Benedetti

En 1999 cuando Benedetti ganó el Premio Reina Sofía de Poesía escribí un artículo en la revista Somos de una soberbia solo comparable a la que hoy esgrimen sus propias plumas. Mi modesto párrafo llevaba el provocador título de “Odio a Benedetti” y, entre otras cosas, le reclamaba por ser el poeta más vendido de América Latina. Sentía que en esa categoría comercial el poeta se había “traicionado”, por eso insistía en que admiraba su posición política pero que detestaba su posición literaria. El articulito de marras me valió la defenestración de la Librería El Virrey por algunos años y la cuadrada de Chachi Sansebiero, uruguaya y amiga personal del escritor.
La ignorancia es soberbia, pero no creo que ese texto haya sido el producto típico de una ignorante, pues si a algún poeta había leído en mi vida, eran a Vallejo, Moro, Cardenal y Benedetti, en ese orden. Yo leí a Benedetti desde niña, desde mis asmáticos años de adolescente enamorada, y me había aprendido sus poemas de memoria (“Porque te tengo y no/ porque te pienso/ porque la noche está de ojos abiertos/ porque la noche pasa y digo amor…”) pero a finales de la década del 90 percibía que tanta antología y tanto libro de poesía, casi dos por año, habían devaluado una pluma a la que le exigía todo. Exactamente todo.
Ese rencor “benedettiano” (porque como diría el vals "el rencor hiere menos que el olvido”) en realidad no fue otra cosa que el envés de ese amor juvenil que, por los caprichos del tiempo y del periodismo ligero, se convirtió en un derrape. ¿Qué se puede decir y sentir cuando, a la distancia, una añora esa mirada prístina que nos permite encontrar en esos versos cotidianos, como los Poemas de Oficina, la posibilidad de poetizar la urbe y el día a día? ¿Acaso no me enamoré también de Martín Santomé, el viejo burócrata, que se había permitido un momento de locura al dejarse perder por las faldas plegadas de Laura Avellaneda?, ¿y no sufrí también con la angustia del protagonista esperando en los pasillos del hospital la muerte de su mujer en “Sábado de Gloria”? , ¿y no me despedí también con él de todos los hijos que ella se llevó, de todos los feriados, de toda la apática ternura hacia Dios?
No descarto del todo sentir una admiración mezclada con rabia. Pero ahora que Benedetti ha muerto, que para los críticos su obra se ha vuelto “cerrada”, hay una cuentas que le debo de pagar a este viejo rabioso, con cara de bueno, que me hizo entender a una tempranísima edad que la vida también es “estar jodida y radiante y también viceversa”.
La fotografía es de aquí. Este artículo ha salido publicado hoy en Caretas.


Hola. Perdona que copie integramente el siguiente poema del señor Benedetti, pero es una forma de compartir mi admiración. Yo lo descubrí cuando ingresé a la UNMSM, y este poema me abrió los ojos a la vida, al compromiso con los otros.
¿Qué les queda a los jóvenes?
¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros
¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar
¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.
Comment by Gloria — May 22, 2009 @ 11:24 am
Desde mi punto de vista, aún cuando admiro a Benedetti, coincido con Rocío. Como poeta siempre me pareció un volcán a punto de estallar. Pero nunca estalló.
Comment by Pedro — May 23, 2009 @ 9:51 pm
Yo creo que Benedetti, nos acercó a la poesìa, por el corazòn, así de bàsico pero tuvo algo de genialidad en ello. No sé porque se me viene a la cabeza Juan Gonzalo Rose:
LOS MALOS POEMAS
No los destruyas.
No los eches
al pozo de los cielos.
Tal vez ellos retornen
después que la belleza
se haya ido.
Cuando la soledad
camine libremente
de la cama hasta el patio
y mi casa parezca
-al ojo del infante-
algún enorme erizo.
Entonces,
quizás entre sus líneas
descubras un instante
inadvertido;
la palabra extraviada
en domingos zoológicos;
algo más verdadero que lo hermoso.
Nadie sabe.
Consérvalos.
Cambia tu piel. También
la piel del mundo.
Pero el poema queda
guardando su misterio.
Tal vez no hay en tu cuerpo
-todavía-
esa única lámpara
con la que puedes verlo.
Comment by eliana — May 26, 2009 @ 4:50 pm
Lúcido, con visos de madurez tu comenterio, mi querida Rocío. Te quiero por tu sabiduría que no es la mía, decía Paul Eluard. Y así te veo, madura en tu elaboración del duelo, por este viejo rabioso y querible. Un abrazo desde Argentina.
Comment by Eduardo Espósito — May 30, 2009 @ 10:55 pm