Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

July 2, 2008

“Así son los hombres” o la cumbia feminista en el Perú

Filed under: Ensayos

Uno de los géneros musicales populares más misóginos es sin duda la cumbia. Quizás tanto como el vals, quizás un poco menos que el perreo y el tango. En nuestro país la cumbia ha sido utilizada como fondo musical para expresar todo tipo de temas, pero sobre todo, el tema por antonomasia de este tipo de expresiones: la pérdida de la mujer amada, y el llanto despechado del varón por aquella que lo dejó.

No quisiera adentrarme en más detalles de un tema en el que no soy especialista: no he venido a hablar sobre géneros, ni sobre pormenores vinculados a clasificaciones, en otras palabras, les pido disculpas si confundo vallenato con cumbia, o cumbia peruana con chicha. Lo que me interesa pensar y hacerlo en público sobre todo es en la “vuelta de tuerca” de la cumbia sexista que define a una mujer como traidora.  

Creo que no es necesario dar muchos ejemplos, pero tengo dos que me parecen pertinentes. Quizás uno no sea una cumbia específicamente sino un vallenato, y precisamente se refiere al hecho de que un hombre “escucha de otros tres” que su novia es una traidora: se trata de la versión clásica de todos los tiempos, pero con un humor especial que, de alguna manera ciertamente carnavalesca, aminora el dolor para condensar una nueva forma de desprecio.

Que te perdone yo, que te perdone
como si yo fuera el santo cachón
mira mi cara ve/ yo soy un hombre
y no hay que andar repartiendo perdón

Ajuiciate mama busca el juicio
busca el juicio muchacha ajuiciate
yo me iba a casar contigo
por poco meto la pata /y ahora no puedo ni verte
puedo hacer un disparate…

Se trata del clásico “El santo cachón”. Si bien es cierto que en esta canción la mujer como femme fatal es ridiculizada, el propio “yo poético” del texto no se libra de la parodia al autonominarse como “un santo” al que le hacen “el cachondeo”, esto es, de quien se burlará otra. Por eso se niega a ser “el santo chachón”, no obstante, al sólo mencionar la palabra en el coro ya se permite una mirada traviesa del receptor (como comprenderán en Lima la canción fue decodificada completamente diferente).

Esta guiño traviesa al receptor aleja el melodrama clásico del dolor de hombre traicionado, aunque sin duda se mantiene con fuerza la calificación negativa de la mujer como liviana, frívola, mentirosa y arrogante. Por eso mismo, la suerte final será que él no se case con ella, para librarse de “cometer un disparate”. Entendemos que, si es relación se hubiera formalizado, el hombre tendría el derecho de cometer un asesinato por celos o por lo menos pegarle o suicidarse (dependiendo del nivel del disparate).

En la medida que la letra apelaba al humor, a la sátira, y a lo carnavalesco, el grupo Las chicas del can, le dieron una vuelta de tuerca. No sólo pasó del vallenato al merengue, sino que en lugar de interpretar la canción como suelen hacerlo algunas cantantes mujeres, diciendo exactamente la letra tal cual, pues decidieron “convertirla en una canción para una mujer”, cambiando casi por completo el contenido, pero manteniendo el corito del “santo cachón”, aunque por cierto bastante fuera de contexto, otorgándole de esta manera un significando totalmente antagónico. En realidad la convirtieron en un himno reivindicativo de las mujeres acusadas de infieles.

Con tus mentiras, crees que me engañas
Vas diciendo, que yo te estaba engañando con un señor
No era un señor… no era uno, ni eran dos, eran tres…
Los amigos con los que yo salía a la vez
Dejándote solo en la casa…

Y ahora vienes tú con ese cuento
diciendo que eres el Santo Cachón […]

Y recuerda que yo soy la casa
Y a la casa no la engaña nadie…

Se trata pues de una “nueva versión” utilizando la misma música, el mismo coro, pero diferente ritmo y juegos con un cambio del sentido del texto. Precisamente son Las chicas del Can, las que de alguna manera prefiguran a grupos clásicos de artistas femeninas en el mundo de la cumbia como Agua Bella o Bella Luz o Bella Bella o, una de las ligeramente diferentes, por lo menos por el nombre, Ruth Karina.  Pero mientras las Chicas del Can están merengueando un vallenato, y volteando la letra de una canción misógina, Agua Bella sigue cantando su “Pasito Tum Tum” y Ruth Karina y su grupo Euforia bailando el “Siqui siqui”.  No podía pasar mucho tiempo para que, un grupo de mujeres, empezará a entonar himnos lanzados también para ese nuevo público popular: las mujeres empoderadas.

Es así que aparece primero tímidamente una canción que, antes en la voz de Rocío Durcal, no pasó de ser una ranchera bien entonada y bien intencionada. Con un coro que decía: “así son los hombres/ todos son iguales” Durcal con un vestido mexicano empieza cantando:

Nada ha sido enserio, todo fue una broma
¡Que bien me engañó!
Yo hubiera metido las manos al fuego
Por su amor…

La canción a pesar de cierta dureza de la historia, la de la mujer engañada, mantiene un tono ingenuo que se recrea en la siguiente estrofa:

Así son los hombres, todos son iguales
Pero que bonito se siente
que a una le guiñe un ojo
y con una guitarra poquito a poco
te coge, te toca y te hace una canción.

Pero ni crean que el “te coge, te toca y te hace una canción” estaba dicho con cierta malicia, para nada, en la voz de Durcal toda era en serio.

Pero ahora analicemos la misma versión, ligeramente cambiada, al estilo de Las Chicas del Can, pero en versión de cumbia peruana y como principal ejecutante a Marina Yafac. Marina funge como la voz de Agua Bella desde el año 1999, convocada por el promotor del grupo, Max Castillo, pero se debe retirar del mismo algunos años más tarde por una de las razones más usuales del desempleo femenino:

Me retiro de la agrupación Agua Bella, después de dos largos y maravillosos años, por decisión propia la cual me causó mucha tristeza; pero a la vez me sentía muy feliz porque dentro de mi estaba creciendo una linda nena la cual la llamé: Leslie Dery, la cual es una de las razones por la que sigo adelante… (Declaraciones de Marina Yafac en Chichaweb.com)

 

Pocos años más tarde, Marina es convocada por otro productor musical, Jersdon Vidal, con la finalidad de darle un perfil más alto y convertirla en la voz de su propio grupo musical. Es así que surge “Marina Yafac: la voz de la techno cumbia”. A diferencia de Dina Paucar y otras cantantes de música chicha, o de la propia Ruth Karina, Marina Yafac tiene una voz más potente y agresiva, así como un estilo diverso: no es el cuerpo grácil y núbil de las otras bailarinas, ni de las Chicas del Can, ni el cuerpo ligeramente duro de Dina Paucar con sus vestidos folklorizados, sino que se trata de un cuerpo que ha pasado por la gravidez, un cuerpo diferente, que aún se lanza a vestirse como una bailarina, aunque sabe que ya no lo es. Y precisamente para desmarcarla de Agua Bella y su pasito Tum Tum, era imprescindible conseguir otro tipo de “tono” en las letras de su canciones.

Es recién en su tercera producción como solista que Jerson Vidal se atreve a darle un cambio a la imagen de Marina a través de letras más agresivas. Deciden variar la letra de la canción interpretada por Rocío Durcal y alterar ligeramente el coro: en lugar de “así son los hombres/ todos iguales” cambió a “así son los hombre/ son una basura”. Y en esa, al parecer pequeña inflexión, radica su total éxito.

“Basura” es una de las palabras claves, tremendamente fuerte, que se ha puesto de moda entre los jóvenes para hablar de algún traidor, pero también, para referirse a las personas que siendo muy conocidas del interlocutor, han pasado por algún motivo, a ser lo peor. En un foro sobre jerga peruana, uno de los miembros definía así la versión basura en peruano: “cuando dicen: "eres una basura", se refieren a que es lo peor de lo peor, una malísima persona, una persona que no le importa si hace daño a alguien” (Yahoo respuestas).

Pero, la pregunta sería, ¿decir que “eres una basura” implica una “basurización simbólica” de ese otro? La basurización simbólica es una estrategia muy común en nuestro país y se utiliza para localizar al otro en un “afuera” como precisamente se pone a la basura en una casa: es necesario sacarla del sistema para que el sistema funcione. Este proceso de “basurizar” al otro es una manera de convertirlo en funcional para el sujeto que inicia la acción. En este caso, extrañamente explícito en su aseveración, me parece que el yo de la interpretación no está basurizando simbólicamente al otro. Me explico.

Decir que “los hombres son una basura” al parecer removería ciertos sentimientos comunes y, por lo mismo, esta letanía se convirtió en un gran éxito ante un amplio público, tanto femenino como masculino. El público femenino-con-historia, aunque se trate incluso de adolescentes, se siente identificado con la letra pues a la receptora que se apela en este tipo de canción es a aquella “que ha tenido contacto con algún hombre que le ha hecho daño”. No se trata de jugar con las coqueterías infantiles de los pasitos Tum Tum o los bailes de “siqui-siqui” (culo a culo en quechua) sino de recurrir directamente al sufrimiento de la mujer como capital para poder salir adelante despreciando al causante de los agravios.

En realidad el giro, aunque parezca una versión despechada de la misma cumbia misógina, pero al revés, no se concentra en el llanto por el dolor que nos causa el “malvado-objeto-de-amor” sino en las posibilidades de volverse a reconfigurar luego que este objeto de amor es desprendido y desasido.

Si en la interpretación de Durcal la letra era una meliflua reivindicación del macho y un coquetería de la mujer-autovictimizada —un perverso juego de auto-basurización simbólica— en la versión de Marina Yafac cobra otro matiz en tanto no puede decodificarse sino como una feroz ironía:

Así son los hombres son una basura/ Pero qué bonito se siente / que a una le den un beso
y te dice te quiere poco a poquito / Se mete adentro y se va hasta el fondo /de tu corazón.

No nos encontramos entonces ante un discurso autoritario que pretende liquidar al otro a través de una adjetivo contundente; al revés, es precisamente ese adjetivo contundente, el que permite que el sujeto se reorganice para poder entrar de nuevo, poquito a poco, al retorcido juego de la seducción. El grito “los hombres son una basura” no es un grito de guerra, sino apenas el lamento andino de una hembra que, a través de extrañar maneras, se empodera para regresar al mismo camino mil veces transitado que va hasta el fondo del corazón: esa cosa llamada amor.

Sin embargo, el éxito de este simple “giro verbal basurizador” puso en movimiento a los productores que, se alejaron de la voz elaborada y de las letras totalmente ingenuas de Rocío Durcal, para pasar a la voz más hardcore de la escena mexicana: por supuesto, me refiero a Paquita la del Barrio. Es así que las nuevas canciones de Marina se llama Rata de dos patas (aquí una versión de Paquita) y, aún cuando todo haga augurar que será un éxito, pienso que va a fracasar porque en esta letra si se pone en juego cierto autoritarismo femenino que produce un “fuera del juego total” al varón. Claro, siempre y cuando la cumbia siga jugándose en el todavía húmedo y fangoso campo de la heterosexualidad.

Pero como diría Kevin Johansen, y para terminar,  mejor no “pienses tanto, ¡cumbiera intelectual! Yo voy a rezarle a tu santo/ para que te puedas soltar… Para que seas más normal”. Así que dejaré de pensar un tanto, sólo para dedicarme a bailar.

La ilustración es de aquí y pertenece al extraordinario Christian Bendayán.






















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