Mujeres valientes
Generalmente el valor de la valentía se ha vinculado a los hombres. Ha sido en las guerras, los espacios masculinos por excelencia, donde la valentía y el arrojo, el coraje y el pundonor, se ponían en juego no solo en la lucha contra los enemigos, sino sobre todo, en la confraternidad entre los pares. Arriesgar la vida por otro ha sido una de las mayores muestras de valentía de todos los tiempos: más aún si se trata de las vidas abstractas que pertenecían a la nación que el valiente protegía. Por eso los grandes cantos al valor de los guerreros, comenzando por la Iliada y su construcción del héroe homérico perfecto, Aquiles, o también el Cid Campeador, Beowulf, Roldán, hasta los héroes desgastados de los principios de la modernidad, como el mismo Don Quijote de la Mancha, que dentro de su locura, se arrogaba todo el tiempo actitudes de un valiente que no le servían para nada… y terminando, por supuesto, en los superhombres de hoy en día que requieren de “añadidos especiales” para poder comportarse como valientes, tal es el caso de Superman o el Hombre Araña.
Pero, ¿y las mujeres valientes? Desde Atenea, la de los ojos de lechuza, hasta Wonder Woman, muchas mujeres valientes han poblado la historia y los mitos, aunque han sido las menos, es cierto, pues para los contadores de historias el valor de la mujer se ha centrado en la crianza o en el cuidado. No obstante, hasta los evangelios incluyen entre sus historias a mujeres valientes como Esther, quien dijo cuando se presentó ante Asuero sin ser llamada, “que perezca si perezco”; o mujeres sencillas que azuzadas por una fe inquebrantable llegaron a usar incluso las armas y comandar ejércitos, como Juana de Arco, quien por mantenerse en su palabra murió finalmente en la hoguera. La valentía también se ha centrado en historias de madres que han luchado tenazmente por buscar a sus hijos, y esta valentía por ejemplo la hemos visto al escuchar los numerosos relatos de la Comisión de la Verdad de madres que, cubiertas de polvo y pena, han vagado de comisaría en comisaría buscando las señas de sus hijos. El caso de Mamá Angélica, Angélica Mendoza de Ascarza, quien no solo busco a su hijo, sino que incluso fundó una asociación para que otras madres como ella puedan hacer lo propio sin pasar por sus penurias.
Pero en estos últimos tiempos hemos venido también asistiendo ante otra suerte de mujeres valientes: aquellas abogadas que por encontrarse en diferentes cargos públicos —cargos que no a todos los abogados les hacen gracia, muy por el contrario— han tenido que enfrentar con las faldas bien puestas a corruptos, narcotraficantes, argolleros, políticos de mala laya, y todo tipo de intromisiones en sus funciones, incluso de parte de sus propios pares. Me refiero, por ejemplo, a mujeres valientes como Inés Villa Bonilla, Inés Tello de Ñecco o Hilda Piedra Rojas, quienes dictaron sentencia contra los miembros del Grupo Colina, e incluso la jueza Villa Bonilla también sentenció, sin que le tiemble la mano, a los Wolfenson, a Adrókino Lucsik y al mismo Vladimiro Montesinos, por casos de corrupción. La propia Carolina Lizárraga, que lamentablemente e imaginamos que debido a su buena voluntad, se vio envuelta en una oficina que no tuvo posibilidades de acometer su objetivo, también es una mujer valiente que no supo calcular los tejes y manejes de la precariedad política nuestra de cada día.
Por eso mismo, este acto contra la Fiscal de la Nación Gladys Echaíz —que dicho sea de paso mandó a Maynas a la valientísima fiscal Luz Loayza— y la reacción que ella ha tenido posterior al hecho, han sido verdaderamente expresiones de una dignidad que nuestro país merece tener de una buena vez, y sobre todo, merece que los otros funcionarios públicos imiten. Se puede discrepar de sus decisiones o no, pero no se puede dejar de admirar el coraje de una persona que siente que ese puesto la dignifica. Muy por el contrario de lo que sucedió con Ingrid Suárez, quien es de alguna manera un resultado concreto del sistema de mendacidad en el que hemos caído. Felizmente, junto con hombres y mujeres mentirosos, también están los otros, los trasparente que con coraje nos enseñan que cumplir con una función, así de simple, ya es casi ser un héroe o una heroína.
Esta kolumna fue publicada el domingo 8 de febrero de 2008 en La República.



La valentía y heroísmo son practicados por ambos géneros a través de toda la historia, cuantas no han sido las mujeres que se han inmolado para salvar a sus familias, pueblos, amados? La valentía se da en personas que tienen un sentido de valores tan alto que la muerte no es un precio alto a pagar.
Comment by Inkakiev — February 10, 2009 @ 6:45 pm
Definitivamente mujeres valientes no han faltado, solamente que la historia no las menciona tanto como a los hombres … a ellas no se les dedica estudios tan extensos como a ellos … pero poco a poco, al menos en la actualidad se toma más conciencia al respecto.
Aunque claro entre las mujeres valientes no solamente estan las madres que buscaban hijos perdidos o mujeres empujadas por un fuerte misticismo, también estaban aquellas que defendian naciones (como Boudica que se enfrentó a los romanos) o tambien se podría mencionar a las ninjas mujeres (kunoichi) del antiguo Japón, eran espias, quizas casi siempre actuaban al margen de la ley, pero eran tan diestras y valientes como cualquier hombre … y claro las valientes a nivel intelectual como las primeras universitarias.
Interesante post! Un saludo.
Comment by Minerva — February 13, 2009 @ 9:55 pm