Procesando el juicio a Fujimori
¿Se pueden asumir las premisas de la psicología y de la psicopatología para concebir los aplausos y rechazos que despiertan los testigos, el inculpado, la defensa, los jueces y los abogados de la parte civil en el llamado "megajuicio" a Alberto Fujimori? Sin duda, la mirada de psicólogos y psicólogas aportaría una entrada diferente, menos jurídica y dura, mucho más analítica e interpretativa, de este proceso que está marcando sin duda alguna la historia nacional.
Precisamente partiendo desde esta perspectiva la organización Paz y Esperanza y uno de sus directores, el excelente y comprometido abogado Germán Vargas, estarán publicando en breve un análisis que realiza un grupo de profesionales de salud mental que acompaña a los familiares de las víctimas de La Cantuta y Barrios Altos. Germán hace las entrevistas y las respuestas están a cargo de Carlos, Nélida, Carmen, Myriam, Giannina y Viviana, psicólogo y psicólogas de los familiares de las víctimas.
Todos los profesionales que narran su experiencia de asistencia al "megajuicio" nos muestran un análisis profundo de los actores del mismo, así como de toda la parafernalia judicial, extremada y rigurosamente ritual, ante la cual se enfrentan los familiares tres veces por semana con gran indiferencia de la opinión pública. Quizás esta ritualidad excesiva "en tiempo real" es lo que agota a un espectador televisivo acostumbrado a las ficciones de quiebres, rupturas y cortes; o a juicios estadounidenses apoyados en jueces únicos y jurados ciudadanos.
De las entrevistas a todos los psicólogos podemos deducir algunos asuntos fundamentales. En primer lugar, que a pesar de todo (lo monocorde, las sesiones larguísimas) es impactante la asistencia al juicio. Me consta porque lo he hecho y he visto en primera fila a Raida Cóndor y Gisela Ortiz, entre otros familiares, en actitud estoica observando detenidamente, mirando como distantes, pero ahí mismo destejiendo los recuerdos y analizando los sucesos para salir luego, mientras los periodistas como tábanos las acosan, a dar su palabra y sus análisis. A dejar sentada su posición. A alzar la voz cuando se enfrentan a mentiras descaradas.
Los entrevistados de este libro coinciden en opinar que cierta tendencia a lo monocorde en el juicio se debe, precisamente, a las mentiras. Porque muchos de los testigos organizan sus discursos sobre una mentira que luego deshilvanan u olvidan, y por lo tanto no pueden regresar sobre ella, y se dedican a darle vueltas y vueltas al asunto, a ese asunto que están recordando pero se niegan a admitir: la verdad que ellos conocen sobre los hechos. Al respecto la entrevistada Myriam Rivera sostiene: "Es claro que no son olvidos sino encubrimientos, amnesia selectiva para proteger actos criminales, para ocultar hechos vergonzosos".
También sostienen que la importancia del megajuicio reside, precisamente, en la reparación moral a los familiares de los asesinados y torturados quienes, en su mayoría mujeres –otro "detalle" a tener en cuenta–, se resisten al olvido y sostienen la memoria que hace justicia.
in embargo, el seguimiento que algunos espacios noticiosos le dan al "megajuicio" nos pone en evidencia como nación: ¿seremos capaces de condenar a un ex presidente que, aún en muchos sectores, se le recuerda y anhela como el padre-padrone de la lucha contra la subversión? La respuesta la tendrá el lector cuando regrese sobre este libro algunos años después, mientras tanto, como sostiene Carlos Jibaja, "el mito" Fujimori está siendo "procesado" –tanto a nivel judicial como psicológico– y este es un hecho histórico sin precedentes.


