Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

July 29, 2008

El racismo cultural y la violencia simbólica

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 Foto: Giancarlo Tejeda.

La mayoría de organismos, público o privados, gubernamentales o no, hacen un énfasis en el cambio de leyes para organizar los cambios en las prácticas autoritarias o racistas o discriminadores o auto-excluyentes. Los cambios de orden simbólico son considerados, casi desde una perspectiva althousseriana, que vendrán con el tiempo. Caerán por su propio peso, o algo así. Lo cual es un gran error, porque es necesario primero “hacer conciencia” sobre las formas que tenemos para vincularnos simbólicamente con los demás y entender que la manera de formar una nación democrática e inclusiva será, no sólo tolerando al otro —en este contexto la tolerancia casi se entiende como “aguante”— , sino entendiendo que nosotros no existimos sin el otro. La supervivencia de la especie siempre será comunitaria. Entre todos. Sin el rostro del otro que nos devuelve nuestro propio rostro no podemos ni ser ni existir.

¿Cómo hemos construido la “otredad” en el Perú contemporáneo sino contruyendo alteridades a las que miramos desde dos perspectivas que no ayudan para nada: con desprecio o con asco y miedo?

Es así que, por ejemplo, en el debate sobre lenguas originarias en el Congreso del Perú el año pasado, la discusión entre Martha Hildebrandt y María Sumrire se produjo desde dos jerarquías organizadas de manera sustancialmente diferente. Hildebrandt se asume “doctora”, es decir, con conocimiento, pero además, blanca y criolla y le gusta hacer énfasis de su apego al autoritarismo —“me encantan los autócratas” ha comentado hace poco refiriéndose a Alan García y su supuesta mano dura— por eso mismo desprecia en el discurso y los hechos a Sumire, a quien no respeta porque considera que “no tiene el conocimiento”. Pero además porque, como sostiene lúcidamente Virginia Zavala en un artículo publicado en El Comercio, ejerce su dominio aposentada en una supuesta “superioridad cultural”. Se trataría de una especie de “racismo cultural”. 

Este “racismo cultural”, que no está centrado en el color de la piel sino, precisamente, en la lengua de origen o en la formación educativa del otro, es decir, en los “errores” de pronunciación del castellano, quechizándolo, o en los problemas por “ignorar” el conocimiento —cuando no tendrían por qué no ignorarlo— es otra de las maneras para acentuar las jerarquías, sobre todo, en ese espacio construido desde las jerarquías letradas y lingüísticas. Lo que el crítico uruguayo Angel Rama llamó “la ciudad letrada”.

La "ciudad letrada" es un término que introduce el teórico uruguayo Ángel Rama para vincular los espacios de poder político que organizar el imaginario simbólico de un país. Estos espacios muchas veces están vinculados estrechamente con sus clases letradas —abogados, jueces, legisladores, ministros pero también intelectuales y escritores— y donde se producen las leyes y normativas. Hoy en día la “ciudad letrada” se ha desterritorializado y también anida en espacios académicos fuera de América Latina como los centros de investigación y universidades con programas de estudios latinoamericanos en Estados Unidos y Europa, las revistas y diarios en español e inglés, entre otros. Algunos autores más radicales – Jean Franco— consideran que la ciudad letrada está “cayendo” y resurgiendo una ciudad mediática que, a su vez, organiza la idea de nación desde sus planes y perceptivas.

En todo caso recordemos que son las elites quienes manejen los hilos, tanto de la ciudad letrada, como de la nueva ciudad mediática. El dominio se ejerce desde la elites organizando a las grandes mayorías como seres a los cuales se les debe tutelar sino desechar de arranque. Esta manera de pensar, que definitivamente ha tenido uno de sus momentos cúspides en las intervenciones de Martha Hildebrandt o en las de Laura Bozzo, para hablar de la ciudad mediática, se organiza sobre una manera de “relacionarnos” desde discursos autoritarios.

Este tipo de discursos autoritarios se basa en una cultura patriarcal y colonial y opera a través de lo que llamo basurización simbólica, es decir, una forma de organizar al otro como elemento sobrante de un sistema simbólico, en este caso la nación peruana, a partir de conferirle una representación que produce asco. Este asco —que es un sentimiento poderoso y no se le debe naturalizar sino interpretar en la medida de la cultura que lo permite— deviene en una forma de rechazo de la otredad y cohesión de la mismidad a partir de una propuesta de jerarquización de las diferencias.

La basurización consiste en “la puesta en escena de mecanismos de descongestión del centro gracias a un uso estratégico de sus residuos. Estos residuos deben ser comprendidos a un nivel material y discursivo a la vez” (Daniel Castillo, en su ensayo "Culturas excrementicias"). Considero que este proceso no sólo funciona como una manera de crear centros y periferias económicas y sociales sino de re-localizar a las personas dentro de sistemas más amplios que sus comunidades locales (ergo, la comunidad nacional). Por eso adjunto el adjetivo “simbólica” a la primera conceptualización de Castillo. 

Los discursos autoritarios y basurizadores no se limitan a aquellos que manejan los grupos más radicales (subversivos, militares, grupos racistas) sino que son la forma cómo los peruanos han creído y siguen creyendo que funciona la política pública, forma que se condensa en lo que algunos analistas llaman “moral criolla” (Portocarrero), otros “cultura del tutelaje” (Nugent) y otros simplemente “ambigüedad ética”. El análisis de estos discursos, así como de las prácticas excluyentes que los justifican, permitirá aclarar la dimensión simbólica de la violencia supérstite. 

En el caso concreto de Laura Bozzo, por ejemplo, ella se posiciona ante el espectador como una de las “poderosas” de esta ciudad mediática, asumiendo el rol de supra-defensora de las mujeres pobres y de sus hijos, insultando directamente a los "padres desnaturalizados" o a los "maridos machistas". Esta performance no sólo contribuye a fomentar los estereotipos masculinos y femeninos, sino que inclusive organiza la identidad de las mujeres pobres como seres abyectos que necesitan de ser tutelados. Utilizando una terminología feminista y jurídica, Bozzo estructura su discurso como una defensa de la mujer, sustentándolo superficialmente sobre la base del requerimiento de justicia, pero erigiéndose a sí misma como la representación más alta y solvente de la justicia práctica —más allá de la justicia burocrática— que soluciona los problemas con catarsis de llanto y compasión en cada uno de sus programas. De esta manera las mujeres que asisten a ellos sólo pueden exigir "compasión" y no reivindicaciones concretas perennizando el modelo de ciudadanía y tutelaje en el que se sustenta los estados latinoamericanos desde el siglo XIX.

En el caso de Martha Hildebrandt, como sostiene Zavala, “su discurso y su práctica no revelan una real preocupación por estos cambios en los pueblos indígenas. Al decir con desprecio que nadie sabe lo que es el idioma piro o que hay lenguas en extinción de 500 hablantes "perdidos por ahí", la Dra Hildebrandt mostró una falta de perspectiva frente a los procesos históricos de racialización de las lenguas en el Perú”. Esto es muy preocupante pues, de alguna manera revela, y sigo parafraseando a Virginia Zavala, que es multiculturalismo se ha vuelto un asunto totalmente decorativo y sirve como un dispositivo de dominación porque no se cuestiona la desigualdad económica.

Asimismo el multiculturalismo desde esta “forma de asumirlo”, como una necesidad políticamente correcta de situarse frente a las instituciones, pero sólo como un engranaje falso que no produce ni destila absolutamente nada, además de marginación, es totalmente peligroso. Este multiculturalismo es el velo que permite ligeros cambios para seguir manteniendo todo como siempre: la desigualdad, la subalternidad, los discursos autoritarios y basurizadores.

Mi biblioteca (en Wordle)

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Jugando con el texto sobre mi biblioteca en Wordle.

July 27, 2008

Leysi lavandera (o el silencio gimió)

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No hay duda de que el fotógrafo no tenía un ojo estético muy agudo: no por el envidiable cuerpo y curvas de Lacey Zamudio Juárez, el verdadero nombre de Leysi Suárez, sino por la idea de la toma: la escenografía posterior es demasiado recargada. Una escenografía así distrae el objetivo principal de la foto. Todo lo demás, caballo y bandera incluidos, están perfectamente en su lugar. El problema no es del objeto recreado, sino de los ojos que lo miran: y por eso mismo ahora se quiere enviar a la abanderada cuatro años a prisión. La propuesta es ridícula y vergonzosa.

Es ridícula porque deviniendo de un patriotismo decimonónico se piensa que la bandera, el escudo y el himno nacional son objetos que en sí condensan lo más esencial e inefable de la nación de tal manera que se vuelven sagrados, ¡obligatoriamente sagrados! Cuando en realidad apenas son iconos que representan algo: lo que hay detrás de ellos sería lo que verdaderamente nos debe importar más. Pero de manera calculadamente mediática importan los símbolos patrios porque son significantes vaciados de su sentido más complejo, en tanto que, precisamente el Perú es una formación social complejísima que, en su heterogeneidad, no logra proponer una metáfora nacional (quizás el último de aquellos intentos sea la metáfora de “lo cholo”).

Por otro lado, las chicas guapas envueltas en símbolos patrios son, en Estados Unidos por lo pronto, parte de la estética nacional, incluso ahora también se incluye a los chicos guapos (como el rockero de la foto). Los bikinis hechos de banderas son no sólo usuales, sino incluso exportables. Recuérdese a Madonna en la publicidad de su American Pie con un mini-jean a rayas azules y rojas. O sino a la mismísima top model Claudia Schiffer envuelta en una bandera alemana con un lema que dice “invest in Germany, boys”. ¿Por qué entonces, los funcionarios públicos, incluidos ministros y congresistas, reaccionan de esta manera ante una situación tal si en casi todo lo demás —discursos optimistas de apertura de mercados, por ejemplo— imitan a sus pares del Norte?

Y es vergonzoso porque, en realidad, pareciera que en el Perú no hay más problemas que aquellos ocasionados por los personajes mediáticos más diversos: el clic de Tula, las juergas de los alianzistas, las posaderas de Leysi. Son todos estos personajes quienes, sin querer queriendo, organizan una serie de simulacros en los cuales aflora una novedad, un movimiento, un giro de lo social, para que en realidad todo vuelva a quedar en su sitio. Los verdaderos acontecimientos suceden en Moquegua, en Chincha, en Ayacucho o en Andahuaylas, no en los programas de Magaly ni en las carátulas de espectáculos. Los verdaderos acontecimientos no están siendo siquiera vistos por los congresistas, ni por los ministros, ni por los periodistas.

A diferencia del acontecimiento, concepto acuñado por Alain Badiou para referirse al surgimiento de un suplemento en un sistema generado por sus propios vacíos (aunque sin ser un vacío sino algo no simbolizable) que de alguna manera logra con-mover por completo al sistema, el simulacro es una especie de “falso acontecimiento” que según Juan Carlos Ubilluz “tiene todas las propiedades formales del acontecimiento, pero se distingue de él en tanto que cubre el vacío de la situación”.

El simulacro más bien permite que explote una pequeña burbuja para que, dentro del sistema, todo se mantenga en tensión pero se sigan jugando a las mismas reglas. Ojo con estos simulacros que nos hacen perder el tiempo para ver a los acontecimientos.

Para mí, en realidad, perder el tiempo en escribir una columna sobre Leysi es mi propio simulacro autogenerado del cual, cinco segundos antes de poner el punto final, ya me estoy arrepintiendo terriblemente.

Los chicos también se envuelven sensualmente en banderas estadounidenses: y nadie dice nada, al contrario, lo exportan. Foto de aquí.

July 25, 2008

Pienso en tu sexo

Pienso en tu sexo
(Vallejo dixit)

Pienso en tu sexo.

Tu cabeza dormida entre mis senos,
la mano descansa a un lado de mi pierna 
y bajas tu mirada lentamente para amarrarla
a lo último de piel que me queda.

Pienso en tu sexo

rotundo como fuego como angustia como incienso
los olores viscosos los sabores picantes
y los ruidos evanescentes los jadeos
una noche azul prometida más adelante
mientras el sopor de la tarde
se adentra en mis uñas a atacarme.

Pienso en tu sexo.

Molduras que permiten atisbar un hallazgo
las antípodas las recíprocas lo que espanta
a las niñas y a las tías y a los cobardes.

Pienso en tu sexo

duro y puro y sucio y listo para el ataque
embestidas de animal en celo de humano en celo
de amante que se deshace y resurge al final de la noche
con su armazón guerrero
su estrella en ristre su mirada distante
para lanzarme por la borda
cuatro o cinco maldades.

Pienso en tu sexo.

Pienso y pienso en tu sexo.

Y entonces dejo de pensar en tu sexo

por saciedad por carencia por miedo por deseo
y pienso en tus ojos negros y en tus manos negras
y en tus dedos negros
en la dulce comisura de tus labios negros de pasto
negros
y siento entonces cada vez más adentro

que te quiero.

La foto es de la película Los Amantes de Louis Malle.

July 17, 2008

Mi biblioteca

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Una de las máximas ignacianas que, durante mi vida, he tenido que aprender sin querer queriendo es el desprendimiento. Me sucedió cuando perdí un reloj de leontina que me había regalado mi padre: se me cayó en un cine, y a pesar de que regresé a buscarlo, entre la oscuridad de la nueva sesión de la película y mi torpeza, no pude hallarlo. Tenía 20 años y una impaciencia infinita. Primera lección: no hay objeto sentimentalmente valioso que no pueda escabullirse de ti.

Pero hay otros objetos que no pueden perderse porque, aparentemente, están demasiado incrustados en una misma. Por ejemplo, los libros, es decir, nuestra particular biblioteca. He sido bibliófila desde bien adolescente, quizás por culpa de don Juan Mejía Baca, que me regalaba algunos y me vendía los más. Pero don Juanito, como yo le decía, sobre todo me enseñó a buscarlos, a encontrarlos, a pasar el dedo por las carátula, y como una catadora de vinos, a sumergir mi nariz entre sus páginas para oler la tinta mezclada con la pulpa del papel (oler un libro nuevo es un vicio cada vez más difícil de lograr ante tanto libro estúpidamente envuelto en bolsitas de plástico en las librerías).

Fui armando mi biblioteca desde los 16 años cuando, por mi cumpleaños, recibí de regalo la colección completa de Amauta, la revista de Mariátegui. Me encantó la vesión del facsímil porque me sentía como en 1930. Busqué, de arranque, los pocos textos que han escrito algunas mujeres como María Wiese, Angela Ramos, Blanca del Prado y leí artículos de Bergson, de Freud, de Haya. Luego fui adquiriendo otros ejemplares extraños como una primera edición de Javier Heraud, un pequeño texto color salmón, que había salido de la imprenta manual de Javier Sologuren, o la Vox Horrísona original de Luis Hernández, compilada por Yerovi. Y también libros autografiados, como uno de José Saramago que me firmó en un pueblo andaluz, e incluso otro de Slavoj Zizek, ante quien mi vergüenza ursulina se convirtió en pulsión coleccionista, para sacarle finalmente una escueta firma lacaniana: "to Rosío, with (ilegible)".

En el año 2001 tuve que viajar fuera del Perú por largo tiempo y dejé mi biblioteca. Ya lo había hecho un par de veces antes, cuando me fui a vivir a Cajamarca, y de ahí, a Viena. En esa ocasión los libros se quedaron en cajas de cartón en la azotea de la casa de mi madre, y al regresar de Austria, encontré que valiosos ejemplares estaban casi destruidos. Incluso un libro autografiado por Luis Alberto Sánchez –que fue mi profesor de Derechos Constitucional– estaba hongueado. Mis revistas Quimera destapadas. Mis cuadernos de apuntes, mis primeros diarios, totalmente convertidos en una amasijo de tinta y papel ilegibles.

Por eso mismo, la segunda vez que salí del Perú por largo tiempo (el silencio gimió), me preocupé de dejar la biblioteca –más de dos mil ejemplares, mucho más– en un lugar ideal, gracias a la generosidad de un amigo que me arrendaba su casa. Dejé los libros puestos en estantes de madera en lo que se supondría sería su consultorio: el tercer piso. Y luego de cuatro años de haber vuelto a mi ciudad, no puedo aún recogerlos. Aahhh, la materialidad de la vida (léase precaria economía) me lo impide por el momento.

Visito mi biblioteca de vez en cuando. Ya he recogido los libros imprescindibles (Virginia Woolf, Marguerite Duras, Borges, Cortázar, Vallejo) y los he re-juntado con los que traje de Boston (14 cajas enviadas por barco) y con los que me vengo comprando (pocos pero son), y con las innumerables fotocopias de lomos chúcaros (esos anillados no almacenables). Y entonces, nuevamente, los libros empiezan a apoderarse del hogar, a crecer como matas de hierba silvestre, a reptar por las paredes, a coger los espacios vacíos del cuarto, del baño, de la sala y han armado su propia orgía libresca en medio de la mesa del comedor que, por nada de este mundo, puede librarse de ellos por más que los podo día a día. Esa biblioteca hecha, como dice Borges, de tantos libros que no leeré, porque aunque estén ahí esperando con paciencia hasta mi muerte, nunca –con la connotación trágica de esta palabra– será posible meterle ojo a textos enteros: por eso leo "en diagonal", por fragmentos, o simplemente se me caen de las manos mientras pestañeo, y no los vuelvo a tocar.

Pero la otra biblioteca, esos otros libros almacenados de uno en uno por años, arrejuntados en categorías extrañas (libros de mujeres, poesía por países, violencia, erotismo, resto del mundo), están allá, en la casa de Augusto, y los visito de vez en cuando, los saludos, limpio con una franela sus lomos brillantes, voy haciendo la razia de los escogidos, ustedes vengan conmigo porque se salvan, ustedes siguen acá presos de la distancia.

Entonces empiezo a pensar que el desprendimiento es una larga tarea que se vive dolorosamente, aún cuando se trate de estos artefactos que, en verdad, son casi como amantes. Mallarmé tenía razón: el mundo existe para llegar a un libro.

                          

July 13, 2008

Cinco razones puras para comprometerse (con el paro)

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“Cinco razones puras para comprometerse (con la huelga)” es el título de uno de los magistrales libros de poesía política del fallecido poeta Chacho Martínez.  En él, nuestro autor exhibía un resuelto manejo de recursos expresivos de la llamada “poesía pura” —Eielson, Varela, Sologuren— a disposición de uno de los temas centrales de la poesía política, ese tema por el cual se sigue escribiendo, grabando, reporteando, blogueando y todo lo demás:  las luchas sindicales de los trabajadores.  

Y para procurarnos comida en este país, señores del poder,
Hemos convertido la noche
En días interminables, hemos gastado nuestros cuerpos inútilmente
Mas no conseguimos evitar el rencor de nuestros hijos en la mesa vacía.
En esta comarca, señores del poder, hace siglos que la vida es imposible.

Para que la vida sea posible, para que nuestros hijos no nos miren con rencor porque están malpapeados, para que su educación no sea una estafa desde el nido hasta la universidad, es imprescindible hacerse escuchar con medidas tradicionales: un paro, una huelga, una protesta social son derechos adquiridos.

Estas son mis cinco razones “puras” para comprometerme con la protesta social:

Porque soy una trabajadora. Muchas veces los mandos medios confunden su posición política en esta tierra con la de aquellos que les dan trabajo. No propongo que nuestra vida sea una lucha de clases permanente y que el odio de clase sea el motor central de nuestras acciones. Por supuesto que el tema político es, sobre todo, la búsqueda de consensos y así entiendo la democracia. Pero es necesario ubicar los justos reclamos salariales y es imprescindible que los “trabajadores” reconozcamos que lo somos, y eso implica tomar conciencia de nuestra posición. A veces son los mandos medios quienes fungen como los mejores defensores de los intereses rentistas de los malos empresarios, y no entienden que ellos NO tienen acciones en las empresas donde trabajan, sino simplemente un sueldo que como un derecho por su trabajo realizado, no como un regalo del dueño de la empresa. Las alianzas bajo la mesa entre unos y otros en desmedro de trabajadores como ellos no sólo son censurables, son verdaderamente asquerosas. Las defensas públicas de los intereses rentistas de parte de los mandos medios, contra trabajadores como ellos, son patéticas.

Porque una lucha sindical es una lucha política. Fiel a mis principios feministas, puedo aducir como lo dirían las norteamericanas que inclusive “lo personal es político”. En este sentido, no hay nada más político en este mundo que las estrategias de la clase trabajadora para poner en agenda sus reclamos. No es posible pensar las diversas formas vinculadas a la opresión laboral como “puras”, en realidad, no es posible pensar nada como “puro”, además del título de esta kolumna. El derecho laboral responde, precisamente, a ese espacio de negociación de poder imprescindible entre trabajadores y empresarios.

Porque este es el momento preciso de los reclamos: el momento de las vacas gordas. Si antes hemos sido un país a cuentagotas, acostumbrado a la precariedad, a la insolvencia, a la injusticia para sobrevivir como nación, pues ahora sí hay posibilidades de que se reparta la torta. La infame metáfora del chorreo debe ser eliminada de nuestra imaginación de inmediato: los trabajadores no esperamos que chorree, sino que se amplíen los derechos a acceso a la salud, a la educación, a una jubilación digna, a un “bien estar”, y no sólo a una capacidad de mayor consumo.

Porque hay que ejercer la ciudadanía para ser ciudadanos. La lógica del siervo o del amo-esclavo se ha acabado. Un paro nacional plantea ampliar el Estado y su papel en la sociedad. Y lo que sucede en el Perú es “no hay Estado” o simplemente éste no funciona como debería en bastas zonas de nuestro territorio. El aparato burocrático del Estado está respondiendo a una lógica de la “búsqueda de inversiones” y está postergando temas que, tranquilamente, van en cauces paralelos y representan las necesidades imprescindibles de la población.

(Pero hay que ejercerla sin agresiones que sean contraproducentes). En la medida que los periodistas que van a cubrir las movilizaciones de los trabajadores son trabajadores como ellos, ¿por qué agredirlos? ¡¡¿Escupirle a una periodista y tirarle un plato de cebiche?!! No solamente es agresivo, violento, inútil sino también estúpido: será precisamente ella la prueba de que el paro no ha cursado los cauces de la sociedad política.  ¿Quemar la municipalidad de Madre de Dios qué sentido tiene? Obviamente un paro no es una fiesta patronal: la violencia potencial cobra pulso en cada vera del camino, pero es imprescindible saber quiénes son los amigos, quiénes los enemigos, y a estos también respetarlos.

Todas las fotos son de Giancarlo Tejeda.

July 3, 2008

Betancourt liberada

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Impactante dibujo del argentino Tomas Juan Müller, tomado de aquí.

"Aún hay 700 secuestrados en Colombia" fueron parte de las primeras palabras del discurso de "liberación" que la ex candidata a la presidencia en Colombia, Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC desde hace seis años, sostuvo ante las ansiosas cámaras de televisión de todo el mundo. Además añadió que su liberación es una alegría pero a su vez una responsabilidad, y en ese sentido, un compromiso para ella misma por la liberación definitiva de todos los secuestrados.

Con absoluta calma y serenidad, repitiéndole a su madre, "no más lágrimas, ya no hay razón para esas lágrimas", su liberación se ha convertido en la noticia más impactante y positiva de los últimos acontecimientos en el sangriento campo de batalla colombiano. Según declaraciones del presidente Alvaro Uribe la operación se realizó sin soltar una sola bala pues "el mensaje es que liberen a los demás secuestrados".

Ingrid Betancourt se había convertido en un símbolo en tanto que "secuestrada de alto perfil" era considerada como una de las "joyas" para poder ser canjeada por la liberación de presos de las FARC. Después de la muerte violenta de Raúl Reyes y de la "muerte natural" de Marulanda, dos duros golpes a la guerrilla que lleva treinta años en la tupida selva nororiental colombiana, esta liberación sin duda dejará más que desconcertados a los todavía ocho mil miembros de las FARC todavía en armas.

La mayoría de analistas políticos sostienen que la guerrilla de las FARC está prácticamente desarticulada e incluso Evo Morales ha dicho que "hoy ya no es tiempo de lucha armada" para América Latina: al parecer él es el mejor ejemplo de alcanzar el poder por la vía democrática desde posiciones socialistas e indigenistas. Pero, ¿se desmovilizarán los ocho mil guerrilleros activos? Y si lo hacen, ¿es posible regresar a sus propias casas, a sus anteriores trabajos, a una especie de modus vivendi de la paz tirando las AKM a una vera del camino?

Obviamente no. Se precisará una Comisión de la Verdad a la manera peruana, tal vez, para poder situar en su real dimensión el reguero de sangre colombiano durante los últimos treinta años. No obstante, para que ésta pueda tener algún tipo de efectividad, no es posible que se inicie sin la previa desmovilización de los guerrilleros y sin una verdadera voluntad política al respecto.

Esto último es lo más difícil ahora que Alvaro Uribe hace todos los intentos por re-lanzarse, primero en una campaña por institucionalizar la reelección constitucional y ahora con estas acciones armadas "quirúrgicas" que han golpeado durante a una guerrilla devaluada moralmente por su convivencia con el narcotráfico. Y lo más extraño ha sido la coincidencia de la presencia del candidato republicano John Mc Cain en el mismo momento que el edecán del presidente, interrumpiendo una cena de gala, le daba la noticia a Uribe.

La abogada y consultora peruana Julissa Mantilla, desde Bogotá, nos declara que todavía es muy prematuro hablar de entrega de armas, “los ‘mandos’ bajos y medios quizás empiecen a desertar y a aceptar la invitación de negociar la paz que ha hecho Uribe ayer. Pero hay otro tema a considerar: la crisis política del gobierno era hasta ayer quizás la peor de su mandato. Se cuestionaba su elección y se hablaba de referéndum. Muchos lo veían como el salto a una nueva reelección, ilegal. Sin embargo, la liberación de Ingrid y los demás secuestrados ha reforzado al gobierno inmensamente, que ya llevaba un alto porcentaje de aprobación. Las FARCs van a tener que considerar todo esto. De otro lado, te comento que el optimismo en esta ciudad es inmenso”.

 

Pero luego de la excelente y sincera performance de Betancourt al pisar el aeropuerto militar de Bogotá, Uribe debe estar temblando. De alguna manera Uribe sí está arriesgando todas las cartas de su mazo, pues sería precisamente Ingrid Betancourt la más candidateable de todos los políticos colombianos actuales: su serenidad y su manera de empatar con los medios a los pocos minutos de su liberación, en conjunto con un "click" con las mismas Fuerzas Armadas colombianas expresado en sus palabras precisas de gratitud, y en el abrazo a los soldados secuestrados, le otorgan desde ya el "halo" para ser la candidata perfecta. "No descarto servir a Colombia en las circunstancias que sean necesarias, pero ahora sólo quiero disfrutar de esta libertad" ha declarado Ingrid Betancourt, más presidenciable que nunca.

Añadido al 9 de Julio de 2008

Daniel Salas ha querido poner varias veces este comentario, pero mi superpoderoso Spaminator, lo ha borrado por los links que incluye. De paso, les comento que si Uds. quieren poner un comentario con links incluidos, pues les sucederá lo mismo.

Daniel Salas dice:

Es falso que las políticas liberales hayan aumentado pobreza. Sí es verdad que muchas políticas liberales no han ido de la mano con el impulso a la democracia y a los derechos humanos. Eso lo he denunciado siempre y se puede decir también que es la causa por la cual el desarrollo no termina de consolidarse. Sin una política social justa (y no populista), sin instituciones democráticas y sin participación, la libertad económica siempre va a estar limitada e, incluso, tiende a la corrupción. Pero si el liberalismo tiene esos graves defectos que es necesario corregir y por los cuales vale la pena luchar, el socialismo no puede exhibir ningún logro ni en el campo económico ni el campo social. Recomiendo un par de lecturas muy aleccionadoras:

http://asesinatoenelmargen.blogspot.com/2008/06/algunas-ideas-sobre-el-socialismo-del.html

http://asesinatoenelmargen.blogspot.com/2008/07/los-narradores-de-cuentos.html

July 2, 2008

“Así son los hombres” o la cumbia feminista en el Perú

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Uno de los géneros musicales populares más misóginos es sin duda la cumbia. Quizás tanto como el vals, quizás un poco menos que el perreo y el tango. En nuestro país la cumbia ha sido utilizada como fondo musical para expresar todo tipo de temas, pero sobre todo, el tema por antonomasia de este tipo de expresiones: la pérdida de la mujer amada, y el llanto despechado del varón por aquella que lo dejó.

No quisiera adentrarme en más detalles de un tema en el que no soy especialista: no he venido a hablar sobre géneros, ni sobre pormenores vinculados a clasificaciones, en otras palabras, les pido disculpas si confundo vallenato con cumbia, o cumbia peruana con chicha. Lo que me interesa pensar y hacerlo en público sobre todo es en la “vuelta de tuerca” de la cumbia sexista que define a una mujer como traidora.  

Creo que no es necesario dar muchos ejemplos, pero tengo dos que me parecen pertinentes. Quizás uno no sea una cumbia específicamente sino un vallenato, y precisamente se refiere al hecho de que un hombre “escucha de otros tres” que su novia es una traidora: se trata de la versión clásica de todos los tiempos, pero con un humor especial que, de alguna manera ciertamente carnavalesca, aminora el dolor para condensar una nueva forma de desprecio.

Que te perdone yo, que te perdone
como si yo fuera el santo cachón
mira mi cara ve/ yo soy un hombre
y no hay que andar repartiendo perdón

Ajuiciate mama busca el juicio
busca el juicio muchacha ajuiciate
yo me iba a casar contigo
por poco meto la pata /y ahora no puedo ni verte
puedo hacer un disparate…

Se trata del clásico “El santo cachón”. Si bien es cierto que en esta canción la mujer como femme fatal es ridiculizada, el propio “yo poético” del texto no se libra de la parodia al autonominarse como “un santo” al que le hacen “el cachondeo”, esto es, de quien se burlará otra. Por eso se niega a ser “el santo chachón”, no obstante, al sólo mencionar la palabra en el coro ya se permite una mirada traviesa del receptor (como comprenderán en Lima la canción fue decodificada completamente diferente).

Esta guiño traviesa al receptor aleja el melodrama clásico del dolor de hombre traicionado, aunque sin duda se mantiene con fuerza la calificación negativa de la mujer como liviana, frívola, mentirosa y arrogante. Por eso mismo, la suerte final será que él no se case con ella, para librarse de “cometer un disparate”. Entendemos que, si es relación se hubiera formalizado, el hombre tendría el derecho de cometer un asesinato por celos o por lo menos pegarle o suicidarse (dependiendo del nivel del disparate).

En la medida que la letra apelaba al humor, a la sátira, y a lo carnavalesco, el grupo Las chicas del can, le dieron una vuelta de tuerca. No sólo pasó del vallenato al merengue, sino que en lugar de interpretar la canción como suelen hacerlo algunas cantantes mujeres, diciendo exactamente la letra tal cual, pues decidieron “convertirla en una canción para una mujer”, cambiando casi por completo el contenido, pero manteniendo el corito del “santo cachón”, aunque por cierto bastante fuera de contexto, otorgándole de esta manera un significando totalmente antagónico. En realidad la convirtieron en un himno reivindicativo de las mujeres acusadas de infieles.

Con tus mentiras, crees que me engañas
Vas diciendo, que yo te estaba engañando con un señor
No era un señor… no era uno, ni eran dos, eran tres…
Los amigos con los que yo salía a la vez
Dejándote solo en la casa…

Y ahora vienes tú con ese cuento
diciendo que eres el Santo Cachón […]

Y recuerda que yo soy la casa
Y a la casa no la engaña nadie…

Se trata pues de una “nueva versión” utilizando la misma música, el mismo coro, pero diferente ritmo y juegos con un cambio del sentido del texto. Precisamente son Las chicas del Can, las que de alguna manera prefiguran a grupos clásicos de artistas femeninas en el mundo de la cumbia como Agua Bella o Bella Luz o Bella Bella o, una de las ligeramente diferentes, por lo menos por el nombre, Ruth Karina.  Pero mientras las Chicas del Can están merengueando un vallenato, y volteando la letra de una canción misógina, Agua Bella sigue cantando su “Pasito Tum Tum” y Ruth Karina y su grupo Euforia bailando el “Siqui siqui”.  No podía pasar mucho tiempo para que, un grupo de mujeres, empezará a entonar himnos lanzados también para ese nuevo público popular: las mujeres empoderadas.

Es así que aparece primero tímidamente una canción que, antes en la voz de Rocío Durcal, no pasó de ser una ranchera bien entonada y bien intencionada. Con un coro que decía: “así son los hombres/ todos son iguales” Durcal con un vestido mexicano empieza cantando:

Nada ha sido enserio, todo fue una broma
¡Que bien me engañó!
Yo hubiera metido las manos al fuego
Por su amor…

La canción a pesar de cierta dureza de la historia, la de la mujer engañada, mantiene un tono ingenuo que se recrea en la siguiente estrofa:

Así son los hombres, todos son iguales
Pero que bonito se siente
que a una le guiñe un ojo
y con una guitarra poquito a poco
te coge, te toca y te hace una canción.

Pero ni crean que el “te coge, te toca y te hace una canción” estaba dicho con cierta malicia, para nada, en la voz de Durcal toda era en serio.

Pero ahora analicemos la misma versión, ligeramente cambiada, al estilo de Las Chicas del Can, pero en versión de cumbia peruana y como principal ejecutante a Marina Yafac. Marina funge como la voz de Agua Bella desde el año 1999, convocada por el promotor del grupo, Max Castillo, pero se debe retirar del mismo algunos años más tarde por una de las razones más usuales del desempleo femenino:

Me retiro de la agrupación Agua Bella, después de dos largos y maravillosos años, por decisión propia la cual me causó mucha tristeza; pero a la vez me sentía muy feliz porque dentro de mi estaba creciendo una linda nena la cual la llamé: Leslie Dery, la cual es una de las razones por la que sigo adelante… (Declaraciones de Marina Yafac en Chichaweb.com)

 

Pocos años más tarde, Marina es convocada por otro productor musical, Jersdon Vidal, con la finalidad de darle un perfil más alto y convertirla en la voz de su propio grupo musical. Es así que surge “Marina Yafac: la voz de la techno cumbia”. A diferencia de Dina Paucar y otras cantantes de música chicha, o de la propia Ruth Karina, Marina Yafac tiene una voz más potente y agresiva, así como un estilo diverso: no es el cuerpo grácil y núbil de las otras bailarinas, ni de las Chicas del Can, ni el cuerpo ligeramente duro de Dina Paucar con sus vestidos folklorizados, sino que se trata de un cuerpo que ha pasado por la gravidez, un cuerpo diferente, que aún se lanza a vestirse como una bailarina, aunque sabe que ya no lo es. Y precisamente para desmarcarla de Agua Bella y su pasito Tum Tum, era imprescindible conseguir otro tipo de “tono” en las letras de su canciones.

Es recién en su tercera producción como solista que Jerson Vidal se atreve a darle un cambio a la imagen de Marina a través de letras más agresivas. Deciden variar la letra de la canción interpretada por Rocío Durcal y alterar ligeramente el coro: en lugar de “así son los hombres/ todos iguales” cambió a “así son los hombre/ son una basura”. Y en esa, al parecer pequeña inflexión, radica su total éxito.

“Basura” es una de las palabras claves, tremendamente fuerte, que se ha puesto de moda entre los jóvenes para hablar de algún traidor, pero también, para referirse a las personas que siendo muy conocidas del interlocutor, han pasado por algún motivo, a ser lo peor. En un foro sobre jerga peruana, uno de los miembros definía así la versión basura en peruano: “cuando dicen: "eres una basura", se refieren a que es lo peor de lo peor, una malísima persona, una persona que no le importa si hace daño a alguien” (Yahoo respuestas).

Pero, la pregunta sería, ¿decir que “eres una basura” implica una “basurización simbólica” de ese otro? La basurización simbólica es una estrategia muy común en nuestro país y se utiliza para localizar al otro en un “afuera” como precisamente se pone a la basura en una casa: es necesario sacarla del sistema para que el sistema funcione. Este proceso de “basurizar” al otro es una manera de convertirlo en funcional para el sujeto que inicia la acción. En este caso, extrañamente explícito en su aseveración, me parece que el yo de la interpretación no está basurizando simbólicamente al otro. Me explico.

Decir que “los hombres son una basura” al parecer removería ciertos sentimientos comunes y, por lo mismo, esta letanía se convirtió en un gran éxito ante un amplio público, tanto femenino como masculino. El público femenino-con-historia, aunque se trate incluso de adolescentes, se siente identificado con la letra pues a la receptora que se apela en este tipo de canción es a aquella “que ha tenido contacto con algún hombre que le ha hecho daño”. No se trata de jugar con las coqueterías infantiles de los pasitos Tum Tum o los bailes de “siqui-siqui” (culo a culo en quechua) sino de recurrir directamente al sufrimiento de la mujer como capital para poder salir adelante despreciando al causante de los agravios.

En realidad el giro, aunque parezca una versión despechada de la misma cumbia misógina, pero al revés, no se concentra en el llanto por el dolor que nos causa el “malvado-objeto-de-amor” sino en las posibilidades de volverse a reconfigurar luego que este objeto de amor es desprendido y desasido.

Si en la interpretación de Durcal la letra era una meliflua reivindicación del macho y un coquetería de la mujer-autovictimizada —un perverso juego de auto-basurización simbólica— en la versión de Marina Yafac cobra otro matiz en tanto no puede decodificarse sino como una feroz ironía:

Así son los hombres son una basura/ Pero qué bonito se siente / que a una le den un beso
y te dice te quiere poco a poquito / Se mete adentro y se va hasta el fondo /de tu corazón.

No nos encontramos entonces ante un discurso autoritario que pretende liquidar al otro a través de una adjetivo contundente; al revés, es precisamente ese adjetivo contundente, el que permite que el sujeto se reorganice para poder entrar de nuevo, poquito a poco, al retorcido juego de la seducción. El grito “los hombres son una basura” no es un grito de guerra, sino apenas el lamento andino de una hembra que, a través de extrañar maneras, se empodera para regresar al mismo camino mil veces transitado que va hasta el fondo del corazón: esa cosa llamada amor.

Sin embargo, el éxito de este simple “giro verbal basurizador” puso en movimiento a los productores que, se alejaron de la voz elaborada y de las letras totalmente ingenuas de Rocío Durcal, para pasar a la voz más hardcore de la escena mexicana: por supuesto, me refiero a Paquita la del Barrio. Es así que las nuevas canciones de Marina se llama Rata de dos patas (aquí una versión de Paquita) y, aún cuando todo haga augurar que será un éxito, pienso que va a fracasar porque en esta letra si se pone en juego cierto autoritarismo femenino que produce un “fuera del juego total” al varón. Claro, siempre y cuando la cumbia siga jugándose en el todavía húmedo y fangoso campo de la heterosexualidad.

Pero como diría Kevin Johansen, y para terminar,  mejor no “pienses tanto, ¡cumbiera intelectual! Yo voy a rezarle a tu santo/ para que te puedas soltar… Para que seas más normal”. Así que dejaré de pensar un tanto, sólo para dedicarme a bailar.

La ilustración es de aquí y pertenece al extraordinario Christian Bendayán.






















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