Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

April 29, 2009

Ay, ciudad letrada

Filed under: Kolumnas

A estas alturas todos los peruanos sabemos del lío sobre las faltas ortográficas de la congresista Hilaria Supa, la respuesta bien puesta del Congreso y los dimes y diretes que ha levantado un pseudo debate sobre “el nivel cultural” de los congresistas. Muchos se desgarran las vestiduras y alguno exige que para estar en el congreso se tenga un nivel cultural alto “sin llegar a ser Martha Hildebrandt”.  Una vez más se entiende que la cultura es una, la letrada, y se ningunea a quienes poseen una cultura oral: esto es, a grandes sectores rurales que no saben ni leer ni escribir pero que, si más no me equivoco colegas periodistas, también son ciudadanos.  

El punto que me irrita en demasía —sí, a mí que soy letrada— es confundir a la cultura eurocentrada con algo así como “la cultura universal”. El sinónimo de “cultura” vinculado con cultivo del alma o del intelecto lo planteó Cicerón en las Tusculanae Disputationes (2,5,13) y es un concepto que ahora ha devenido en desuso frente a un entendimiento de lo cultural como un hecho muchísimo más complejo. Lo han dicho cientos de antropólogos y hay numerosas definiciones más operativas de lo cultural,  pero a mí me fascina la definición de cultura que realiza el antropólogo estadounidense Clifford Geertz: “la cultura es la megaprotesis del hombre”. Traducción: sin cultura no existe ser humano porque la cultura son todas las simbolizaciones de la vida social que se encarnan en prácticas diarias concretas. No hay posibilidad alguna de que un niño sobreviva sin cultura: somos culturales incluso hasta biológicamente porque, como diría Geertz, “trazar una línea entre lo natural y lo adquirido es falsear la condición humana”. Esta letra es cultura, pero también esta cuchara, ese grito destemplado, la mesa del comedor, la lliklla de mi abuela, el ojo que guiña y espera la señal de vuelta.

Pero, ¿qué diablos es “nivel cultural” entonces?, ¿acaso un PhD tiene más “nivel cultural” que un estibador portuario? Si a mí, doctora y letrada, me dejan en medio de la reserva Pacaya-Samiria, ni todas mis medallas y artilugios de letrada me salvan de morir porque me han “endoculturado” para sobrevivir en la urbe y, en ese otro medio, soy una auténtica analfabeta. ¿Qué pasa si dejan a Aldo Mariátegui en medio de Choquemarca, cerca a Collco, a varias horas a pie de la ciudad del Cusco?, ¿Y si no se encuentra con un hispanohablante para hallar el camino de vuelta a casa? Manan, papay.

Pero a todo esto: ¿pude un congresista ser analfabeto? Porque claro, nosotros periodistas y letrados podemos no sobrevivir entre los médanos del Amazonas, pero no necesariamente nos ganamos la vida recorriendo esos pagos. Pero la congresista Hilaria Supa se encuentra en medio de un espacio letrado por antonomasia. Como lo señaló hace años el crítico literario Ángel Rama, la burocracia del Estado en América Latina es predominantemente letrada. Tradicionalmente de la letra ha emanado un poder especial, tanto así, que hasta los policías nos pide “papeles” por documentos. Toda esta manera de entender la organización del Estado Rama la denomino “ciudad letrada”, es decir, ese espacio simbólico y poderoso construido sobre la polis y regido sólo por unos cuantos que llevan las riendas de las leyes, de los juicios y de la interpretación correcta de lo que es justicia, equidad, libertad.  Desde que los analfabetos obtuvieron el voto, en 1979, la ciudad letrada se empezó a resquebrajar. Y eso es democracia.

Regreso con la pregunta boba: ¿puede un congresista ser analfabeto? Perfectamente, porque un congresista no es un profesor universitario ni un periodista de prensa escrita, es un representante popular que es votado y escogido por diferentes características y no necesariamente se requiere ser letrado para ser líder o para estar informado, mucho menos, para ser un luchador social. 

Me parece que ha quedado claro que no solo un bachiller puede ser un representante o un doctor presidente del Perú. Ahora, ¿si un congresista es éticamente analfabeto? Ahhh… ése es otro cantar.  

April 24, 2009

Larga marcha a través de la noche

1:15 a.m.

Una débil proyección de luz artificial invade tenuemente mi cuarto. Desde este quinto piso las lucecitas me dan tranquilidad. Al otro lado de la ciudad mi padre estará mirando detenidamente las manecillas del reloj y la pared blanca. Tiene once máquinas conectadas a su cuerpo: esa prolongación de cultura que prolonga la vida. Las he visto, las he contado una a una, me he vestido con el mandil blanco como si fuera una enfermera, y he podido constatar nuestra fragilidad. Mi padre ahora tan desvalido ante su cuerpo, tan expuesto a la inclemencia de su propia biología. “Échame colonia, échame colonia” y como autómata he acariciado y humedecido el pelo de mi padre, su nuca, su frente ardiendo. Mientras aquí acumulo fuerzas para inventar una sonrisa de mentira, esa que estreno al entrar por las mañanas en el hospital: el señor que está echado con los labios descarnados, secos, respirando a través de un pulmón artificial, se ha vuelto casi celestial, casi etéreo, casi nada.

2:46 am

Las palabras son necesarias para ir anulando la ansiedad, la espera de la noche honda que gime por una madrugada, mientras al otro lado de la ciudad, hasta la pura respiración es una terrible batalla. Y las horas pasan lentísimas. Apenas pasan.

3:08 am

Hace seis días que mi padre está en Cuidados Intensivos. El médico concentró el dolor en una sola palabra: carcinoma. Car-ci-no-ma. Y mi padre escucho impávido la sentencia. Él, con su metro ochenta y seis, ahora sobre la cama blanca de sábanas blancas, parece que tuviera el cuerpo de un niño. Su rostro, de mandíbula larga y fuerte, se ha demacrado y cuando intenta torpemente sonreír su cara se vuelve un puro gesto de dolor que disimula como puede. Hoy, luego de dos días con neumonía, apenas lo vi me susurró al oído que no quiere que lo entierren sino que lo cremen. Por supuesto que no pude reponerme de este pedido, de esta súplica, y me acerqué a su cuello y lloré. Me dijo por primera vez en mi vida: “mi bebe, estoy orgulloso de ti”. Antes sí me había dicho que estaba orgulloso, pero era la primera vez que me decía “mi bebé” de una forma cariñosa, como yo llamo a mi propia hija, como hubiera esperado que me llame desde hace tantos años. Le contesté: “no por ahora, papá, no por ahora…”, pero mientras escribo esto no sé realmente… no lo sé.

3:20 am

¿Por qué este pánico cubre mi esperanza si sé, con absoluta certeza, que estamos aquí para partir, que no somos sino cadáveres en potencia?

3:42 am

He vuelto a prender la computadora para que la música llene el vacío. La tristeza es irreversible. La noche se detiene en las paredes, las llena de su sucia melancolía, de esa escarcha de mugre y esperanza. La nubosidad baja de la ciudad empieza a entrar por la ventana, a los lejos una pretina de aullidos abona mi ansiedad, los animales urbanos y domésticos que, al final del día, siguen auscultando la furia de su propia naturaleza. ¿Y la mía? El miedo abrochado a cada uno de mis huesos. El pánico. Una es nuestra certeza, pero acercarnos a ella, en medio de la noche, cubre el cuerpo con una desazón extraña y mortal.

4:07 am

Y después le hablé de las cosas del día, de la exposición que estoy organizando con mis compañeros de trabajo, del santuario de Pachacámac y del dios Kon. Y de pronto el felino volador rondó su cuarto, el suero que pendía como una fruta sobre el brazo de mi padre pareció destilar un líquido dorado, y quizás era la ruta que tomó Kon para buscar un cuerpo donde saciar su necesidad lógica de almas. Mi papá sonrió, nuevamente, sin mueca alguna cuando le comenté lo que sentí. No podía decirme nada pero entendí todo: Kon es ligero y rápido, puede acortar distancias a su antojo, pero si entra en el cuerpo de mi padre será para no salir nunca más. Entonces desperté: seguía la noche nublada como mis pesadillas.

5:17 am

En la desolación, no mudanza…
Ignacio de Loyola

El domingo por la noche quedé totalmente perdida, totalmente agobiada, totalmente adolorida y me fui a confesar con V. Entrando al templo, a la mano izquierda, lo vi sentado y aburrido en el confesionario, entonces interrumpí ante los fieles y me arrodillé, colándome de una manera poco cristiana y muy sinvergüenza. V me dijo algo que me dio miedo, pero lo puse en práctica: hay que dejarse atravesar completamente por el dolor, hay que dejarse llevar por el dolor y experimentarlo hasta las máximas consecuencias, dejar que nos embargue, dejar que se pose completamente sobre nuestras clavículas. Y después de eso el dolor se habrá ido. Me repetía sin esperanza: no tengas miedo, atraviesa tu dolor, deja que te penetre, llora… llora y siente que el dolor se ha interiorizado… y el dolor te dejará.

Pero… ¿me dejará?

6:20 am

La ciudad pobre amanece más temprano y se puede escuchar a los perros, las vianderas, el ulular de una sirena, el grito del hombre que reparte las noticias. Las calles se desperezan lentamente y el sol, a pesar de la niebla nocturna, reaparece despiadado convirtiendo a las sombras en sombras y al dolor en recuerdo de una madrugada. Sé que mi padre despierta o apenas empieza a recobrar el sueño. Y me apuro con el desayuno, las abluciones de la mañana, el café que ni siquiera saboreo.

¿Dime, Kon, me dejará el dolor?

Miro firmemente al cielo. Pero estoy con los ojos blancos desde las cuatro y media, acompañando el paso lento de la noche y no pasa nada. Y no pasa nada. Y no pasa nada.

La imagen es de aquí.

April 20, 2009

Tucos y narcos

Filed under: Kolumnas

Cuando Wally da su testimonio a la CVR todavía era joven y no tenía un discurso político-ideológico a la usanza tradicional maoísta. Todo lo contrario.  Su historia y la forma como se auto-representa traslucen un fuerte componente arribista usando la violencia y el poder que podía ejercer mediante las armas.  Andar armado en el Alto Huallaga o en Tingo María era una forma de expresar su fortaleza. Él prefería parecer “narco” que “tuco”: “Éramos los más sonaditos en todos los aniquilamientos, ataque, asaltos que hacíamos… nosotros éramos el grupo de asalto, éramos más fuertes”.

Este es uno de los testimonios recogidos por la CVR y se encuentra archivado en el Centro de Información para la Memoria y los DDHH. Wally es nada más y nada menos que un senderista de la nueva generación con un discurso bastante pragmático y poco ideologizado, que muestra claramente como se ha dejado atrás el maoísmo duro: “Y yo me hacía ver como combatiente: a los cojudos les hacíamos creer que nosotros estamos luchando por unos ideales, pero en el fondo somos unos burgueses […] quien te habla, era un jaranero pues. Quien te habla, cuando estaba de mando, [era] el que te conoce las grandes discotecas, bien vestido; manejaba mi plata. No parecía tuco, más parecía narco, como decía. Pero no le hacíamos saber a ellos, porque si se filtraba iba a ser tu responsabilidad, tu aniquilamiento, ¿no?”.

“Ellos” son por supuesto los dirigentes que monitorean el trabajo de los mandos locales y que, sin embargo, no veían directamente lo que estaba sucediendo con estos “combatientes” que poco a poco se convertían en sicarios del narcotráfico.  Como sostiene Wally en este testimonio el motivo por el cual la gente se enrolaba en la guerrilla era “por ilusión más que todo”: una ilusión casi adolescente en el poder que otorgan las armas.

Entrevistador: ¿Y por qué?
Wally: Porque te ven armado, por otros problemas que ellos tenían, por una venganza entraban. No había una entrega.
Entrevistador: ¿Una convicción?
Wally: Jamás va haber una convicción jamás, yo le puedo afirmar a cualquier mando político que en mí jamás había una convicción […] nos [estábamos] volviendo delincuentes comunes (…); ya no teníamos los principios. […]  los jóvenes se engañan vamos en mancha, vamos al ejercito, y se mandan al ejercito, ¿no?, así había en la guerrilla […] ellos se venían por comer bien, en los momentos, comías bien y dormías bien, en los momentos del boom del narcotráfico., pero después ya no…

Nos encontramos, entonces, ante decenas de “simples combatientes” que entran a formar parte de las filas del neo-senderismo sin convicción ideológica alguna y con la esperanza vana de lograrse una representación poderosa como “hombres armados”. Estas “ilusiones” parecen las mismas de los sicarios colombianos que juegan a la muerte en zonas similares y muchos de ellos, de la misma edad de estos senderistas así como de los jóvenes militares fallecidos. Jóvenes contra jóvenes: todos fascinados por las armas, unos de un lado, otros de otro lado; algunos con la ilusión de defender a la patria, otros con la ilusión de salir de la miseria, todos jugando a la muerte en pared al poderosísimo flagelo que es el narcotráfico.  El narcotráfico que aporta el financiamiento para estas masacres entre peruanos.

Esta nueva “autopercepción” del neo-senderista es uno de los puntos centrales que se debe de tener en cuenta para una estrategia militar pero también política en el VRAE.

Esta columna ha sido publicada en La República el domingo 19 de abril de 2009 y la foto es de la exposición Yuyapanaq.

April 17, 2009

Orgullo y prejuicio

Filed under: Kolumnas

En los años 80, cuando terminaba mi carrera de Derecho y Ciencias Políticas, tuve que realizar las consabidas prácticas pre-profesionales. Mis amigos con más vocación que yo consiguieron practicar en los más diversos “estudios” de Lima y me llevaban la delantera en cuanto a “astucia judicial”. Yo, perdida entre las oscuras escaleras de Palacio, trataba de sobrevivir en un ambiente casi químicamente corrupto. Tanto así que una vez una compañera de correrías palaciegas más avispada que yo, me enseñó la “llave” para abrir la puerta de un juzgado cuando el secretario no nos quería ni contestar: pasó un billete de cinco mil soles —en ese entonces existían esos billetes y no valían nada— por debajo de la puerta. Acto seguido, como si fuéramos las huestes de Alí Baba, la puerta nos abrió sus fauces. En ese instante cuajó en lo más profundo de mi inconsciente el mayor de los prejuicios de mi vida: la única manera de solucionar esto era… ¡quemando el Palacio de Justicia desde sus cimientos!

Por eso mismo, a mí, la prejuiciosa número uno contra abogados y jueces, la sentencia del martes último no solo me ha dado una lección jurídica sino una lección de vida. Sé que desde hace años, desde la caída del fujimontesinismo, Palacio de Justicia ha mejorado, que las juezas anti-corrupción se las fajaron en todo sentido, que por ejemplo Inés Bonilla, Carolina Lizárraga o Magali Báscones, han actuado con probidad y ética. No obstante, la percepción del público del PJ en todas las encuestas seguía siendo de la institución más corrupta del Perú (casi tanto como la policía). Por eso la forma rotunda de la sentencia en el megajuicio a Alberto Fujimori ha defenestrado mis prejuicios al oscuro lugar que se merecen. Racionalmente entiendo ahora que sí es posible limpiar una institución que parecía, en el peor momento, un espacio donde la mugre se condensaba: una auténtica letrina.

Los tres jueces del tribunal especial han sabido desarrollar una lógica jurídica en su sentencia que, ya todo el mundo lo ha remarcado pero igual lo menciono, ha concluido que Barrios Altos y La Cantuta son crímenes de Estado y que los responsables de ellos, en diferentes grados, lo fueron en tanto que dictaron una estrategia política-militar de guerra de baja intensidad que se traduce en “crímenes generalizados y sistemáticos”. Más clara el agua. Pero sobre todo han determinado que está probado que Alberto Fujimori no solo dirigió esta estrategia política-militar por ser el Jefe de las Fuerzas Armadas, sino sobre todo, por cooptar al poder judicial, por conocer de las estrategias de Montesinos, por felicitar y amnistiar a los militares implicados, en suma, por autoría mediata.

De esta manera, a su vez, se ha dejado en claro que la política antisubversiva tenía un lado oculto —financiado por nuestros impuestos— y que se concentró en la organización e implementación de un contingente de asesinos. Los fujimoristas y adláteres —como Lourdes Alcorta— se rasgan las vestiduras con sofismas tan alucinantes como que “los vocales han convertido en criminales a las fuerzas armadas, a los policías y a los ronderos”. No, falso de toda falsedad, el criminal es Fujimori y por adhesión no se puede extender a nadie, excepto a aquellos (in) efectivos de fuerzas armadas, policías o ronderos que a su vez hayan asesinado bajo el comando de la “guerra de baja intensidad”. 

Como bien ha señalado Mario Vargas Llosa esta sentencia es una vacuna contra aspirantes a dictadores y caudillos. Por primera vez me siento verdaderamente orgullosa del Poder Judicial y de que la profesión de abogado tengan tan dignos representantes. 

Esta kolumna fue publicada en La República el 12 de Abril de 2009.

April 11, 2009

PACHACUTI (o la indignación es un gran sentimiento)

El próximo pachacuti, o gran cambio, ya ha empezado,
y promete el emerger de un nuevo ser humano después de este período de confusión
.

Detrás de una marca de bala un corazón seguirá latiendo
detrás de una ráfaga abierta veintitrés mil cuerpos bajan solos por el camino
a pesar del ruido, de la matanza, de la sangre y de sus cabezas
estaremos fijos como puntos de piedra en la cordillera
con nuestras manos de cansancio y cañas y barro y azúcar
seremos muchos tras los huesos porque todo esto nos derrota
pero no por tiempo eterno
y toda nuestra patria llora por un hueco y se deshace
agachada la cabeza
han encontrado cadáveres de niños, de mujeres, una escuela medio cenizas
han descubierto las tizas, las carpetas, los folios de hojas, todos los cuadernos,
pero nuestras ramas seguirás perfectas bajo los árboles
buscando desarmar al enemigo, al traidor, al usurero, al pájaro de la noche
a las distancias que ellos llaman
los caminos son nuestros, el último eslabón,
nuestro sufrir, el desentierro, los cochebombas, la maldad,
y mataremos a los traidores con sus ojos como cuervos
y sacaremos sus ojos sobre un lápiz azul para marcarlos por siempre
colgaremos sus huesos en los perfiles del aire
y todos los animales orinarán sus rostros y saltarán para elevar el llanto
pero aún así no nos detendremos como ellos tampoco lo hicieron
como ellos con sus balas y sus granadas salieron por nuestra espalda
y la tierra y la luna y el sol serán testigos
y todo regresará a un principio o no regresará nunca más
porque como un niño se desangra desbordando el cauce de los ríos
como un pueblo es tomado por soldados como el mismo infierno entonces
seremos fuego del fuego, seremos trampas abiertas
y al final del juego, de este juego maldito de muerte eterna y vida que retorna
volveremos
porque las llamas del fuego son nuestro lamento
pero también nuestro grito de guerra y de victoria.

Cajamarca, 1987

La cita y la ilustración son de aquí.

April 9, 2009

Gordita

Filed under: Kolumnas

Foto: Giancarlo Tejeda.

La semana pasada una niña iqueña lloró ante las cámaras de televisión e indicó a su padre el congresista Edwin Nuñez con estas palabras: “es un canalla”. El congresista había querido negar la filiación alegando diferencias de contextura entre él y la hija: ella es “gordita” dijo en una aseveración que sin duda ya forma parte de la Historia Universal de la Infamia. “Gordita” es el diminutivo no cariñoso, por el contrario, totalmente agresivo que utilizó este individuo para descalificar sobre una base corporal que no debería ni por asomo ser materia de ningún tipo de discriminación. La verdad que la niña no parece su hija: tiene mejor juicio. 

El tema de las adiposidades, o de la calificación de “gordita” u otros sustantivos más agresivos—“min pao” le dijo algún chistoso— se están blandiendo para descalificar a Keiko Fujimori que ahora encabeza, peligrosamente, las encuestas con el 19% de las preferencias. Me parece bajo que se utilicen ese tipo de descalificaciones discriminadoras en el peor sentido del término, sobre todo, con una mujer que ahora está embarazada. No es necesario. Hay muchísimas otras razones sustanciales, fuertes y contundentes por las cuales no se debería votar nunca por Keiko, sin aludir siquiera a su cuerpo, ni a su condición de género, ni a su adscripción étnica. Por ejemplo, el que su mérito principal sea ser hija de Alberto Fujimori, esto es, que por sí misma no tenga ni haya tenido una performance política particularmente relevante.

El mismo argumento, pero aplicado al presidente del Perú es utilizado de manera poco feliz por nuestros vecinos del altiplano, para denostarlo. Evo ha dicho que Alan García está “gordo”. Bueno, pues, es un problema de su salud, cuyas condiciones al parecer dejan mucho qué desear. Quizás deba de tener el presidente más cuidado para evitar el ataque cardíaco; no obstante, que sea flaco, gordo, desgarbado o contrahecho no nos interesa: su masa corporal es un dato intrascendente para su evaluación política, lo que debe de interesarnos es su contextura moral y, por lo visto en este terreno, está más bien anoréxico.

Hace pocos meses, en septiembre del año pasado, Armando Villanueva también calificó de “gorda” a Lourdes Flores: “hay una gorda que anda por ahí diciendo que hay un gobernante de los ricos, cuando ella se ha paseado en la campaña electoral bañándose en la piscina de los ricos”. El venerable anciano debería de hacer honor a su condición de tal portándose como un caballero y no como un lenguaraz: por ahí no va la cosa, al contrario, se fortifican las posiciones que se atacan cuando no se usan argumentos sino epítetos.

Cuando se quiere descalificar a una mujer, pocas veces a un hombre aunque ya hemos mencionado la excepción que confirma la regla, se echa mano de toda una suerte de adjetivos  que apuntan siempre al tema corporal: gorda, chata, cara de vieja, fea, y alguna vez, mezclados con otros racistas, redondean ese espacio de ínfima categoría donde se mueve una suerte de sentina de la política peruana. ¿Qué podemos hacer para evitarlos? Convertirnos en una república de ciudadanos. Así de simple.

Una república de ciudadanos donde no importen la condición étnica ni corporal ni la clase social, sino la limpieza moral, la capacidad de indignación, la hoja de vida debidamente documentada, con papeles que no sean bamba; la experiencia y el conocimiento del terreno y, sobre todas las cosas, la honradez a prueba de fuego. Mientras tanto seguimos viviendo la acción política con calificativos ad hominen, es decir, sobre la persona, no sobre las ideas. Este es el error más grave de todos: confrontarnos por percepciones y no por razones.

Esta kolumna fue publicada en La República el 4 de abril de 2009.

April 4, 2009

Watanabe completo

Filed under: Olor a tinta

“¿Me dejará la muerte/ gritar/ como ahora?”. Breve, parco y como siempre, irónico, con este haiku cuyo revelador título es Orgasmo y que fuera publicado por el poeta de Laredo en su libro Banderas detrás de la niebla, nos enfrentamos ante la contundencia de una poesía que sigue gritando, precisamente, después de acallado el poeta por la implacable biología.

Si sólo fuéramos cuerpo, y no simbolización encarnada que rebusca en los otros un agujero de inmortalidad, no podríamos ser categóricos. Porque más allá de las posturas existenciales, hay sólo una forma de entender esto que llamamos cuerpo: se trata de ese cadáver en potencia que somos. Por eso mismo la muerte nos carcome lentamente desde el primer día de nuestra vida y sólo logramos vencerla cuando el soplo ha sido exhalado. Y ahora es posible afirmar que la muerte ha sido domada por Pepe Watanabe: porque estamos escuchando su susurro y su grito.

Este libro reúne su obra completa y contiene, además de todos sus libros publicados, nueve poemas inéditos. Mi preferido es El Trasnochado, una conversación al estilo de la novela de Moravia, “El y yo”, esto es, con “esa punta del cuerpo enamorado” como diría Jorge Eduardo Eielson, esa punta del cuerpo que no puede aquietarse en la noche al percibir el cuerpo de la amada, y que al parecer cobra vida propia para el poeta.

Desde Álbum de Familia, su primer libro, pasando por textos extraordinarios y sencillos a su vez, como Cosas del Cuerpo o La piedra alada, José Watanabe pudo desarrollar una poesía que se sustenta en las fábulas, en la mirada estereoscópica sobre la masa corporal, aderezado todo de un laconismo oriental y una ironía aguda de norteño adscrito a la urbe muy a su pesar. El humor deja su vena tibia para darle un respiro al lector, permitir una ligera sonrisa, y más adelante ametrallarlo con poemas, distantes y elegantes, sobre el dolor, la soledad del cuerpo, el choque con la muerte a la vuelta de cualquier curva o la materia animada que uno entrega a los otros para que por fin la devoren. Watanabe no le ahorra al lector la más mínima irritación: sus poemas son flechas que dan directamente al ojo.

Mis poemas preferidos, por la agudeza y la soberbia de una palabra muy trabajada y certera, son La mantis religiosa, El lenguado, Imitación de Matsuo Bashó, El guardián del hielo, Flores, entre otros muchos, porque en realidad este libro es contundente como una patada. Si la poesía es como un mirador donde las señales son apenas manchitas sobre un espacio en blanco, Watanabe ha sabido redondear su papel de vigía: ha oteado por izquierda y derecha para darnos imágenes sobre la vida: de piedras, de aceras bajo el sol norteño, de banderas detrás de la niebla. Ha sido lacónico, ha sido elegante, ha sido grosero incluso, y sobre todo, ha sido duro consigo mismo. Y su palabra escrita como batalla contra la mortalidad se mantiene más vigorosa que nunca.

Imitación de Matsuo Bashó
(Fragmento)

En la cima del risco
Retozan el cabrío y su cabra
Abajo el abismo

 

El guardián del hielo

Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol…
El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil

           Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza
de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
Yo soy el guardían del hielo.

Este artículo ha sido publicado en febrero en la revista Caretas.  

April 3, 2009

Los notables y el museo

Filed under: Artículos

Finalmente hay una resolución suprema firmada por Yehude Simon y publicada en El Peruano que designa a Mario Vargas Llosa y a otros peruanos ilustres (Fernando de Szyszlo, Monseñor Bambarén, Salomón Lerner, entre otros) como los gestores del proyecto Museo de la Memoria. La idea es que esta comisión "gestionará la ejecución, organización y puesta en operación del museo, y promoverá la obtención de financiamiento para garantizar su operatividad a través de la cooperación internacional no reembolsable, en coordinación con las entidades públicas competentes".

La acción decidida de Vargas Llosa para solicitar al presidente Alan García la ejecución y aceptación de la financiación alemana es encomiable y admirable. Me parece a su vez importante que todas las personalidades mencionadas hayan aceptado participar de esta gestión, incluyendo por supuesto a profesionales que conocen de experiencias sobre memoria, museos y gestión de búsqueda de fondos. Ha sido un gesto importante y una decisión que esperamos se mantenga con el tiempo, y no quede simplemente en una posibilidad como otras iniciativas de este gobierno (recordemos a la ONA, sólo por recordar una).

No obstante, lo que me llama la atención, es que el Perú sigue siendo una nación en la que los "notables", las personalidades, los "señores" en suma, siguen siendo los ciudadanos con voto y sobre todo voz para poder dialogar con las más altas instancias. El Estado, representado en su presidente, mantiene la lógica de la república aristocrática: el ciudadano o la ciudadana de a pie no son intercolutores válidos para acciones de este tipo, menos aún, si se unen en marchas ciudadanas, o en grupos de presión, o en movimientos ciudadanos.

Tuvo que ser uno de los hombres más notables del Perú el que, primero, salió a la palestra con un artículo publicado en el diario El Comercio (y, sobre todo, en un grupo importante de diarios en español y en inglés) sosteniendo no sólo de la importancia de un Museo de la Memoria sino de la estupidez que implicaba aducir que ese dinero sería mejor destinado a paliar la pobreza. Con esa lógica, ¿para qué tenemos un equipo de fútbol y para qué se gasta en entrenadores?, ¿no sería mejor acaso entregar ese dinero para paliar la pobreza e incluso la de aquellos niños que la mueven mejor que los que portan oficialmente la casaquilla blanquiroja? Por supuesto que todo dinero para paliar la pobreza está bien destinado si es que los programas sociales están bien armados y articulados, y no son simplemente, espacios para conseguir adherentes a causas políticas inmediatas. Pero cuando nos referimos a un Museo de la Memoria estamos apelando a otra cosa.

Un Museo de la Memoria implica un trabajo simbólico de solución de quiebres durísimos que hemos vivido todos los peruanos, aún aquellos que eran niños o bebés durante los años 90, o más precisamente éstos. Un Museo de la Memoria que recoja en imágenes e historias y ¡por qué no! testimonios de las víctimas los años crudos que tuvimos que vivir con el pánico al terror, como ha dicho Vargas Llosa en La República, es la posibilidad de vacunarnos contra horrores semejantes.

Sin embargo, ¿qué hacer para vacunarnos contra mentalidades como la del presidente del Perú que siguen pensando en una ciudadanía de unos cuantos que tutelan a las masas?, ¿cómo operar desde la prensa, desde la escuela, desde la universidad y desde las calles, para que nuestra voz, la de cada uno de los peruanos, cuente por una y no por cero o por miles?, ¿hasta cuándo la subalternidad del peruano promedio?, ¿qué debemos hacer para salir de esta lógica del vocero de los mudos?

Mantener este tipo de relaciones para organizar una nación nos acorrala en la búsqueda del Inca, la búsqueda del taita, de aquel patrón que va a solucionar nuestros problemas porque preferimos ser incapaces, menores de edad, adolescentes eternos, y funcionar bajo la batuta de la autoridad-autoritaria, que no nos pregunta sino que actúa por nosotros. No podemos seguir así. Es preciso asumir todas las responsabilidades para poder convertirnos en dueños de nuestros propios destinos.

El Perú sí necesita museos pero sobre todo necesita ciudadanos.






















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