Giuliana
El morbo periodístico disfruta a más no poder con las bellezas caídas. De pronto una noticia que podría poblar dos columnas en las páginas policiales se convierte en un titular, en varias carátulas por días y meses, en un seguimiento de la prensa, en alocuciones de los periodistas radiales, en excusas para protagonizar el “rotafono” y, sobre todo, en conjeturas de la fantástica imaginación de los colegas. Apenas un par de ojos bellos y jóvenes protagonizan una historia oscura y la maquinaria del periodismo naranja (rojo + amarillo) se pone en movimiento.
Esto ha sucedido, entre otras personas, con Maritza Garrido Lecca, quien fue no sólo el centro del interés de miles de flashes durante todos los momentos en que se ha expuesto públicamente luego de su detención, sino incluso la inspiradora de una novela del británico Nicholas Shakespeare, The dancer upstairs, y de la película del mismo nombre dirigida por nada más y nada menos que John Malkovich. La imaginación de escritor y actor se dirigía, básicamente, a alucinar una relación de amor entre la “bailarina” y el policía que la capturaba: en la pantalla Elsa Morante y Javier Bardem desarrollaban una tensión erótica que, por supuesto, explotaba en un jaleo cuerpo a cuerpo que, posteriormente, se complejizaba aún más con la traición y la captura (previo desnudo de Bardem, por supuesto). En la realidad real, brutal más bien, imaginar un amorío entre Maritza Garrido Lecca y Benedicto Jiménez es una reverenda estupidez.
Por eso mismo, ciertos juegos estéticos que funcionan perfectamente en la ficción, en el periodismo solo son un elemento para incrementar la lectoría a falta de rigor, investigación, audacia y honestidad. Cuando a una crónica roja se la adereza con condimentos que, más allá de las preferencias insanas, aumentan la culpabilidad del acusado y le confieren una serie de características exageradas, irreales, o simplemente falsas, se está cometiendo pues otro delito: difamación.
El periodismo tabloide de lectoría vertical frente al kiosco se lanzará nuevamente a buscar la primicia con algún elemento que delate algo nuevo en el caso resuelto de Giuliana Llamoja ahora que está en libertad. En efecto, este jueves el 28 Juzgado Penal de Lima, dirigido por la jueza Sonia Salvador Ludeña, declaró procedente su solicitud de semilibertad tras haber cumplido un tercio de la condena de 12 años por homicidio. Esa misma noche en el programa Hora 20, de Radio San Borja, los dos conductores discutían sobre una supuesta magnanimidad de la justicia en relación con este caso: “ahora todos dicen pobrecita, pero asesinó a su propia madre de 65 puñaladas”. Por supuesto que la red está llena de referencias a Giuliana Llamoja dentro de páginas web que la fichan, por ejemplo, en una lista nacional de “Malvadas 1” o que imaginan páginas de su diario en el Hi5. Hasta un psicólogo radial se atrevió a diagnosticar su caso diciendo que “existía una alianza muy fuerte con el padre y la madre era menospreciada”.
¿Cómo se le ocurrió esto al doctor?, ¿acaso había entrevistado a Llamoja? No, apenas leyó las crónicas periodísticas y dictó su opinión poco profesional.
La verdad de la sentencia y de la reconsideración de semilibertad se tomó sobre la idea de que no está probado que se tratara de un asesinato premeditado, no está probado que fueran 60 puñaladas y, en cambio, está probado que se trató de un enfrentamiento de agresión mutua. Como ha sostenido su abogado José Urquizo en Radio Capital: “Se ha probado de manera absoluta que no existe una lesión directa a una sola parte del cuerpo, y sí se encontró una serie de lesiones que son producto del roce y de las agresiones de madre e hija”. ¿De dónde entonces se sigue repitiendo la misma historia que en el año 2005 fue la comidilla de lo más graneado del morbo nacional?
Giuliana Llamoja requiere de un espacio de anonimato para procesar, no solo la acción que la llevó a permanecer todos estos años en prisión, sino también todo este barullo al cual, tengo la esperanza, ella se enfrentará con inteligencia evitando ser convertida en otro monstruo mediático.
Este artículo ha sido publicado en La República el 24 de mayo de 2009.
La ilustración es de Niki Sands.


Foto: DEMUS.
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