Mirar no es nada fácil
¿Se aprende a mirar o se nace sabiendo? Al parecer mirar parecería mucho más fácil que leer, en tanto que lo segundo implica “descifrar” una serie de símbolos a partir de una serie de códigos y de reglas. En cambio, mirar exigiría solo “abrir los ojos” y dejarlos correr sobre las imágenes que se nos presentan de frente. Uno de los primeros síntomas de salud de un bebé es seguir con la mirada el dedo del médico que lo ausculta. Pero seguir con la mirada una imagen, y aprender su significado, son dos cosas absolutamente diferentes. Lamentablemente ante miles de imágenes que nos presentan los medios de comunicación día a día, impunemente, entrando por nuestras retinas a raudales, muchos nos comportamos como un bebés de pecho.
“Los alumnos llegan al instituto o a la universidad con una ingenuidad visual aterradora. Creen que una foto es la realidad… y no saben ‘leer’ cómo es que ‘esa realidad’ fue compuesta” señaló Roberto Huarcaya en el seminario Educar la Mirada, realizado en el Cine Alcázar la semana que pasó, y organizado por FLACSO, Foro Educativo, Proyecto Tramas y CIDE, bajo la batuta de Sandro Venturo. Como propuesta de espacio para discutir las diferentes maneras en las que “aprendemos a mirar” fue sumamente interesante sobre todo para poder debatir cómo en el Perú nos encontramos, de alguna manera, ante un “analfabetismo visual” que no permite que nuestros niños y adolescentes puedan desarrollar una reflexión crítica frente a las imágenes que los ametrallan día y noche desde los medios. No pude asistir a todas las ponencias, pero lo que sí me quedó claro de algunas que escuché fue que nos encontramos en una precariedad de enseñanza visual, a pesar de todos los esfuerzos realizados desde el Ministerio de Educación, desde otros espacios, y desde la misma escuela.
Mi antiguo profesor de Lengua I, el excelente lingüista Eduardo Zapata, inauguró el seminario y se centró en la idea de que la escuela es absolutamente escritural y que se exige sobre todo, desde las aulas, que los alumnos sepan calcular y leer, aunque incluso eso no se realiza con eficiencia, como capacidades mínimas de abstracción, para vivir entre iguales. Considero que Zapata en parte tiene razón, pero en parte no, pues su diagnóstico se funda en una escuela que ya no funciona así. La escuela hoy, con el currículo que se ha puesto en marcha, está muy lejana de aquella en la que a mí, por ejemplo, me tocó aprender (y eso que yo ya estudié, en mi chiquititud, teoría de conjuntos).
Hoy en día uno de los cursos fundamentales es “comunicación integral” que no solo exige leer y escribir, sino sobre todo, tener un vínculo crítico con los medios de comunicación y de alguna forma es un espacio para aprender a de-codificar también soportes más complejos que la propia escritura. Los profesores que dictan estos cursos lo saben perfectamente, pero a su vez, también conocen de sus propias carencias para poder dictar a la altura de los nuevos tiempos y, sobre todo, de las complicadas nuevas tecnologías. Siempre el joven que chatea, linkea o guglea lo sobrepasará en sus limitados recursos con el internet, por ejemplo. Por eso, lo importante y lo imprescindible, en estos casos, no es aprender las técnicas sino básicamente a tener una reflexión sobre ellas, una apertura a su uso y un pensamiento crítico.
Solo así podremos hacernos de un “tamiz reflexivo” sobre aquello que los medios nos ofrecen y lo que realmente podemos usufructuar, porque, como dice el viejo Ramón de Campoamor, “en este mundo traidor/ nada es verdad ni es mentira/ todo es según el color/ del cristal con que se mira”.

