Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

August 30, 2008

Hay que leer para hablar

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Uno de las trampas clásicas de los estudiantes de primeros ciclos, cuando un profesor les pide que lean y resuman un libro, es contestar a partir de referencias de otros, de resúmenes de otros, de datos de Wikipedia, o en el peor de los casos, de la película del libro. Una vez una alumna me porfiaba que Rodion Romanovich Razkolnikov, el protagonista de Crimen y Castigo, había asesinado a la usurera y a su esposo porque así lo había visto en la película de Lombardi. Ayyy. Por supuesto que en la versión real, esto es, la del libro, Dostoievski nunca casó a la usurera sino que quien moría por equivocación era su hermana. En fin, datos más, datos menos, siempre me ha tocado alumnos que mencionan a la película o a la versión de Vargas Llosa para hablar de una novela. No, pues, así no juega Perú. Me encanta “Mi novela favorita” pero creo que la idea de la emisora y del intelectual que respalda el programa es que lean, y no sólo que se queden con esas referencias.

Algo similar sucede con el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Todo el mundo lo cita. Unos para respetarlo, para mencionarlo como fuente de información más o menos fidedigna, y otros para vapulearlo, para denostarlo y para desacreditarlo. Ciertamente habrá muchos que lo han estudiado y analizado, pero ¿cuántos que lo mencionan lo han leído de verdad? Por lo pronto, yo que he hecho parte de mi tesis de doctorado sobre el Informe Final no lo he leído completo. Y no es una confesión de ignorancia sino de pragmatismo académico: no voy a leer los doce tomos cuando los que requiero para mi investigación no llegan ni a tres. Aparte de los comisionados, sospecho que pocos han leído los doce tomos y sus adendas completas.

No obstante, hay un resumen excelente, realmente muy bien escrito, que circulaba durante el año 2004 a diez soles en todos los supermercados y librerías del país, Hatun Willakuy, una versión abreviada del informe con datos precisos, cuadros sinópticos, fotografías y recuadros de casos específicos que en la versión larga del Informe Final van en los últimos tomos. Esta versión si la he leído completa, la tengo subrayada, marcada con post-it de diferentes colores: es una versión que permite ser llevada de un lado a otro, se la he recomendado a mis alumnos, muchos de ellos la han leído y estudiado y han aprendido que el Perú es heterogéneo y complejo, desigual e injusto, y que esos años violentos no deben pasar en balde, sino por el contrario, debemos de regresar sobre ellos para entender lo que hicimos mal todos y cada uno de los pobladores del Perú: los que reprimieron bajo consignas, los que intentaron subvertir el orden bajo dogmas y los miles de miles de indiferentes.

Pero hoy en día hay muchos que han denostado al Informe Final sin haberlo leído, o como sostienen algunos de los analistas políticos incluyendo a Carlos Iván Degregori, un ex comisionado y una de las personas que estoy segura lo ha leído apasionada y completamente, lo critican de segundas versiones, de oídas, de resúmenes de otros, o incluso, por haber visto algún documental que incluye parte de sus recomendaciones.  No, pues, no me van a meter el cuento que eso significa leer el Informe Final: en él no se dice lo que algunas de las autoridades más altas de nuestro país sostienen que dice. Por algo así puedo jalar a un estudiante de primer ciclo, a un profesional, ¿cómo podría calificarlo? Si realmente lo hubieran leído, si por lo menos hubieran analizado el Hatun Willakuy, no podrían afirmar categóricamente que los comisionados son “defensores del terrorismo”, o que “nadie ha pedido disculpas a los miles de soldados que murieron en la lucha antisubversiva”. Eso es falso de toda falsedad. En el Informe Final se reconoce a las personas, tanto de las Fuerzas Armadas como de la propia ciudadanía, que murieron por sus ideales y defendiendo lo que consideraban era de ellos.

Lo que se homogeniza con estas declaraciones es el malestar dentro de las propias fuerzas armadas sobre la diferencia de trato entre la tropa, los suboficiales, y la oficialidad en pleno, en relación con las responsabilidades de los años de conflicto interno. No hay que olvidar el Perú es uno de los pocos países donde los principales responsables, las autoridades aparentemente democráticas, no asumieron jamás su deber dejando que los soldados laven literalmente los trapos sucios.

3 de septiembre Arturo ha dejado el siguiente comentario que mi spaminator ha borrado:

concuerdo contigo Rocío. Lo curioso es cuando los detractores del informe
indican que la poblacion esta polarizada, dividida, enfrentada por las
conclusiones. De seguro mas alla de los especialistas, el grueso de la gente no
lo ha leído, y por ello la supuesta polarizacion no tiene base. Esta es
mediática sobretodo.Aqui escribi algo al respecto

http://naufragoaqp.blogspot.com/2008/09/cvr-for-dummies-para-giampietri-donayre.html

saludos cordiales, Arturo 175
Email   : acaballerom@pucp.edu.pe
Author  : Arturo

August 29, 2008

La construcción del cuerpo

En la Edad Media, cuando los médicos estaban prohibidos de realizar autopsias, los anatomistas en sus dibujos imaginaban los órganos sexuales femeninos como "órganos masculinos volteados hacia adentro". No es que el hombre era la mujer vuelto al revés, sino que la mujer era, debido a algún tipo de imperfección, el hombre que no había salido afuera. La explicación se basaba en que los fluidos del hombre eran más calientes que los de la mujer, entonces por ser tibia la mujer no lograba "sacar" sus genitales. Algo así como un globo desinflado, ni más ni menos. La mujer, pues, era un hombre atrofiado.

Los más reconocidos anatomistas representaban a la vagina como un falo interno. Incluso algunos autores como Jacobo Berengario sostenían explícitamente que "el cuello del útero es como el pene y su receptáculo, con testículos y vasos, es como el escroto". Estas representaciones posteriormente las tomó Leonardo da Vinci, quien también dibujó órganos femeninos con ese peculiar isomorfismo. Pero, aunque parezca increíble, esta percepción del cuerpo no era simplemente una muestra de las convenciones estilísticas de los dibujos de la época, era una visión ideológica por medio de la cual entendían los científicos que la mujer simplemente era un "infrahombre". El género construía al sexo.

Esto se demuestra más claramente años después, cuando el Estado y sus instituciones, en nombre del progreso de la ciencia, permiten la disección de cadáveres. Durante el Renacimiento los anatomistas por fin pudieron ver los genitales de la mujer en el interior de sus cuerpos sin vida, pudieron observarlos con detenimiento, tocarlos, cortarlos y diseccionarlos. Pero… ¡los seguían dibujando como "órganos volteados"! La concepción cultural de lo que debía ser el cuerpo de una mujer era tan fuerte que incluso se imponía sobre la evidencia biológica. Veían lo que querían ver.

Galeno, uno de los más importantes anatomistas de la antigüedad, quien pudo distinguir en numerosos cuerpos las diferencias anatómicas obvias, sostenía esta idea. Y es que creía firmemente en que la perfección la representaba el hombre, y la mujer era simplemente un escalafón menos en la evolución humana. "Dentro de la especie humana el hombre es más perfecto que la mujer -dice Galeno- y la razón de esta perfección es su exceso de calor…" El hombre ha sido (y desgraciadamente, para ambos sexos, sigue siendo) la medida ontológica de todas las cosas, la mujer apenas su sombra, de ahí la construcción de un sexo único y dos formas (revés y derecho) de serlo.

En nuestros días la perfección para representar la anatomía humana tiene visos de ciencia-ficción si pensamos en tomografías o ecografías que escudriñan hasta nuestra alma. Segmento a segmento de nuestro cuerpo, incluyendo tejidos y fluidos, son representados por fotos y videos. Pero hay algo que sigue siendo una constante: la idea de que el hombre es la medida de todas las cosas. La lucha por la igualdad de la mujer, si se le conceptúa como asemejarse al varón, sigue siendo la continuación de los malabares gráficos de los anatomistas renacentistas. Es preciso pensar y concebir a la mujer desde una categoría ontológica propia.

El dibujo es una anatomía de un acto sexual de Leonardo da Vinci. Tomado de aquí.

Publicado en la revista La Tertulia, Guatemala, 25 de agosto de 2001

August 26, 2008

El desarrollo autoritario

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Por qué todos los peruanos debemos desear tener una casa, un carro, un buen trabajo, estabilidad financiera, un amor para toda la vida y dos hijos que no frieguen?, ¿por qué desear la posesión individual de bienes terrenos para liberarnos de nuestros males?, ¿por qué el modelo "aspiracional" de la publicidad que va constituyendo, todos los días e incesantemente, nuestro imaginario más profundo, es que "pongamos nuestro sueldito acá"? ¿Y si mi deseo más profundo es no poseer ningún bien que me ate al mundanal ruido y no casarme nunca?, ¿soy una extraña, una rara, una loca?, ¿y qué pasa si el deseo más profundo de otra peruana es mantenerse en comunidad por encima de las aparentes bondades inmediatas de vender a buen precio la posesión de su tierra?, ¿acaso está tirándole flechas al avión del desarrollo?

"En un país heterogéneo, pero, a su vez, de profundas desigualdades, el gran reto es pensar en el desarrollo desde un horizonte inclusivo". ¿Lo ha leído Ud. antes, desocupado lector? Claro: en todos lados. Eso se viene diciendo desde todos los frentes, en coros, como si fuera un mantra que va a solucionar nuestras fracturas. Nos lo dicen las ONGs y los funcionarios públicos, los periodistas y los empresarios, los analistas educativos y los abogados. Pero "inclusión" y "desarrollo" se han convertido en significantes vacíos que se pueden llenar con el significado que nos dé la gana. "Inclusión" y "desarrollo" ya no dicen nada, se están ‘calladas’, escuchando su propia voz.

Les voy a contar la historia de la palabra "desarrollo". En el diccionario de autoridades de 1732 no existía y recién aparece en 1817 referido a la "abrirse, desplegarse o desenvolverse las semillas, hojas, plantas…" y a su vez el verbo "desarrollar", que no está comprendido dentro de la noción de "desarrollo", se refiere a "deshacer un rollo" (Diccionario Usual, 1817, pág. 293). Pero en relación con la idea que en la actualidad es el núcleo de esa palabra ("evolución progresiva de una economía hacia mejores niveles de vida") no hay ninguna referencia. En otras palabras: el sentido de desarrollo como horizonte de vida sólo aparece con el capitalismo.

¿Qué había antes? Otra palabra compleja que pocos usan en la actualidad: "progreso". ¿Por qué se ha dejado de usar? Porque el progreso, como era entendido por los intelectuales latinoamericanos del S.XIX, por poner un ejemplo, implicaba una evolución desde un punto de partida que, alienadamente, tenía como modelo "la civilización occidental". Progresar era, por ejemplo, ser cada vez más afrancesados. Desde Nicolás II, zar de todas las Rusias, hasta Sarmiento, autor de Facundo y presidente de Argentina, cuyo entendimiento de progreso era el exterminio de los indígenas, casi todos los dirigentes mundiales aspiraban a que sus naciones sean Francia. Qué triste. Obviamente aparte de Francia –que ahora también lo aspira– ninguna otra nación puede tener como futuro el presente de otra.

¿Y todo esto a cuenta de qué?

Precisamente porque se está imponiendo una manera única de entender el desarrollo y unas prácticas autoritarias para forzar ese punto de vista, emulando, de cierta manera, a los próceres latinoamericanos que pretendían "un único progreso" de un grupo determinado (los criollos) a costa de todos los otros grupos que no son (¡por favor!) minorías como en el multiculturalismo norteamericano. ¡Aquí fueron las mayorías! i se sigue considerando a América Latina como un espacio en la periferia de Estados Unidos y Europa, muy al margen de otros espacios diferentes aunque homólogos (el continente subsahariano, África, India y algunos países asiáticos) entonces se sostiene que nuestros procesos de "desarrollo" deben de estar orientados según ciertos planeamientos "científicos" que, no obstante, están organizados desde un "telos occidental-central". No es que se haya reemplazado a las coordenadas civilización-barbarie por las de centro-periferia: el proceso es mucho más complejo, problemático y sutil; además, plantea nuevas formas de asimilación de conceptos y reformulación de posiciones.

Hoy es imprescindible repensar el concepto fetiche de desarrollo que nos está entrampando en una telaraña autoritaria y peligrosa.

August 21, 2008

Ford Falcon

Sábado gris de Lima, cinco en punto de la tarde. Mi hermano y yo esperamos a mi papá mirando entre las persianas de la sala. Desde el segundo piso, a lo lejos, podemos ver cómo se acerca el Ford Falcón azul marino. «Ahí está», gritamos, y salimos disparados para ganarle uno al otro el asiento de adelante. Una vez a la semana hacíamos la misma carrera. Ya sentados, la clásica pregunta caía como una gota de humedad: ¿y ahora, adónde quieren ir? Siempre hacía la pregunta pero él siempre sabía adónde nos llevaba. Como había pocas monedas y mucha gasolina (era la época de Velasco) nos dedicábamos a ir de un lado a otro de la ciudad. Al aeropuerto, para ver despegar a los aviones desde la rampa central; a La Punta para sentir cómo se estrechan las calles; al cementerio Presbítero Maestro para perderle el miedo a los muertos o hasta el Galax de La Molina para comprar un paquete de Charadas. Vagar con mi papá por la ciudad diseminada. Al final recorríamos el malecón de Miraflores y así podíamos ver caer al sol como una galleta de naranja sobre un inmenso café con leche. «Pidan un deseo». Y yo nunca pedía que regresara (era realista) pero sí que me quisiera para siempre.

Publicado originalmente en el diario El Comercio. Perú, junio de 1999.

August 19, 2008

El tiempo preciso

Una caricia blanca sobre mis mejillas.
Apenas un giro de mis manos sobre tu rojo corazón.
Una mirada en la penumbra de la noche.
Mi respiración agitada durante el sueño.
El temor de la niña a ser abandonada una vez más.
La sonrisa turbia pero inmensa.
El olor de las sábanas a medianoche.
Un cansancio desde tu columna.
Tu camisa lila.
Un corazón dibujado en la pared.
Esa bolsa de caramelos de colores.
La complicidad de dos cuerpos ante la luz del ecran.
Dos paseos. Una luna.
El arco iris que ataste a mi mano.
Un nudo en la garganta.
Un minuto más.
Todo el tiempo pegado a tu cuerpo como una tela mojada.
Yo soy esa tela mojada.
Yo soy ese minuto más del día.
Yo soy esa sonrisa iridiscente en la orilla de la noche.
Porque la intensidad sólo se descubre desde el instante de la entrega
Y porque ese instante es el tiempo preciso
Para ser eternos.

August 15, 2008

Testimonio de una emigrante

La primera vez que entré a España, por la zona de Port Bou, me dio miedo cruzar la frontera por la posibilidad de que me detuvieran en migraciones. Era el año 1988, yo venía viajando en tren por más de veinte horas seguidas, con cuatro meses de embarazo y el corazón zurcido. Tenía 24 años y a pesar de estar muy confusa en cuestiones de amor, poseía absoluta claridad y conciencia en torno a mi condición de "ciudadana de segunda"; por lo mismo, sabía que en la entrada del aeropuerto de Barajas trataban mal a los latinoamericanos y que incluso habían devuelto a Buenos Aires, por no tener a mano los mil dólares exigidos, al famoso fiscal argentino que inculpó a toda la Junta Militar, Julio César Strassera.

Pero en Port Bou sorpresivamente nadie me detuvo, ni me hicieron una sola pregunta como cuando llegué a Moscú -durante esa década todo latinoamericano entraba a Europa vía Aeroflot-, por el contrario, dos policías de lo más amables me desearon buena suerte. Yo sonreía hasta que la sonrisa se me desdibujó cuando leí en la primera plana de El País (alguien tenía el diario desplegado mientras yo hacía la cola en la aduana) que a partir de una fecha próxima se pediría visados a algunas países latinoamericanos.

Doce años más tarde, en el verano de 2001, para poder entrar a España me exigieron una carta de invitación por escrito y con copia; cartas de mi oficina constatando que tenía un empleo estable; no sólo el resultado de mi último estado de cuenta bancario sino el balance de mis movimientos de todo el último mes; un seguro de viaje por el tiempo de la estadía; una constancia de una propiedad inmueble y 55 dólares por concepto de derechos consulares. Toda esta serie de medidas no hacen más que confirmar mi situación de ciudadanía de 1988, con el agravante que después de caído el Muro, se han levantado todo tipo de murallas reforzadas por pozos llenos de lagartos. Y todo esto porque simplemente nací en un país tan alucinante, complejo, contradictorio y extraordinario como es el Perú.

Continúa acá.

Con este texto empiezo a reciclar algunos artículos perdidos en el ciberespacio y en los intersticios de los cajones de mi escritorio.

August 8, 2008

Ni zares ni zarinas, queremos ciudadanos

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“El 15 de agosto del 2007 quedará grabado en la memoria de todos los peruanos” nos dice el reportero de Canal N para pasar a explicarnos que el terremoto fue de 7,5 grados en la escala de Richter y que destruyó casas, edificios, hospitales, construcciones pero, sobre todo, la vida de cientos y las posibilidades de vida de miles de compatriotas. Pisco, la “aldea encantada” retratada por Abraham Valdelomar en sus cuentos, simplemente casi ha sido borrada del mapa. Chincha, Ica y algunos de los pueblos y ciudades de Huancavelica, no sólo fueron destrozados por la fuerza de la tierra sino olvidados por la inercia de los gobernantes. Y ese es el punto a un año de lo que ha sucedido.

Los millones de soles invertidos en la reconstrucción serán tema del gobierno, la oposición y los medios en estos días de la conmemoración de un año del sismo y las preguntas sobre cómo se manejaron, si hubo una buena o mala o pésima gestión y si los puntos de fricción entre el gobierno central y los gobiernos locales, incluyendo a municipios, fueron deleznables e inoportunos mientras miles siguen en el colapso, es un asunto que seguramente muchos tocarán en sus artículos y columnas. Yo sólo me quería referir a un punto: la necesidad, en este tipo de circunstancias catastróficas, de nombrar a un padre-padrone (o a una madre-padrone) que nos salve.

Las metáforas de los zares y las zarinas como líderes de una acción necesaria para emerger de un entrampamiento me parecen infamantes, incluso porque sabemos cómo terminó Nicolas II, y no creo que ni Favre ni Lizárraga acepten la inmolación por principio. Pero sobre todo porque apelan a nuestra cultura autoritaria y siguen incidiendo en la idea que son los “liderazgos” y no las acciones comunitarias, los individualismos y no los trabajos en común, los que podrán solucionar los problemas de nuestro país. Esta idea la sostuvo hace varios meses Augusto Alvarez Rodrich en su columna: “más que un zar de la reconstrucción, una denominación que tiene connotaciones dictatoriales, lo que forzosamente se necesita ahora es un gran coordinador de esfuerzos entre los ministerios y las autoridades regionales y locales con el fin de canalizar recursos y voluntades”.

En efecto, esta manera de entender la forma de solucionar los problemas imprevistos incide mucho en sentir que los gobernados están en una jerarquía inferior, y no que requieren de alguna persona que gestione la situación del desastre, sino que requieren de alguien que solucioné el problema con su extraordinaria capacidad de superhombre o supermujer. Alguien por encima del común de los mortales. Eso implica que el superhombre o la supermujer no se ponen a disposición de los gobernados, sino que “les hacen el favor” a los mismos. Y la verdad que la democracia no es eso.

Uno de los asuntos básicos de la democracia es asumir las responsabilidades entre todos, y por supuesto, de manera individual para poder rendir cuentas. Ante un zar que funge como padre-padrone sólo se puede ser servil o, por lo contrario, pedir que su cabeza ruede por las estepas rusas.

Y precisamente, más allá de las increíbles distancias de todo orden entre Carolina Lizárraga y Julio Favre (creo que ella fue bienintencionada, pero lamentablemente de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno), ambas personas cayeron en esta lógica impuesta por un modus operandi gubernamental: de querer otorgarle a alguien el super-poder para luego culparlo por inoperante o por ineficiente. No, pues, la democracia no es eso: y lo que debemos pretender los peruanos es precisamente radicalizar la democracia. Así que basta de zares, zarinas, virreyes, caciques y bonzos: lo que necesitamos en este país en hacernos responsables solidarios, nosotros mismos, de nuestros proyectos y nuestros desastres.

August 1, 2008

Gracias, Jockey Plaza

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“Me pone un poco nervioso estar ante todas estas cámaras, sobre todo, porque la última vez que estuve así, en 1991, yo era el premio, y no el premiado” con estas palabras comenzó Alberto Gálvez Olaechea su discurso de agradecimiento por el primer premio del Concurso de Cuento Arte y Esperanza 2007 organizado por la Asociación Dignidad Humana y Solidaridad. Después de todos estos años, el interno del Penal Miguel Castro Castro y ex lider del MRTA, salió de su reclusión pero no para ir a un juzgado sino al auditorio de Petro Perú y recibir el primer premio por su cuento El Chato. “Estoy aquí porque quería participar de un homenaje a Hubert Lanssiers” y agregó que “debo agradecer al Jockey Plaza, si no fuera por la actitud del centro comercial no hubiéramos descubierto la solidaridad de los medios de comunicación en su conjunto, quienes se han dado cuenta que los internos somos personas, tenemos derechos y merecemos oportunidades”.

El auditorio Ricardo Palma, el más grande de la Feria Internacional del Libro de Lima, que durante los últimos años se está realizando en el CC Jockey Plaza, iba a ser el espacio de la ceremonia de premiación el pasado miércoles 30 de julio, a las 5.30 p.m. Pero, “gracias a los directivos del Jockey Plaza”, que primero dijeron que no, luego que si pero con restricciones, y luego en un horario absurdo —antes de que entre el público— la ceremonia se trasladó al auditorio de Petro Perú, debido principalmente a la necesidad de que los internos reciban un “trato digno y humano” y no como bárbaros que deben ser acorralados, o envueltos en una burbuja, o separados como especimenes manchados, para no lastimar la impoluta mercantilización del libro.

“Con gran deleite y gran sentido de responsabilidad hemos participado en la selección de estos cuentos” sostuvo la poeta norteamericana Susan Ackerman, “con la intención de arrancarle la luz a los abismos de las prisiones. Porque de alguna manera, no debemos olvidar, que la gran literatura nació en las cárceles”. En efecto, el gran libro cumbre de nuestro canon, El Quijote, nació de los ensueños de Miguel de Cervantes en las mazmorras de Argel mientras era prisionero. Tanto la poeta Ackerman, como los escritores Rafael Anselmi y Daniel Titinger, estuvieron de acuerdo en sostener que el o la lectora del libro no debe de tener ni compasión ni conmiseración frente a los cuentos: “no se debe de tener frente a ellos una actitud paternalista, sino leerlos como lo que son: literatura”, agregó Anselmi.

El segundo premio, obtenido por Juan Alonso Aranda, titulado Hipopótamos, es un cuento que fue categorizado por Titingir como “extraño, verdaderamente extraño”. Ackerman sostuvo que era en realidad un cuento “fantástico”, y quizás, lo que se puede definir es que se trata de literatura, simplemente literatura y de la buena. Todos los textos seleccionados, a juicio de Santiago Roncagliolo, miembro del Jurado, “demuestran la cantidad de talento de los peruanos encerrados”.

Por eso mismo, la absurda decisión de los directivos del Jockey Plaza, tratando de dorar la píldora, fue en realidad una acelerada a fondo de una retahíla de medidas discriminatorias, que felizmente la Ministra de Justicia, Rosario Fernández, y el director de Petro Perú, César Gutiérrez y Leonardo Caparrós, director del INPE, no apoyaron. Muy por el contrario. Por eso mismo, la ceremonia fue de alguna manera un “acto reivindicativo” y un espacio de diversidad y flexibilidad, frente a la autoritaria actitud de quienes están pensando en una tolerancia encajonada, aparentemente correcta, pero profundamente falsa.

                      

La primera foto es la oficial del portal de Petro Perú y la segunda es de Perú21: el Ministro de Energía y Minas, estrecho colaborador de Hubert Lanssiers, le entregó a Alberto Gálvez Olaechea el primer premio y unos libros de Petro Perú (uno de los cuales era el mío, dicho sea de paso).






















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