Una mujer llamada Pilar Coll
No sé cuántos años ha cumplido pero ha sido exactamente el mismo día de mi cumpleaños. Esa coincidencia me ha emocionado. Ella en España, durante los años duros de la guerra civil, y yo en Lima durante los frívolos años 60, nacimos bajo una misma estrella que ahora, por esos retruécanos de la vida, nos ha juntado en el lugar más inusual del planeta: la cárcel. Pilar Coll Torrente ha cumplido años y las presas del Establecimiento Penitenciario Chorrillos - Anexo le han rendido un homenaje que llevaban preparando mucho tiempo y con tanta minuciosidad que, en verdad, les quedó perfecto.
Pilar Coll es uno de los personajes más conocidos en el tema de la defensa de los derechos humanos en nuestro país y una de las que "se ha fajado" por el reconocimiento de miles de detenidos desaparecidos en el Perú, y de la defensa de la Campaña contra la Pena de Muerte, en un momento en que la institucionalidad falaz acusaba de cualquier cosa a los que simplemente exigían derechos mínimos. Ella es abogada y misionera laica, vino al Perú en 1967, directamente a trabajar con jóvenes universitarios en Trujillo. Luego pasó a Lima y se convirtió en la primera secretaria ejecutiva de la Coordinadora de Derechos Humanos.
De ahí en adelante todo ha sido entrega y trabajo duro en cárceles —incluso de alta seguridad— y búsqueda de justicia en diversos espacios, incluyendo la CVR y hoy en día, en el Consejo de Reparaciones. Pero no desde una perspectiva de una simple "obra de caridad", como algunas personas bieintencionadas pretenden entender este tipo de actividad para sentirse mejores consigo mismas, sino por el contrario, como una mujer que dialoga con las tensiones, que sabe hablar en voz alta, con la mano firme, y la convicción de sus propuestas.
Yo la conocí cuando ella, “a mis años”, estudiaba el Diplomado de Consejería en la universidad donde trabajo: la veía llegar siempre puntual, a pesar de la febrilidad de sus actividades, y sacar fotocopias y reclamar a los profes más que como una estudiante cualquiera, como una sumamente exigente. Pilar, con esa característica franqueza española que arruina nuestra modosidad limeña, sabe decir no cuando es necesario y, claro, es experta en poner los puntos sobre las íes. "Tiene su carácter" comentaban algunas secretarias. Y precisamente por ese mismo carácter, que se forjó en una de las fraguas más duras al conocer muy pequeñita que su padre había sido asesinado por los republicanos, ella es admirada en sitios de lo más disímiles.
Las internas de los pabellones A, B y C, es decir, casi todo el penal, están presentes en el homenaje que ha organizado Nancy, Cecilia, Milagros y otras internas del A, con la anuencia de la directora del penal y de otras funcionarias del INPE, que también están presentes y colaboran y aplauden al unísono. Luego de la misa, en que el saludo por la paz es una larga cola para abrazar a Pilar con velas en las manos cada una, se prepara un número de danza moderna con Maritza, Delia e Ivonne, que giran y saltan y casi vuelan al ritmo de una canción de Elleen Burhum; y luego viene la entrega de regalos, preparada por Enrico, el profesor italiano de óleo, y la sorpresa de la entrega de 14 pinturas a Pilar como recuerdo de las internas que, además de apreciarla, tienen talento para la plástica, y de dos esculturas en verdad impresionantes. Las funcionarias del INPE se hacen también presentes con regalos y luego en el pabellón A se prepara un almuerzo criollo, arroz con pato y papa a la huancaína, y termina en una celebración con una alegría que, a veces, es difícil encontrar incluso fuera de las rejas.
Esta consideración por Pilar Coll en una de las zonas más duras de este país, en una cárcel, es algo que, en verdad, no sólo se admira sino que casi se envidia. Porque un respeto así sólo es posible cuando el ser que lo provoca se mantiene firme y sólido, y además convencido en la fe por el ser humano. Como suele decir ella: “bonita… mis respetos”.
