de los motivos por los cuales, los destrozos en Lima, no han sido de gran magnitud). Quienes nos encontrábamos en Pueblo Libre vimos en el cielo un resplandor, que al parecer, se trata de un extraño fenómeno que se produce cuando las placas tectónicas liberan tanta energía. Un video sobre este extraño fenómeno se puede ver aquí.
En ese instante sólo pensé en mi hija, de 17 años, que se encontraba sola en mi departamento de quinto piso con ventanales de pared a pared. Y entonces todos empezamos a utilizar los celulares, inútilmente, porque colapsaron no por minutos, sino por horas, incluso el mío de la compañía Movistar no funcionó sino hasta 14 horas de sucedido el sismo. En medio de la zozobra y conmoción sólo quería ir a casa. Aproveché que la línea de la caseta del guardián de la universidad estaba libre, e hice una llamada, de teléfono local a local. No pude comunicarme con mi casa, entonces llamé al padre de mi hija para pedirle que vaya a verla. Y luego se cortó la llamada. Tomar un taxi era casi imposible, nadie quería parar, entonces nos juntamos entre dos para venir hacia Miraflores. Los 45 minutos de camino, por el tráfico insoportable, se hicieron de una morosidad exasperante.
Cuando llegué encontré decenas de mis libros en el suelo, hay que tener en cuenta que es lo primero que se cae, y algunos adornos tirados. Todos los cds de Sol también en el suelo, así como sus revistas de mangas (comics japoneses). La televisión estaba prendida, los zapatos de Sol tirados a un lado, y la computadora en stand by. Pero mi hija no estaba por ningún lugar. Sólo el gato salió bajo la cama. Sonó el timbre de la puerta y pregunté casi desesperada, "quién", y me dicen: "soy tu papá, abre la puerta". Y entonces me puse muchísimo más nerviosa porque había asumido que estaba con él. Felizmente mi hija se encontraba con unas vecinas del segundo piso, madre e hija también, quienes le habían prestado una chompa, porque salió de la casa asustada, sin zapatos, sin llaves, haciendo todo lo que no se debe hacer cuando hay un terremoto.
Pero ese pequeño acto de solidaridad de mis vecinas, que agradecí muchísimo y que sigo agradeciendo, es lo que se requiere en estos momentos pero a otros niveles. Solidaridad con las personas del sur que necesitan con urgencia de todo, incluso ataúdes, pues los muertos no tienen siquiera en este momento un lugar donde descansar.
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Otros comentarios
Julio André Checa - empresario retirado
Me acababa de llamar por teléfono mi hija Gloria Maria, y apenas comenzado el enlace telefónico, ella exclamó "Caramba, temblor". Yo recién lo percibí y le dije "seguimos conversando luego". Ambos colgamos, y yo salí presuroso del departamento, bajé las escaleras (2`piso) rápidamente, siempre con la esperanza del pronto término del temblor. Pero en el pasadizo de la primera planta el asunto seguía, con remezones intermitentemente más fuertes, pero sin superar, según mi impresión, la condición de un fuerte temblor. Abajo se congregó gran número de vecinos, y las rejas del edificio no tenían cuando dejar de crujir. Por allí como que terminaba el fenómeno, pero volvía con nuevos brios, aunque sin perder su condición de fuerte temblor. Crucé la avenida hasta la berma central, acercándome a un árbol para apoyarme y sentir su vibración, la cual casi no noté, porque seguramente ya se había extinguido el sismo. Pero las escenas de nervios continuaban patentes, hijas que lloraban abrazadas de sus padres. Después de un momento subí al departamento y la luz se había ido, cerré la puerta que la había dejado abierta y esperé a mi esposa, quien al rato llegó temblando y contando su propia odisea, que la tomó en la Av. de la Marina, no sin antes apreciar ese gran resplandor en el cielo del que habla tanta gente. Yo no lo ví por estar dentro de la casa cuando sucedió, pero entiendo que eso exacerbó el miedo. Gloria conmigo nos mantuvimos abajo esperando a Julio César, hasta que se comunicó por celular, diciendo que ya venía, pero que el tráfico estaba imposible. Ya con esa certeza, fuí a comprar unas velas y subimos con Gloria al departamento, y al rato llegaron Julio César y Gloria María, que coincidieron. Dormimos vestidos por si acaso. Pero no teníamos noticias de la real intensidad del sismo ni de su obra destructora, por estar sin corriente eléctrica, recién hoy día por los diarios nos hemos enterado de todo.
Daniela de Orellana - estudiante de Psicología PUC
… a mí me agarro en la puerta de saga. No sabes fue horrible, nunca me había asustado tanto. De ahí me tuve que regresar caminando a mi casa porque no había ningún taxi libre, mucho menos micro. Hoy no voy a ir a trabajar, mi papá no quiere que lo haga. Mi casa ha sufrido una gran rajadura porque es de adobe, y como él de todas maneras tiene que ir a trabajar no quiere que mis abuelas y mi hermanito se queden solos. La verdad yo estoy aterrorizada, no sé que voy a hacer si me agarra el terremoto en mi casa. Es lo más inseguro que hay. (Daniela vive en Barranco).
Erick Ramos - estudiante de Literatura UNMSM
Me agarró el sismo en pleno Metro de Garzón, en Jesús María; el espectáculo telúrico fue horrendo: las calles, las casas, el tráfico, la gente y los apagones, todo un completo caos. Lo que más me asustó o aterrorizó es no haber estado en ese preciso momento en casa con mi mamá y mi sobrino. Pero en fin… Bueno, aquí en el Callao el mar salió unas cuadras en La Punta y Chucuito; pero ahora todo aparentemente está calmado. Yo vivo en Bellavista y desde aquí el mar desde la azotea de mi edificio se ve muy cerca. La peor parte (como siempre) se la llevó el pobre sur y me da mucha tristeza e impotencia.


A mí el terremoto me agarró volviendo a casa, en la combi, en Santa Clara. Se detuvo y se veía cómo se movían los postes, parecía el viento moviendo las palmeras. Cuando llegué a casa, mi sobrinito me dijo que pensó que era el fin del mundo, que la tierra se iba a abrir y salir monstruos. Me hizo reír. Lo que no causa gracia es lo que está pasando en el sur, lugar que en las vacaciones del verano pasado tuve la oportunidad de visitar. Creo que es hora de ser solidarios con nuestros compatriotas. Saludos, y hasta otra oportunidad.
Comment by Harol Gastelú Palomino — August 16, 2007 @ 10:56 pm
A mí me agarró en un piso 11 de un edificio frente al Mcdonalds de la Javier Prado, en San Isidro. Lo sentí fuerte, pero debo admitir que en ese momento no pensé la gravedad del sismo.
El tráfico fue lo peor en esos momentos ya que todos querían llegar a sus casas para estar con sus familias.
En fin, lo nuestro es nada comparado con ocurrido en el sur chico.
Es hora de ayudar.
Slds, KTC
Comment by KTC — August 19, 2007 @ 2:23 pm