Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

March 1, 2008

Bibliotecólogos

Filed under: Kolumnas

Mario Bellatin (con barba), Esteban Quiroz (de espalda), RSS, Luis Chávez, un asistente de la BN y donde Juan Mejía Baca, 1984.

El artículo que escribí en esta misma kolumna la semana pasada, y que posteé en mi blog (www.kolumnaokupa.blogsome.com) tuve una inusual, extraordinaria, cantidad de comentarios. Entre los que se perdieron o no se publicaron por motivos siempre de impericia tecnológica de mi parte llegaron a una cifra que me asombró y me sigue asombrando (claro, no es nada, chancay de a medio, comparado con el blog de Renato Cisneros). Lamentablemente casi todos ellos, o digamos un 98%, eran diatribas en mi contra. ¿Qué hice yo para merecer esto?

En esa misma kolumna, dedicada por entero al tema del triqueo y del tercio superior, hice una comparación que no gustó a un gremio que, por lo visto, está más unido que nunca. Dije que no era lo mismo triquear en bibliotecología que en ingeniería de fluidos. Ohhhh— ¡¡en qué mal momento se me ocurrió escoger esas dos carreras, una de letras y otra de ciencias, para hablar del mundillo universitario, de sus quejas y contentamientos, de sus miedos y sus fobias!! Es cierto que mejor hubiera sido hablar de las carreras que he seguido, de derecho y literatura, donde la comparación asimismo era igualmente pertinente o impertinente, pero se me ocurrió bibliotecología no por menospreciarla —como algunos de los bibliotecólogos han leído en el artículo— sino por que la sola palabra me parece bella. Siempre me ha fascinado la bibliotecología porque, precisamente, amo a los libros y me parecen guerreros del saber aquellos que los guardan, los clasifican, los archivan y los cuidan.

Eso lo aprendí de uno de los hombres que más amaban a los libros en este país. Me refiero a don Juan Mejía Baca, a cuya librería iba con frecuencia desde los 14 años. Don Juanito, como le decía todo el mundo hasta la mocosa que yo era, fue un propulsor de la lectura, de los grandes tirajes, y un convencido de que los libros no eran sólo objetos, sino una fuente de energía para el alma humana. Cuando don Juan Mejía Baca fue director de la Biblioteca Nacional tuve la suerte de publicar mi primer libro de poesía, y junto con Mario Bellatin, José Castro Urioste, Pedro Escribano y Esteban Quiroz, el director de la persistente Lluvia editores, fuimos a ofrecerle nuestros primeros ejemplares en una ceremonia protocolar y sencilla, que implicaba el reconocimiento de esos noveles autores a un maestro. Llenamos con nuestra arrogante juventud el local de la biblioteca de Abancay que ahora es para mí un espacio lleno de recuerdos, de mí misma en la sección de investigaciones bibliográficas intentando escribir mi tesis, o de mi propio padre, quien fue paleógrafo de esa sección durante la dirección de Cristóbal de Losada en los años 50.

Por eso mismo, y porque tengo muchos amigos de bibliotecología de San Marcos, porque admiro a Nelly Mc Kee y a Ricardo Palma, porque me encanta perderme entre los estantes de libros, me asombró penosamente que el gremio haya entendido un ejemplo al desgaire como una alusión minusvalorando a una profesión que yo también hubiera podido estudiar. Sin embargo, creo que ha sido motivo para dedicarle estas líneas, para que los demás profesionales entiendan la importancia de los bibliotecólogos, y para que de cara a la sociedad se comprenda que, a pesar del profesionalismo del gremio, un bibliotecólogo generalmente está mal pagado y un estudiante mal mirado por los otros estudiantes de Letras (aunque ha quedado demostrado que, en estas lides, la PUCP y San Marcos, están unidos).

Coincidentemente durante la semana que pasó Pilar Pietro Celi me hizo llegar una carta firmada, entre otras personas por Lily Caballero de Cueto, Mariana Mould de Pease y otros miembros del Consejo Consultivo del Colegio de Bibliotecólogos del Perú, con una serie de apreciaciones sobre el patrimonio bibliográfico de nuestros país y ciertos cambios en la Biblioteca Nacional que involucran la renuncia reciente de la Directora Técnica Nacional y de cuatro directoras generales, a los cargos que ejercían precisamente en la Biblioteca Nacional del Perú. El tema merece mucho más de una simple columna, pero espero, por lo pronto haber contribuido en algo a visibilizar el problema.

13 Comments »

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  1. felicitaciones por el post, primera vez que entro y me agrada saber que existen espacios como este.

    Comment by carlos — March 2, 2008 @ 1:15 pm

  2. Rocío, tu bonito post me ha hecho recordar a mi abuelo bibliotecario que soñó con construir, en un pueblo perdido de las serranías de Lima, la biblioteca más hermosa del mundo. Un día comenzó a pedir libros a muchos y, empezó a recibir increibles donaciones de libros de muchos gobiernos. El abuelo ya está muerto. Me quedan sus recuerdos cuando con cuatro o cinco años le acompañaba a las ferias de libros de Lima. Seguro que la biblioteca sigue allí abierta a los ojos de los hombres mitológico de Huarochirí. Un abrazo. José Carlos

    Comment by José Carlos Contreras — March 2, 2008 @ 8:37 pm

  3. Ojala algun dia tomes las cosas en serio…este artículo post me parece ridiculo

    Comment by luis — March 3, 2008 @ 9:06 am

  4. Querida Rocio:

    En la Revista del periodico de La Republica, he leido tu articulo BIBLIOTECOLOGOS, publicado el dos de marzo. Me ha sorprendido que menciones mi nombre entre los bibliotecologos, ya que no tengo el honor de serlo. Mencionas que Pilar Prieto Celi (hermana de Beatriz que es bibliotecologa profesional) te ha hecho llegar una carta y en ella me menciona. Desconozco el contenido de dicha carta, sobre asusntos de la Biblioteca Nacional, ni he firmado documento alguno.
    Agradecere esclarezcas en tu columna este error.

    Cordialmente

    Lilly Caballero de Cueto

    Comment by Lilly — March 3, 2008 @ 10:25 am

  5. Interesante y preocupante leer esta anécdota, pero así como Ud. dice, seguro hace falta más que una columna, aún escribirlo ya así, ayuda a tener los ojos más abiertos y atentos,sobre todo al considerar que esa carrera, aquí, aún no se le da la verdadera importancia de peso que tiene.

    Comment by Beatriz — March 3, 2008 @ 11:20 am

  6. Interesante y preocupante leer esta anécdota, pero así como Ud. dice, seguro hace falta más que una columna, aún escribirlo ya así, ayuda a tener los ojos más abiertos y atentos,sobre todo al considerar que esa carrera, aquí, aún no se le da la verdadera importancia de peso que tiene.

    Comment by Beatriz — March 3, 2008 @ 11:21 am

  7. Gracias por dedicar tu columna dominical al tema biblotecológico. Saludos.

    Comment by Claudia — March 3, 2008 @ 11:47 am

  8. Estimada Rocio

    Gracias por dedicar la columna a los Bibliotecólos.
    Saludos

    Comment by Celso Gonzales — March 3, 2008 @ 2:14 pm

  9. bien rocio lei tu columna del domingo 2 en la republica , asi como metiste las cuatro has salido bien ,elegante autocritica y zalamera es ud dra. una limeña mazamorrera
    avanti

    Comment by chejo — March 4, 2008 @ 8:39 am

  10. Bibliotecologos..POR FIN. No éramos invisibles y mira que no hubo que precisar lo de las intelgencias múltiples. Ni de que somos asiduos lectores de tu columna…y que aunque nadie nos crea somos lo máximo. De verdad, como alguien dijo or allí, gestores de la información, o científicos de la información o parangaricutirmicuarosdelainformación, cualquier cosa que tenga que ver con la información. Estamos allí, somos los que somos, los jotitas de la facultad de letras, que digo de la facultad de letras ¡De todas las carreras profesionales habidas y por haber! El futuro si señor. Y tienes razón somos un gremio con bandera que no es la del Cusco o mucho menos la que anda por allí paseando entre bambalinas y lentejuelas(muy parecida). Pero ya sabes no te metas con nosotros porque te hacemos escándalo.

    Comment by Javier — March 5, 2008 @ 9:55 am

  11. Estimada Rocío, acabo de leer tu artículo y en el cual te preguntas “¿Qué hice yo para merecer esto?” pero creo que la pregunta más acertada sería: Que hice yo para no me merecer esto?. Pues la respuesta es simple: un poco más de cuidado.
    Si algo sé a través de mi trabajo como Editor es que uno tiene que pensar por todos los flancos, claro siempre y cuando esto no atente contra el texto o la imagen. Y lo único que se escapó es que no pensaste en otro recurso que realizar esa comparación.
    Además el adjetivar diciendo “bibliotecólogos susceptibles” a profesionales que simplemente te cuestionan el haber tomado el nombre de la carrera que han culminado, y en otros casos todavía la seguimos, en un medio como es un diario de circulación nacional es normal o como se dice son gajes del oficio.

    Espero que para la próxima tengas un mayor cuidado en las comparaciones.

    Saludos,

    Erick
    Un bibliotecólogo suceptible, según tu definición

    Comment by Erick Ragas — March 5, 2008 @ 11:23 am

  12. Hola Rocío. He leído tus dos artículos y los comentarios publicados en tu blog. Soy bibliotecaria y hace más de 30 años que trabajo en la biblioteca municipal de Piura. Cuando llegué a esta ciudad, con pocos años de egresada de la Universidad nacional de La Plata (Argentina), percibí no diría un desprecio pero sí un profundo desconocimiento bastante generalizado sobre nuestra profesión. Me pareció bastante normal dado que la gente de por acá no había visto la labor de los bibliotecarios. En ningún momento me sentí agraviada, al contrario, lo que hice fue aprovechar todos los espacios posibles para aclarar las cosas. Y debo decir que he tenido el apoyo permanente de bibliotecarias de la vieja escuela y de bibliotecólogos mucho más jòvenes. Siento que nos falta levantar la voz más a menudo. Decir por ejemplo que no hay lógica en sostener que “vamos a impulsar la educación” y a la vez poner todas las trabas imaginables a la libre circulación de libros vía impuestos. No podemos quedarnos callados cuando se intenta clonar todas las mentes infantiles del país con el mismo libro de texto, destinando para ello presupuestos fabulosos cuando, pienso, mejor sería crear y sostener miles y miles de bibliotecas públicas y escolares en asentamientos humanos, distritos y caseríos de todo el territorio nacional. No hay lógica tampoco cuando según el Ministerio de Economía las municipalidades pueden construir y equipar bibliotecas haciendo uso del presupuesto de inversión, pero para comprar libros tienen que utilizar el presupuesto operativo (donde el dinero siempre escasea). ¿Comprar libros para que lean los niños, jóvenes y adultos del Perú no es una inversión? Estos y otros temas que atañen al funcionamiento de las bibliotecas deberían ser objeto de comentarios, críticas, exigencias, presiones constantes, incansables, de parte de los colegas. Deberíamos ser más capaces de poner en vitrina los problemas de todo tipo de bibliotecas en el país, somos nosotros los que tenemos que hablar y escribir sobre esto. Y no perder el tiempo en discusiones sobre si fue o no acertada una comparación, que por último no afecta para nada nuestra concepción personal del trabajo que escogimos. Anahí

    Comment by Anahí Baylon — March 5, 2008 @ 11:40 am

  13. Tengo una opinión muy positiva respecto del rol del bibliotecólogo en el Perú. Por mi propia experiencia como investigador, he realizado frecuentemente el estudio de las fuentes, es decir, el análisis del balance de la crítica literaria sobre la obra de autores como Westphalen, Eielson o Hinostroza. Alguna vez encontré un excelente bibliotecólogo que me pudo facilitar en la Biblioteca Nacional, después de dos días de trabajo y de búsqueda, un artículo casi inhallable sobre la poesía de Westphalen, publicado en 1933; artículo, cuya lectura me permitió reorientar mi trabajo de análisis y, sobre todo, dar forma a la principal hipótesis de mi tesis de licenciatura. Creo que facilitar el acceso a las fuentes bibliográficas y hacerlo con placer, como el excelente bibliotecólogo que conocí, es una de las labores más importantes en un país como el Perú donde necesitamos elevar, de modo perentorio, los niveles de comprensión de lectura. Convivir con libros y revistas; estudiar las mejores formas de ordenar las bases de datos son tareas que debieran ser estimuladas en un país donde no hay un real apoyo a la cultura. Por eso, sin exagerar, un bibliotecólogo puede dar su aporte la historia permitiendo a los investigadores acceder a información y tecnología de punta.

    Comment by Camilo Fernández — March 13, 2008 @ 3:30 am

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