Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

November 22, 2007

¿Los últimos serán los primeros?

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Un artículo bastante razonable de Santiago Cueto, especialista de GRADE en políticas educativas, publicado hace poco en El Comercio, ha pasado sin ser comentado y casi desapercibido para la prensa nacional, a pesar de que refuta con conocimientos y argumentos las últimas cifras del reporte anual de competividad del World Education Forum que nos coloca en el último lugar de 131 países. Sostiene Cueto que estas cifras se derivan de una encuesta a un grupo de empresarios que en el 2006 fueron 66 personas. No obstante, agrega más adelante, el rendimiento de los estudiantes peruanos, según las cifras de PISA, es tremendamente bajo e inaceptable pero "quizás no sea siquiera el más bajo de América".

A su vez, Marco Sifuentes en su blog, y re-publicado en la última revista Ideele, escribe un artículo donde expone una serie de coincidencias entre los encargados del e-business de la Universidad San Martín de Porras y la compra de las laptops de 100 dólares (que cuestan 184 dólares en realidad) de parte del Estado peruano. Y como todos sabemos, el Ministro de Educación, José Antonio Chang, sigue siendo el rector de la Universidad San Martín de Porres. Al parecer, según esta fuente, se trata de un negocio que, a pesar de las posibilidades de las laptops, está envuelto en oscuras y cenicientas sombras.

Tenemos aquí, entondes, dos caras de la educación peruana: los supuestos problemas y las supuestas soluciones. Un problema planteado con un énfasis equívoco, con información recogida de "opiniones", viene en un informe foráneo y por lo mismo se le toma como objetivo con resultados precisos y cientìficos. Felizmente un investigador en el tema como Cueto ha salido a señalar con precisión el error, para prevenirnos a su vez el que estemos repitiendo una idea fuerza que nos coloca en el círculo vicioso de la queja y el contentamiento. No se puede seguir repitiendo esa afirmacion inexacta: no somos los ultimos aunque esta bien dificil que alguna vez seamos los primeros. Pero, en todo caso, la situacion de la educacion publicam, que no es lo mismo de la educacion privada, es verdaderamente patetica y no solo se debe al bajisimo nivel de los profesores y a la falta de motivacion, sino a la inquietante mezquindad con la cual el Estado trata a todo el sector.

Y por otro lado, una solución aparentemente interesante, como proyecto y posibilidad de enfrentar las carencias de muchos ninos peruanos, se convierte en un instrumento para sospechar de los funcionarios publicos cuando las adquisiciones –el gran problema del Estado– no se realizan con la suficiente transparencia. Es cierto que las computadoras son un recurso que deben a echar andar los docentes en zonas deprimidas, pero primero ellos deben saber que hacer con ellas, como sacarles el mayor jugo, que tecnicas utilizar para aprovecharlas.

Educacion es el sector mas olvidado porque los principales beneficiados no votan. Pero si no se incrementa el presupuesto para educación, de tal modo que a su vez no se vaya en planillas sino que se invierta en tecnología, capacitación e infraestructura no-inmueble, la situación de la educación en el Perú seguirá su curso hacia el abismo. Para salir a flote no es necesario tocar el fondo de la piscina: ya estamos lo suficientemente bajos como para lanzarnos hacia arriba indefectiblemente.  

November 20, 2007

La mujer barbuda

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Ante las extraordinarias viñetas de Maitena sobre el puntiagudo tema de la depilación femenina, siempre me he sentido como una intrusa: gracias a mis ancestros soy lampiña. No obstante, me desatan la risa y, como diría Vallejo, me adhiero. Convertir un tema de pilosidad en gag femenino es uno de los aciertos de esta caricaturista argentina: pone el dedo en el estigma de la belleza de la mujer y en ciertos estereotipos que nosotras mismas alimentamos. Aunque hay otras vellosidades, más bien simbólicas, ante las cuales habría que tener el mismo desparpajo.

En ese sentido, y a propósito de las Jornadas Feministas Dialogando con Sonia Álvarez, que empiezan mañana lunes en DEMUS y siguen toda la semana en San Marcos y en Flora Tristán, quisiera reflexionar sobre el estereotipo de la feminista que se registra de manera popular en nuestro país. Hace muchos años, en una serie de entrevistas realizadas por Roland Forgues, una poeta peruana definió a las feministas como "aquellas mujeres con bigotito que parecen monjas". A tantos años de esta boutade me quedó en la memoria la forma como una mujer, ella misma, había incorporado a su propio discurso el discurso hegemónico del otro y, además, en tono sarcástico. ¿Y por qué ese rencor? Al parecer en su imaginario había una línea que separaba a las mujeres lindas de las feministas. Y ella quería ser linda.

Pero, en realidad, esta historia viene a cuenta de que si algunos analistas, fisgones y periodistas reaccionan de forma desconcertante frente a los distintos escenarios de los feminismos en América Latina y otros aún no logran manejar ciertos conceptos básicos de la "epistemología de género" –debido básicamente a un cierto desprecio por una perspectiva que, apostados detrás de sus trincheras, descalifican por desconocimiento y prejuicios–, muchos otros no evolucionan y siguen calificando a las feministas con los tres rasgos del analista homo erectus: feas, gordas, peludas.

Para cierto sector de publicistas y para otro sector de periodistas (sectores con los que he conversado personalmente), las feministas siguen siendo esas señoras gritonas y resentidas que se escandalizan ante una tanga. Se trata de un estereotipo estúpido pero que ha calado en el imaginario de la gente. Aunque quizás en los últimos años este estereotipo se ha sofisticado a propósito de algunas mujeres que, sin ser feministas, tienen una actuación social relevante y a veces autoritaria, y me refiero en concreto a algunas congresistas por ejemplo. Pero se sigue asumiendo que el feminismo es una reacción por desventaja de mujeres resentidas. Y en el imaginario popular peruano las feministas están relacionadas con posiciones autoritarias. Por eso mismo la reacción de muchas jóvenes ante la pregunta: ¿eres feminista? ¡No, de ninguna manera, ni hablar! Cuando en su práctica diaria, e incluso en su posicionamiento del mundo, seguramente son feministas avant la lettre.

Todo esto para proponer, una vez más desde esta trinchera, que los grupos feministas, con o sin financiamiento, persistan en incidir en el cambio de los imaginarios con propuestas inclusivas dirigidas a los hombres. El gran aporte de la antropóloga norteamericana Gayle Rubin al transferir al género –y ya no al patriarcado– el peso específico de la diferencia sexual como construcción cultural permite precisamente entender que no se trata simplemente de una situación irreductible.

Es imprescindible que las feministas y sus discursos de cara a la opinión pública (y no a los Estados) se actualicen. Para lo cual es necesario recuperar espacios olvidados como los espacios símbolos y la provocación. Sin un correlato simbólico las conquistas de las mujeres pueden devenir más adelante en letra muerta, en normas que desconocen la dimensión ideológica que estuvo detrás de ellas al negociarlas y elaborarlas. Es preciso recobrar la palabra libertad de los primeros tiempos y no tener miedo de descomponerse la ropa ni alborotarse el pelo. El feminismo es renovación constante y así debe mantener su perfil libertario para calar en las mentes y las almas de las mujeres y los hombres del Perú.

November 19, 2007

Abimael por Santiago

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“Después de treinta y un años vuelvo a la ciudad antigua/ y en la estación que caen las flores leo vuestra obra./ Que el excesivo descontento no os destroce el corazón./ Siempre habría que tener una visión más amplia del mundo y de las cosas.”

Mao Tse Tung escribió este poema al regresar a Pekín después de larguísimo exilio, en el verano de 1949. El poema muy bien podría servir de introducción a este libro, o por lo menos, de clave para poder leer el pentagrama: porque “La cuarta espada” se trata, en realidad, de la pesquisa de un joven escritor peruano que, luego de corto pero intenso exilio, regresa con un pretexto perfecto para indagar en la historia de su país. La oculta historia del asesino peruano por antonomasia se convierte en una razón para, de alguna forma, rescatar la necesidad de “ver el rostro del otro” en su verdadera dimensión. Ese rostro del otro que devuelve la imagen especular de uno mismo.

Si bien es cierto que el objetivo principal del libro es entender la alteridad radical que implica el ser humano Abimael Guzmán, más allá de las monolíticas descripciones que lo congelan bajo adjetivos gruesos de monstruosidad, en el fondo, según mi perspectiva, se trata de la puesta en escena de una voz, la del narrador, que indaga por el cinismo de su generación, por la indiferencia de los sectores sociales privilegiados, por los aún vastos abismos entre ricos y pobres extremos, y sobre todo, por los sujetos que formaron parte activa de una guerra que, a su vez, mantuvo a miles en tremenda indiferencia.

“Soy un burgués satisfecho” dice en un momento de su reflexión personal, y luego agrega, “tengo la impresión de ser un turista en el infierno. Sus ocupantes me hablan pero saben que me voy a ir, que este infierno no es mío, que los dejaré a ellos y haré mi notita de prensa al respecto” y estas confesiones de cinismo en voz alta, en realidad, lo que hacen es mostrar entre líneas una culpa cristiana o peruana. La increíble culpa que, encerrada en sí misma y peleándose con su aparente sarcasmo, es la forma de acercarse a un país que uno ama y odia.

Para empezar el “horizonte” al que le habla este narrador no es peruano: es un lector que no conoce los “recodos en el camino” para usar una metáfora ad hoc. Las explicaciones son varias, múltiples, y las traducciones de peruanismos a un español normalizado inevitables. Por eso mismo, la tarea es obvia: mostrar al lector no-peruano las estrategias que utilizó SL como forma de conectar con las estrategias de terror de otro grupo, muy lejano geográfica e ideológicamente, Al Qaeda. No es explícito; pero la imagen de Guzmán en traje a rayas “conecta” en este sentido. Sin embargo como sostiene Mijail Bajtín: unas son las intenciones del autor, y otro su resultado concreto. Y en este caso, la historia de Guzmán, es una extraña manera de volver al Perú.

A pesar de esta vocación por mostrar un personaje más real que las caricaturas de siempre, Roncagliolo lamentablemente no logra un asunto fundamental: entrevistar al objeto de su biografía. Su mayor acercamiento es una entrevista con Elena Iparraguirre, otra con Manuel Fajardo y frustrados encuentros con Morote y otros dirigentes. Se entiende que es un libro apresurado —esto precisamente lo comenta el narrador al principio— y he ahí su mayor debilidad, pues no es lo mismo investigar para un reportaje (aunque sea en varias entregas) que para un libro. El investigador-autor debió plantarse en exigir mayores tiempos, finalmente no es el editor sino el autor el responsable de su prestigio (que será su arma y su escudo siempre).

Otra debilidad del texto son algunos comentarios que se afirman rotundamente pero cuyas fuentes no son certeras. El uso del “dice esta fuente que dicen o que dijo X o Y” no es pues la mejor manera de investigar sobre un tema con demasiadas asperezas y ambigüedades. Sin embargo, a pesar de estas “debilidades”, es un libro muy importante para nuestra identidad como nación, pues no reduce al otro a la monstruosidad, sino que indagando en su humanidad, saca a la luz otras motivaciones más allá de las políticas usuales.

El texto da a conocer detalles de la infancia de Abimael y el abandono de la madre, indaga sobre la existencia de un romance en sus primeros años de universitario en Arequipa que, al parecer, tuvieron como resultado una hija; asimismo, deja en claro que su mayor virtud como “intelectual” ha sido estar atento a los cambios estratégicos de los diversos gobiernos de turno; y que finalmente el “partido tenía mil ojos y mil oídos” pero una sola y autoritaria voz: la de él mismo. También lo muestra como un dirigente que no tocaba armas, que estaba fuera del teatro de operaciones, y que se mantenía es una especie de burbuja panóptica. A su vez, Roncagliolo llama la atención sobre los errores que llevaron a la caída de la cúpula: casi todos pecados de pasión amorosa.

A pesar de alguna metáforas no tan acertadas —que han sido pasto de muchos blogs que se fijan en la astilla y no en la viga— y de errores como no hacerle el seguimiento a la tesis que Guzmán presentó en la UNSA sobre Kant —y que, intuyo, debe plantear muchas explicaciones sobre su posterior recorrido— el libro es una entrega honesta sobre un tema que nunca nadie había tratado de esta manera.

November 13, 2007

Retorno a la creatura - Pablo Guevara

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La increíble intensidad vital de Pablo Guevara sigue brillando en cada uno de sus libros. Un grupo de estudiantes y amigos del poeta, sobre todo Gladys Flores, a puro punche han sacado adelante un hermoso proyecto: a un año de su partida publicar uno de sus varios libros inéditos: "Hacia el final" (me ha hecho recordar el poeta Rafael Espinosa que otro de los poemarios de Guevara del cual muchos hemos escuchado hablar, "Mentadas de Madre", sigue inédito). El esfuerzo por publicar "Hacia el final" llega a buen puerto este viernes 16 de noviembre a las 7 pm en el Instituto Raúl Porras, donde será presentado por Carlos López –quien acaba de publicar un bellísimo libro en la Colección Underwood de la PUCP–, Ruben Quiroz y José Farje.

La última vez que estuve con Pablo fue en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya donde trabajo, cuando fuimos miembros del jurado de CONACINE. Guillermo Niño lo propuso como presidente del mismo, y él estuvo como siempre inquieto, atento y beligerante. Tenía convicciones firmes y siempre con voz muy alta e imperativo las hacía conocer a los demás, aunque luego se riera como un niño. Y esa vez sí que discutimos… Pero al salir de la reunión y como siempre, super caballeroso, al regreso a casa me pagó el micro. Así era Pablo Guevara: polémico, apasionado con sus ideas, defensor de una manera de ver el mundo, y finalmente, atentísimo con sus ex alumnas y ex alumnos.

Un maestro cuyos gruñidos extraño mucho.  

November 10, 2007

Guau, guau

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Giancarlo Tejeda.

Un análisis textual de El síndrome del perro del hortelano.

He dejado pasar un tiempo para referirme al artículo del presidente Alan García sobre los problemas que, según su criterio, no permiten que el Perú salga adelante. Sin embargo, modestamente, quizás pueda aportar algo desde el oficio que ejerzo: la crítica textual.

El artículo, como saben, empieza con una afirmación y sin introducción, como se diría en retórica “in media res”: como si de un tiempo a esta parte el diálogo escritural entre el autor y sus lectores sólo se haya renovado. La afirmación es categórica, sin condicionales que puedan menguar la autoridad que emana de sí misma: “El reclamo por la titulación de la vivienda es muy grande. Cada peruano sabe que con una propiedad vendible […] puede mejorar su situación”. El inicio entonces es una referencia directa a los beneficios de la propiedad privada “con titulación” —formal, legal— como una de las garantías del desarrollo individual de cada peruano. Es una referencia metonímica (la parte por el todo) para luego hablar de la nación como un peruano más “que tiene el mismo problema y no lo sabe”.

Entonces, en un ejercicio de suposiciones, el autor del artículo vincula el problema del Perú a la propiedad privada que no se ejerce, sosteniendo que el camino hacia el desarrollo se concretaría con la “puesta en valor” a través de la entrega en propiedad de los millones de hectáreas “ociosas” que no se trabajan debido a la incomprensión de las comunidades campesinas (que no son sagradas porque el Virrey Toledo “las inventó”) o la cerrazón del viejo comunista o la defensa del invisible “indígena no contactado”. En otras palabras, si Hernando de Soto (y por lo visto Gherzi y Ghibellini) proponen que un capitalista empieza a nacer cuando adquiere formalmente la propiedad, el Perú empezaría su desarrollo mas bien cuando vende la propiedad al capitalista que, finalmente, podría ponerla en valor. Un quiasmo: esa es la figura literaria que invierte la lógica.

El texto, además, está lleno de alegorías. Una obvia es la del título, pero hay a su vez otra poderosa: las tierras ociosas. No tierras infértiles, ni improductivas, ni eriazas: ociosas. Las tierras ociosas están representando a su vez a los dueños de las mismas y esta imagen remite a uno de los mitos del pensamiento hegemónico: los pobres son tales por su propia ociosidad. Los dueños de las tierras ociosas son, a su vez, peruanos ociosos ya sea por voluntad propia o porque no tienen acceso ni a educación ni a tecnología. Otra alegoría es la del “nuevo-viejo” comunista, que sigue viviendo de los remanentes ideológicos del s.XIX pero que ahora se ha trastocado en medioambientalista (¿qué dirán los miembros de la CEE —y sus exigencias de normal ambientales— cuando lean estas líneas?).

El texto construye a un enemigo difuso, pero enemigo de la nación al fin y al cabo. Alguien a quien todos los peruanos debemos de oponernos. ¿Quién es? No son los corruptos, ni los narcotraficantes, ni los burócratas sobornados, ni los malos funcionarios públicos, ni los capitalistas con mentalidad rentista: es el viejo-nuevo comunista, el ambientalista, el que protege al invisible indígena. Ergo, los caviares. He ahí el asunto. ¿Adivinan ahora en quién se inspira esta alegoría del enemigo común?

El autor del artículo ha querido terminarlo con una metáfora extraída de los manuales de exitología: la “puesta en valor” del cerebro de nuestros hijos y alumnos. Se puede poner en valor una huaca, un monumento, un terreno eriazo, pero, ¿un cerebro? El término es, en realidad, educación y formación. Y la mejor manera de comenzar a educar es respetando los presupuestos sin los recortes que el Consejo Nacional de Educación ha denunciado en un comunicado la semana que pasó. ¿Podremos llegar alguna vez al 6% del Presupuesto para Educación aunque no dé réditos políticos?

November 4, 2007

El machismo mata

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 "Yo no quería matarla, señor juez, sólo le di unos cuantos piquetitos" esta declaración del uxoricida la uso Frida Kahlo como título de este impresionante cuadro.

La única manera en que pueda desarrollarse una verdadera liberación femenina será cuando el varón pueda, a su vez, desatarse de todos aquellos estereotipos de género que lo presionan para actuar como un macho. Me refiero, en concreto, a esas ideas, pensamientos, sentidos comunes que la educación, el grupo de pares, la televisión, el cine, la publicidad —el “imaginario”— apuntalan día a día. Hace años Rafo León escribió un libro de entrevistas a diversos presos que habían cometido delitos de violación sexual. El título del libro León lo extrajo de las conversaciones con ellos y condensa con precisión esta idea: “Yo actuaba como varón solamente…”.

¿Qué es el machismo? Es una forma de entender el mundo y de vivirlo. Un sentido común. Una suerte de ideas que se han encarnado en un sujeto, sometiendo su cuerpo a esas exigencias, de tal suerte que luego se convierten en prácticas agresivas incluso contra él mismo. El machismo siempre sospecha, por lo mismo exige que la hombría se demuestre día a día, minuto a minuto. Estas demostraciones pasan por algunos supuestos actos de heroísmo, por enfrentamientos con otros machos, por sometimiento al débil —el nerd, el lorna, el afeminado, las mujeres— .

El macho es aquel que “debe” someter a los otros, pero sobre todo, a la otra. Aquél a quien no le pisan el poncho. El bacán del barrio aunque eso implique —como en mi barrio— meterse droga, pegarle a los chiquillos, pelearse con nunchakus, y andar exhibiendo las cicatrices corporales con perverso orgullo. Parece casi luminoso ser un macho en el Perú. Pero no lo es. Su gran lado oscuro es esa frustración que se acumula en los puños cerrados cuando, el macho, no lo puede ser en todo su esplendor.

Por eso, entonces, la insistencia en demostrar poderío públicamente, el pánico a la homosexualidad, la represión de los afectos sobre todo entre hombres —y la explosión de los mismos en condiciones de ebriedad—, la persistencia en “mostrar” que, frente a la mujer, el macho siempre está en una relación superior. Y para dejar esto bien en claro es preciso ejercer su mejor arma: la violencia. Los insultos, los gritos, la voz autoritaria, el golpe, la violación sexual, el vejamen, la humillación.

En América Latina el machismo se configura de manera muy diferente a otros lugares y se organiza sobre un sentimiento conflictivo de origen vinculado a nuestra condición de colonizados. Eso lo ha explorado de manera muy clara Octavio Paz en El laberinto de la soledad, precisamente cuando se refiere al origen del mexicano como “hijo de la Chingada”, es decir, de la indígena violada por el conquistador. Somos pues el resultado de esta “violación originaria” y nuestra bastardía es la perpetuación de ese botín de guerra.

El patriarcado en América Latina cobra, pues, estas condiciones particulares que exige de las mujeres ser la emulación de María en su imposible condición de madre y virgen —el marianismo en su acepción más negativa— y del hombre una exhibición de su fuerza que, a la vez, le permite la moral laxa de no convertirse, necesariamente, en un proveedor. El macho latinoamericano, a diferencia del patriarca griego, no asume ninguna responsabilidad por su prole: sólo la produce y reproduce.

Esta manera de pensar –y sentir— ha matado a millones de mujeres. Aquellas que han caído, directamente, bajo los puños de un macho frustrado o celoso o exaltado, como ayer o la semana pasada o el año pasado (hay registros en todos los diarios); o como aquellas que mueren bajo la indiferencia oficial mexicana en Juárez: aún no se sabe si esas mujeres son violadas como pruebas iniciáticas de los cárteles de la droga o para filmar snuff –movies. Sólo se sabe que su vida no vale un peso.

El machismo mata. Cuando no mata, humilla. Ofende. Provoca pánico en las mujeres. Acosa moralmente. Trauma. El machismo hace daño tanto a hombres como a mujeres, pues exige una serie de comportamientos del varón que son imposibles, crueles e incluso canallas. Para consolidar una cultura de equidad sexual —y aquí sí lo propongo casi como receta— es necesario erradicar totalmente el machismo y plantear esta reivindicación como una política pública urgente.

November 2, 2007

Blanca Varela, el libro y el Congreso del Perú

El lunes 29 de octubre Luis Gonzalez Posada, en su condición de presidente, entregó a Blanca Varela la medalla de honor del Congreso del Perú en el grado de Gran Oficial. Se trata de un merecido homenaje un poco tardío. Debido a que nuestro congreso no es precisamente un dechado de virtudes y sus miembros son más bien un ejemplo de desastre burocrático, se podría pensar que esta medalla proviene de una institución sin mayor coherencia y por eso no tiene un valor significativo. Sin embargo, en términos históricos, es muy importante.

Si Clorinda Matto de Turner fue excomulgada, su prensa quemada y posteriormente ella tuvo que huir del Perú a Argentina donde murió; y Magda Portal prácticamente sepultada en vida debido al escándalo que provocó su novela La Trampa (la historia negra del APRA, de Víctor Raúl haya de la Torre y del asesinato de los Miro Quesada), pues que a una poeta el Congreso de la República le dé una medalla por su labor, implica por supuesto un mayor respeto y reconicimiento al trabajo de las mujeres en la escritura, pero además, un importante adelanto por reconocer la importancia de lo literario, lo simbólico, en la organización de una comunidad nacional que, a pesar de todo, el Congreso representa.

La ceremonia fue breve y justa. Estuvo presente toda la familia de Blanca, Vicente de Szyszlo, sus hijas, y las hijas del fallecido Lorenzo, así como el propio Fernando de Szyszlo, quien finalmente agradeció en nombre de la familia, previa explicación de que los lazos que hay entre ellos, a pesar de las disoluciones matrimoniales –están divorciados desde hace muchos años– son mucho más firmes que cualquier vínculo civil. Blanca asistió en silla de ruedas pues no puede movilizarse sino con mucha dificultad y a pesar de que no tomó la palabra, estuvo atentísima de los (felizmente) cortos discursos. Blanca entonces se retiró con un gesto de satisfacción en el rostro.

Posteriormente se presentó el libro. Estuvieron a cargo de la presentación Cecilia Esparza y Max Hernández. Ambos hablaron de la importancia de la obra de Varela y de la inclusión en este libro de ensayos de Octavio Paz, Roberto Paoli, Jean Franco, Susana Reisz, José Miguel Oviedo, Mario Vargas Llosa entre otros varios. Finalmente Mariela Dreyfus y yo comentamos sobre este proyecto que en realidad se concretó después de siete años y, por supuesto, agradecimos a todos los colaboradores, sobre todo a los que se encontraban presentes –incluyendo a Esther Castañeda, profesora sanmarquina, quien asistió también en silla de ruedas– y a Vicente y a Fernando de Szyszlo, a Patricia Pereyra, por facilitarnos textos, información y fotos, además de un apoyo franco y abierto.

Y por supuesto le agradecimos a Blanca Varela por enseñarnos que la poesía es un oficio solitario y duro pero que llena de satisfacción cuando cumple su cometido: comunicar al otro esa sensibilidad y manera de entender el mundo.

Por otro lado el proyecto, que estuvimos organizando desde el año 2000, y que finalmente terminamos en el 2005 cuando se lo entregamos a Rafael Tapia del Fondo Editorial, es una apuesta por un trabajo en común realizado entre personas que, la mayor parte del tiempo, no se encontraban juntas. Mariela y yo estuvimos básicamente trabajando a través de internet este libro. Ha sido difícil y, esta vez debo reconocer lo que comentó Martha Hildebrandt, que también es el resultado de una "extraña persistencia". Una persistencia que hasta podría calificarse como de terquedad peruana. El parto duró su largo tiempo, pero bien valió la pena.






















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