La cucharita
La compré en el IKEA de Viena en 1988. Era una simple cucharita de café, con mango blanco, un utensilio como cualquier otro que vino con sus otras compañeras cucharitas, tan utilitarias como ella. Por esas cosas del destino desde hace 21 años la usaba como rizador de pestañas.
Era una simple y silvestre cucharita de mango blanco que me acompañó en los diversos bolsos de cosméticos y con ellos, en los diversos lugares del mundo por donde se me ha ocurrido pasar, Moscú, Génova, Barcelona, Madrid, Guayaquil, Cuenca, Quito, Arequipa, Cusco, Cajamarca, Piura, Tumbes, Antequera, Sevilla, Granada, Montilla, Málaga, Córdoba, Boston, Montreal, Ottawa, Rosario, Buenos Aires, Nueva York, Miami, Roma, Ayacucho, Ica, Trujillo, Filadelfia… en fin, la cucharita viajó conmigo por todos lados, donde iba la llevaba, no pesaba nada y era la representación de un mundo simbólico que iba pasando e iba dejando.
En las mañanas húmedas limeñas usaba mi cucharita mientras un taxi me deslizaba de un lado a otro de la ciudad, para ganar tiempo, en los semáforos me rizaba las pestañas rápidamente. Es una acto banal, frívolo, y el instrumento no es sino una cosa banal a su vez. Pero ayer desapareció.
No sé qué sucedió, no sé si la dejé caer en un taxi, al suelo húmedo y grasiento, mientras sin darme cuenta me bajaba a la volada, de la misma manera que subo, rápido, siempre rápido, en mi mundo hiperestresante, a todos los carros, taxis, buses, micros, custers (no, no subo a combis). La cucharita desapareció y ahora no me acompaña más.
De un metal corriente, de un mango de plástico fino, eso sí, la cucharita también me permitió enseñarle a rizarse las pestañas a algunas amigas. Si yo tuviera las pestañas de Sol, mi hija, curvadas como una s, no necesitaría de ningún tipo de rizador ni de ninguna extraña cucharita. Pero mis pestañas son como sombrillas famélicas y si no hago el ritualo del agradamiento de ojos cada mañana, siento que mis ojos decrecen, se aminoran, languidecen. En suma: se vuelven tristes.
Cuando tenía 14 años aprendí el ritual de una amiga mía, cuyo nombre ha pasado al olvido, quien me enseñó a hacerlo en dos métodos infalibles: la cuchara y la tapita de Nivea. La verdad que el segundo se me hizo tremendamente complicado, en cambio, la cuchara fue lo más fácil, natural, práctico y lo más importante: barato.
Era un objeto absolutamente banal. Y es, por cierto, una pérdida tonta.
Pero esta pérdida la percibo como el fin de algo.
Quizás con esa cucharita se fue la juventud para no volver. Se terminó la edad de la fertilidad. Pasó el tiempo de poder equivocarse. Pasaron los momentos del nomadismo, de los viajes, de la movilidad territorial, de las migraciones a sitios totalmente desconocidos, como cuando me mudé hace 21 años a Viena, sin saber a ciencia cierta lo que me deparaba el destino. Sin temor de perderme entre unas calles, entre unos trenes, entre los brazos de alguien.
Hoy, con una determinación que buena falta nos hace para tener más logros en la vida, más persistencia, me acerco poderosamente a ese cadáver en potencia que somos.



O posiblemente hayas cambiado la historia de algun ser que por gracia (o desgracia) se encontró con la cucharita rizadora. Mágico elemento como la botella de Coca Cola en Los Dioses deben de estar locos…
Comment by Inkakiev — July 23, 2009 @ 12:32 am
Al final es eso. No somos más que cadáveres en potencia…hay que tenerlo en cuenta siempre.
un saludo.
Comment by Aruxs — July 23, 2009 @ 3:25 am
¿Y que pasó con todas las hermanas de tu cucharita viajera? ¿Se perdieron entre los vericuetos de la vida o de repente están en algún rincón de tu casa, metidas dentro de algún enmohecido estuche? Si existe alguna posibilidad de que estén por allí, creo que alguna de ellas bien se merece la oportunidad de reemplazar a la titular. Al fin y al cabo habrían estado demasiado tiempo en el banquillo de las suplentes.
Comment by jualanche — July 23, 2009 @ 9:03 am
Las otras cucharitas se quedaron en Viena (junto con algunas de mis penas, felizmente).
Comment by Rocio Silva Santisteban — July 23, 2009 @ 3:21 pm
Nunca va a pasarse el tiempo de equivocarse. La muerte, probablemente, sea nuestra última equivocación. Y en hora buena.
Comment by Esen — July 24, 2009 @ 7:43 am
Agarra rápido alguna otra cucharita, no vaya a ser que tus ojos te oigan y languidezcan; no dejes que se pongan tristes pase lo que pase.
Comment by palabrasuicida — July 24, 2009 @ 10:11 am
perder algo es algo tan incierto como no saber si lo perderás para siempre o si reaparecerá en algún sueño llorando desde tu alma hasta tu amor lleno de tristeza por haberte perdido, por no poder acariciarte, extrañar tu calor
Comment by giancarlo — July 24, 2009 @ 4:11 pm
Ustedes los magos del manejo literario tienen ese maravilloso don de crear una historia fascinante desde la futilidad de un adminículo tan modesto como una cucharita, al extremo de desarrollar, a partir de su pérdida imprevista, todo un tema de reflexión existencialista. Y gratifica el espíritu apreciar como la gente se prende de ese relato con sincera simpatía e interés para manifestar sus propias conclusiones.
Iconoclasta incorregible yo, no puedo sustraerme a la tentación de contar el chiste que en relación con cucharitas me trepó intempestivamente a la cabeza al encontrarme con esta joyita literaria.
Comment by jualanche — July 24, 2009 @ 4:23 pm
Linda historia de la cucharita.
Te cuento que es un ritual que va de una generación femenina a otra.
Bueno, aunque los rizadores no jamás la podrán igualar,aprovecha esta laaaaarga semana para adquirir una nueva.¡Felices Fiestas!
Comment by Terpsícore — July 24, 2009 @ 7:09 pm
Me gusta la metafora de la cucharita porque representa una juventud bien vivida, con pasion, riesgo, y un cierto sentimiento agridulce de desencanto y desarraigo…
No hace poco reflexionaba en un tono parecido con una amiga mia, a la que no veia hace un par de anos, en un encuentro feliz y casi incidental en Estambul, durante un crucero en el Bosforo…Le pregunte si ella sentia lo mismo, si alguna vez se cuestionaba decisiones cruciales que la habian llevado por senderos insospechados…
Comment by Jacqueline — July 25, 2009 @ 10:08 am
no te preocupes, esta con el unicornio azul
Comment by Erik — July 25, 2009 @ 3:25 pm