Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

February 16, 2009

La mendacidad, ja ja

Filed under: Kolumnas

No, acalorado lector o lectora, no ha leído Ud. mal, ni se ha equivocado nuestro corrector. No voy a hablar de mendicidad, sino de mendacidad que, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, es el hábito o la costumbre de mentir. Se trata por supuesto de una costumbre tradicional entre los políticos de todo el orbe, pero que debería producir escozor y repulsión entre las personas veraces. Dada la alta tolerancia a la mentira en sociedades como la nuestra, al parecer se trata de una costumbre que anida en el corazón de todos los peruanos.

Y esto, claro, a propósito de esa fotocopia trucada con el título de ingeniero que la postulante a contralor Ingrid Suárez fraguó con, hay que decirlo, perfidia, alevosía y ventaja. ¡¡¡¿Cómo es posible que haya presentado ese título al concurso?!!!! O era muy tonta, o se había creído su propia mentira. Y ese es el problema que surge para el propio ser humano mendaz, para el mentiroso-mentiroso, que finalmente terminan asumiendo que sus historias de fantasía son reales.  Y mea culpa, y tuya también lector o lectora, porque si no es así ¡qué levante la mano el que no ha mentido!

Todos mentimos. Es cierto. Pero una cosa es mentir con la conciencia de que se está cometiendo una falta y otra es mentir de tal manera que no se tiene conciencia de nada. Mentir sin reparos, mentir sin asco.  El teólogo Hans Kung sostiene que la mentira “es una afirmación que no coincide con la opinión de la persona que la hace y que pretende engañar a otros en beneficio personal”. Por eso aquí Kung no se refiere a las mentiras piadosas, ni a las mentiras humorísticas, ni a las falsedades efímeras, sino a la mentira sostenida, deliberada, voluntariamente planteada y poderosamente dañina. Además, no se trata de una, sino de un tinglado de mentiras para sostener la inicial, ya lo decía Martín Lutero “se requieren siete mentiras más, aparte de la primera, para acercarse ligeramente a un falseamiento óptimo de la verdad”.

Pero una situación aún peor es ya no la del mentiroso o mentirosa con conciencia moral, sino del mendaz. Como sostiene el extraordinario filósofo austriaco Aurel Kolnai, la mendacidad “no es ni un mero acontecer de mentiras en un ser humano, ni aún menos una propensión a engañarse a sí mismo o a un decir mentiras ya patológico —que sería la mitomanía— sino una indiferencia interna respecto a lo verdadero y lo falso, a causa de la cual se miente uno incluso a sí mismo”.

La mendacidad se da cuando alguien dice algo completamente falso sin conmoverse internamente: sin darse cuenta de aquello que le da a la mentira su nota de asquerosidad, que es —y seguimos con Kolnai— “su agresividad oculta, escurridiza y sinuosa, a modo de la de los gusanos y culebras”. Se trata de algo hostil pero no directo, una agresividad cobarde que se esconde en actitudes oblicuas, pero que penetran en la proximidad del receptor de esas mentiras. Kolnai sostiene que el receptor de la mentira, al darse cuenta de la misma, siente repulsión ante esa proximidad: le enerva esa sensación de cercanía ante algo contaminado por la falsedad voluntaria. El gran problema de nuestro país es que hemos perdido esa capacidad de indignación y de asco, de repulsión positiva, ante la mendacidad y los seres humanos mendaces.

Por eso la reacción ante la maquinaria de mentiras de Ingrid Suárez ha sido no de asco o de repulsión, aunque en algunos pocos casos de indignación; la reacción general ha sido de humor, de constatación de una falsedad absurda, de otra ironía más de nuestra condición de subdesarrollados morales: ¡una candidata a contralora que miente desde el arranque! Una historia más de este Macondo-Perucho, otra raya más al tigre del tercermundismo. Si percibimos nuestra condición de peruanos desde esta blandura moral, ¿en qué nos estamos convirtiendo?

Esta kolumna fue publicada el domingo 15 de febrero de 2008 en La República.

6 Comments »

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  1. Hola Rocío:

    muy bueno tu articulo, no hay mucho creo que acotar, empujar si, al esfuerzo de hacer renacer entre nosotros la capacidad de indignación y de que esta se convierta en una plataforma desde la cual pensemos las cosas y sobretodo reflexionemos a la hora de dar nuestro voto, ya que dichas las cosas, vivimos ahora en una putrefacción moral de nuestros dirigentes y políticos todos, putrefacción que nos alcanza a todos, por nuestro silencio e incapacidad de indignación.

    Otra cosa y ya en plan de hacer una critica constructiva al articulo, y es que comunicador soy, me parece un poco tendenciosa la imagen del articulo, (imagino que eres tu y que tienes ese huaq’ollo puesto como una mascara), pero su sentido real no es él de una mascara, no al menos en el sentido que tenemos de las mascaras que usamos cuando hemos de mentir u ocultarnos.

    Ese huaq’ollo, que no mascara, sirve para la caracterización de un personaje fascinante, que es el Ukuku, aunque también uno lo puede ver en las danzas del qapaq qolla y otras del Cusco y en general de los andes todos, cuando el danzarín se pone este complemento de su traje, no esta poniéndose una mascara con la que podrá esconder sus intenciones, sino que esta encarnando un personaje que ha de poseerlo completamente, por lo tanto no oculta, si no muestra otra perspectiva de su existencia.

    Lo cual me recuerda un coloquio en el que se presento un mexicano simpatizante del sub-comandante marcos, el cual llevaba un pasamontañas en su presentación, por lo que fue interpelado por alguno del publico, a lo que el respondió que él, que mostraba ese símbolo de rebeldía y lucha, era probablemente el único que no utilizaba una mascara en ese auditorio, puesto que nuestros rostros se han convertido en paramos citadinos, ya que con ellos no decimos nada respecto a nosotros mismos y más bien ocultamos y nos acomodamos al sistema de cosas que nos plantean desde fuera y que seguimos como sumisos colonizados.

    En fin, pan para rebanar.

    Comment by Walter Aparicio — February 17, 2009 @ 7:41 am

  2. Muchas gracias por los comentarios y por la información sobre el ukukus. Es cierto, quizás la imagen no revela verdaderamente el tema del que estoy hablando. Voy a buscar otra. La puse porque en realidad me encanta. Pero tienes razón en el sentido de que en el mundo andino esa máscara no es para esconder, sino para “encarnar” una alteridad. La máscara por lo tanto no miente, sino que dice desde otro sujeto.

    Comment by Rocio Silva Santisteban — February 17, 2009 @ 8:15 am

  3. Mentir: Yo miento, tú mientes, ella miente, etc. Todos mentimos. Hace poco leía en wikipedia una biografía que estaba llena de mentiras maso como la de esta postulante y me preguntaba sobre las ventajas y desventajas de decir la verdad.

    Comment by bajoeldesierto — February 17, 2009 @ 9:17 am

  4. Creo que llamar a la mentira “una costumbre nacional” porque “se anida en el corazón de TODOS los peruanos”, a la vez de exageración, es un insulto.

    Con su lógica moralista hay que meterle palo por la cabeza a esta pobre mitómana, Ingrid Suárez, que no ha hecho otra cosa que, -según usted- hacen TODOS los peruanos: mentir.

    Entonces, cuál es el lío..?

    ¿Es que fue ‘ingenua’ y no la supo hacer..?

    ¿Sabe por qué la prensa sensacionalista le ha y van a caerle encima a esta pobre mujer, luego de guardar precavido y sospechoso silencio mientras muy pocos, (uno o dos PERIODISTAS) durante semanas denunciaban su patraña…?

    Repito: ¿Sabe por qué hay que hacer añicos a esta mequetrefe..?

    Porque no tiene padrinos..! Así de simple e hipócrita.

    Porque Ingrid Suárez es una cualquiera. A pesar, cierto, de haber estado confabulada con burócratas amigas de altas cualidades e inclusive de pelos en el pecho.

    Si esta mentirosa se apellidara, por ejemplo, Nores, Cunza, Nava o Morales Bermúdez, ¿los periodistas la acosarían con la guadaña como lo vienen haciendo..?

    Usted dice:

    “Todos mentimos. Es cierto. Pero una cosa es mentir con la conciencia de que se está cometiendo una falta y otra es mentir de tal manera que no se tiene conciencia de nada. Mentir sin reparos, mentir sin asco”.

    - Ayayayayyyy

    Con escalofriante “admisión” ¿hablar de “mentirosos” no le parece un exceso..?

    Y si no es un exceso, ¿no cree que hay una dosis alta de hipocresía..?

    Para que no quepan dudas, usted desafía:

    “¡Que levante la mano el que no ha mentido!”

    W O W . . . ! ! !

    Para no faltar a la verdad no es necesario leer tanto autor ni entramparse en mucha filosofía, como recomienda en su nota. Se trata simplemente de enseñar a los niños a ser honestos, meterles en sus cabecitas que son personas plausibles de errar y deben aprender a admitir las faltas y fallas que no van a faltar en la vida cotidiana, eso es todo.

    Cuando leo a algunos de nuestros periodistas, no a todos afortunadamente, hablando sobre mendacidad, moral, deontología, axiología, ética, el dedo meñique y las manos en el plato de lentejas, me viene a la mente un comercial de la televisión alemana donde se ve a un egoísta disfrutando sólo en su inmensa piscina: nadando de frente, de costado y espalda, haciendo en una de sus zambullidas la “ballena”, es decir, tragando abundante agua para luego en posición de “muertito” lanzarla por la boca hacia arriba emulando a una ballena. El goce del nadador termina al escuchar el llamado del teléfono celular. Apurado nuestro campeón nada hecho un delfín al borde de la pileta y atiende el aparato: se trata de un mensaje “URGENTE” (un video); de inmediato presiona el botón correspondiente y ve en la pequeña pantalla a un grupo de jóvenes orinando en la piscina en la que él ahora disfruta un chapuzón.

    No se porqué, pero así veo a la mayoría de periodistas de los distintos medios de comunicación, nadando a sus anchas y en múltiples estilos, zambulléndose como bufeos en la piscina contaminada y haciendo interminablemente la “ballena”.

    Terry

    Comment by Terry — February 17, 2009 @ 11:00 am

  5. Yo si he entenido claramente el sentido de tu post y comparto la misma indignación ante la sensación general de impunidad frente a la mentira.El engaño ya no es un acto individual y discrecional sino más bien una de las columnas sobre las que se sostiene nuestro proyecto de sociedad.Miente el presidente,los congresistas,los alcaldes,los políticos,los ministros,los periodistas y cualquier persona que tiene una importancia mínima pues no existe posibilidad de supervivencia alguna si es que nos acostumbramos a decir solamente la verdad.

    Justo acabo de publicar un post sobre una flagrante mentira disfrazada de reportaje.Cual será entonces Rocío la solución a todo esto? Denunciar todos estos contrabando so pena de ser excluídos del sistema? O administrar cuidadosamente nuestras verdades a fin de contentar al sistema y a nuestro fuero interno?

    Que contradictorio no? Que a un muno de incertidumbres nosotros cooperemos con nuestra cuota inmensa de mentiras.

    Saludos

    Jorge

    Comment by Jorge — February 23, 2009 @ 1:58 pm

  6. Me ha tocado varios nervios la columna. Tienes razón que levante la mano quien no ha mentido. Pero da mas pena cuando “Mentimos con Honestidad”. O es que llega un momento en el que nuestras consciencias se duermen, o se creen las fantasías que creamos? La llaman consciencia laxa o relajada.

    Lo mas curioso: los que mienten mas son los que desean aun mas que se les diga la verdad.

    Comment by Vilo — February 23, 2009 @ 5:35 pm

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