Cuidado: zona de discriminación
Pasa un micro por una esquina y sigue de largo porque ve a un grupo grande de escolares esperándolo, ¿es discriminación?; sube una mujer a un ómnibus con su hijo en un quipe, y el campana de inmediato le dice “aquí no se venden caramelos”, ¿es discriminación?; en la puerta de una construcción el ingeniero le indica al jefe de contrata que chotee al del pantalón marrón porque “es un tío”, ¿es discriminación?; en un centro de diversiones los guachimanes no dejan entrar a un niño con síndrome de down porque es muy agresivo y puede maltratar a los otros niños, ¿es discriminación?; una adolescente embarazada es forzada a retirarse del colegio donde estudia por ser un mal ejemplo para sus compañeras, ¿es discriminación?; una cadete es retirada de la Escuela de Policía por encontrarse embarazada, ¿es discriminación?; una aeromoza le indica a una congresista “aprende a hablar español antes de quejarte”, ¿es discriminación?; en Jaén no dejan que un hombre registre a su hija recién nacida porque se encontraba en short y polo, ¿es discriminación?; en Barranco no permiten a un niñito que se matricule en un nido porque es muy gordo y los otros niños se van a burlar de él, ¿es discriminación?
¡¡¡Por supuesto que si!!!! Todos los casos anteriores, que son verdaderos, son actos discriminatorios que no sólo deben de prohibirse y castigarse, sino que a los demás ciudadanos deben provocarnos vergüenza ajena.
La semana que pasó la Defensoría del Pueblo presentó un documento de trabajo de 218 páginas sobre actos de discriminación injustificada que han sido denunciados por los agredidos ante la Fiscalía o que se han recibido en la propia Defensoría. El texto titulado “La discriminación en el Perú. Problemática, normatividad y tareas pendientes” constituye un antecedente para poder prevenir a la sociedad peruana contra esa lacra que ha corroído y sigue corroyendo nuestras posibilidades de justicia social y equidad. Como lo ha entendido bien la Defensora, Beatriz Merino, la primera forma de luchar contra la discriminación es visibilizándola, y con este documento, la Defensoría da un primer paso importante pues se convierte en una de las primeras instituciones públicas estatales que admite la necesidad explícita de políticas públicas adecuadas para remontar las prácticas discriminatorias.
El documento está centrado sobre todo en el tema jurídico, pues la Defensoría centra su accionar en quejas de los ciudadanos, y estas quejas tienen implicancias jurídicas de enorme relevancia. Sin embargo, creemos que un asunto medular para entender las prácticas discriminatorias son los discursos en las cuales se sustentan, como incluso lo sostiene el propio documento, “la derrota de la discriminación es un tema diario y personal a fin de modificar las estructuras sociales y culturales sobre las cuales se sostiene”, pero además de estas tres líneas, no hay un apartado que le dedique la relevancia que se merece.
Porque como bien es sabido entre las compañeras feministas, una cosa es que las leyes cambien, y otra es que a propósito de esos cambios, los ejes culturales se deslicen algunos centímetros, para poder socavar estereotipos de siglos y así reforzar prácticas no discriminatorias. No se puede controlar la violencia doméstica sin eliminar en un cien por ciento el machismo; no se podrá defender el derecho a la diversidad sexual sin dejar sin piso un discurso homofóbico que, a pesar de todo, sigue oliendo a podrido en las aulas escolares. Mientras en cada salón haya un lorna y un bacán —un lorna feminizado, por supuesto— seguirá imponiéndose la fuerza bruta sobre la razón, la lacra de la estúpida discriminación sobre la posibilidad de una vida armónica.
Y no, tolerancia no es la palabra justa, porque se tolera a quien se aguanta: lo que necesitamos es entender que nosotros no somos sin el otro. La única manera de entender que podemos existir sobre la tierra, es porque así como otros se hicieron cargo de “nosotros”, “nosotros” nos hacemos cargo de los “otros”. Es un acto ético y, a la luz de las últimas teorías sobre evolución, la ética es genética. Discriminar, a todas luces, es ir contra la propia evolución de la especie.



cada qien q ocupe su lugar
Comment by YIMI — September 20, 2007 @ 4:18 pm