Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

December 29, 2008

Balance femenino 2008

Filed under: Kolumnas

Las mujeres sobre las que me referí en mis kolumnas durante el año que está pasando.

No me gustan los años pares. Es una superstición muy mía. Absurda como todas las supersticiones, mucho más aun considerando que soy ultra-racional, y no creo en superstición alguna.  Por eso este 2008 ha atravesado su tiempo con lentitud pasmosa, y con sorpresas agradables sin duda, pero en la mayoría, opacas como los reveses de la vida.  Han sido muchos golpes. Sólo me referiré a aquellos vinculados con unas cuantas mujeres.

Personalmente el mayor de todos, a mediados de abril —el mes más cruel como apunta T. S. Eliot—  fue ver a Melissa Patiño como interna de un penal de máxima seguridad. Han pasado muchos meses y recién ahora todos los detenidos acusados de terrorismo internacional se encuentran libres (incluyendo a Roque Gonzalez, el único varón), pero procesados con orden de comparecencia. Hace poco vi a Melissa, nuevamente, en la Feria del Libro, como otra estudiante cualquiera, asistiendo a la presentación de un poemario. Esos son los espacios donde me complace ver a los jóvenes.  Sin embargo, pesa otra amenaza contra públicos dirigentes de izquierda, como Alberto Moreno o César Barreda Bazán, y es una acusación similar que no tiene sentido alguno. Un terrorista internacional, que proyecta acciones militares, no es pues una figura que salga en entrevistas con su foto.

Otros dos acontecimientos, conectados con este primero por distintas válvulas, han sido la salida de la televisión de Cecilia Valenzuela, luego de que año tras año, programa tras programa, fuera acrecentado su cinismo y su soberbia que llegó al paroxismo cuando exhibió “pruebas fehacientes” de la culpabilidad de Melissa Patiño ante cámaras; y por otro lado, aunque casi por las mismas razones de origen —en el sentido de la petulancia y la altivez— el ingreso a la cárcel de Magaly Medina. Al parecer este año 2008 no ha sido tan bueno para la arrogancia televisiva. Pero, la pregunta que a mí me toca profundamente, pues a ambas las he conocido en algún momento lejano de mi trayectoria, es ¿de qué manera el dinero, el poder, las altas esferas y los roces con la brontocracia política, quiebran las intenciones originarias  de dos periodistas que inicialmente fueron audaces y efectivas? Dos mujeres de mi generación, inteligentes ambas, ahora en una situación de precariedad ética. ¿Qué pasó con ellas?, ¿qué no deben pasarle a las jóvenes periodistas que  tientan con el Red Midas del cinismo contemporáneo llamado “poder mediático”?, ¿cómo blindarse ante tanta posibilidad de adulación y sensación orgásmica de poder? Difícil… difícil…

Y hablando de jóvenes, es inevitable recordar, en este momento el protagonismo de Luciana León en los primeros días del escándalo de los petroaudios. Mi defensa pública de su supuesta inocencia me valió una caricatura en El Otorongo —hecha por Alvaro Portales, quien dicho sea de paso, ha sido lamentablemente censurado en el redireccionado Perú21. No obstante que mantengo mi posición, debo admitir que sus vínculos con las actividades non-santas de su padre se encuentran en una zona de neblina que ella debería aclarar. Los discos duros con los miles de correos electrónicos del PCU de León y de la congresista están esperando a un experto en computación que, no sabemos por qué extraños motivos, los jueces del caso no designan como perito. En otras palabras: ¿todo esto va a terminar pasado por agua tibia como un huevo mal hecho? Sería vergonzoso para todos, comenzando por Luciana León, quien sí debe una explicación a esos muchachos electores que, en un gran porcentaje, votaron por ella por creerla “limpia de polvo y paja”.

Y para terminar, aunque se me quedan muchísimos temas en el cartucho de tinta (el centenario de Beauvoir, la liberación de Betancourt, el culo de Leysi sobre la bandera, la zarina anticorrupción destronada, en fin), quisiera mencionar a las cantantes de la cumbia feminista, como Marina Yafac entre otras, cuyas versiones que “empoderan a las mujeres” (aunque salvajemente, hay que admitirlo), dejan en claro que las intercambiables “aguas y almas bellas”, portentos de la cumbia femenina pasiva, sumisa y dominada, están apenas destinadas al culto del macho-alfa, mientras que las otras, nos dan por lo menos un poquito más de pensar a la hora de bailar. ¡Y que viva el 2009, año impar!

December 25, 2008

¿En qué hemos convertido la Navidad?

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Un nacimiento siempre da alegría. Es la constatación exacta de la vida. El nacimiento más emblemático es sin duda el de Cristo, que era llamado Jesús en su niñez, y que es representado por todos los símbolos más tradicionales y estereotipados de occidente, acumulados por los siglos de los siglos. Los "belenes", el pesebre, los niños regordetes y rubios, el pavo inventado por Charles Dickens, y los panetones que casi sólo engullimos los peruanos (en Viena jamás pude encontrar un panetón en Navidad).

Pero como sostiene Alexandro Saco en un artículo, ahora Satanás parece haberse apoderado del espíritu de la Navidad, convirtiendo todo en una ansiedad espantosa por comprar y hacer regalos. Si uno conoce de cerca la experiencia norteamericana de la Navidad, pero sobre todo, de la ansiedad de consumo en los "sales" y las rebajas de los grandes almacenes, se da cuenta del movimiento específico del capitalismo que requiere, para su propia supervivencia, que los productos consumidos sean desechados lo más rápido posible para poder seguir consumiento más. Esta es la lógica que organiza a los almacenes, su publicidad, sus estrategias: la Navidad es el momento de mayores ventas y por lo tanto se organiza todo un tinglado para consumir objetos cada vez más sofisticados, ergo más caros, pero a su vez más rápidos de depreciar. Las ganancias entonces radican en la precariedad, el desecho, la poca duración, el re-cambio de objetos al menor tiempo. Eso lo sabemos todos, sin embargo, seguimos consumiendo.

En el Perú, duplicante tercermundista y a la sombra de los consumidores europeos o americanos, los almacenes desbordan de chucherías inútiles que se convierten en la excusa para el regalo barato. Un objeto de porcelana sin objetivo alguno; un juguete de plástico que se rompe a la primera de espadas; un artefacto mal hecho que se descompone en el primer uso. Nos llenamos de objetos inútiles, pero como no estamos totalmente acostumbrados al consumo y al desecho, no los desechamos, seguimos guardando esos absurdos cachibaches, seguimos llenando nuestras vidas de toda clase de elementos reciclables y almacenables que, nunca pero nunca, vamos a volver a usar.

Esta Navidad no he hecho regalos. En realidad hice uno sólo: unos guayruros para una amiga, para que ella se los lleve a México, con la mejor de las suertes. Y quizás sea una excusa para comprarle un pantalón a mi hija, una camisa a mi marido, un libro para mí misma. A mi ex le regalé un pisco que me regalaron, porque sé que él lo apreciará mejor que yo. Y sí he recibido algunos regalos, varios me han gustado mucho, sobre todo la agenda tan útil para todo el año, pero en la casa de mi tía donde pasamos la Navidad decidimos que nadie le regala a nadie. 

Los regalos son para los niños: para que con sus ojitos abiertos se asombren de una muñeca, un carrito, una bicicleta. Pero no más, y no porque los merezcan o no, sino por la simple sensación de ofrecer gratuidad. No estemos midiendo la reciprocidad todo el tiempo, que es agotador, sino dando sin esperar devolución, que es santidad.

Una de las mejores navidades de mi vida fue la de 1997, cuando no tenía casi un centavo, y un amigo, Santiago Forns, me enseñó a regalar símbolos: compramos pomitos vacíos, con tapa de corcho, en el mercado central y los llenábamos de lentejas (suerte), de shampoo rosado (ternura), de azúcar (dulzura), de arroz (amistad), y así sucesivamente, les envolvíamos cintas de colores, y estaban listos para ser acompañantes de una tarjeta navideña de motivos no navideños: dibujé a mano decenas de tarjetas que llevaban como adorno dibujos a colores y acuarela de las flores de mis macetas (el único modelo que tenía a mano). Hacer cada uno de esos adornos y dibujar las tarjetas para mi familia y amigos, me encantó, me relajó y liberó mi mejor espíritu.

Lamentablemente no he podido repetirla. Quizás porque de alguna manera, no tener dinero despierta el ingenio, y ahora que ando mejor financieramente, me agoto en el peor de los pecados: la ansiedad del multiempleo ansioso para poder pagar los gastos. Y lo que más me falta es tiempo. Y lo que más me sobra es estrés (eso sí, sé que no voy a resolver mi estrés comprandome cosas). En todo caso, y como acto de contricción y esperanza a su vez, espero que el 2009 me dé más paz, menos ansiedad, y prometo dedicarme más a las manualidades y un poco menos a explorar mi ya deslúcido cerebro.

December 21, 2008

Zapatos de destruccion masiva

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Esto no es un zapato: es un arma refinada de alto calibre simbólico. Es una especie de elemento fálico que, con una lanzada, se erige sobre la vanidad occidental para mantenerse suspendido en el aura de la memoria. Es un manuscrito en el aire de un subalterno que ha pergeñado con el elemento que ha podido un acto mínimo de trasgresión. Munthadar – al – Zaidi, el periodista de 29 años que se quitó los zapatos y se los lanzó, uno por uno, a George W. Bush, se ha convertido hoy en día en el héroe de la resistencia iraquí. Un héroe absoluta y rotundamente cultural. Un héroe precario, pero héroe al fin.

¿Para qué puede servir lanzarle un par de zapatos al, todavía, hombre más poderoso del mundo? “La resistencia es legítima por todos los medios, incluyendo el lanzamiento de zapatos” ha dicho el abogado Jaled Dulami, quien está presto a presentar la defensa del periodista. En circunstancias de sometimiento, de “invasión de un país para democratizarlo”, de homogeneidad de la opinión oficial sobre la palpitante inquietud de la gente de a pie, “el lanzamiento” ha servido para ubicar la dignidad de los iraquíes en espacios que, a pesar de toda la tecnología de seguridad, todavía pueden ser trasgredidos.

Un zapato por el aire ha provocado una mezcla de hilaridad y revancha, de ironía y risotada, incluso la sonrisa del propio presidente de los Estados Unidos, pero sobre todo, ha provocado que los iraquíes sientan que hubo un ser humano —“enséñame un verdadero ser humano y lo pondré en el centro del centro de mi corazón” dijo alguna vez Hamlet— que actuó sobre las palabras, que “maldijo” por encima de la autocensura, que irrumpió la parsimonia oficial benevolente y complaciente. El acto no fue espontáneo según ha narrado el hermano del periodista, quien es oriundo de Nasiriya y vive en la calle Rashid de Bagdad, en un departamento lleno de libros en árabe e inglés y cuyo único adorno es una foto del Che Guevara. El zapato lo compró de fabricación iraquí y, desde que lo secuestró un grupo de desconocidos en el año 2007 en pleno centro de Bagdad, había pensado en lanzárselos.

Este caso ha saltado de las tímidas primeras planas —recuérdese la nota del New York Times— para poblar con mucha eficacia los resquicios más libres de la red. Es cierto que los reflejos de George W. Bush fueron rápidos y certeros, y que se libró del zapato con una sonrisa en la boca; no obstante, la imaginación internáutica ha trasformado la acción, convirtiendo la intentona en un golpe virtual, es más, en un juego llamado “el ataque del zapato”. Más allá de la hilaridad y lo lúdico que puede llegar a ser el asunto, como sostiene Mark Woodward, profesor de religiones comparadas de la Universidad de Arizona, “en el mundo árabe la impureza del zapato se puede percibir en muchos sentidos. Por eso mismo, mis estudiantes de Indonesia saben que este ‘lanzamiento del zapato’ puede tener consecuencias más duraderas que un ataque con una bomba. Y además, porque como sabemos, la violencia simbólica puede hacer mucho más daño que la violencia física”.

En todo caso, la violencia simbólica puede ocasionar heridas narcisistas tan duraderas y poderosas que duelen en el cuerpo de toda una nación.

                                                

El medio donde Munthadar-Al-Zaidi trabaja, Al Baghdadia ha iniciado una campaña por su liberación.

December 19, 2008

La máquina de limpiar la nieve*

Ahí suena, con su carraspeo ronco, el motor
En medio de la noche blanca

Opaca con su chirrido los otros ruidos:
Esa incesante música que destilan los caños

El hombre, inmigrante a su pesar, aprieta
El mecanismo y va limpiando el camino

El sendero blanquecino que antes se hundió
Bajo la nieve

El ruido que podría ser insoportable en su monotonía
Es el preludio de un camino limpio

Desde las ventanas amarillentas de los departamentos
Las caras ateridas labran una pequeña sonrisa

Miramos el paso del carro
Los mecanismos misteriosos que permiten la limpieza

Desde nuestras oscuridades también advertimos que se va acumulando
Un hielo frío que al principio parece raspadilla

Imperceptible polvo gélido
Apegado a nuestros cuerpos como goma arábiga

Con los días y el mal tiempo el polvo muda en escarcha
Dura y repulsiva como el hielo derretido en el asfalto

En medio de la oscuridad blanquecina la nieve envuelve
Con su mugre una chalina
 
Tiene que venir el sol, húmedo y tímido,
A veces demora en sacar la cabeza

Es mejor seguir el compás de la máquina
Su música amarilla, su tintineo monótono, su canturreo sordo

Limpiar el camino a la primera nevada
Sacar la lágrima de encima

Evitar la dureza de piedra del témpano
Torcer con suavidad para otro lado la cabeza

Luchar desde un principio y quebrar
Con dulzura lentamente los párpados

Pero nada que equivalga a una humillación.

* Este poema lo escribí hace cinco años cuando vivía en Boston y viajaba mucho a Nueva York. Ahora lo he recordado, con las noticias del cierre de los aeropuertos debido a la tormenta de nieve. La nieve que es tan extraña a nosotros los latinoamericanos, se vuelve, de alguna manera, en un simbolo también de dureza y sobrevivencia. La foto es de aquí.

December 16, 2008

Los niños y los derechos humanos

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December 14, 2008

Homenaje a Susana Reisz

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Mañana lunes 15 de diciembre de 2008 se realizará un homenaje a la profesora y crítica literaria en la Feria del Libro de Miraflores.

Yo había escuchado hablar de Susana Reisz hace muchísimos años, cuando era estudiante sanmarquina, como una profesora rigurosa y experta en teoría literaria. De hecho su primer libro, que lleva el tímido título de Teoría literaria. Una propuesta es una revisión y análisis crítico de las principales teorías al momento, y fue una lectura obligatoria para muchos de nosotros que empezábamos a empecinarnos por la literatura. Luego supe que se fue del país y que un cambio radical en su vida se había suscitado.

Al margen de lo personal, todo deslizamiento de esta índole lleva un correlato en los intereses profesionales, sobre todo cuando se trabaja con la cultura, con las emociones. Sin duda la profesora Reisz, graduada en la Universidad de Heidelberg en Filología Clásica, había hecho un gran deslizamiento teórico al encontrarse con otra manera de entender el mundo: y no me refiero sólo a sus lecturas del crítico ruso Mijail Bajtín, o a su ejercicio como profesora en The City University of New York (CUNY), sino sobre todo, a su encuentro con la literatura escrita por mujeres y con la teoría literaria feminista.

Ella lo narra de manera certeza en la introducción a su segundo libro: “Este libro creció con muy poco esfuerzo […] Su historia comenzó cuando yo todavía vivía en Lima y firmaba mis libros y mis artículos como Susana Reisz de Rivarola. Mi interés por la literatura femenina era entonces bastante moderado […] Mi primera incursión en este terreno nuevo para mí fue un estudios sobre la poesía de Susana Thénon […] A partir de ese momento la criatura siguió creciendo por su cuenta. Sin casi advertirlo, mis intereses y mis preocupaciones se fueron inclinando en una misma dirección […] y ya no pude detenerme”.

Esa mezcla poderosa de curiosidad y a su vez de rigurosidad académica permitió que la adhesión a nuevos enfoques teóricos de parte de Reisz no sea sólo un juego de luces de Bengala. A diferencia de las modas de la academia norteamericana, que cambian como viran los vientos, el interés de Reisz se mantuvo coherente aunque es preciso decir que el deslizamiento epistemológico fue tremendo. En otras palabras: a nivel del conocimiento podría aproximarse a algo así como un cambio en el eje de la tierra. ¿Por qué? Porque para Reisz esa objetividad científica de una ciencia de la crítica, por la que apostó en su primer libro, había dejado ver el forro descosido de sus entrañas, de hecho, marcado por el androcentrismo de casi toda actividad humana. 

Es entonces que Reisz pasa a un acercamiento subjetivo a los textos literarios, desde una posición política comprometida con las minorías, y desde una perspectiva que ya no encajaba con la objetividad científica: “obviamente aferrarse a la teoría recia, rígida y dogmática, monológica en un medio periférico que debería sacar mucho más provecho de su posibilidad de movilidad, de su posibilidad de dialogismo plural, es un poquito retrógrado”. Reisz apuesta en serio por los nuevos enfoques teóricos, se deja seducir por las lecturas de Luce Irigaray y otras feministas francesas, y por las nuevas posibilidades de miradas transversales de filósofos post-estructuralistas que hablan de la fuerza subversiva de una “literatura menor”. Entonces hace algo más radical: estudia a las mujeres. A las ninguneadas Isabel Allende o Angeles Mastretta, a las poetas poco conocidas como Susana Thénon o Ana Rossetti, o en nuestro país, se dedica a analizar las marcas de género de los libros de Giovanna Pollarolo, por citar a una. Ese giro interno se convirtió en el libro Voces sexuadas, un texto radical, diferente, audaz y, sobre todo, un camino abierto a trocha con hígado, corazón y cerebro, para que quienes lleguemos después,  lo podamos transitar con menos lobos en el bosque, y más certezas.

Personalmente su libro, cuyo diálogo duramente crítico con mi propia obra “me perturbó”, permitió que “abriera los ojos” para entender que la honestidad intelectual es algo que duele mucho, pero que se agradece todavía más; aunque generalmente es mal reconocida, y olvidada por el resto con gran facilidad. Por eso un homenaje a esta maestra es un reconocimiento mínimo por parte de quienes podemos considerarnos sus discípulos. Hace pocos meses Julio Ortega en la Universidad de Brown hizo lo propio, ahora toca a los discípulos peruanos poner aunque sea un grano de arena en el reconocimiento de una intelectual valiente, creativa y muy disciplinada.

December 7, 2008

Feminicidios

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Cuadro de Frida Kahlo.

Una muchacha que viene de Chiapas y que pretende cruzar la frontera a Estados Unidos. Un hombre que maneja una camioneta cuatro por cuatro que ejerce de macho al peor estilo mexicano. La muchacha se ve atrapada por este policía corrupto. Ella tiene miedo y apenas es una adolescente (dieciséis años o algo así). El hombre la emplaza, y ella se le ofrece. La primera línea del diálogo es tremenda: “Si Sandra también es nombre de puta, ¿por qué te los has cambiado?”. Se trata del primer contacto entre un policía mafioso que va a ejercer todo su poder sobre el precario cuerpo de esta chica que huye de la miseria. Esta es la trama del impactante corto titulado El otro sueño americano de Enrique Arroyo, ganador de decenas de premios de distintos festivales de cine, incluyendo la 27 edición del prestigioso Festival del cortometraje de Clermont-Ferrand, conocido como el "Cannes del corto".

El corto narra una historia tremenda que, lamentablemente, no se basa en la ficción: la comercialización de mujeres en la frontera entre Estados Unidos y México, realizada por funcionarios corruptos, intermediarios sin escrúpulos y clientes (muchas veces estadounidenses) que buscan placeres perversos. Otro diálogo tremendo del corto, entre el policía corrupto que ha esposado y golpeado a la joven chiapaneca y el intermediario estadounidense —un fumón ex soldado— que tiene una especie de “hotel de juegos perversos”, es el siguiente:

— ¿Tienes clientes?

— Qué indecisión perro cabrón

— O sea que no…

— No te preocupes… tengo unos locos de Tejas, unos güeros grandotes… billeteee, eh… que no la quieren coger ahora dicen, la quieren descarnaaaar… pinches locos… ¿hacemos negocio?

El corto muestra de manera fortísima la realidad dura de muchas mujeres que son asesinadas por el simple hecho de ser mujeres. A esta figura que ha adquirido dramáticamente relevancia en los últimos años se le denomina feminicidio. El feminicidio no es sólo un acto delictivo aislado; se trata de una política de ejercici del sometimiento a la mujer a través de su estrategia más radical: el asesinato. Para algunas autoras mexicanas las mujeres de la frontera entre estos dos enormes países y que poseen entre 15 y 44 años, tienen mayor probabilidad de ser mutiladas o asesinadas por hombres que de morir de cáncer, malaria, accidentes de tráfico o guerra combinados. Estas mentalidades que piensan en las mujeres como desechos están organizadas a partir de muchas justificaciones: la peor de todas es la supremacía del varón.

De hecho los cientos de muertas de Ciudad Juárez, que además siguen muriendo frente a los ojos de las autoridades mexicanas y pese a la solidaridad de muchas mujeres y hombres de todo el planeta, pueden ser consideradas muertas por feminicidio cuando se les tortura, viola y asesina sólo por competencias entre varones, por cumplir con ritos de iniciación de los carteles de la droga o porque simplemente se quiere gozar de forma depravada de ver un cuerpo frágil, joven y bello… masacrado. Otros elementos que componen el feminicidio es el silencio, la omisión y la negligencia de las autoridades por hacer muy poco para investigar estos crímenes. En otras palabras: no se trata tan sólo de un asesinato por “crimen pasional” o un homicidio por celos: se trata de una manera de entender la violencia como legítima cuando los hombres la ejercen sobre “sus” mujeres. Por eso mismo la Comisión ad hoc del congreso mexicano sostiene que “hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad, en la casa, ni en los espacios de trabajo de tránsito o de esparcimiento. Más aún, cuando las autoridades no realizan con eficiencia sus funciones. Por eso el feminicidio es un crimen de Estado”. Esta idea central sobre el feminicidio es algo que se debe de tener en consideración para abordarlo.

Recordemos el espantoso cuadro en el cual Frida Kahlo, “Unos cuantos piquetitos”, muestra de forma desgarradora un antecedente del feminicidio. Kahlo cuenta que le dio ese título porque esas fueron las palabras que utilizó el asesino para justificarse: “ella me saco la vuelta y yo sólo le di unos cuantos piquetitos”.

Arcángel

¿Qué pecado he cometido contra ti, mi ángel?

Lo sé: ensucié el camino que se abría limpio bajo nuestras manos entrelazadas. Te decepcioné. Te hice bajar los ojos y alzar la guardia. Y cojo una piedra para tocar con ella mi corazón: por mi culpa, por mi gran culpa– Porque una indecisión odiosa hizo que se empantanará la decisión de ser tu amor, mi amor.

Eres como el vidrio de mi ventana (me lo has dicho) ligeramente oscuro pero siempre transparente. Por eso te decía: sé que me quieres cuando aún tus labios no pronunciaban la espléndida palabra. ¿Y yo? ¿Qué opacidad hay en mí que requiere de inmediato ser lavada a fuego? Tus manos redondas, de uñas pequeñísimas, son esa extensión de seda que suavemente me empuja a sentirme por dentro y a calmar esa ansiedad siniestra que se abre camino con mis vísceras y mis lamentos.

Y yo las beso, tus manos, luego las calmo, y las envuelvo con estos besos opacos de mi boca.

Y luego rezo, ante mi Dios, elevo algunas plegarias para que te cuide mi ángel de la noche porque esta ciudad se cierra como la cacha de un arma caliente.

Y rezo para que me perdones.

Rezo para que por fin ese hombre bueno que eres y esta mujer medio perdida que soy, nos encontremos, nos enlacemos, nos volvamos una sola carne.

Dime, amor-que-espero-desde-siempre,

Dime mi arcángel, dime, dime

Dime lo que quiero escuchar nuevamente de tu boca:

Esa palabra que anula a las demás palabras

Esa palabra que murmuraste mientras nuestras sangres y nuestros almas se fusionaban en un magma ardiendo.

Repítemela. Grítala mientras te contemplo.






















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