Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

June 29, 2008

¿Romper el alma o cuidar de ella?

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No sé por qué al cineasta mexicano Gonzalez Iñárritu se le ocurrió que el alma humana pesaba 21 gramos. Al parecer la idea la tomó de un experimento ocioso con cadáveres y balanzas: se llegó a la conclusión de que luego del último suspiro el cuerpo pierde ese peso. En cambio, al Greco se le ocurrió todo lo contrario: que era lo suficientemente maciza como para hacer trastabillar a un ángel. Y lo suficientemente fea como un hígado. Y tan extraña como un silex: ploma y rígida.

Con esta imagen del Greco, tomada del famoso cuadro del entierro del Conde de Orgaz, que se encuentra en Toledo, Mario Montalbetti empezó su ponencia sobre la imposibilidad de que ésta —el alma humana— sea educada porque se resiste a toda representación. Claro, si es que el alma es en realidad el inconsciente, es decir, “lo que es en nosotros más que nosotros mismos”.

“Pero, ¿quién habla del alma hoy en día?” se preguntaba Miguel Giusti, a continuación de Montalbetti. Y es cierto: es una palabra que ha perdido todo sentido de oportunidad. “Alma” se ha reducido hoy a un nombre femenino; al título de un vals, o a un video que habla de la violencia contra la mujer con un corito que repite “te voy a romper el alma”. Hay muchas otras palabras que se usan para nombrar ese núcleo duro, extraño y rígido, que portamos todos y que conforma nuestra mismidad y que al parecer constituyen términos más “modernos y solventes”: identidad, yo, self, ego, etc etc etc. En cambio, “alma”, se ha reducido a los oscuros pasadizos de las iglesias de provincia.

Por eso mismo debe haber llamado mucho la atención el nombre del seminario donde ambos investigadores, Giusti y Montalbetti, y otros más, presentaron sus ponencias: “El cuidado del alma”, un simposio sobre filosofía de la educación, organizado por Victor Krebs en la Universidad Católica. Me imagino que este título puede haber hecho irritarse o consternarse a algunos de los educadores que se encuentran en el marco de las lógicas de la excelencia y la calidad total.

Pero, precisamente, ambas ponencias de alguna manera, así como otras, pusieron en entredicho estos conceptos que atormentan a educadores, entusiasman a ministros y burócratas internacionales, y estandarizan las formas de pensar sin tener en consideración nuestras diferencias geopolíticas. Giusti al respecto sostuvo que “en algún lugar del planeta, alguna mente astuta ha sabido destilar una lección aristotélica elemental y explotarla con fines mercantiles y burocráticos. La lección es que poseemos un saber […] que consiste en un “saber hacer”, uno que se adquiere por experiencia y se cultiva constantemente [..] Esta “sabiduría práctica”, que él llama “areté”, ha sido extraída de su contexto, distorsionada en su contenido, pero hábilmente empaquetada para adaptarla al consumo [..] y vendida con todo el aparato publicitario, y con la misma inutilidad, con los que se ponen en venta nuevas gaseosas o nuevos cosméticos”.

Esta sabiduría empaquetada es la que, algunas universidades, proponen como la mejor o incluso única manera de llevar a los jóvenes hacia el futuro y el camino del progreso. Por eso les sugieren la idea de que, estudiar, es inútil, “cuidar del alma”, es absurdo: lo preciso es simplemente hacer para “saber hacer” y, por lo tanto, “pasar” por una universidad sólo se convierte en eso. Un trámite.

Al final de la conferencia, uno de los participantes, filósofo y andino, comentó que en la cultura quechua todo es dual y, a partir de un hermoso ejemplo (el sikuri como instrumento cuya melodía sólo se logra entre dos) proponía entender otro concepto del alma: la imprescindible otredad inmersa en nosotros mismos para, por lo menos, llegar a rozar siquiera la sabiduría.

June 22, 2008

Putis: un caso de basurización

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 Equipo del EDAF en el trabajo de guardar los restos (foto tomada de Paz y Esperanza).

Una mujer campesina llora ante la cámara tapándose la cara. Mira hacia la fosa. La cámara escudriña el rostro, pero ella se esconde. No jadea, sólo solloza, las lágrimas corren por sus mejillas, susurra unas palabras.

La mujer ha descubierto de nuevo el peor dolor que puede haber en un corazón: la muerte de una hija. Tú, desocupada lectora, imagina que en lugar de devolverte el cuerpo de tu hija muerta, que habiendo pasado incluso por ese tremendo y escandaloso dolor, sólo recibes la tibia, el peroné, una chompita, un ganchito de pelo.

Ahí, entre los múltiples huesos que se encuentran en la fosa común, hay un ganchito, rosado, lleno de tierra, quizás era el ganchito de pelo de su niña. "Guaguay", exclama la mujer. Han pasado 24 años y esa niña, la del ganchito de pelo, de la que ahora sólo quedan restos del cráneo abaleado con municiones que dicen FAME (Fábrica de Armamento y Municiones del Ejército), hubiera podido tener 34 años y darle nietos y entregarle una sonrisa. Pero sólo hay lágrimas, lamentos, sollozos, indignación, frustración, pobreza, desigualdad, ninguneo, olvido.

La fosa fue construida por los propios cadáveres: les habían dicho que la caven, les habían dicho que era una piscigranja, les habían mentido con lo peor que pudiera imaginarse: su anhelo de desarrollo. Mientras los hombres cavaban, a las mujeres las violaban (las marcaban, las "cavaban", las humillaban). Los niños, no uno ni dos, decenas de niños, también fueron abaleados: era mejor matar a un proyecto de terruco, por si acaso.

¿Qué puede haber en la mente de alguien que manda a hacer eso?, ¿qué tipo de pensamientos justifican que un ser humano, que no sería calificado necesariamente como un enfermo mental sino como una persona "normal", piense que esas prácticas genocidas no son sino una manera de salvar a la patria?, ¿en lugar de proteger a los peruanos asesinaban a los peruanos?, ¿para ese peruano eran "peruanos" esos peruanos? Existen una serie de discursos –maneras de entender el mundo, formas como se organizan las ideas, a través de ciertas lógicas– que le dan al pensamiento autoritario una coherencia que justifica prácticas como el racismo, la exclusión, el sexismo, la discriminación así como ciertas formas de violencia como torturas, violaciones sexuales, asesinatos y genocidios. Estos discursos autoritarios cumplen el papel político de acreditar ideológicamente estas acciones mencionadas, y yo considero que una de esas lógicas es lo que denomino "basurización simbólica".

La basurización simbólica es la forma como se mantiene al otro como una alteridad radical que no escuchamos, un espacio de descargo y descarga, cuerpo que debe ser evacuado del sistema de forma anónima para que todo siga funcionando. Una basura humana, un hombre-muladar, una excrecencia que atora la fluidez de un sistema.

El discurso de la guerra sucia o de la guerra de baja intensidad buscaba definir un enfrentamiento interno sin las características de guerra convencional con la finalidad de saltar cualquier normativa internacional en relación con el trato de prisioneros. En otras palabras, se buscaba la impunidad de los miembros de las fuerzas armadas que, dadas las circunstancias, debían emplear "métodos no convencionales" para extraer información. Este "discurso de la guerra sucia" no es que haya permitido que se cometieran "excesos" sino que implantó una lógica coherente.

Una supuesta piscigranja con más de cuatrocientos cadáveres no es un exceso: es el resultado de una manera de pensar autoritaria que, por sobre todo, considera al otro como desecho. Esa perversión debemos erradicarla para siempre.

June 18, 2008

Todorov

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La última versión del Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales ha sido para Tzevan Todorov, uno de los grandes analistas culturales contemporáneos. A Todorov, quienes estudiamos literatura, lo hemos leído desde hace muchos años cuando estaba completamente dedicado en cuerpo y alma al estructuralismo y a cierta semiótica discursiva. Posteriormente, ha publicado una serie de ensayos sobre el tema de la alteridad y de la extranjería. Siendo él búlgaro de nacimiento y francés de adopción –al igual que Julia Kristeva– ha sido uno de los intelectuales que más ha debativo el tema de la participación del "otro" en los cruces culturales, sobre todo, después de sus trabajos sobre Bernal Díaz de Castillo, la conquista de México y el descubrimiento de América.

El premio, dado el mismo día que se aprueba en Europa las draconianas leyes anti-inmigrantes, parece una respuesta desde el área de la cultura a las pretenciones europeas de mantener una sociedad endogámica. Precisamente una de las grandes maravillas de los franceses, entre otros asuntos, son sus extranjeros: Malinowski, Kristeva, Derrida, Cixous, Badiou, sólo para nombrar a algunos teóricos.

Si bien sus propuestas sobre la otredad y la interpretación de la conquista de América han sido muy polémicas y bastante criticadas desde este lado del charco, Todorov se ha convertido posteriormente en un intelectual que palpa con mucha sagacidad los intereses que cruzan nuestra era globalizada, como por ejemplo, el tema de los trabajos por la memoria que nos atañe directamente a quienes estamos tratando de entender, leer, comprender y analizar los discursos que entretejieron épocas duras para nuestros países. "Los discursos son acontecimientos motores de la historia y no solamente sus representaciones" ha dicho en su libro Nosotros y los otros.

Para más información bio-bibliográfica sobre Todorov aquí (la versión de Wikipedia en inglés tiene menos bibliografía como suele suceder con intelectuales que publican en francés).

Una entrevista muy sincera de Todorov aquí en el diario El País y aquí otra que dio para La Nación.

La foto de arriba es tercermundistamente tomada de El País de la fecha: Todorov parece más joven y guapo, así que la dejamos tal cual.

June 14, 2008

No me quiten mi ministerio

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La creación del Ministerio del Medio Ambiente ha respondido, en concreto, a una demanda que la sociedad política ha exigido de la única manera que lo suele hacer: reclamando al Estado en las calles y en todo frente posible de lucha. Pero también a una estrategia para que el país pueda acceder a los estándares mínimos de conservación que exigen tanto los pactos multilaterales como incluso los tratados de libre comercio. Son, pues, los conflictos sociales los que, finalmente, ponen en agenda situaciones tensas que el Estado debe asumir como parte de su labor. Y una de las necesidades de esta labor es ampliar su aparato para poder distribuir no sólo la actual prosperidad económica, sino y sobre todo, organizar las formas de acceso a la equidad en una sociedad históricamente desigual e injusta.

¿Cuál ha sido el grupo humano mayoritario, en el transcurso de toda nuestra vida republicana, que ha sufrido radicales discriminaciones? Pues dos: los indígenas y las mujeres. Y doblemente subalternizadas las mujeres indígenas, por supuesto. ¿Qué hizo el Estado para disminuir esa discriminación? Pues en el transcurso de todos estos años bastante poco. En el caso de la mujeres, y considerando que pudimos ingresar a la universidad recién hace cien años y que pudimos votar —si es que estábamos alfabetizadas— recién hace cincuenta años, y que nuestras leyes de Igualdad de Oportunidades son sobre todo buenos deseos, pues las reales posibilidades de desarrollo de las mujeres se supeditan a su propio talento, sus recursos, su auto-empoderamiento, así como al azar y la necesidad.

Por eso mismo, ¿por qué motivo ahora el Estado pretende quitarnos a las mujeres un ministerio para, una vez más, invisibilizarnos y subsumirnos en una idea funcional pero absolutamente inequitativa de nuestra condición: la mujer como madre? La congresista Rosario Sasieta ha enviado una carta en la que señala que el antiguo Promudeh (Ministerio de Promoción de la Mujer) y actual MIMDES (Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social) se va a convertir en el Ministerio de la Familia. ¡¡¡¡¿Quééé?!!! Plop.

Un Ministerio de la Familia se supone debería agrupar los asuntos vinculados a primera infancia, niñez y adolescencia, planes para jóvenes, proyectos para promover la salud de los ancianos y otros aspectos, pero ¿por qué cambiar al Ministerio de la Mujer por uno como éste?, ¿por qué siempre están pensando en nosotras desde el rol de madre de familia cuando, como resulta obvio, nos desempeñamos en muchísimas otras áreas y si somos madres también tenemos a su vez otros roles igualmente relevantes en nuestra vida diaria?

En realidad el tema del Ministerio de la Familia tiene un componente ideológico claro: es un paso atrás propiciado por sectores conservadores que vinculan las políticas públicas a una doctrina o a una fe. No estoy en contra ni de las doctrinas, ni de la fe, pero si estoy a favor de un estado laico que sobre todo tenga en consideración a los ciudadanos como tales y no como miembros de una religión determinada. Todos los peruanos no tenemos por qué regirnos normativamente bajo los intereses de un determinado grupo religioso, aunque éste sea mayoritario.

Uno de los argumentos jurídicos que me parecen más solidos en la carta de Rosario Sasieta es la importancia de la persona humana —esto es, la mujer en el caso concreto— frente a las instituciones en torno al tema de formulación de derechos. La mujer debe de anteponerse a la familia, pero no sólo por ser una persona humana y la segunda un conjunto heterogéneo y abstracto —¿qué familia?, ¿la monoparental también?, ¿la familia disfuncional?, ¿o la clásica de papá, mamá e hijitos?), sino incluso porque ha estado por siglos considerada sólo parte del menaje familiar.

June 5, 2008

Menos pobres, más desiguales

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Foto: Giancarlo Tejeda.

Durante las últimas semanas varios economistas han estado participando muy activamente de la discusión sobre el tema de la medición de la pobreza en el Perú. Se han cuestionado cifras, métodos, mediciones, porcentajes y también han surgido sus dimes y diretes —“que antes tú me criticaste y que ahora yo te critico”— etcétera. Y si bien es cierto que muchos cuestionan las exageraciones, la mayoría están de acuerdo en que, si pues, efectivamente, quizás no en la proporción que señala el INEI, pero la pobreza se ha reducido.

¿Eso significa que se ha reducido la desigualdad? Pues sospecho que no, y según me lo explica un amigo economista, no, y según leo en el Informe de Oxfam, no. Un rotundo no. Como lo sostiene un artículo del informe del economista Efraín Gonzáles de Olarte, la proporción entre crecimiento económico sostenido y reducción de la pobreza parece compatible: una cifra sube, la otra baja. Pero la desigualdad sigue exactamente igual. O peor.

Entiendo que las mediciones para pobreza y desigualdad son completamente diferentes, pero más allá de índices de Gini y curvas de Lorenz, la verdad indubitable es que la situación en torno a educación en todos los estamentos (colegios y universidades), el  acceso a la salud, la realidad apocalíptica del transporte público, además de la supervivencia en calorías diaria, está repartida de una manera extraordinariamente desigual, a índices que nos equiparan con países como Zambia, Bolivia, Singapur o incluso el increíblemente desigual Brasil (que apenas nos gana 4 puntos en el índice de Gini según datos del Banco Mundial, y recuérdese que en Brasil hay 7 pobres por un rico). Si en 1985 teníamos un índice de desigualdad de 42, pues ahora ha crecido a 52.2: esa es la verdad de la milanesa.

En concreto eso significa que el otro lado (patético) de la gastronomía peruana y el éxito de lo novoandino es el hambre y la desnutrición que permiten la muerte por falta de calorías de más de cien niños en lo que ha comenzado el invierno en Puno. A su vez, que el otro lado (patético) de la impronta de Asia y sus megacomercios con Tongo cantando la pituca, es precisamente la no-reconstrucción de Pisco y los otros poblados afectados por el terremoto. Que el otro lado (patético) del crecimiento inmobiliario en Miraflores, Jesús María y Pueblo Libre, es la falta de posibilidades de acceso a créditos de construcción de los más pobres. Que el otro lado (recontra-patético) de las 4x4 y los pubs cajamarquinos, es precisamente, la extrema pobreza de extensos sectores rurales.

¿Dónde está ese crecimiento sostenido en 75 meses continuos? ¿No será, como señala el economista Silvio Rendón, que habría sectores que no crecen nada mientras otros están quizás creciendo al 16% anual o más? He ahí una manera de llamar a la desigualdad por su nombre, y si bien todos nos sentimos satisfechos de que el Perú (¿qué Perú?, pero ése es otro tema) esté creciendo —aún cuando sea a costa de materias primas— el temor de un futuro de estancamiento debe de ponernos en alerta para poder tener en consideración las formas de prevenirnos. Los minerales se acaban, el agua se acaba, ¿qué perdura? Nosotros, los seres humanos, perduramos y nos sobrepoblamos, ¿y por qué no invertir precisamente en recursos humanos? Se han abierto fondos de investigación y financiamiento de capital humano en el Congreso de la República, y aún con la alta desconfianza hacia los congresistas, debemos insistir precisamente en que esos fondos se incrementen así como otros que consideren prioritario el tema de la investigación científica y del conocimiento. Porque ser “medio pobres” pero ignorantes es el peor de todos los futuros.

La pobreza es algo más que índices, que mediciones, que cifras: cuando los economistas discuten por métodos entiendo que quieren aclarar dudas y contenidos para discusiones políticas posteriores más precisas, pero se alejan de la percepción del “hombre y mujer de a pie” que queremos saber, conocer, palpar y entender qué diablos nos pasa. ¿Quién de ustedes, queridos economistas, se atreve a explicárnoslo?






















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