Hay que leer para hablar
Uno de las trampas clásicas de los estudiantes de primeros ciclos, cuando un profesor les pide que lean y resuman un libro, es contestar a partir de referencias de otros, de resúmenes de otros, de datos de Wikipedia, o en el peor de los casos, de la película del libro. Una vez una alumna me porfiaba que Rodion Romanovich Razkolnikov, el protagonista de Crimen y Castigo, había asesinado a la usurera y a su esposo porque así lo había visto en la película de Lombardi. Ayyy. Por supuesto que en la versión real, esto es, la del libro, Dostoievski nunca casó a la usurera sino que quien moría por equivocación era su hermana. En fin, datos más, datos menos, siempre me ha tocado alumnos que mencionan a la película o a la versión de Vargas Llosa para hablar de una novela. No, pues, así no juega Perú. Me encanta “Mi novela favorita” pero creo que la idea de la emisora y del intelectual que respalda el programa es que lean, y no sólo que se queden con esas referencias.
Algo similar sucede con el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Todo el mundo lo cita. Unos para respetarlo, para mencionarlo como fuente de información más o menos fidedigna, y otros para vapulearlo, para denostarlo y para desacreditarlo. Ciertamente habrá muchos que lo han estudiado y analizado, pero ¿cuántos que lo mencionan lo han leído de verdad? Por lo pronto, yo que he hecho parte de mi tesis de doctorado sobre el Informe Final no lo he leído completo. Y no es una confesión de ignorancia sino de pragmatismo académico: no voy a leer los doce tomos cuando los que requiero para mi investigación no llegan ni a tres. Aparte de los comisionados, sospecho que pocos han leído los doce tomos y sus adendas completas.
No obstante, hay un resumen excelente, realmente muy bien escrito, que circulaba durante el año 2004 a diez soles en todos los supermercados y librerías del país, Hatun Willakuy, una versión abreviada del informe con datos precisos, cuadros sinópticos, fotografías y recuadros de casos específicos que en la versión larga del Informe Final van en los últimos tomos. Esta versión si la he leído completa, la tengo subrayada, marcada con post-it de diferentes colores: es una versión que permite ser llevada de un lado a otro, se la he recomendado a mis alumnos, muchos de ellos la han leído y estudiado y han aprendido que el Perú es heterogéneo y complejo, desigual e injusto, y que esos años violentos no deben pasar en balde, sino por el contrario, debemos de regresar sobre ellos para entender lo que hicimos mal todos y cada uno de los pobladores del Perú: los que reprimieron bajo consignas, los que intentaron subvertir el orden bajo dogmas y los miles de miles de indiferentes.
Pero hoy en día hay muchos que han denostado al Informe Final sin haberlo leído, o como sostienen algunos de los analistas políticos incluyendo a Carlos Iván Degregori, un ex comisionado y una de las personas que estoy segura lo ha leído apasionada y completamente, lo critican de segundas versiones, de oídas, de resúmenes de otros, o incluso, por haber visto algún documental que incluye parte de sus recomendaciones. No, pues, no me van a meter el cuento que eso significa leer el Informe Final: en él no se dice lo que algunas de las autoridades más altas de nuestro país sostienen que dice. Por algo así puedo jalar a un estudiante de primer ciclo, a un profesional, ¿cómo podría calificarlo? Si realmente lo hubieran leído, si por lo menos hubieran analizado el Hatun Willakuy, no podrían afirmar categóricamente que los comisionados son “defensores del terrorismo”, o que “nadie ha pedido disculpas a los miles de soldados que murieron en la lucha antisubversiva”. Eso es falso de toda falsedad. En el Informe Final se reconoce a las personas, tanto de las Fuerzas Armadas como de la propia ciudadanía, que murieron por sus ideales y defendiendo lo que consideraban era de ellos.
Lo que se homogeniza con estas declaraciones es el malestar dentro de las propias fuerzas armadas sobre la diferencia de trato entre la tropa, los suboficiales, y la oficialidad en pleno, en relación con las responsabilidades de los años de conflicto interno. No hay que olvidar el Perú es uno de los pocos países donde los principales responsables, las autoridades aparentemente democráticas, no asumieron jamás su deber dejando que los soldados laven literalmente los trapos sucios.
3 de septiembre Arturo ha dejado el siguiente comentario que mi spaminator ha borrado:
concuerdo contigo Rocío. Lo curioso es cuando los detractores del informe
indican que la poblacion esta polarizada, dividida, enfrentada por las
conclusiones. De seguro mas alla de los especialistas, el grueso de la gente no
lo ha leído, y por ello la supuesta polarizacion no tiene base. Esta es
mediática sobretodo.Aqui escribi algo al respecto
http://naufragoaqp.blogspot.com/2008/09/cvr-for-dummies-para-giampietri-donayre.html
saludos cordiales, Arturo 175
Email : acaballerom@pucp.edu.pe
Author : Arturo
Sábado gris de Lima, cinco en punto de la tarde. Mi hermano y yo esperamos a mi papá mirando entre las persianas de la sala. Desde el segundo piso, a lo lejos, podemos ver cómo se acerca el Ford Falcón azul marino. «Ahí está», gritamos, y salimos disparados para ganarle uno al otro el asiento de adelante. Una vez a la semana hacíamos la misma carrera. Ya sentados, la clásica pregunta caía como una gota de humedad: ¿y ahora, adónde quieren ir? Siempre hacía la pregunta pero él siempre sabía adónde nos llevaba. Como había pocas monedas y mucha gasolina (era la época de Velasco) nos dedicábamos a ir de un lado a otro de la ciudad. Al aeropuerto, para ver despegar a los aviones desde la rampa central; a La Punta para sentir cómo se estrechan las calles; al cementerio Presbítero Maestro para perderle el miedo a los muertos o hasta el Galax de La Molina para comprar un paquete de Charadas. Vagar con mi papá por la ciudad diseminada. Al final recorríamos el malecón de Miraflores y así podíamos ver caer al sol como una galleta de naranja sobre un inmenso café con leche. «Pidan un deseo». Y yo nunca pedía que regresara (era realista) pero sí que me quisiera para siempre.

“Me pone un poco nervioso estar ante todas estas cámaras, sobre todo, porque la última vez que estuve así, en 1991, yo era el premio, y no el premiado” con estas palabras comenzó Alberto Gálvez Olaechea su discurso de agradecimiento por el primer premio del Concurso de Cuento Arte y Esperanza 2007 organizado por la Asociación Dignidad Humana y Solidaridad. Después de todos estos años, el interno del Penal Miguel Castro Castro y ex lider del MRTA, salió de su reclusión pero no para ir a un juzgado sino al auditorio de Petro Perú y recibir el primer premio por su cuento El Chato. “Estoy aquí porque quería participar de un homenaje a Hubert Lanssiers” y agregó que “debo agradecer al Jockey Plaza, si no fuera por la actitud del centro comercial no hubiéramos descubierto la solidaridad de los medios de comunicación en su conjunto, quienes se han dado cuenta que los internos somos personas, tenemos derechos y merecemos oportunidades”. 


