Mesa de mecidas
Los columnistas y analistas políticos del diario La República, como Mirko Lauer o Nicolás Lynch, han sostenido durante la semana que la estrategia “mesa de diálogo” para poder conectar al ejecutivo con los sectores sub-representados del Perú ha llegado a una especie de colapso con el “baguazo”. Es cierto: las mesas de diálogo, como espacio directo de negociación entre “pobladores” y funcionarios del gobierno —específicamente del Poder Ejecutivo— ya no tienen sentido; así como las declaraciones de Dionisio Romero en el decano de la prensa nacional calificándose como de “centro izquierda” diluyeron todo sentido entre la izquierda, el centro y la derecha en el tradicional espectro de la política criolla (porque, si Dionisio es de centro-izquierda, ¡¿a mí qué me queda?!).
Más allá de la anécdota, creo que es cierto: al gobierno las mesas de diálogo ya no le sirven más para las clásicas y estratégicas “mecidas”; a los “pobladores” no les dan confianza como espacio político para la interlocución directa y para la puesta en juego de reclamos que, por otras vías, eran imposibles siquiera de formular. Pero personalmente yo iría mucho más allá con el diagnóstico —digamos, la necropsia— de las mesas de diálogo: en realidad son uno de los síntomas finales del colapso total de la representación política y acompañan, en su abominable fiebre caótica y agonía morbosa, a la mil veces mentada crisis de los partidos. Lo lamento por mis amigos politólogos pero los factores para el análisis del rational choice se están convirtiendo en humo, en polvo, en sombra, en nada.
La ciudadanía, incluso las nociones sobre “sociedad civil” a la que tanto apelan las ONGs, ha perdido toda operatividad para hacerle frente a nuestra heterogénea escena política. No hay bien común, puesto que lo que implica el bien para unos es la realidad profana para otros. El dolor y la muerte para otros. Lamentablemente, quienes deben de pensar en otros modelos para entender y explicar la realidad política, están centrados en mantenerse en sus registros clásicos: y no me refiero sólo a los politólogos académicos, sino también a ciertos periodistas ahora mediáticos y a ciertos izquierdistas marthaharnekeanos. Por ejemplo, en los innumerables pronunciamientos que he leído, referidos todo al epicentro “Bagua”, hubo uno que seguía mencionando como posibilidad de salida de la crisis a las “¡¡¡mesas de diálogo!!!”, firmado por destacados intelectuales latinoamericanos, algunos muy admirados por quien firma estas líneas (si, pues, gran decepción).
Pero lo más increíble de todo es que las “mesas de diálogo” surgieron en su momento como un espacio inédito de representación política directa para sectores que deberían estar “normalmente representados” por sus congresistas o miembros de los gobiernos regionales. ¡¿Para qué necesitaríamos de una mesa de diálogo si funcionara, más o menos bien, la representación política en el congreso?! Sucede, pues, que pocos creen en esta democracia —quizás Yehude Simon es uno de los elegidos para este extraño tipo de fe— porque la democracia funciona para los ciudadanos pero no para los pobladores y menos aún para los subalternos.
Como dice la encuesta realizada por el Instituto de Opinión Pública de la Pontificia Universidad Católica esta semana queda bien en claro que, en nuestro país, hay dos formas de poder acceder al Estado ante un reclamo o de recibir justicia: la de los pobres y la de los ricos. Sí, aquellos que tienen el dinero para poder invertir en esas tierras que pertenecen a quien no tiene dinero para invertir en ellas (Alan García dixit). Y no obstante que las personas encuestadas perciben que es a los blancos, ricos, letrados, universitarios, varones, quienes pueden hacer prevalecer sus derechos (95%), un alto porcentaje sigue creyendo que los pobres son pobres porque quieren (73%) y que todos tenemos las mismas oportunidades para salir adelante (73%). ¿En qué quedamos, peruanos del Perú, o es cierto que tenemos el sistema político que realmente nos merecemos?
Este artículo ha sido publicado el domingo 21 de junio en La República.


El altísimo porcentaje de los que creen que todos tenemos las mismas oportunidades, responde más a un deseo, a un acto de fe, a una especie de autodesafío para satisfacer ese mito del coraje popular antes que a un análisis serio de la realidad. Porque la gran mayoría de los peruanos no sabe reconocer que la desigualdad de oportunidades tiene su origen en la tremenda imperfección de aquello que han dado en llamar “el sistema” (?). Algunos, los que apoyan incondicionalmente la estabilidad del statuo quo, porque sienten que sus intereses están así a buen recaudo (craso error) y los otros, la gran mayoría, por ignorancia, término que empleo no con sentido peyorativo sino como desconocimiento, incapacidad de análisis por falta de herramientas adecuadas para estructurar el pensamiento. Pero es en el otro aspecto de tu restregar en la llaga donde quisiera ser más enfático. Ver y escuchar a Rosa María Palacios mostrándose abusivamente incisiva con dos hermanos de nuestra selva me produjo un sentimiento de vergüenza ajena. No sé si su escasa inteligencia para colocarse en el debido contexto la lleva a estas poses, y lo digo porque recuerdo cuando Jaime Bayly prácticamente la vapuleó y no apareció en ella esa capacidad de campeona que lució ante gente que obviamente no domina las cuestiones legales, y menos las urbanas. Esa práctica me llevaba a imaginarla a Rosa María atada a una estaca, siendo sometida a un maltrato de “nativos” sintiendo ella, lógicamente, que no es esa la forma de someter a alguien a un escrutinio. Por eso es que aquello de la cosmovisión distinta de acuerdo a culturas muy poco próximas debe ser aquilatado en lo que es su verdadero peso. Estoy seguro que la mamá de Alberto Fujimori siempre vivió en una especie de limbo la presidencia de su hijo, y Gauguin pudo adaptarse a Tahiti porque puso todo su empeño en ello y se entregó a la tarea con amor. Por todo ello resulta increible que alguna gente con nivel cultural superior no sepa desprenderse de ciertos prejuicios para emitir opiniones equilibradas.
Comment by jualanche — June 22, 2009 @ 9:07 am
interesante los telepobres
Comment by Oe — June 25, 2009 @ 12:06 pm
Amigos,
Creo que es necesario recurrir a los medios alternativos de comunicación para no permanecer impávidos frente a la avalancha mediática que cae sistemáticamente sobre nuestras cabezas direccionando nuestra percepción. Acá les presento una página que pretende ser un espacio para la libre expresión de ideas y el debate… http://toromata.wordpress.com/
Comment by Ronald — June 29, 2009 @ 1:28 pm