Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

May 25, 2009

Giuliana

Filed under: Kolumnas

El morbo periodístico disfruta a más no poder con las bellezas caídas. De pronto una noticia que podría poblar dos columnas en las páginas policiales se convierte en un titular, en varias carátulas por días y meses, en un seguimiento de la prensa, en alocuciones de los periodistas radiales, en excusas para protagonizar el “rotafono” y, sobre todo, en conjeturas de la fantástica imaginación de los colegas. Apenas un par de ojos bellos y jóvenes protagonizan una historia oscura y la maquinaria del periodismo naranja (rojo + amarillo) se pone en movimiento.

Esto ha sucedido, entre otras personas, con Maritza Garrido Lecca, quien fue no sólo el centro del interés de miles de flashes durante todos los momentos en que se ha expuesto públicamente luego de su detención, sino incluso la inspiradora de una novela del británico Nicholas Shakespeare, The dancer upstairs, y de la película del mismo nombre dirigida por nada más y nada menos que John Malkovich. La imaginación de escritor y actor se dirigía, básicamente, a alucinar una relación de amor entre la “bailarina” y el policía que la capturaba: en la pantalla Elsa Morante y Javier Bardem desarrollaban una tensión erótica que, por supuesto, explotaba en un jaleo cuerpo a cuerpo que, posteriormente, se complejizaba aún más con la traición y la captura (previo desnudo de Bardem, por supuesto). En la realidad real, brutal más bien, imaginar un amorío entre Maritza Garrido Lecca y Benedicto Jiménez es una reverenda estupidez.

Por eso mismo, ciertos juegos estéticos que funcionan perfectamente en la ficción, en el periodismo solo son un elemento para incrementar la lectoría a falta de rigor, investigación, audacia y honestidad. Cuando a una crónica roja se la adereza con condimentos que, más allá de las preferencias insanas, aumentan la culpabilidad del acusado y le confieren una serie de características exageradas, irreales, o simplemente falsas, se está cometiendo pues otro delito: difamación.

El periodismo tabloide de lectoría vertical frente al kiosco se lanzará nuevamente a buscar la primicia con algún elemento que delate algo nuevo en el caso resuelto de Giuliana Llamoja ahora que está en libertad. En efecto, este jueves el 28 Juzgado Penal de Lima, dirigido por la jueza Sonia Salvador Ludeña, declaró procedente su solicitud de semilibertad tras haber cumplido un tercio de la condena de 12 años por homicidio. Esa misma noche en el programa Hora 20, de Radio San Borja, los dos conductores discutían sobre una supuesta magnanimidad de la justicia en relación con este caso: “ahora todos dicen pobrecita, pero asesinó a su propia madre de 65 puñaladas”.  Por supuesto que la red está llena de referencias a Giuliana Llamoja dentro de páginas web que la fichan, por ejemplo, en una lista nacional de “Malvadas 1” o que imaginan páginas de su diario en el Hi5. Hasta un psicólogo radial se atrevió a diagnosticar su caso diciendo que “existía una alianza muy fuerte con el padre y la madre era menospreciada”.

¿Cómo se le ocurrió esto al doctor?, ¿acaso había entrevistado a Llamoja? No, apenas leyó las crónicas periodísticas y dictó su opinión poco profesional.

La verdad de la sentencia y de la reconsideración de semilibertad se tomó sobre la idea de que no está probado que se tratara de un asesinato premeditado, no está probado que fueran 60 puñaladas y, en cambio, está probado que se trató de un enfrentamiento de agresión mutua. Como ha sostenido su abogado José Urquizo en Radio Capital: “Se ha probado de manera absoluta que no existe una lesión directa a una sola parte del cuerpo, y sí se encontró una serie de lesiones que son producto del roce y de las agresiones de madre e hija”. ¿De dónde entonces se sigue repitiendo la misma historia que en el año 2005 fue la comidilla de lo más graneado del morbo nacional?

Giuliana Llamoja requiere de un espacio de anonimato para procesar, no solo la acción que la llevó a permanecer todos estos años en prisión, sino también todo este barullo al cual, tengo la esperanza, ella se enfrentará con inteligencia evitando ser convertida en otro monstruo mediático.

Este artículo ha sido publicado en La República el 24 de mayo de 2009.

La ilustración es de Niki Sands.

May 24, 2009

El Bar del Alcalde

Filed under: Kolumnas

Con las manos hundidas en los sacos
Avanzamos hacia el lugar más oscuro.
Apenas unos piden una copa,
Otros ya ríen, ebrios.

La derrota—
Es una palabra que permanece suspendida
En el ambiente.

Algunos se tapan la cara con ambas manos
(qué gesto tan inútil).

Sólo Sergio y Jaime coinciden
En la esquina de la barra con algo de cerveza sin alcohol
“Estoy en una cura” me ha confesado uno
El otro sólo baja los párpados.

Ambos irradian un brillo que perdura
Desde el centro de los ojos.

Algunos me advierten:
Dicen que el uno es agresivo
Y el otro enfermo.

Yo los cojo a ambos de los brazos
Y me dejo jalar
Por esa fuerza negra
Hacia la zona más dura de la noche.

Para Parra y Bedoya en Mollina, Andalucía marzo 1993

La foto es mía de un bar en Trujillo, Perú.

May 21, 2009

Benedetti

Filed under: Olor a tinta

En 1999 cuando Benedetti ganó el Premio Reina Sofía de Poesía escribí un artículo en la revista Somos de una soberbia solo comparable a la que hoy esgrimen sus propias plumas. Mi modesto párrafo llevaba el provocador título de “Odio a Benedetti” y, entre otras cosas, le reclamaba por ser el poeta más vendido de América Latina. Sentía que en esa categoría comercial el poeta se había “traicionado”, por eso insistía en que admiraba su posición política pero que detestaba su posición literaria.  El articulito de marras me valió la defenestración de la Librería El Virrey por algunos años y la cuadrada de Chachi Sansebiero, uruguaya y amiga personal del escritor.

La ignorancia es soberbia, pero no creo que ese texto haya sido el producto típico de una ignorante, pues si a algún poeta había leído en mi vida, eran a Vallejo, Moro, Cardenal y Benedetti, en ese orden. Yo leí a Benedetti desde niña, desde mis asmáticos años de adolescente enamorada, y me había aprendido sus poemas de memoria (“Porque te tengo y no/ porque te pienso/ porque la noche está de ojos abiertos/ porque la noche pasa y digo amor…”) pero a finales de la década del 90 percibía que tanta antología y tanto libro de poesía, casi dos por año, habían devaluado una pluma a la que le exigía todo.  Exactamente todo.

Ese rencor “benedettiano” (porque como diría el vals "el rencor hiere menos que el olvido”) en realidad no fue otra cosa que el envés de ese amor juvenil que, por los caprichos del tiempo y del periodismo ligero, se convirtió en un derrape. ¿Qué se puede decir y sentir cuando, a la distancia, una añora esa mirada prístina que nos permite encontrar en esos versos cotidianos, como los Poemas de Oficina, la posibilidad de poetizar la urbe y el día a día? ¿Acaso no me enamoré también de Martín Santomé, el viejo burócrata, que se había permitido un momento de locura al dejarse perder por las faldas plegadas de Laura Avellaneda?, ¿y no sufrí también con la angustia del protagonista esperando en los pasillos del hospital la muerte de su mujer en “Sábado de Gloria”? , ¿y no me despedí también con él de todos los hijos que ella se llevó, de todos los feriados, de toda la apática ternura hacia Dios?

No descarto del todo sentir una admiración mezclada con rabia. Pero ahora que Benedetti ha muerto, que para los críticos su obra se ha vuelto “cerrada”, hay una cuentas que le debo de pagar a este viejo rabioso, con cara de bueno, que me hizo entender a una tempranísima edad que la vida también es “estar jodida y radiante y también viceversa”.

La fotografía es de aquí. Este artículo ha salido publicado hoy en Caretas.

May 18, 2009

Manta

Filed under: Kolumnas

Foto: DEMUS.

La primera escena de La Teta Asustada es la narración que hace la madre de Fausta de su propia violación. A través de una canción quechua muy triste, la madre y la hija van entablando un diálogo, y la primera le cuenta el doloroso trance, lo que le sucedió, lo que le obligaron a hacer mientras ella la llevaba en su seno, la violación y los detalles perversos, la suerte del cuerpo destrozado de su esposo. Esa escena que nos impacta por la crudeza y el contraste con la suave melodía se convierte en el leit motiv de la película y en el trauma de Fausta, quien debe vivir con el pánico a la penetración.

En Manta, Huancavelica, un grupo de mujeres que habitaban un poblado modestísimo cerca de una base militar durante el conflicto armado interno y que fueron sistemáticamente violadas por miembros del Ejército, viven aún hoy en día con ese pánico; y saben que, de alguna u otra manera, a través de la leche materna o a través de la cultura y sus prácticas diarias, este temor será una herencia que le transmitirán a sus hijas. Esto es lo que han recogido Paula Escribens, Diana Portal, Silvia Ruiz y Tesania Velásquez en un libro que narra el valor de las mujeres mantinas, quienes con muchas dificultades pero con tenacidad están tratando de entender ese pasado de oprobio. “Reconociendo otros saberes” recoge la experiencia de psicólogas y abogadas de DEMUS que han trabajado con mujeres violadas en esta zona pobre del más pobre de los departamentos del Perú.

Entonces podemos decir que “la teta asustada”, esa metáfora recogida por antropóloga de Harvard, Kimberly Theidon, no se limita a la zona de Ayacucho, sino que se extiende, y encontramos otros registros similares en Huancavelica. La “teta asustada” o, más poéticamente, la “leche del miedo” o “la enfermedad del miedo”, es una formación social imaginaria que circula en una amplia zona de la sierra, de Ayacucho a Huancavelica, y quizás en otros poblados del Perú, a propósito de este pánico que se instala en los cuerpos de las mujeres violadas y en esa ansiedad por evitar que sus hijas corran una suerte similar.

En una charla que tuvo lugar la semana pasada, Paula Escribens y Diana Portal, nos narraron que en Manta las mujeres perciben que hay un continuum de maltrato sexual desde la Guerra con Chile a nuestros días. Durante la “época del terrorismo” cobró visos inusitados, sobre todo porque se utilizó la violencia sexual como una forma de chantaje y dominación, pero desde tiempo atrás las iniciaciones sexuales a través de una violación han sido muchas veces recompensadas con el matrimonio entre “víctima” y “victmario”, obedeciendo a una tradición pre-moderna, aquella que legitima la idea de la familia como el espacio de “violaciones consensuadas”. La violencia sexual fue “normalizada”  y se ha percibido casi como lo que en el Medioevo se denominaba el “derecho de pernada” del señor feudal pues, aún después de tantos años, las mujeres de la zona tienen muy viva la presencia de un “gobernador” que atropellaba y violaba a quien se encontraba en su jurisdicción. 

Pero el miedo a la violación, o digamos, a la humillación a través de la violación, no es un asunto sólo de mujeres. Precisamente porque son hechos traumáticos que mantienen una huella en los cuerpos de las mujeres a través del tiempo, las violaciones se silencian, no se cuentan, se ocultan. Los hombres siente que no “pudieron defender” a sus mujeres y prefieren no seguir invisibilizando esas historias. En la comunidad se ha instalado un pacto de silencio.

Gracias a la labor de algunas abogadas y abogados del IDL y de DEMUS el 25 de marzo de 2009, el Juez Segismundo León del Cuarto Juzgado, determinó abrir proceso judicial contra diez militares involucrados en las violaciones sexuales de siete mujeres de las comunidades de Manta y Vilca, estableciendo por primera vez en nuestro derecho que estas acciones configuran un delito de lesa humanidad.

Este artículo ha sido publicado el 17 de mayo en La República.

May 16, 2009

Insurgencia en la selva: otra mirada

Filed under: Artículos

Ofensiva caricatura de Alfredo, pero al parecer, esa es la manera como ven a los pueblos amazónicos desde ciertos sectores favorables al gobierno.

El día viernes 15 de mayo la Defensoría del Pueblo dio a conocer a la prensa la nueva Adjuntía de Prevención de Conflictos Sociales y Gobernabilidad a cargo del defensor adjunto Rolando Luque, quien viene trabajando sobre el tema desde hace muchos años en lo que primero fue la oficina de prevención de conflictos sociales. Uno de los puntos básicos que resaltó Rolando Luque en su speech final durante la presentación fue la importancia de que el diálogo entre el Estado y los actores de los movimientos sociales sea un diálogo "transparente", esto es, que no sea sólo dilatorio, que no sea engañoso, que no termine en una acta que nadie va a respetar. Realmente el defensor adjunto sabe de qué se trata la cosa: de dar cabida a todos los actores sociales y, sobre todo, como sostuvo enfáticamente, a los que sean más flexibles y dialogantes, pues cuando se toman medidas absurdas de parte del Estado los actores que van a sacar mejor partido de esta situación son aquellos que quieren solucionar sus propios entuertos al interior de la organización.

De alguna u otra manera, como lo ha sugerido Santiago Pedraglio, en este río revuelto hay actores que están recogiendo una pesca fecunda y no necesariamente para sus movimientos. No obstante, el Estado ha dado todas las señales equívocas, sobre todo, en el tema de tratar de convertir "en humo, en sombra, en nada" estos conflictos que luego de ser "mecidos" a más no poder, y de dar muestras de "diálogos infecundos", estallan en paros, movilizaciones, tomas de carreteras y, en el paroxismo de esta secuela, el llamado a insurgencia.

Todos los periódicos y los analistas políticos han tenido algo que decir, y por supuesto, quienes son voceros de las empresas que buscan sus intereses en función de una idea equívoca de desarrollo, están sacando provecho al máximo de la ruptura del diálogo y la radicalización de la propuesta. Léase por ejemplo la columna de Fritz Du Bois, acometiendo contra todo lo que sea representación subalterna, y titulándola con una frase que sigue configurando al nativo amazónico como un "cara pintada" que busca "crear una corriente indigenista que lleve la política a las calles" auspiciada por una nebulosa entre Humala y Chávez. La radiografía que propone Du Bois es ignorante y ridícula.

En esta ocasión, quisiera escuchar a aquellos que se encuentran en el espacio ambiguo entre sus tradiciones y sus compromisos cabales como ciudadanos, entre la riqueza del espíritu y del conocimiento que vienen aprendiendo y compartiendo, y la pobreza concreta de sus familias que los coloca, incluso al interior de sus propios movimientos, en el último escalón de la jerarquía de poder. Me refiero a los estudiantes universitarios agrupados en AmazoniArte que pertenecen a algunas de las naciones amazónicas involucradas en esta crisis social. Su comunicado es rotundo, es sincero, es lúcido. Y ellos, muy probablemente, serán las futuras voces del movimiento.

Carta Abierta a los Medios de Comunicación y a la Sociedad en General sobre la “Declaratoria de Insurgencia” de los Pueblos Indígenas
Lima, 16 de Mayo del 2009

Los que suscriben, miembros del Espacio de Debates Interculturales AmazoniaArte, creado hace más de tres años y constituido por estudiantes universitarios indígenas de Letras y Humanidades, así como por jóvenes independientes radicados en Lima, integrantes de las naciones Huitoto, Huambisa, Aguaruna y Aymara, queremos sostener lo siguiente:

Que hace más de un mes los pueblos indígenas asociados en la Asociación Inter-étnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) vienen acatando una huelga a raíz de una serie de Decretos Legislativos emitidos por el Estado que  vulneran sus derechos más fundamentales. Ante la falta de adecuada atención por parte del  Gobierno sobre sus exigencias, los pueblos nativos se han declarado en “Insurgencia” en relación al Estado Peruano.

Al respecto, los miembros de AmazoniArte declaramos:
1) Declararse en “insurgencia” es ir contra el sistema democrático que tiene como base a las instituciones y las libertades individuales y que a su vez son las garantías necesarias para un Estado de Derecho.
2) Los pueblos Indígenas si bien somos naciones distintas dentro de una nación mayor, en el seno de un mundo cada vez más expuesto a los otros, no somos ajenos a sus valores y los cambios que ellos suponen en nuestros entornos.
3) Para la resolución de los problemas, nuestras naciones siempre han mostrado, desde tiempos antiguos, una disposición al diálogo independientemente de los intereses particulares.

Por ello:   
1) Pedimos en Primer Lugar una APERTURA AL DIÁLOGO DE LOS DIRIGENTES NATIVOS CON EL ESTADO PERUANO, con propuestas claras y libre de intereses personales o de otra índole, con el fin de evitar más violencias de las ya padecidas.
2) Pedimos sobre todo también a los MEDIOS DE COMUNICACIÓN poner MAYOR ATENCION al tema y a la SOCIEDAD EN GENERAL ya que una declaratoria de “Insurgencia” es una SITUACION POLÍTICA BASTANTE INESTABLE en términos de resguardar la vida.
3) Creemos, finalmente, que la fuerza de las naciones, pueblos o sociedades no reside en el aspecto externo, portentoso o violento que podría desplegar o exponer  sino en la capacidad de resolver racionalmente los problemas que los aquejan.

AmazoniArte
Coordinador
F. Shuar Velásquez R.
Universidad Antonio Ruiz de Montoya
(Nación Huambisa-Aguaruna)

Miembros
Henry Ampama L.
Universidad Ricardo Palma
(Nación Huambisa)

Gonzalo Taish Petsa
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
(Nación Huambisa)

Rember Yahuarcani
(Nación Huitoto)

Larry Ururo
Universidad Antonio Ruiz de Montoya
(Nación Aymara-Quechua)

May 12, 2009

Célibes o hipersexuales

Filed under: Kolumnas

La semana pasada nos ha tocado otro escándalo mediático que ha levantado interminables comentarios, incluso uno sorprendente de Laura Bozzo: ella ha declarado a un periódico mexicano que siente “asco” por las fotos del Padre Alberto Cutié en una de las playas de Miami con una supuesta enamorada. “Asco” es una palabra que en boca de Bozzo se convierte en una feroz ironía, pero la ha pronunciado con todo el descaro del que es capaz un monstruo mediático. Lamentablemente al padre Alberto Cutié lo están convirtiendo también en un monstruo mediático debido a dos asuntos provocadores y morbosos: la belleza y la sexualidad de un hombre que debería profesar el celibato.

Hace mucho tiempo vi en Estados Unidos alguno de los programas latinos del famoso Padre Alberto. Me llamó la atención su capacidad preformativa ante la cámara, su sonrisa abierta que invitaba a la confianza, y algunas de sus propuestas. A diferencia de otros curas mediáticos latinoamericanos (recuerdo a Clemente Sobrado, un sacerdote con acento de madrileño viejo, exagerado y sincero a más no poder), el Padre Alberto parecía demasiado joven para ir dando todo tipo de consejos, y se notaba que le faltaba “esquina”. Muy correcto, bien intencionado, un sacerdote que dentro de todo, expresaba un “vivir en el mundo”, el padre Alberto también parecía un actor de telenovelas y cierto es que para algunas mujeres, como el mismo lo comentó alguna vez, vestir de cleriman es una invitación a probar de la fruta prohibida. 

La prensa carroñera —dicen que el paparazzi en cuestión pidió un millón de dólares por las fotos— ha hecho de las suyas con la noticia y una vez más han salido los portavoces de lo absurdo a lapidar al Padre Alberto, por un lado, o a defenderlo sosteniendo que el celibato es imposible, y que “el verdadero pecado es no seguir a la naturaleza”, suponiendo que lo natural es una actividad sexual constante y sostenida. Como bien dice Slavoj Zizek: “el goce en sí, que nosotros experimentamos como transgresión, es en su estatuto más profundo algo impuesto, ordenado; cuando gozamos nunca lo hacemos ‘espontáneamente’ siempre seguimos un mandato. El nombre psicoanalítico de ese mandato obsceno, ¡Goza!, es superyó”. El imperativo actual no es el kantiano, es el goce en su acepción más obscena.

La verdad que no soy la persona más adecuada para hablar del celibato —soy autora de poesía erótica— o quizás por eso puedo hacerlo: y creo que quien defiende cualquier forma de sexualidad, incluyendo la abstinencia de la misma, tiene todo el derecho y la libertad de optar por la opción que crea conveniente, siempre que no dañe al otro. En otras palabras: considero que optar por ser célibe en una sociedad erotizada a más no poder es un acto a contracorriente, radical y rebelde. Quizás la verdadera transgresión.

En efecto, hoy las mujeres debemos de tener orgasmos sino somos frígidas y sospechosas de histeria y mal genio. Los hombres no solo deben tenerlos, sino incluso afanarse de ellos, dejar expresa constancia del propio y del ajeno, y de la progenie si es preciso. Como sostiene Juan Carlos Ubilluz: “El viagra, es parte de este imperativo: lo que está pastilla parece decir es: ‘Ahora no tienes excusa: ¡Goza!, aunque tu cuerpo no lo quiera…” Si una persona es virgen a una edad más allá de la inocencia, se le considera un retardado, un freak, alguien que no está socializado en el mundo. A su vez, un hombre que opte por el celibato siempre será sospechoso y peligroso porque representa, para los otros hombres, cierta simbología de castración. 

Todo esto no significa, por cierto, que personalmente no disienta del celibato como imperativo y requisito para la vivencia del sacerdocio. Creo que debe ser optativo pero, a su vez, quienes nos encontramos “gozando” en este mundo, debemos entender esa opción.

Este artículo ha sido publicado en La República el 10 de mayo de 2009.

La imagen es de acá.

May 9, 2009

Se acerca la noche

 Foto Giancarlo Tejeda.

Se acerca la noche
la escucho arrastrarse entre los libros
traspasar el umbral y el sacrificio
tuerce las sonrisas de las fotos
pegadas precariamente a las paredes.

Se acerca la noche
con su aroma espeso y caliente
me tiene miedo pero me atrapa
—estoy cansada— le suplico
pero ya sabes siempre
ha sido inclemente
ni aunque aúlles se estanca
y solo ante ese espejo negro
me paralizo.

Se acerca la noche y un frío
va invadiéndolo todo
el corazón se precipita a latir
desde el fondo algo me jala y yo me dejo.

La noche nos muerde
despiadada.

May 4, 2009

¿Estamos preparados?

Filed under: Kolumnas

Charito Zubiate es la primera de la derecha en esta foto de la agrupación Las Hijas del Sol.

La semana pasada el programa Prensa Libre de Rosa María Palacios emitió un reportaje sobre la muerte de Charito Zubiate, folklorista y trabajadora del INPE, quien pese a encontrarse con una infección muy grave que finalmente la llevó a la muerte, no fue recibida ni en la sala de urgencias del Hospital Rebagliati ni en la del Hospital Almenara. Charito murió en la antesala del segundo hospital en las sillas que usan los pacientes ambulatorios, recostada en las faldas de una de sus amigas, y con un cuadro de septicemia.

Por casualidad conocí a Charito una de las tantas veces que fui al Centro Penitenciario Chorrillos – Anexo. La recuerdo perfectamente porque una de esas tardes, ella tenía un charango entre las manos, y yo lo miré y la reté a que me toque aunque sea un “tundete”. Frente a las monocromáticas puertas plomizas de la cárcel, Charito cogió con una destreza increíble el charango, y se dispuso a soltarnos un huayno verdaderamente contundente. Todas las presentes nos quedamos aleladas ante esa lección de destreza musical. “¿Por qué no dictar un taller para las internas?” le pregunté, y ella me respondió con el pragmatismo de una mujer que lucha día a día por la sobrevivencia: "¿pero pagan?”. Nos reímos y nos despedimos. Ahora me vuelvo a enterar de ella por la nefasta noticia de esta muerte indignante y no puedo sino levantar mi voz para reclamar por una mujer a la que los médicos no trataron como a un ser humano.

Hace tres años tuve la ingrata necesidad de utilizar los servicios de Essalud: mi madre, jubilada desde hace varios años y paciente ambulatoria, tuvo un derrame cerebral. En estas circunstancias —y porque llegó en una ambulancia— la atendieron de inmediato en el Policlínico Angamos. La sala de emergencia estaba, como siempre, atosigada de gente pero felizmente un médico humano le dio de inmediato un medicamente que le bajó la presión. El calvario comenzó cuando tuve que internarla por esa misma sala de emergencia.

El método de los hospitales de Essalud es que se apoderan del paciente, se convierte en algo “de ellos” y el acceso a mi propia madre estuvo plagado de trabas e inconvenientes. Sólo puedes ver una hora por la mañana y otra por la tarde al paciente internado en emergencia, y si no puedes a las horas convenidos, mala suerte, no hay posibilidad alguna de que entres a verlo fuera de tiempo. Además debes llevarle todos los implementos posibles: desde alcohol hasta gasas y, por supuesto, jabones y pañales. Por último, la hora de atención de los médicos es una completamente diferente de la visita: y muchas veces no te atienden. Para poder tomarle una tomografía a mi madre —que se suponía era urgente— se demoraron un día completo en solicitar y hacer efectivo el traslado en ambulancia al Hospital Rebagliati y cuando finalmente pudimos llegar a los pasillos de la sala de tomografías, la hicieron esperar ocho horas en un corredor con corrientes de aire, sin tomar ningún alimento, sin informaciones precisas.

Indignada tuve que hacer uso de lo que no debería ser necesario para ningún ciudadano: la palanca, la vara, el tarjetazo, la amiga en un puesto de alto nivel, y el telefonazo a los subalternos, quienes finalmente atendieron a mi madre. Tras la noticia alentadora de no haber encontrado registros críticos en su cerebro y viendo que mi madre se había recuperado rápidamente, me atreví a sugerirle al médico que si me la podía llevar a mi casa. El doctor dijo que no, que debía regresar al Policlínico Angamos, y que sólo él tenía la potestad de darle “el alta”. “Entonces dele el alta” le grité. Finalmente el secuestro del paciente no pudo consumarse, pero por lo visto, es una práctica habitual.

Si a mí, letrada y envarada, me suceden estos hechos, ¿qué no le sucederá a un ciudadano de a pie que no tiene conexiones en las burocracias de salud?, ¿y a un campesino quechuahablante? Y con esta logística y esta lógica operativa, ¿cómo podremos contener la gripe porcina? Si se trata de una enfermedad que puede curarse, y mucha gente lo ha hecho, las muertes son debido también a las escasas posibilidades sanitarias de los pobres.

Esta kolumna fue publicada en el suplemento Domingo de La República el día 3 de mayo.

El poeta Juan Cristóbal me envía, luego de haber cerrado mi artículo sobre Essalud para La República, el siguiente documento que es, por decir lo menos, una muestra de la incapacidad de este sector público para gestionar de la manera más eficiente las posibilidades mínimas que el Ministerio de Economía les asigna. El "bono de producción" debería de ser un aliciente para mejorar el trato al paciente y no un techo para evitar que los médicos con más producción disminuyan sus atenciones, recetas y solicitudes de exámenes. Una muestra de que vivimos en el mundo al revés.






















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