Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

December 14, 2008

Homenaje a Susana Reisz

Filed under: Kolumnas

Mañana lunes 15 de diciembre de 2008 se realizará un homenaje a la profesora y crítica literaria en la Feria del Libro de Miraflores.

Yo había escuchado hablar de Susana Reisz hace muchísimos años, cuando era estudiante sanmarquina, como una profesora rigurosa y experta en teoría literaria. De hecho su primer libro, que lleva el tímido título de Teoría literaria. Una propuesta es una revisión y análisis crítico de las principales teorías al momento, y fue una lectura obligatoria para muchos de nosotros que empezábamos a empecinarnos por la literatura. Luego supe que se fue del país y que un cambio radical en su vida se había suscitado.

Al margen de lo personal, todo deslizamiento de esta índole lleva un correlato en los intereses profesionales, sobre todo cuando se trabaja con la cultura, con las emociones. Sin duda la profesora Reisz, graduada en la Universidad de Heidelberg en Filología Clásica, había hecho un gran deslizamiento teórico al encontrarse con otra manera de entender el mundo: y no me refiero sólo a sus lecturas del crítico ruso Mijail Bajtín, o a su ejercicio como profesora en The City University of New York (CUNY), sino sobre todo, a su encuentro con la literatura escrita por mujeres y con la teoría literaria feminista.

Ella lo narra de manera certeza en la introducción a su segundo libro: “Este libro creció con muy poco esfuerzo […] Su historia comenzó cuando yo todavía vivía en Lima y firmaba mis libros y mis artículos como Susana Reisz de Rivarola. Mi interés por la literatura femenina era entonces bastante moderado […] Mi primera incursión en este terreno nuevo para mí fue un estudios sobre la poesía de Susana Thénon […] A partir de ese momento la criatura siguió creciendo por su cuenta. Sin casi advertirlo, mis intereses y mis preocupaciones se fueron inclinando en una misma dirección […] y ya no pude detenerme”.

Esa mezcla poderosa de curiosidad y a su vez de rigurosidad académica permitió que la adhesión a nuevos enfoques teóricos de parte de Reisz no sea sólo un juego de luces de Bengala. A diferencia de las modas de la academia norteamericana, que cambian como viran los vientos, el interés de Reisz se mantuvo coherente aunque es preciso decir que el deslizamiento epistemológico fue tremendo. En otras palabras: a nivel del conocimiento podría aproximarse a algo así como un cambio en el eje de la tierra. ¿Por qué? Porque para Reisz esa objetividad científica de una ciencia de la crítica, por la que apostó en su primer libro, había dejado ver el forro descosido de sus entrañas, de hecho, marcado por el androcentrismo de casi toda actividad humana. 

Es entonces que Reisz pasa a un acercamiento subjetivo a los textos literarios, desde una posición política comprometida con las minorías, y desde una perspectiva que ya no encajaba con la objetividad científica: “obviamente aferrarse a la teoría recia, rígida y dogmática, monológica en un medio periférico que debería sacar mucho más provecho de su posibilidad de movilidad, de su posibilidad de dialogismo plural, es un poquito retrógrado”. Reisz apuesta en serio por los nuevos enfoques teóricos, se deja seducir por las lecturas de Luce Irigaray y otras feministas francesas, y por las nuevas posibilidades de miradas transversales de filósofos post-estructuralistas que hablan de la fuerza subversiva de una “literatura menor”. Entonces hace algo más radical: estudia a las mujeres. A las ninguneadas Isabel Allende o Angeles Mastretta, a las poetas poco conocidas como Susana Thénon o Ana Rossetti, o en nuestro país, se dedica a analizar las marcas de género de los libros de Giovanna Pollarolo, por citar a una. Ese giro interno se convirtió en el libro Voces sexuadas, un texto radical, diferente, audaz y, sobre todo, un camino abierto a trocha con hígado, corazón y cerebro, para que quienes lleguemos después,  lo podamos transitar con menos lobos en el bosque, y más certezas.

Personalmente su libro, cuyo diálogo duramente crítico con mi propia obra “me perturbó”, permitió que “abriera los ojos” para entender que la honestidad intelectual es algo que duele mucho, pero que se agradece todavía más; aunque generalmente es mal reconocida, y olvidada por el resto con gran facilidad. Por eso un homenaje a esta maestra es un reconocimiento mínimo por parte de quienes podemos considerarnos sus discípulos. Hace pocos meses Julio Ortega en la Universidad de Brown hizo lo propio, ahora toca a los discípulos peruanos poner aunque sea un grano de arena en el reconocimiento de una intelectual valiente, creativa y muy disciplinada.

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