¿Quien esta detrás del periodismo nacional?
El cataclismo periodistico de la semana pasada nos ha puesto frente a una realidad cada ves mas dificil pero al mismo tiempo real en toda America Latina: el rol de los duenos de las empresas periodisticas y su papel en los debates publicos. Cuando se habla y estudia el periodismo en el Peru, cuando se dictan los innumerables cursos de las 34 facultades de comunicaciones operativas en todo el territorio nacional, no se menciona casi el papel de los propietarios de los medios de comunicacion. Un papel complejo, de gran responsabilidad y a su vez plausible de todas las arbitrariedades, en tanto que se pueden escudar bajo la armadura de la "propiedad" para la sinrazon, sobre todo, cuando con una decision de directorio pueden contribuir a la democracia o cometer errores irrecuperables en desmedro de sus lectores.
No se, y la verdad no quiero saber los detalles de los "asuntos internos" del grupo El Comercio, casa en la que he trabajado durante varios anhos en los que aprendi muchisimo, anhos dificiles para el Peru que me permitieron entender los mecanismos sutiles del complejo ejercicio de la libertad de opinion, y junto con muchos companeros asumir que todos las secciones del diario pueden ser percibidas como espacios donde se ejerce la "porosidad" del poder (como diria Foucault). No obstante, me parece imprescindible dejar constancia desde esta orilla en la que me siento ideologicamente mas a gusto [me refiero al diario La Republica], la preocupacion que nos ha embargado a muchos sobre el despido –hay que decirlo con todas sus letras– de Augusto Alvarez Rodrich ex director de Peru21.
Por un lado me ha sorprendido gratamente la solidaridad de los columnistas de opinion que ahora se han ido junto con el. Un acto importante, un gesto de acompanamiento imprescindible, pero al mismo tiempo la creacion de un vacio que se deja notar en el diario, en el periodismo y en la necesidad de los lectores de poder tener acceso a lo que podriamos llamar en el Peru "las grandes firmas". Leer el domingo las paginas desabridas de Peru21 despues del "acontecimiento" y en menos de diez minutos fue un acto casi de misericordia. La propuesta de Peru21, un diario que llamo la atencion desde sus inicios para bien y para mal ("por que no se desarrollan las noticias, decian algunos), renovo el panorama periodistico de tal manera que ha sido tambien un incentivo para otros medios, incluyendo el presente. La salida de Augusto Alvarez Rodrich empequenhece el panorama y por lo tanto disminuye esa suerte de competencia que anima a cualquiera que se dedica a este oficio.
Como bien dijo Heduardo, con quien he discrepado publicamente pero a quien tengo aprecio, los petroaudios tambien han permitido saber quien es quien en este momento periodistico cuando se producen los acomodos y re-acomodos (tambien es preciso notar que hay una gran diferencia entre ser columnista y dejar el diario, y ser periodista de planta y dejar el diario, me refiero solo a las consecuencias economicas de tal suceso). Como bien dijo Paola Ugaz, este tema del despido y el cierrafilas de los colaboradores, "nos ha dejado sin algo que nos pertenecia". Lamentablemente una como lectora se da cuenta que en estos temas de propiedad de los medios, de decisiones en beneficio de una empresa cuya materia prima es la "opinion", de sutilezas que involucran intensos juegos de poder, nosotros los lectores no somos nada si seguimos pensando como tuletados, como siervos que no tenemos poder de decision. Cierto poder tenemos: ese malestar que genera, con el tiempo, renovaciones y revoluciones. Y a veces, rencores.
PD. Pido disculpas por la falta de tildes y de otros signos del español como la virgulilla pero no los he podido usar cuando escribí el texto de arriba. Me encontraba en Filadelfia en una pc no muy adecuada y con poco tiempo (igual que ahora). Cuando regrese a Lima haré lo propio para solucionar este asunto.
¿En qué momento escribe?, me pregunta el interno Diego Silva, apodado El Japonés, luego de sacar un papel con cuatro preguntas escritas a mano. Balbuceo largo rato y finalmente, bajo las acacias que nos liberan ligeramente del sol de mediodía, 35 grados a la sombra, me sale un hondo sinceramiento desde lo más íntimo: "Cuando estoy deprimida".
