El Bar del Alcalde

Con las manos hundidas en los sacos
Avanzamos hacia el lugar más oscuro.
Apenas unos piden una copa,
Otros ya ríen, ebrios.
La derrota—
Es una palabra que permanece suspendida
En el ambiente.
Algunos se tapan la cara con ambas manos
(qué gesto tan inútil).
Sólo Sergio y Jaime coinciden
En la esquina de la barra con algo de cerveza sin alcohol
“Estoy en una cura” me ha confesado uno
El otro sólo baja los párpados.
Ambos irradian un brillo que perdura
Desde el centro de los ojos.
Algunos me advierten:
Dicen que el uno es agresivo
Y el otro enfermo.
Yo los cojo a ambos de los brazos
Y me dejo jalar
Por esa fuerza negra
Hacia la zona más dura de la noche.
Para Parra y Bedoya en Mollina, Andalucía marzo 1993
La foto es mía de un bar en Trujillo, Perú.


