Feminicidios
Cuadro de Frida Kahlo.
Una muchacha que viene de Chiapas y que pretende cruzar la frontera a Estados Unidos. Un hombre que maneja una camioneta cuatro por cuatro que ejerce de macho al peor estilo mexicano. La muchacha se ve atrapada por este policía corrupto. Ella tiene miedo y apenas es una adolescente (dieciséis años o algo así). El hombre la emplaza, y ella se le ofrece. La primera línea del diálogo es tremenda: “Si Sandra también es nombre de puta, ¿por qué te los has cambiado?”. Se trata del primer contacto entre un policía mafioso que va a ejercer todo su poder sobre el precario cuerpo de esta chica que huye de la miseria. Esta es la trama del impactante corto titulado El otro sueño americano de Enrique Arroyo, ganador de decenas de premios de distintos festivales de cine, incluyendo la 27 edición del prestigioso Festival del cortometraje de Clermont-Ferrand, conocido como el "Cannes del corto".
El corto narra una historia tremenda que, lamentablemente, no se basa en la ficción: la comercialización de mujeres en la frontera entre Estados Unidos y México, realizada por funcionarios corruptos, intermediarios sin escrúpulos y clientes (muchas veces estadounidenses) que buscan placeres perversos. Otro diálogo tremendo del corto, entre el policía corrupto que ha esposado y golpeado a la joven chiapaneca y el intermediario estadounidense —un fumón ex soldado— que tiene una especie de “hotel de juegos perversos”, es el siguiente:
— ¿Tienes clientes?
— Qué indecisión perro cabrón
— O sea que no…
— No te preocupes… tengo unos locos de Tejas, unos güeros grandotes… billeteee, eh… que no la quieren coger ahora dicen, la quieren descarnaaaar… pinches locos… ¿hacemos negocio?
El corto muestra de manera fortísima la realidad dura de muchas mujeres que son asesinadas por el simple hecho de ser mujeres. A esta figura que ha adquirido dramáticamente relevancia en los últimos años se le denomina feminicidio. El feminicidio no es sólo un acto delictivo aislado; se trata de una política de ejercici del sometimiento a la mujer a través de su estrategia más radical: el asesinato. Para algunas autoras mexicanas las mujeres de la frontera entre estos dos enormes países y que poseen entre 15 y 44 años, tienen mayor probabilidad de ser mutiladas o asesinadas por hombres que de morir de cáncer, malaria, accidentes de tráfico o guerra combinados. Estas mentalidades que piensan en las mujeres como desechos están organizadas a partir de muchas justificaciones: la peor de todas es la supremacía del varón.
De hecho los cientos de muertas de Ciudad Juárez, que además siguen muriendo frente a los ojos de las autoridades mexicanas y pese a la solidaridad de muchas mujeres y hombres de todo el planeta, pueden ser consideradas muertas por feminicidio cuando se les tortura, viola y asesina sólo por competencias entre varones, por cumplir con ritos de iniciación de los carteles de la droga o porque simplemente se quiere gozar de forma depravada de ver un cuerpo frágil, joven y bello… masacrado. Otros elementos que componen el feminicidio es el silencio, la omisión y la negligencia de las autoridades por hacer muy poco para investigar estos crímenes. En otras palabras: no se trata tan sólo de un asesinato por “crimen pasional” o un homicidio por celos: se trata de una manera de entender la violencia como legítima cuando los hombres la ejercen sobre “sus” mujeres. Por eso mismo la Comisión ad hoc del congreso mexicano sostiene que “hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad, en la casa, ni en los espacios de trabajo de tránsito o de esparcimiento. Más aún, cuando las autoridades no realizan con eficiencia sus funciones. Por eso el feminicidio es un crimen de Estado”. Esta idea central sobre el feminicidio es algo que se debe de tener en consideración para abordarlo.
Recordemos el espantoso cuadro en el cual Frida Kahlo, “Unos cuantos piquetitos”, muestra de forma desgarradora un antecedente del feminicidio. Kahlo cuenta que le dio ese título porque esas fueron las palabras que utilizó el asesino para justificarse: “ella me saco la vuelta y yo sólo le di unos cuantos piquetitos”.


