Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

December 30, 2007

Benazir Bhutto

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La primera vez que vi una foto de Benazir Bhutto fue en una revista Vanidades. Era fines de los años 80 y ella, por una serie de extraños movimientos políticos, había devenido en Primera Ministra de Pakistán, a los 35 años de edad, en unas elecciones que sorprendieron de la misma manera a oriente y occidente. Por ser joven, muy bella, distinguida y elegante, y sobre todo, por ser la primera presidente de un país de mayoría musulmana, y ella misma muy occidentalizada, las revistas femeninas periféricas, como la mencionada, la tenían entre sus mujeres líderes mundiales preferidas. Por supuesto, los gobiernos que ahora y siempre se han pretendido paladines de la democracia en tierra lejanas, también la preferían, y eso que su principal peldaño político fue la de ser heredera de un hombre que, a pesar de todo, no podría habérsele calificado como muy demócrata: su propio padre, Zulfikar Alí Bhutto.

En esos mismos años, y en esa misma revista, también se alababa la belleza y distinción de Dewi Sukarno, y de alguna manera, se criticaba veladamente la huachafería de Imelda Marcos, aunque un poco después, no se decía nada del ascetismo en el vestir de Corazón Aquino. Todas ellas mujeres lideresas de países complicados, aunque algunas claramente del lado de “los buenos” y otras, más bien ahogadas por sus necesidades suntuosas, y débiles ante lo que bushianamente podríamos llamar “el eje del mal”. Para las modernas editoras de Vanidades los detalles políticos bien podían permanecer en el limbo de lo inexplicable, a ellas les interesaba resaltar que estas mujeres eran exóticas, políticas y elegantes. El resto eran matices que a las lectoras-de-la-peluquería, se supone, no les tendría por qué interesar.

Por eso mismo a mí me entró la curiosidad, a pesar de los ruleros y la permanente. Y sobre todo porque de un tiempo a esa parte, un grupo de elite de intelectuales y escritores, tanto de la India como de países cercanos, tal es el caso de Pakistán, habían tomado por asalto universidades como Oxford y Cambridge, y además, los mejores premios literarios ingleses, como era el caso de Salman Rushdie y su novela “Los hijos de la medianoche”; Arundharti Roy y “El dios de las pequeñas cosas”, y sobre todo, el cuasi paisano de Bhutto, Hanif Kureishi, y su alucinante “El buda de los suburbios”, un fresco de las tensiones de la primera generación de “pakis” en Londres.

Bhutto formaba parte de esta generación y, a su vez, también era la representante máxima de estas tensiones. En su caso, las de una mujer criada en las mejores universidades occidentales, como Harvard y Oxford, con pretensiones políticas claras, sobre todo desde la muerte de su padre, y con la intención de mantener las tradiciones para poder limar asperezas y ser la presidenta de una nación islámica. Esta situación la llevo a tomar decisiones drásticas. De hecho, su propio matrimonio con el terrateniente Azif Alí Zardari, dentro de las más tradicionales costumbres islámicas, fue totalmente convenido para poder ser una mujer en el poder y, a su vez, dejar de ser sospechosa por núbil y para evitar que le achaquen “perversas costumbres occidentales” como enamorarse o algo parecido.

Estas tensiones, fueron llevadas a su más sorprendente juego político, cuando pactó con Pervez Musharraf, para poder regresar a Pakistán en octubre de este año. Musharraf la indultó por los juicios de corrupción y el regreso, además de las pompas de ocasión, implicó la muerte de 140 personas. Bhutto estaba tentando a su suerte en exceso y, sin embargo, a pesar de todo lo que no conocemos de ella o de lo que se pueda sospechar, ahora se ha convertido en una mártir. Su persistencia en la lucha contra el terrorismo integrista la convirtió en el primer blanco de muchos enemigos. Y del principal de todos: la estupidez política de pretender oprimir a través del miedo. Era una de las mujeres más valiente de todos los tiempos, de eso no puede caber la menor duda. 

Comentario de Victor Hurtado

He recibido un comentario crítico sobre este artículo del periodista peruano Víctor Hurtado que creo, definitivamente, es importante de consignar aquí para un mejor acercamiento al personaje. 

Leí tu artículo sobre B. B., para mí más generoso que lo merecible. Recuerdo la cínica respuesta de Borges a quienes le preguntaban por qué seguía hablando mal de Perón si este ya había muerto. Borges decía: "¿Cree usted que la muerte mejora a la gente?". Yo opino lo mismo. Si B. B. se hubiera muerto de vieja o por caerse de la cama, otro canto cantaría en la prensa. Mi opinión de ella es la peor: una oportunista despreciable […] ladrona hasta los tuétanos y símbolo de la corrupción política y del engaño más cruel contra gentes ingenuas que lloran por la muerte de quienes viven de ellas: "Yo te robo y tú votas por mí". Este es el trato. Por otra parte, B. B. era la pieza de cambio (’recambio’ dicen los sociólogos) de Bush contra el aun más podrido usurpador de Paquistán.

December 23, 2007

Domingo, tus ojos y el sol

los ojos que me miran con amor
adelgazan transparentes en el aire
y toda la bruma
de la vida se disipa

y cuando dice: me encantas,

y cuando repite: si, si, si

esa neblina honda

de aquella grieta
al fondo de los acantilados
desaparece

y otra vez alumbra

el sol.

La gracia

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Ayer hubo una puesta de sol bellísima y me acordé que una tarde –hace de esto unos … bueno, no me acuerdo cuántos, algo más de treinta años– cuando mirábamos una puesta de sol en el malecón de Miraflores, les dije que si nos quedábamos mirando hasta que el sol se esconda en el mar podíamos pedir una gracia, no se que pedirían tu y Ricardo, pero yo pedí que Dios, el Destino, el Orden del Cosmos, la Evolución o la Información Absoluta, en fin, lo que le da sentido a la existencia, hiciera de ustedes personas de bien, inteligentes y buenos hijos, que lograran ser apreciados y queridos por todos quienes los conozcan. La gracia me ha sido concedida y no sabes con cuanta y enorme satisfacción aprecio este bien que me alcanzó el destino.
un beso de tu padre,
Fernando.
Email del 17 de febrero de 2002

Wong, el capital y la patria

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¿Y qué va a pasar con el Gran Corso de Wong y sus fuegos artificiales durante las fiestas patrias?

Una de mis mejores amigas es china y se apellida Wong (no, ningún parentesco con los hijos de Erasmo). Desde hace pocos años vive en Argentina y ayer regresó al Perú. Obviamente, siendo quién es, una de las noticias que más le chocó cuando la puse al día de los ires y venires de los peruanos fue la venta de los supermercados Wong. Se tapaba la cara con ambas manos, y sus ojos rasgados se abrieron como ojos de anime japonés, para volverme a decir: “¡¡¡no lo puedo creer, no lo puedo creer!!! Pero, ¿por qué lo han hecho?”. Bueno, mi respuesta fue lacónica, “nada más y nada menos que por 500 millones de dólares”.

Para las amas de casas limeñas y los liberales nacionalistas, y sí, también para algunos miembros de la colonia, ha sido un golpe duro, durísimo, la venta de la cadena de supermercados Wong al conglomerado chileno Cencosud (Centros Comerciales Sudamericanos). El ex ministro Carlos Ferrero tuvo declaraciones fuertes, en el sentido de que el mercado peruano se está abriendo a los capitales chilenos, y que cada vez nos vemos acorralados, “poco a poco lo que los chilenos esperan es que el Perú se convierta en una colonia". En cifras podemos afirmar que, hoy, la inversión de los capitales chilenos en negocios peruanos —según RPP— asciende a 6 mil millones de dólares. Nada, nadita, despreciable. Sólo en supermercados, después de esta transacción, los chilenos han adquirido el 73%.

Wong, cuyos directivos han apelado, durante todos estos años de rápido crecimiento, al nacionalismo, al parecer están empantanados en un ángulo de su propia propuesta. Si durante las fiestas patrias sus empleados se vestían de chalanes, y además, con gran disfrute de los niños y las niñas, el corso de Wong se constituyó en un elemento de cohesión nacional —eso sí, siempre centralista y limeña— con sus fuegos artificiales nocturnos para recordar a los ancestros y la mezcla tusan; hoy los nuevos socios deberán mantener el estilo con el cual se ha venido desarrollado el marketing y posicionamiento de Wong, Metro y Eco, pues como se comprenderá, los consumidores peruanos somos extremadamente sensibles al trocar un chalán por un roto.

Paul Maquet, uno de mis mejores alumnos, ya a su propia cuenta y riesgo fuera de cualquier aula, escribe en su blog La Palabra Ingenua, que “el capital no tiene patria”. Dicho desde el espectro político de un militante y activista de foros sociales y por los derechos humanos suena totalmente a marxista y revolucionario. Pero resulta que coincide, plenamente, con la opinión del director ejecutivo de de la consultora COM S.A., Ben Schneider, quien dijo que “es absurdo ponerle nacionalidad al capital” precisamente al comentar la famosa transacción entre el Grupo Wong y Cencosud.

¿No es sospechoso que los dos lados del espectro político opinen lo mismo? Si verdaderamente el capital no tiene patria, si el capital debe fluir de un lado a otro, sin pasaporte ¿por qué a su vez se apela al consumo como nación con cintas patrióticas en cada una de las bolsas reciclables? Si la Inka Kola era nuestra y de sabor nacional, ¿por qué ahora se embotella en Santiago de Chile y debemos de seguir percibiendo su olor a “cumbres nevadas, ríos, quebradas” a pesar del logo de Coca Cola? Entonces ¿por qué motivo los consumidores de Wong, y los no-consumidores pero enterados del asunto, y los peruanos nacionalistas en suma, han percibido una dolorosa e incisiva humillación?

No es tan fácil. No se trata simplemente de juegos de patriotas, por un lado, y por otro, de números cifrados y globales en las bolsas de valores. Lo que sucede es que quienes administran al país están apelando, durante años, a hacernos creer que los capitalistas están totalmente identificados con el suelo que los ve nacer e incrementar su capital y que éste, en sí mismo, más allá de las medidas gubernamentales, está intrínsecamente ligado a la nación. Se plantea pues una relación peligrosa —por verdad a medias— entre nación y capital que, en realidad, sólo está sustentada en recursos para el mercadeo y en discursos de nuestros políticos. La verdad de la milanesa es una, se debe a quien la consuma.

December 18, 2007

Fernando Silva Santisteban (1929-2006) por Juan Dejo S.J.

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Los ateos pueden ser santos

Fernando Silva Santisteban se declaraba agnóstico. No era lo que solemos llamar, creyente. Una conversación quedó pendiente con él, cuando, ya siendo jesuita, percibí que él seguía tratándome con la usual deferencia y respeto con que trataba a todas las personas. En ese momento me pregunté qué pensaría de mi decisión de haber entrado en la vida religiosa.

Siempre me quedé con esa pregunta.

Sin embargo, percibí que en los últimos años, sus perspectivas de interpretación de la realidad habían dado un salto trascendental, y curiosamente, en ese espacio que yo entiendo como trascendente y que los creyentes asociamos en la vida concreta a la “universalidad”, a la “conciencia ética”, o la búsqueda de horizontes más justos: todo eso, estaba de modo cada vez más nítido en sus conversaciones.

Estaba a punto de plantearle el tema de Dios. Y Dios me ganó la delantera y ahora debe estar discutiendo con él para debatir sobre el destino de la humanidad.

El Dr. Silva-Santisteban tuvo una vida plena de sentido, orgánica, secuencial, con altibajos y tanteos, como es natural que todo ser humano deba hacer para ir encontrando el camino. Nacido en Cajamarca, siempre fue fiel a esa raíz en la que lo andino surcaba su cielo y una tierra que es ahora dinamizada por sus restos, que él mismo pidió esparcir allí.

Y es que la conexión con la naturaleza fue algo que se transformó en su persona en un discurso, en un modo de plantear la vida, en un modo de conducir a los demás. Su hija Rocío escribía en uno de sus bellos textos cómo a ella y a su hermano los conducía por distintos espacios de la Lima en expansión mientras les mostraba cada rasgo de las calles, de los rostros, edificios. Como buen amante de la naturaleza, este sentimiento no quedaba sólo en la naturaleza primera, sino en aquella de la cual los humanos formamos parte.

La Humanidad pues, fue su interrogante y a ella dedicó su vida. Su esfuerzo por encontrar un sentido, un trasfondo que explicara el recorrido de esta naturaleza peculiar en el planeta, le llevó a analizar todo aquello de la producción humana, toda poiesis y toda praxis que diera signos de inteligibilidad.

A través de su vida, examinó trazos, huellas, documentos, archivos; fue historiador. Como tal investigó toda nuestra historia, de la cual hizo una colección publicada con Juan Mejía Baca. Avanzando en su inextinguible curiosidad, hurgó mentes, analizó formas de asociación, modos de conducta, culturas; fue cercano amigo de José María Arguedas y como él, la pasión por lo andino le fue conduciendo por las vetas de la antropología hasta el fin de sus días.

Pero también fue un hombre que hizo de sus ideas y búsquedas intelectuales algo concreto, asumiendo cargos como la dirección del Instituto Nacional de Cultura o del Museo Nacional de Historia o la Presidencia de la Comisión Interamericana de Cultura de la OEA, así como importantes responsabilidades académicas en instituciones universitarias.

¿Cómo dudar de que su búsqueda era de una sólida coherencia que todos los creyentes buscamos tener en nuestras vidas? ¿La creencia o la fe acaso se viven por la estricta adopción de un credo que a la larga no se vive en correspondencia con la vida ética y la responsabilidad cívica?

En uno de sus últimos textos el Dr. Silva Santisteban decía: “El hombre se humaniza en la medida en que se hace responsable de sus acciones a través de la ética, probablemente el más evolucionado de los atributos humanos”. Su entereza, coherencia, corrección ética y entrega amorosa al saber y al conocer su tierra, su historia, la Tierra, la Humanidad, son el testimonio de una vida dedicada al conocimiento de lo humano en función de la búsqueda de aquello que los creyentes entendemos como “salvación”.

En la tradición cristiana el conocimiento de Dios pasa por el conocimiento de lo humano. Muchos de nosotros nos podemos decir creyentes porque cumplimos con reglamentaciones cuando a veces finalmente disociamos ese Dios de la Humanidad. Nada más lejos del espíritu auténticamente cristiano. El amor a Dios pasa por el respeto a las personas; pasa por una vida en la que nos preguntemos qué sentido estamos labrando para nosotros y para los que nos siguen. A veces implica correr riesgos, olvidarnos de nuestros querer e intereses particulares, renunciar al goce ideal de nuestros placeres personales. Pero ganamos a cambio no sólo una conciencia limpia, sino un horizonte más amplio de humanidad. Para los viejos Padres de la Iglesia, la humanización plena era el paso previo a lo que ellos llamaban la divinización. En el germen de lo propiamente humano está el germen de lo divino y viceversa. Fernando Silva-Santisteban hizo de su vida una constante búsqueda de esa semilla de humanidad allí donde su intelecto y su espíritu lo condujeron. ¿No es eso acaso, para nosotros, la muestra palpable de una obra ejemplar para todo aquel que se llama cristiano?

Jesús siempre valoró y puso como ejemplos a aquellas personas que, supuestamente “fuera” del circuito de creyentes judíos, mostraban auténtica fe y respeto hacia el prójimo. Juan el Evangelista dice que todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Me hubiese gustado decirle esto a don Fernando; que aquello que él hizo durante su vida fue amar intensamente la Humanidad que él quería conocer y entender. Y si el amor no es sólo el sentimiento apasionado o caritativo que podamos tener por el Otro, es porque también el Amor se vive en toda acción que ayude al ser humano a ser más humano. No le llegué a decir qué era Dios para mi; no le llegué a preguntar qué era Dios para él. Pero estoy casi seguro de que al final, habríamos coincidido.

Homilía de Juan Dejo S.J. en la misa de conmemoración de un año del deceso de mi padre, Fernando Silva Santisteban Bernal, Iglesia San Felipe Apóstol.

December 15, 2007

Somos cómplices los dos

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Me viene a la mente la espantosa escena de video en la cual, el siempre niño Kenyi, graba en un primer plano la casi repugnante calva de Vladimiro Montesinos (no por calva, sino por el gesto kitsch de jalarse cuatro pelos de un lado a otro pretendiendo disimularla). Vladimiro levanta la cara, se ve su frente arrugada y esa sonrisa sarcástica, que esta vez aparentando no estar molesto es blandida hacia Kenyi para quedarse eternamente grabada y congelada en infinitas repeticiones. El hijo de Alberto Fujimori jugando con el asesor. ¿Y cuál es la reacción del padre? Un resondrón más bien tibio para evitar la incomodidad del hombre de confianza del régimen fujimorista. En medio de ese ambiente familiar, casi íntimo y totalmente doméstico, se puede uno preguntar si verdaderamente ¿no era su amigo?

La palabra amistad es demasiado profunda para el calibre de estos dos protagonistas de nuestra historia última. Innegablemente no hubo “amistad” entre ellos, pero sí compadrazgo, y por supuesto, una relación absolutamente fluida de intimidad “laboral”, por decirlo de alguna manera, esa compinchería que se organiza para delinquir, para levantarse al país en vilo, para corromper como lo hizo Montesinos, siempre apelando a sus dos razones: las de interés nacional y las de interés político en nombre de “el presidente del Perú” como lo solía repetir.

Para recordar la forma como el no-tan-amigo mencionaba a Alberto Fujimori, cito en extenso una declaración de Montesinos ante el Congreso de la República del 20 de diciembre del 2001 sobre el tema de los tránsfugas: “Obviamente el Presidente Fujimori sabía al detalle todos los pasos que se iban dando en este escenario con un objetivo político; o sea, el objetivo político era la reelección, dentro de este contexto que yo he explicado y obviamente dentro de ese contexto, como yo hablé en una oportunidad, se tiene que saltar de la frontera porosa de la legalidad y se entra a la ilegalidad y se rompen las normas “. Montesinos, en este diálogo, primero deja en claro que “obviamente” Alberto Fujimori estaba enterado de todo, y encima, con su cinismo de siempre, da sus razones para quebrar la legalidad que, increíblemente foucaultiano, califica de “porosa”.

¿Y qué dice el ingeniero? Pues ahora que “no es su amigo”, y cuando estuvo en Chile sostuvo que lamentaba que estos y otros crímenes “hayan ocurrido a espaldas mías, pero Montesinos es Montesinos y sus delitos son sus delitos”. Cuando alguien apela a la tautología (A = A), es porque no hay muchos otros argumentos con los cuales aclarecer una duda.

Los otrora siameses intentan pasar por una delicada operación de separación, pero parece imposible lograr la disociación total de sus almas y cuerpos. Durante los primeros años de los 90 el pacto funcionó a la perfección: Montesinos era el hombre de las tinieblas, de los conciliábulos; y Fujimori el chinito poco locuaz que podía usar cualquier traje típico para salir ante las cámaras. Luz y sombra. Silencio y tecnocumbia. Posteriormente, cuando Montesinos tuvo que salir a la superficie, la relación empieza a resquebrajarse. Como lo sostiene un cable de la Embajada de Estados Unidos del 22 de enero de 1993, recientemente desclasificado, “the Fujimori/Montesinos team” se caracterizaba por ser una relación “cercana y complicada”. Agregan además que: “Montesinos […] no tenía una capacidad estratégica. Es un hombre orientado a la acción, siempre espera que las cosas se hagan rápido. En este sentido, él y Fujimori son casi idénticos”. En realidad, a la opinión pública, no tiene por qué interesarnos que hayan sido amigos, sino que sean cómplices.

December 13, 2007

La Buena Terrorista

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El personaje principal de la novela de Doris Lessing es entrañable pero ¿por qué esta mujer se comporta de esa manera?

Doris Lessing. La Buena Terrorista. Lima: Punto de Lectura – Santillana, 2007. 519 pp. 32 soles.

Un libro siempre se reconstruye a partir del background de sus lectores y es precisamente la historia de nuestro país que nos convierte en potenciales críticos de una historia como La Buena Terrorista de la reciente Premio Nobel. En realidad la historia de Alice Mellings durante casi los dos tercios de la novela es una lucha ardua por hacer habitable e incluso acogedora una “casa ocupada” (kasa okupa) o squatter en términos ingleses, mansión casi tenebrosa y repugnante, que ha sido tomada por un grupo de estudiantes, dirigentes, activistas de toda índole, e incluso burócratas arrepentidos. El grupo autodenominado UCC – Unión del Centro Comunista en realidad está constituido por unas chicas perdidas y unos inconformes con vagas pretensiones comunistas y gustos sibaritas (en términos peruanos, casi casi troskistas). Ambientada en los primeros años 80, la novela empieza cuando el grupo finalmente decide apoyar al IRA- Ejército Republicano Irlandés, aunque luego de los primeros contactos son totalmente ninguneados precisamente por ser considerados como “infantiles”.

Y no les falta razón. Alice, la ama de casa del grupo, tiene una rabia incontrolada hacia sus padres burgueses que extiende sin ninguna razón política de fondo a toda su clase social. Sin embargo, precisamente por sus atributos universitarios de chica bien educada, puede apoderarse de todos los vericuetos del “welfare” inglés y sacarle provecho a los vacíos legales para conseguir luz, agua, gas y el plazo prudencial para apertrechar la casa y evitar su demolición. Por otro lado, su extraña relación con Jasper, un gay en el closet más radical que el hermano menor de Lenin, es enfermiza hasta el exceso y muestra la vulnerabilidad de las aparentemente mujeres fuertes y militantes. Además Alice llora durante la mayor parte de la novela, y a último momento, se arrepiente de la acción final que será el motivo de tan antagónico título. Los otros personajes —Bert el jefe del grupo; Roberta, la lesbiana afrodescendiente; Faye, la lesbiana suicida y ultraviolenta; Philip, el tierno fontanero— forman una cuadrilla de sobrevivientes que planean sus actos asesinos mientras disfrutan de comida de la India.

En ese sentido, Lessing nos muestra las contradicciones de los ingleses radicalizados que, a pesar de todo, no entienden lo verdaderamente fundamental de su propia radicalidad. Son pues desempleados rabiosos, mujeres ultrajadas en la infancia con resentimientos traumáticos y burgueses con sentimientos confusos que, a falta de otras luchas, optan por una militancia ciega y aventurera. Las últimas escenas son las más intensas y sin duda Lessing posee una gran maestría para el suspenso. La acción final no sólo demuestra la impericia de los “terroristas sin causa” sino que pone en evidencia la frivolidad con la cual asumen la muerte del otro: los ahora llamados eufemísticamente “excesos” o “daños colaterales”.

Esta novela apenas publicada en el año 1985 fue prácticamente destruida por la crítica del New York Times, Caryn James, una especialista en teatro que disfrutó dramáticamente arrostrándole a Lessing su desprecio por “la gloria de la lengua de William Shakespeare”. Sin embargo, lo que nadie puede escatimarle a la reciente Premio Nobel, es su manejo del suspenso y su construcción psicológica del personaje principal: una mujer absurda y dada a los demás que, cualquier lectora o lector peruano, podría terminar detestando por babosa. Ergo, la autora cumple su cometido porque le da una auténtica condición humana, que nos recuerda a ciertos personajes dostoievskianos que se van perdiendo a sí mismos sin darse cuenta.

December 6, 2007

El Perú televisado

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Estar en Miami sin tener movilidad para poder desplazarse en una ciudad inmensa sin un eficiente transporte público es casi como estar concentrada en la Videna (la alegoría es perfecta, me abstengo de mayores detalles). Sin embargo, así como los jugadores aburridos pero bien entrenados, encuentro mi supuesto premio consuelo dentro del control remoto, y es un canal por satélite llamado SUR Perú. El único canal con programación cien por ciento nacional cuyo rótulo es un acierto de la publicidad de la nostalgia: “estamos unidos”.

Es así que los peruanos de los extramuros del mundo pueden finalmente disfrutar del pedacito de Perú que nos une más allá de las fronteras con imágenes homogenizadoras a través de las ondas globales: despertar con Federico Salazar, continuar con RPP, seguir con telenovelas, programas de juegos y concursos, las semi patéticas telecomedias, y por supuesto la infaltable Magaly TV, ese programa que siempre estará en ámbar porque la luz “del medio” del ANDA y los semáforos es la mejor manera de ser peruano: eternamente en stand by. Y todo sigue igual.

Hasta que llegamos a la hora de la verdad: los noticieros. El canal por satélite arranca con América Noticias y como siempre los titulares se concentran en lo más bastardo con sabor a pollo a la brasa: las eficientemente llamativas noticias policiales. ¿Es importante la aprobación del TLC?, ¿qué ha sucedido con la reconstrucción del sur ad portas de la Navidad?, ¿cuál es la posición de la Ministra de Transporte frente al nuevo accidente que ha enlutado a toda la promoción de un colegio limeño? No, no y no. Los peruanos de la diáspora se deben enterar primero que a diario se roba, se secuestra, se asesina, se viola, se suicidan. Uno tras otro los mismos crímenes por los siglos de los siglos. La pequeña notita roja de color local.

Felizmente luego viene Prensa Libre y una puede enterarse de otras cosas, aunque a veces se amplían mayores detalles de las mismas noticias anteriores, esa concesión augustoferrandiana para darle a la gente lo que, según todos los productores, le gusta. ¿Y cuáles son las notas de fondo? Los jugadores perdedores y las fotos del escándalo que, milagrosamente, no tienen ni fecha ni hora ¡qué fotógrafos son esos que no pueden chequear en su timer de la cámara y salir de dudas! (Ya estoy en código spanglish, sorry). Mi madre es absolutamente fanática de Rosa María Palacios y no me permite zappear al canal local para enterarme de los detalles del NO venezolano. Pero en medio de este Perú que me viene por satélite a raudales es preciso decir que se agradecen las entrevistas más moderadas, bastante bien enteradas, aunque un plus sería que algunas fueran menos jurídicas. Después podemos ver uno de los noticieros más serios, el que empieza sus titulares con informes de verdadera primera plana, aunque no tenga mayores inversiones para cobertura informativa, se trata de Ana Trelles y Pilar Higushi en ATV Noticias, esa versión noticiosa sobria que viene, en realidad, de la tradición ochentera de Canal 9 (dicho sea de paso, casi todos los reporteros y camarógrafos de esa época residen en Miami).

Y en medio de unas noticias y otras, sobre todo, en las interminables tandas comerciales peruanas que traducidas a la versión satelital son vacío, se escucha “Cholo soy” en la versión chill out, por supuesto, con tomas de Chincheros, Máncora, la Plaza de Armas del Cusco, y todo eso que añoran los peruanos de Kendall, Paterson, Hartford y otros sitios que se están convirtiendo rápidamente en algo que podría denominarse como “Little Lima”. Ah, ese es mi Perú, tan lejos y tan chichamente cerca.

December 4, 2007

Nadie sabe mis cosas en Nueva York

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 El lunes 26 de Noviembre Mariela Dreyfus y yo presentamos en el King Juan Carlos Center de la Universidad de Nueva York el libro Nadie sabe mis cosas. Ensayos en torno a la poesía de Blanca Varela con la compañía de dos de las ensayistas, Cynthia Vich y Jean Franco, y con la voz de Eileen O’Connor leyendo las versiones al inglés de seis poemas.

El texto ha sido bastante bien recibido por quienes tuvieron la buena onda de ir a la presentación a pesar de ser el lunes siguiente a Thanksgiving. Cynthia Vich es profesora de Literatura Latinoamericana de la Universidad de Fordham y una especialista en la poesía de vanguardia del grupo Orkopata. Jean Franco es una de las latinoamericanistas más conocidas y tiene una trayectoria larguísima de publicaciones y ensayos sobre la literatura de América Latina. Uno de sus últimos libros es Declinación y caída de la ciudad letrada.

El comentario de Jean Franco se centró en el propio libro, desde su asombro por la foto de la carátula que propone una imagen fresca y diferente de aquellas más divulgada sobre nuestra escritora. Cynthia Vich presentó una reflexión sobre la maternidad y algunos de los textos que se encuentran en el libro. Lila Zemborian, una de las coordinadoras de la maestría de escritura creativa de NYU, junto con Mariela Dreyfus, fue la anfitriona y encargada de dar una breve semblanza del texto.  

Si tienen interés en saber del contenido del libro, puede revisar el prólogo aquí.

December 1, 2007

Garage sale

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Una de las costumbres de los Estados Unidos es hacer la venta del garage o "garage sale". Resulta que las personas se llenan de muebles, ropa, juguetes, artículos deportivos, y todo tipo de objetos, motivo por el cual cuando requieren mudarse o simplemente arreglar la casa, colocan todos esos objetos en el garage o en el jardín, y los venden. Es una especie de fórmula clásica del capitalismo para desatorar un espacio abarrotado de objetos sin utilidad.

Los hispanos y latinos aprovechan al máximo los garage sale de los demás. Ahí simplemente tienen la posibilidad de encontrar mesas, comedores, salas completas, sillones o todo tipo de objetos que pueden ser utilizables muchas veces más.  De la misma manera, cuando personalmente yo vivía en Boston como estudiante, pues aprovechaba cada vez que en un garage sale se podía encontrar tenedores, ollas, y cosas para la cocina. O incluso vagaba por las calles durante los días que los estudiantes de Harvard, el MIT o Boston University se mudaban para recoger cuanto se podía. Así me hice de mi horno microondas, de una computadora que servía como back up de la información de otro amigo, y de una serie de cosas que, a veces, tampoco me servían. Tenía la ansiedad de conseguirlo porque era "for free".

Y compraba mi ropa en Salvation Army, donde encontré algunos de los vestidos negros que mejor he lucido en mi vida, por 7 dólares. Probablemente le pertenecieron a alguna mujer fallecida o tal vez simplemente los botaban. Pero me dí cuenta que eso no lo hacían los norteamericanos, ni siquiera los latinos. Los centros que expenden ropa usada –algunas de mis alumnas se atrevian a llamarlas " ropa vintage"– estaban abarrotados de estudiantes contestatarios y viejitas rusas, que sin el más mínimo pudor se cambiaban de blusas delante de todo el mundo (y una tenía que "ganarse" con sus carnes inmensamente blancas y fofas).

Luego descubrí que los blancos rednecks y los latinos asistían con furor a las tiendas de baratas de los grandes almacenes, que siempre quedaban lejos de todas partes. Los estudiantes no-tan-pobres éramos asiduos a Fileness’ Basement que quedaba en el centro de Boston, cerca de Park Ave, una tienda donde remataban lo mejor de lo mejor de ropa de marca. Claro que a nosotras no nos interesaba usar la chompa de la temporada pasada o antepasada. Ni los zapatos. Ni los guantes, ni siquiera los sacos de vestir. El asunto era conseguir lo mejor por 20 dólares.

En una sociedad tan absolutamente capitalista, hiper abundante, como Estados Unidos, en la cual el valor de uso ha dejado de tener sentido, y se ha converido en una referencia extremadamente lejana, los usos de los consumidores también se sustentan sobre ansiedades. Si unos compran para ser y pertenecer, otros compran en garage sales por el simple afán tercermundista de querer ahorrar hasta el líimite. Y la mayoría de las veces sin darse cuenta que su gasto es absurdo. Que también se van a llenar de cosas sin sentido, de ropa negra hasta más no poder, de artículos que luego tendrán que se reciclados por otro y otros y otros. Hasta atiborrarnos de inutilidad.






















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