Blanca Varela, el libro y el Congreso del Perú
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El lunes 29 de octubre Luis Gonzalez Posada, en su condición de presidente, entregó a Blanca Varela la medalla de honor del Congreso del Perú en el grado de Gran Oficial. Se trata de un merecido homenaje un poco tardío. Debido a que nuestro congreso no es precisamente un dechado de virtudes y sus miembros son más bien un ejemplo de desastre burocrático, se podría pensar que esta medalla proviene de una institución sin mayor coherencia y por eso no tiene un valor significativo. Sin embargo, en términos históricos, es muy importante.
Si Clorinda Matto de Turner fue excomulgada, su prensa quemada y posteriormente ella tuvo que huir del Perú a Argentina donde murió; y Magda Portal prácticamente sepultada en vida debido al escándalo que provocó su novela La Trampa (la historia negra del APRA, de Víctor Raúl haya de la Torre y del asesinato de los Miro Quesada), pues que a una poeta el Congreso de la República le dé una medalla por su labor, implica por supuesto un mayor respeto y reconicimiento al trabajo de las mujeres en la escritura, pero además, un importante adelanto por reconocer la importancia de lo literario, lo simbólico, en la organización de una comunidad nacional que, a pesar de todo, el Congreso representa.
La ceremonia fue breve y justa. Estuvo presente toda la familia de Blanca, Vicente de Szyszlo, sus hijas, y las hijas del fallecido Lorenzo, así como el propio Fernando de Szyszlo, quien finalmente agradeció en nombre de la familia, previa explicación de que los lazos que hay entre ellos, a pesar de las disoluciones matrimoniales –están divorciados desde hace muchos años– son mucho más firmes que cualquier vínculo civil. Blanca asistió en silla de ruedas pues no puede movilizarse sino con mucha dificultad y a pesar de que no tomó la palabra, estuvo atentísima de los (felizmente) cortos discursos. Blanca entonces se retiró con un gesto de satisfacción en el rostro.
Posteriormente se presentó el libro. Estuvieron a cargo de la presentación Cecilia Esparza y Max Hernández. Ambos hablaron de la importancia de la obra de Varela y de la inclusión en este libro de ensayos de Octavio Paz, Roberto Paoli, Jean Franco, Susana Reisz, José Miguel Oviedo, Mario Vargas Llosa entre otros varios. Finalmente Mariela Dreyfus y yo comentamos sobre este proyecto que en realidad se concretó después de siete años y, por supuesto, agradecimos a todos los colaboradores, sobre todo a los que se encontraban presentes –incluyendo a Esther Castañeda, profesora sanmarquina, quien asistió también en silla de ruedas– y a Vicente y a Fernando de Szyszlo, a Patricia Pereyra, por facilitarnos textos, información y fotos, además de un apoyo franco y abierto.
Y por supuesto le agradecimos a Blanca Varela por enseñarnos que la poesía es un oficio solitario y duro pero que llena de satisfacción cuando cumple su cometido: comunicar al otro esa sensibilidad y manera de entender el mundo.
Por otro lado el proyecto, que estuvimos organizando desde el año 2000, y que finalmente terminamos en el 2005 cuando se lo entregamos a Rafael Tapia del Fondo Editorial, es una apuesta por un trabajo en común realizado entre personas que, la mayor parte del tiempo, no se encontraban juntas. Mariela y yo estuvimos básicamente trabajando a través de internet este libro. Ha sido difícil y, esta vez debo reconocer lo que comentó Martha Hildebrandt, que también es el resultado de una "extraña persistencia". Una persistencia que hasta podría calificarse como de terquedad peruana. El parto duró su largo tiempo, pero bien valió la pena.

