Célibes o hipersexuales
La semana pasada nos ha tocado otro escándalo mediático que ha levantado interminables comentarios, incluso uno sorprendente de Laura Bozzo: ella ha declarado a un periódico mexicano que siente “asco” por las fotos del Padre Alberto Cutié en una de las playas de Miami con una supuesta enamorada. “Asco” es una palabra que en boca de Bozzo se convierte en una feroz ironía, pero la ha pronunciado con todo el descaro del que es capaz un monstruo mediático. Lamentablemente al padre Alberto Cutié lo están convirtiendo también en un monstruo mediático debido a dos asuntos provocadores y morbosos: la belleza y la sexualidad de un hombre que debería profesar el celibato.
Hace mucho tiempo vi en Estados Unidos alguno de los programas latinos del famoso Padre Alberto. Me llamó la atención su capacidad preformativa ante la cámara, su sonrisa abierta que invitaba a la confianza, y algunas de sus propuestas. A diferencia de otros curas mediáticos latinoamericanos (recuerdo a Clemente Sobrado, un sacerdote con acento de madrileño viejo, exagerado y sincero a más no poder), el Padre Alberto parecía demasiado joven para ir dando todo tipo de consejos, y se notaba que le faltaba “esquina”. Muy correcto, bien intencionado, un sacerdote que dentro de todo, expresaba un “vivir en el mundo”, el padre Alberto también parecía un actor de telenovelas y cierto es que para algunas mujeres, como el mismo lo comentó alguna vez, vestir de cleriman es una invitación a probar de la fruta prohibida.
La prensa carroñera —dicen que el paparazzi en cuestión pidió un millón de dólares por las fotos— ha hecho de las suyas con la noticia y una vez más han salido los portavoces de lo absurdo a lapidar al Padre Alberto, por un lado, o a defenderlo sosteniendo que el celibato es imposible, y que “el verdadero pecado es no seguir a la naturaleza”, suponiendo que lo natural es una actividad sexual constante y sostenida. Como bien dice Slavoj Zizek: “el goce en sí, que nosotros experimentamos como transgresión, es en su estatuto más profundo algo impuesto, ordenado; cuando gozamos nunca lo hacemos ‘espontáneamente’ siempre seguimos un mandato. El nombre psicoanalítico de ese mandato obsceno, ¡Goza!, es superyó”. El imperativo actual no es el kantiano, es el goce en su acepción más obscena.
La verdad que no soy la persona más adecuada para hablar del celibato —soy autora de poesía erótica— o quizás por eso puedo hacerlo: y creo que quien defiende cualquier forma de sexualidad, incluyendo la abstinencia de la misma, tiene todo el derecho y la libertad de optar por la opción que crea conveniente, siempre que no dañe al otro. En otras palabras: considero que optar por ser célibe en una sociedad erotizada a más no poder es un acto a contracorriente, radical y rebelde. Quizás la verdadera transgresión.
En efecto, hoy las mujeres debemos de tener orgasmos sino somos frígidas y sospechosas de histeria y mal genio. Los hombres no solo deben tenerlos, sino incluso afanarse de ellos, dejar expresa constancia del propio y del ajeno, y de la progenie si es preciso. Como sostiene Juan Carlos Ubilluz: “El viagra, es parte de este imperativo: lo que está pastilla parece decir es: ‘Ahora no tienes excusa: ¡Goza!, aunque tu cuerpo no lo quiera…” Si una persona es virgen a una edad más allá de la inocencia, se le considera un retardado, un freak, alguien que no está socializado en el mundo. A su vez, un hombre que opte por el celibato siempre será sospechoso y peligroso porque representa, para los otros hombres, cierta simbología de castración.
Todo esto no significa, por cierto, que personalmente no disienta del celibato como imperativo y requisito para la vivencia del sacerdocio. Creo que debe ser optativo pero, a su vez, quienes nos encontramos “gozando” en este mundo, debemos entender esa opción.
Este artículo ha sido publicado en La República el 10 de mayo de 2009.
La imagen es de acá.


Hola, Rocío: Coincido con la observación de que la sociedad moderna está hipersexualizada y que hay mucha presión para no ser un “lorna” y tener sexo como sea. La paradoja de la sociedad capitalista es que ofrece una inmensa, inagotable oferta libidinal pero es imposible satisfacerla por completo (de eso trata justamente la genial “Satisfaction” de los Rolling Stones). Pero por otro lado no estoy seguro de lo que afirma Ubilluz porque no me convence la idea de que un deseo está definido por lo que “el cuerpo quiere”. Más bien podríamos ver el Viagra como un aditamento más a la caprichosa artificialidad del goce humano. No solamente deseamos, sino que deseamos desear. Y eso no me parece malo. Si a una pareja el Viagra le permite no dar por concluida su vida sexual por algún impedimento físico, pues yo brindo por la ciencia que la hizo posible. ¿Puede alguien que de verdad no desea tener sexo ser obligado a tomar esa sustancia a fin de desear lo que no desea? El Viagra no parece ser sino el sueño cumplido de muchas brujas y si es una sustancia que nos trae felicidad, yo no le pondría objeciones, sinceramente, porque la sexualidad humana no está tan definida por necesidades instintivas como por necesidades que nosotros mismos, con la fuerza de nuestra imaginación, creamos. Saludos.
Comment by Daniel Salas — May 13, 2009 @ 5:50 pm
La verdad que también estoy tentada a decir: ¡viva el viagra! Pero creo que la objeción de Ubilluz va por el tema de que hay un entramado simbólico que te presiona hacia el goce sexual, pero también el otro (en el sentido lacaniano) y que, de alguna manera, el viagra es la opción farmacológica para continuar en esta carrera imperativa por gozar aún a pesar de la edad y del “decaimiento”. Es como un fármaco que se sustenta en el mandato de lo social (llamado por Lacan el “Gran Otro”).
Comment by Rocio Silva Santisteban — May 13, 2009 @ 6:24 pm
Los tabús pueden serlo por exceso o por defecto. De hecho son lo mismo. No se puede negar nada sin afirmarlo en si mismo. Contra más intentas ocultar algo más violentamente aparece por otro lugar.
El lenguaje no es aritmétrico, no se puede sumar sexo y restar sexo de una frase, lo único que se consigue es decirlo 2 veces.
Así pués el Viagra actúa en el mismo sentido. Ese ideal estético de tener más sexo es vivir mejor. Ese enfatizar actos concretos como universales y por tanto tener que posicionarse siempre en frente a la norma. Cada cuál ha de buscar lo que le hace feliz, pero eso se torna muy complicado en un mundo en el que los patrones de conducta están tan definidos.
A mi me gusta besarme, si pudiera me besaría con casi todas las mujeres y hombres de una fiesta (los días que me siento a gusto) pero seguramente no me iría con ninguno a la cama, pués es no me emociona tanto, pero lo acabo haciendo, y es un desastre.
Comment by victor martinez — May 27, 2009 @ 2:34 am
Digo yo, para que quitarle a los sacerdotes y monjas la opción de ser padres de familia si, incluso para su iglesia, son ellos los modelos de padres perfectos. No tiene sentido.
Coincido contigo, la abstinencia debe ser una actitud respetable y comprendida; pero siempre voluntaria, no obligatoria. Y digo obligatoria porque no es justo que para que uno pueda cumplir su sueño (el de muchos, ser sacerdote) tengas que sacrificar algo así, tu sexualidad e incluso la posibilidad legítima de tener una familia. Es como si me dijeran si quieres ser profesor y trabajar en educación pues bueno tienes que ser virgen, célibe y nunca tener familia para que te entregues por completo a tu misión y a tu pueblo… entonces yo, que siento que mi vida es la educación me quedo sin familia, sin sexualidad… cosa que me parece imposible.
Dicen que es mucho trabajo el de los sacerdotes como para tener una familia; yo no lo creo porqué hay médicos, militares… hasta astronautas y a ninguno se le prohíbe tener una familia; a pesar de la fuerte carga social que significa su trabajo o del riesgo a sus vidas que está en juego en su profesión… o lo mucho que tendrán que viajar.
Y de manera personal, opino que no tener una familia debe ser una actitud aceptada, pero de ninguna forma promovida… bajo ningún concepto. Como dije, opinión muy personal.
Comment by kokyjabn — June 18, 2009 @ 10:33 am