Doris Lessing y el machinario literario internacional

Dos momentos en la vida de Doris Lessing.
La ociosidad es madre de todos los vicios. Y la ignorancia es soberbia (y estúpida). Por ambas razones, las prácticas de los periodistas locales —con excepciones— para informar sobre el Premio Nobel se han limitado a “voltear” la nota de prensa más “hot” de Google sobre Doris Lessing, para des-informar sobre el último resultado restándole importancia. ¡Qué casualidad, justo cuando se trata de una mujer!
¿Y qué es lo que dice este “cable” remixeado y resampleado? Que el catedrático Harold Bloom, el canonizador occidental anglocentrista y femifóbico, ha dicho que es lamentable este último premio y que responde a criterios de corrección política. Bueno, bueno… ¿y por qué en este caso sería lamentable? Porque según Bloom —yo no las he leído— las últimas novelas de Lessing —al parecer de género “futurista”— no tienen ni punto de comparación con su gran alegado a la igualdad que es El cuaderno dorado.
¿Vallejo sólo escribió rotundos e inmensos poemas?, ¿Vargas Llosa sólo escribe excelente novelas?, ¿Ribeyro sólo publicó cuentos memorables? Obviamente no. La producción completa de un autor siempre tendrá baches, porque precisamente el nervio del genio, en todas sus dimensiones, está organizado sobre los errores, los desaciertos, los tropiezos que lo tiran al suelo para, en un acto de consistencia con su vocación, volver a insistir levantándose una y otra vez. ¿Podría ser pareja la obra polígrafa de una autora que ha publicado 50 títulos? La respuesta es obvia. Por otro lado, según el cronista Germán Gullón de El Mundo, Lessing ha regresado a sus fueros con sus últimos dos libros de memorias.
Otros periodistas nacionales lamentan que este año, como los anteriores, no haya ganado Vargas Llosa. Si, pues, todos los peruanos queremos de todo corazón que gané el Premio Nobel nuestro compatriota Vargas Llosa, que es uno de los excelentes escritores de habla castellana –también a pesar de sus baches– de la misma manera como queremos que el Perú le gane a Chile (en todos los contextos). Pero Chile tiene dos Premios Nobel (Mistral y Neruda) que, en el nacionalista y precario narcisismo de algunos, duelen tanto como los dos goles del último (y lamentable) partido de fútbol. Sufre, peruano, sufre. Y regodéate en tu victimización.
Según la información oficial del Premio Nobel, éste ha sido otorgado a Doris Lessing, por narrar “la épica de la experiencia femenina, y tematizar, con escepticismo, fuego y poder visionario, a una civilización dividida por el escrutinio”. Imaginamos que esta referencia a una “épica” de la experiencia de las mujeres ha sido el dardo sobre el bull para Harold Bloom y su epónimo alemán Marcel Reich-Ranicki, autor del copión Der Kanon (Die Deutsches Literatur) que calificó la decisión como “decepcionante”.
La mezquindad no nos permite darnos cuenta, y asumir francamente, que la literatura no es una carrera de caballos. Que Doris Lessing haya ganado el Premio Nobel no la hace mejor escritora que Philip Roth (sin embargo es más rotunda que Claudio Magris). Pero, de alguna manera como han dicho algunas colegas, es una reivindicación de los cientos de mujeres que, no sólo perdieron todos los premios literarios por serlo, sino que incluso perdieron las posibilidades de ser alfabetas y de leer libros sólo por el hecho de ser mujeres, pues como tales y según las expectativas tradicionales, hacían más falta en la casa que en las escuelas. Muchos premios literarios, como el Nobel, son más simbólicos que taxativos, de un reconocimiento global por la obra completa de un autor y sus condiciones de producción, así como por sus méritos estilísticos. No se trata de la "excelencia" de una sola obra: sino de la persistencia en el difícil mundo de la palabra escrita. Es por este motivo que, de alguna y extraña manera, también es un reconocimiento para escritoras que están en pie de lucha con la pluma en ristre, por la apuesta de un buen estilo, pero también de una buena causa.
La dura y demasiado flemática Doris Lessing, anticolonialista, ex comunista y post-feminista y radical siempre, es la actual reina de las letras en el mundo aunque les arda a los profesores de Yale. Salve por ella. Y por sus compañeras.


Rocío, qué deleite leer un texto tuyo sobre Doris; estabas haciéndote extrañar.
Cuando de ganadoras se trata, los “voceros de la literatura” prefieren bajar el volumen.
¿Habrán olvidado que este siglo nos pertenece?
Comment by Espléndida — October 19, 2007 @ 10:11 pm
Hace más de 20 años que descubrí a Doris Lessing (cuando leí Martha Quest, novela que compré sin saber quién era la autora). He leído buena parte de su obra y la considero sin duda alguna, mi escritora favorita. Vivo en Inglaterra, y la emoción que tuve al enterarme que recibió el Nobel me hizo abandonar una reunión para ir a ver las noticias en la tele, con la seguridad de que por primera vez escucharía su voz. Llegó en un taxi a su casa, con las compras del mercado, totalmente despeinada y nada glamorosa. Sólo atinó a decir ‘Christ!’ cuando los periodistas le anunciaron que había ganado el Nobel. No me pareció una persona flemática, pero eso no importa ahora. La no-reacción de la prensa limeña a este Nobel es una de las cosas más decepcionantes de las muchas decepciones que regularmente nos depara. Por eso, cuando vi que escribiste sobre Lessing en tu Kolumna, me entusiasmé. Apoyo tu indignación por la mediocridad y machismo que caracterizan a los comentarios. Pero la nota es y no es sobre Lessing. Sería formidable que alguien escriba en más profundidad sobre la extraordinaria obra y vida de esta mujer (leer Under My Skin), tan apasionada por la literatura y por ser libre que hace más de 50 años fue capaz de romper su matrimonio y abandonar a su hija en Sudáfrica para marchar a Londres para hacer posible su ambición de ser escritora. Este punto tan importante de su biografía es algo de lo que sin duda nadie quiere hablar.
Comment by gabriela — October 23, 2007 @ 2:29 pm
me gustaría que definieras qué entiendes por “rotundo” y cómo crees que un escritor por ser rotundo es mejor que otro que no lo es.
Comment by váni — October 25, 2007 @ 7:19 pm
¿En qué momento he dicho que Lessing es mejor que Magris? En ninguno. ¿En qué momento he dicho que rotundo implica ser un mejor escritor que otros? En ningún momento. Lo que he dicho es que la novela que he leído de Doris Lessing, y algunos de sus cuentos, me parecen más rotundos que la novela que he leído de Magris. “Rotundo” en un sentido estético podría entenderse como con una fuerza del texto –construida a partir de muchos elementos– que organiza una recepción impactante. Quizás para algunos lectores la sutileza de Magris sea “mejor” que la rotundidad de Lessing.
Comment by Rocio Silva Santisteban — October 25, 2007 @ 10:37 pm