Simone para principiantes
Simone de Beauvoir es una heroína cultural del siglo XX. No sólo por feminista, no sólo por filósofa, ni por escritora; sobre todo porque fue una mujer que se atrevió. A competir, a amar, a romper con los otros, a pensar en voz alta. A los 100 años de su nacimiento podemos estar convencidas de que, allá por los años de la post-guerra, una muchacha de la burguesía parisina venida a menos, una chica que se vestía con faldas largas, blusas modosas y siempre usaba rodillo en el pelo, era más libre que millones de mujeres actuales con más derechos y permisos pero totalmente sujetas a los mitos de la belleza, del consumo, del éxito, y al aplastante mito de la eterna juventud. Beauvoir siempre supo vivir el momento exacto de su existencia con total y absoluta libertad, y sobre todo, con dignidad.
Si bien algunas de sus memorias están suscritas por un ego desmesurado, que las historias de su niñez esconden discretamente la decadencia de su familia, y que era una marisabidilla un poco pretenciosa, el gran cambio que experimenta en su vida al asumir plenamente la autonomía del sujeto, luego de tomar la decisión de ir a la universidad, marcan su vida desde muy temprano y para siempre. Otro gran cataclismo en su existencia tenía nombre propio: Jean Paul Sartre. En el otoño de 1929 lo conoció y desde ese momento, y a pesar de los innumerables amores contingentes, estuvieron juntos hasta el final. “Existe una relación en profundidad que llega casi a crear una individualidad, un ‘nosotros’ que no es el tú y yo, que es verdaderamente el nosotros. Logré ese nosotros con Simone durante toda mi vida” escribió el filósofo en Los caminos de la libertad.
Beauvoir quería escribir una novela sobre la mujer y decidió adentrarse en los pocos estudios sobre el tema. En 1946 empieza un ensayo sobre los mitos que los hombre han ido creando para darle sentido al “eterno femenino” y es así que se inicia El segundo sexo, su obra cumbre. En el libro la autora no parte de una propuesta feminista a priori, sino que, siguiendo los consejos de Sartre y la metodología de la filosofía fenomenológica de Husserl, indaga en todos los aspectos de la mujer para poder plantearse una cercanía al fenómeno: su fisiología, la diferencia entre el nacimiento de una niña y de un niño, la menstruación, el embarazo y el parto, así como la menarquia y el deterioro de la vejez. Pero también indaga en la construcción de la feminidad como una propuesta cultural y no biológica.
Y sobre todo, y este es el punto más polémico y vigente de todo el libro, explica de qué manera el hombre se ha constituido como el UNO y centro de las leyes, del conocimiento, de la ciencia, del imaginario, en buena cuenta, el único sujeto del universo. “La mujer se determina y se diferencia en relación con el hombre, y no éste con relación a ella; la mujer es lo inesencial frente a lo esencial. El es el Sujeto, él es el Absoluto; ella es lo Otro” […] La fuente de todos los terrores radica en que, en lo Otro, y más allá de toda anexión, subsiste la alteridad”. Precisamente esa alteridad que llevo a Freud a preguntarse: ¿qué quiere la mujer? Y a contestar con un misterio: la mujer es el continente negro. Esa misma alteridad que, aún hoy, provoca miedo, rechazo, pavor, y permite que, a pesar del tiempo transcurrido, se siga pensando en la mujer “como el ser al que es necesario incluir” cuando, en realidad, como ya lo sospechaba Beauvoir, la mujer ES plausible de ser un paradigma.
Por lo tanto no queremos inclusiones: será una tarea crear el mundo. Por eso mismo, la gran sentencia que propuso Beauvoir, y que extrajo de sus lecturas de Levi-Strauss, es que “No se nace mujer: se llega a serlo”. Ella nos enseñó que la feminidad no la secretan los ovarios, sino muchas veces, “el cielo platónico” y que ser mujer es aprender a despercudirse de esa feminidad impuesta y castrante.
Extraña foto de Simone desnuda, Chicago 1952. Foto: Art Shay.


Hola, Rocío. Me gustó mucho este post por la agilidad de la prosa y lo interesante de las ideas. Me gustaría que hicieras un post sobre otra mujer excepcional: Susan Sontag, una de mis escritoras favoritas. Saludos.
Comment by Camilo Fernández — January 12, 2008 @ 4:02 pm
Gracias Camilo por el comentario, intantaré escribir sobre Sontag, otra mujer extraordinaria, cuyas reflexiones sobre el arte causaron un verdadero cambio en Contra la Interpretación. No he leídos sus últimas obras sobre la enfermedad, pero sí algunos fragmentos de su diario que el Suplemento La Eñe publicó a raíz de la traducción al español, y confirman que esos primeros años en París fueron fundamentales para su posición.
Comment by Rocio Silva Santisteban — January 13, 2008 @ 10:53 am
Gracias por tu respuesta, Rocío. Creo que, además de Sontag, hay dos mujeres de imprescindible valor en el mundo moderno: Gala (sin ella no se puede entender plenamente ni a Dalí ni a Éluard) y Madame de Stael (fue la primera que introdujo el concepto moderno de literatura)
Comment by Camilo Fernández — January 13, 2008 @ 7:03 pm