Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

July 3, 2008

Betancourt liberada

Filed under: Kolumnas

Impactante dibujo del argentino Tomas Juan Müller, tomado de aquí.

"Aún hay 700 secuestrados en Colombia" fueron parte de las primeras palabras del discurso de "liberación" que la ex candidata a la presidencia en Colombia, Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC desde hace seis años, sostuvo ante las ansiosas cámaras de televisión de todo el mundo. Además añadió que su liberación es una alegría pero a su vez una responsabilidad, y en ese sentido, un compromiso para ella misma por la liberación definitiva de todos los secuestrados.

Con absoluta calma y serenidad, repitiéndole a su madre, "no más lágrimas, ya no hay razón para esas lágrimas", su liberación se ha convertido en la noticia más impactante y positiva de los últimos acontecimientos en el sangriento campo de batalla colombiano. Según declaraciones del presidente Alvaro Uribe la operación se realizó sin soltar una sola bala pues "el mensaje es que liberen a los demás secuestrados".

Ingrid Betancourt se había convertido en un símbolo en tanto que "secuestrada de alto perfil" era considerada como una de las "joyas" para poder ser canjeada por la liberación de presos de las FARC. Después de la muerte violenta de Raúl Reyes y de la "muerte natural" de Marulanda, dos duros golpes a la guerrilla que lleva treinta años en la tupida selva nororiental colombiana, esta liberación sin duda dejará más que desconcertados a los todavía ocho mil miembros de las FARC todavía en armas.

La mayoría de analistas políticos sostienen que la guerrilla de las FARC está prácticamente desarticulada e incluso Evo Morales ha dicho que "hoy ya no es tiempo de lucha armada" para América Latina: al parecer él es el mejor ejemplo de alcanzar el poder por la vía democrática desde posiciones socialistas e indigenistas. Pero, ¿se desmovilizarán los ocho mil guerrilleros activos? Y si lo hacen, ¿es posible regresar a sus propias casas, a sus anteriores trabajos, a una especie de modus vivendi de la paz tirando las AKM a una vera del camino?

Obviamente no. Se precisará una Comisión de la Verdad a la manera peruana, tal vez, para poder situar en su real dimensión el reguero de sangre colombiano durante los últimos treinta años. No obstante, para que ésta pueda tener algún tipo de efectividad, no es posible que se inicie sin la previa desmovilización de los guerrilleros y sin una verdadera voluntad política al respecto.

Esto último es lo más difícil ahora que Alvaro Uribe hace todos los intentos por re-lanzarse, primero en una campaña por institucionalizar la reelección constitucional y ahora con estas acciones armadas "quirúrgicas" que han golpeado durante a una guerrilla devaluada moralmente por su convivencia con el narcotráfico. Y lo más extraño ha sido la coincidencia de la presencia del candidato republicano John Mc Cain en el mismo momento que el edecán del presidente, interrumpiendo una cena de gala, le daba la noticia a Uribe.

No obstante quizás Uribe sí está arriesgando todas las cartas de su mazo, pues sería precisamente Ingrid Betancourt la más candidateable de todos los políticos colombianos actuales: su serenidad y su manera de empatar con los medios a los pocos minutos de su liberación, en conjunto con un "click" con las mismas Fuerzas Armadas colombianas expresado en sus palabras precisas de gratitud, y en el abrazo a los soldados secuestrados, le otorgan desde ya el "rouge" para ser la candidata perfecta. "No descarto servir a Colombia en las circunstancias que sean necesarias, pero ahora sólo quiero disfrutar de esta libertad" ha declarado Ingrid Betancourt, más presidenciable que nunca.

July 2, 2008

“Así son los hombres” o la cumbia feminista en el Perú

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Uno de los géneros musicales populares más misóginos es sin duda la cumbia. Quizás tanto como el vals, quizás un poco menos que el perreo y el tango. En nuestro país la cumbia ha sido utilizada como fondo musical para expresar todo tipo de temas, pero sobre todo, el tema por antonomasia de este tipo de expresiones: la pérdida de la mujer amada, y el llanto despechado del varón por aquella que lo dejó.

No quisiera adentrarme en más detalles de un tema en el que no soy especialista: no he venido a hablar sobre géneros, ni sobre pormenores vinculados a clasificaciones, en otras palabras, les pido disculpas si confundo vallenato con cumbia, o cumbia peruana con chicha. Lo que me interesa pensar y hacerlo en público sobre todo es en la “vuelta de tuerca” de la cumbia sexista que define a una mujer como traidora.  

Creo que no es necesario dar muchos ejemplos, pero tengo dos que me parecen pertinentes. Quizás uno no sea una cumbia específicamente sino un vallenato, y precisamente se refiere al hecho de que un hombre “escucha de otros tres” que su novia es una traidora: se trata de la versión clásica de todos los tiempos, pero con un humor especial que, de alguna manera ciertamente carnavalesca, aminora el dolor para condensar una nueva forma de desprecio.

Que te perdone yo, que te perdone
como si yo fuera el santo cachón
mira mi cara ve/ yo soy un hombre
y no hay que andar repartiendo perdón

Ajuiciate mama busca el juicio
busca el juicio muchacha ajuiciate
yo me iba a casar contigo
por poco meto la pata /y ahora no puedo ni verte
puedo hacer un disparate…

Se trata del clásico “El santo cachón”. Si bien es cierto que en esta canción la mujer como femme fatal es ridiculizada, el propio “yo poético” del texto no se libra de la parodia al autonominarse como “un santo” al que le hacen “el cachondeo”, esto es, de quien se burlará otra. Por eso se niega a ser “el santo chachón”, no obstante, al sólo mencionar la palabra en el coro ya se permite una mirada traviesa del receptor (como comprenderán en Lima la canción fue decodificada completamente diferente).

Esta guiño traviesa al receptor aleja el melodrama clásico del dolor de hombre traicionado, aunque sin duda se mantiene con fuerza la calificación negativa de la mujer como liviana, frívola, mentirosa y arrogante. Por eso mismo, la suerte final será que él no se case con ella, para librarse de “cometer un disparate”. Entendemos que, si es relación se hubiera formalizado, el hombre tendría el derecho de cometer un asesinato por celos o por lo menos pegarle o suicidarse (dependiendo del nivel del disparate).

En la medida que la letra apelaba al humor, a la sátira, y a lo carnavalesco, el grupo Las chicas del can, le dieron una vuelta de tuerca. No sólo pasó del vallenato al merengue, sino que en lugar de interpretar la canción como suelen hacerlo algunas cantantes mujeres, diciendo exactamente la letra tal cual, pues decidieron “convertirla en una canción para una mujer”, cambiando casi por completo el contenido, pero manteniendo el corito del “santo cachón”, aunque por cierto bastante fuera de contexto, otorgándole de esta manera un significando totalmente antagónico. En realidad la convirtieron en un himno reivindicativo de las mujeres acusadas de infieles.

Con tus mentiras, crees que me engañas
Vas diciendo, que yo te estaba engañando con un señor
No era un señor… no era uno, ni eran dos, eran tres…
Los amigos con los que yo salía a la vez
Dejándote solo en la casa…

Y ahora vienes tú con ese cuento
diciendo que eres el Santo Cachón […]

Y recuerda que yo soy la casa
Y a la casa no la engaña nadie…

Se trata pues de una “nueva versión” utilizando la misma música, el mismo coro, pero diferente ritmo y juegos con un cambio del sentido del texto. Precisamente son Las chicas del Can, las que de alguna manera prefiguran a grupos clásicos de artistas femeninas en el mundo de la cumbia como Agua Bella o Bella Luz o Bella Bella o, una de las ligeramente diferentes, por lo menos por el nombre, Ruth Karina.  Pero mientras las Chicas del Can están merengueando un vallenato, y volteando la letra de una canción misógina, Agua Bella sigue cantando su “Pasito Tum Tum” y Ruth Karina y su grupo Euforia bailando el “Siqui siqui”.  No podía pasar mucho tiempo para que, un grupo de mujeres, empezará a entonar himnos lanzados también para ese nuevo público popular: las mujeres empoderadas.

Es así que aparece primero tímidamente una canción que, antes en la voz de Rocío Durcal, no pasó de ser una ranchera bien entonada y bien intencionada. Con un coro que decía: “así son los hombres/ todos son iguales” Durcal con un vestido mexicano empieza cantando:

Nada ha sido enserio, todo fue una broma
¡Que bien me engañó!
Yo hubiera metido las manos al fuego
Por su amor…

La canción a pesar de cierta dureza de la historia, la de la mujer engañada, mantiene un tono ingenuo que se recrea en la siguiente estrofa:

Así son los hombres, todos son iguales
Pero que bonito se siente
que a una le guiñe un ojo
y con una guitarra poquito a poco
te coge, te toca y te hace una canción.

Pero ni crean que el “te coge, te toca y te hace una canción” estaba dicho con cierta malicia, para nada, en la voz de Durcal toda era en serio.

Pero ahora analicemos la misma versión, ligeramente cambiada, al estilo de Las Chicas del Can, pero en versión de cumbia peruana y como principal ejecutante a Marina Yafac. Marina funge como la voz de Agua Bella desde el año 1999, convocada por el promotor del grupo, Max Castillo, pero se debe retirar del mismo algunos años más tarde por una de las razones más usuales del desempleo femenino:

Me retiro de la agrupación Agua Bella, después de dos largos y maravillosos años, por decisión propia la cual me causó mucha tristeza; pero a la vez me sentía muy feliz porque dentro de mi estaba creciendo una linda nena la cual la llamé: Leslie Dery, la cual es una de las razones por la que sigo adelante… (Declaraciones de Marina Yafac en Chichaweb.com)

 

Pocos años más tarde, Marina es convocada por otro productor musical, Jersdon Vidal, con la finalidad de darle un perfil más alto y convertirla en la voz de su propio grupo musical. Es así que surge “Marina Yafac: la voz de la techno cumbia”. A diferencia de Dina Paucar y otras cantantes de música chicha, o de la propia Ruth Karina, Marina Yafac tiene una voz más potente y agresiva, así como un estilo diverso: no es el cuerpo grácil y núbil de las otras bailarinas, ni de las Chicas del Can, ni el cuerpo ligeramente duro de Dina Paucar con sus vestidos folklorizados, sino que se trata de un cuerpo que ha pasado por la gravidez, un cuerpo diferente, que aún se lanza a vestirse como una bailarina, aunque sabe que ya no lo es. Y precisamente para desmarcarla de Agua Bella y su pasito Tum Tum, era imprescindible conseguir otro tipo de “tono” en las letras de su canciones.

Es recién en su tercera producción como solista que Jerson Vidal se atreve a darle un cambio a la imagen de Marina a través de letras más agresivas. Deciden variar la letra de la canción interpretada por Rocío Durcal y alterar ligeramente el coro: en lugar de “así son los hombres/ todos iguales” cambió a “así son los hombre/ son una basura”. Y en esa, al parecer pequeña inflexión, radica su total éxito.

“Basura” es una de las palabras claves, tremendamente fuerte, que se ha puesto de moda entre los jóvenes para hablar de algún traidor, pero también, para referirse a las personas que siendo muy conocidas del interlocutor, han pasado por algún motivo, a ser lo peor. En un foro sobre jerga peruana, uno de los miembros definía así la versión basura en peruano: “cuando dicen: "eres una basura", se refieren a que es lo peor de lo peor, una malísima persona, una persona que no le importa si hace daño a alguien” (Yahoo respuestas).

Pero, la pregunta sería, ¿decir que “eres una basura” implica una “basurización simbólica” de ese otro? La basurización simbólica es una estrategia muy común en nuestro país y se utiliza para localizar al otro en un “afuera” como precisamente se pone a la basura en una casa: es necesario sacarla del sistema para que el sistema funcione. Este proceso de “basurizar” al otro es una manera de convertirlo en funcional para el sujeto que inicia la acción. En este caso, extrañamente explícito en su aseveración, me parece que el yo de la interpretación no está basurizando simbólicamente al otro. Me explico.

Decir que “los hombres son una basura” al parecer removería ciertos sentimientos comunes y, por lo mismo, esta letanía se convirtió en un gran éxito ante un amplio público, tanto femenino como masculino. El público femenino-con-historia, aunque se trate incluso de adolescentes, se siente identificado con la letra pues a la receptora que se apela en este tipo de canción es a aquella “que ha tenido contacto con algún hombre que le ha hecho daño”. No se trata de jugar con las coqueterías infantiles de los pasitos Tum Tum o los bailes de “siqui-siqui” (culo a culo en quechua) sino de recurrir directamente al sufrimiento de la mujer como capital para poder salir adelante despreciando al causante de los agravios.

En realidad el giro, aunque parezca una versión despechada de la misma cumbia misógina, pero al revés, no se concentra en el llanto por el dolor que nos causa el “malvado-objeto-de-amor” sino en las posibilidades de volverse a reconfigurar luego que este objeto de amor es desprendido y desasido.

Si en la interpretación de Durcal la letra era una meliflua reivindicación del macho y un coquetería de la mujer-autovictimizada —un perverso juego de auto-basurización simbólica— en la versión de Marina Yafac cobra otro matiz en tanto no puede decodificarse sino como una feroz ironía:

Así son los hombres son una basura/ Pero qué bonito se siente / que a una le den un beso
y te dice te quiere poco a poquito / Se mete adentro y se va hasta el fondo /de tu corazón.

No nos encontramos entonces ante un discurso autoritario que pretende liquidar al otro a través de una adjetivo contundente; al revés, es precisamente ese adjetivo contundente, el que permite que el sujeto se reorganice para poder entrar de nuevo, poquito a poco, al retorcido juego de la seducción. El grito “los hombres son una basura” no es un grito de guerra, sino apenas el lamento andino de una hembra que, a través de extrañar maneras, se empodera para regresar al mismo camino mil veces transitado que va hasta el fondo del corazón: esa cosa llamada amor.

Sin embargo, el éxito de este simple “giro verbal basurizador” puso en movimiento a los productores que, se alejaron de la voz elaborada y de las letras totalmente ingenuas de Rocío Durcal, para pasar a la voz más hardcore de la escena mexicana: por supuesto, me refiero a Paquita la del Barrio. Es así que las nuevas canciones de Marina se llama Rata de dos patas (aquí una versión de Paquita) y, aún cuando todo haga augurar que será un éxito, pienso que va a fracasar porque en esta letra si se pone en juego cierto autoritarismo femenino que produce un “fuera del juego total” al varón. Claro, siempre y cuando la cumbia siga jugándose en el todavía húmedo y fangoso campo de la heterosexualidad.

Pero como diría Kevin Johansen, y para terminar,  mejor no “pienses tanto, ¡cumbiera intelectual! Yo voy a rezarle a tu santo/ para que te puedas soltar… Para que seas más normal”. Así que dejaré de pensar un tanto, sólo para dedicarme a bailar.

La ilustración es de aquí y pertenece al extraordinario Christian Bendayán.

June 29, 2008

¿Romper el alma o cuidar de ella?

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No sé por qué al cineasta mexicano Gonzalez Iñárritu se le ocurrió que el alma humana pesaba 21 gramos. Al parecer la idea la tomó de un experimento ocioso con cadáveres y balanzas: se llegó a la conclusión de que luego del último suspiro el cuerpo pierde ese peso. En cambio, al Greco se le ocurrió todo lo contrario: que era lo suficientemente maciza como para hacer trastabillar a un ángel. Y lo suficientemente fea como un hígado. Y tan extraña como un silex: ploma y rígida.

Con esta imagen del Greco, tomada del famoso cuadro del entierro del Conde de Orgaz, que se encuentra en Toledo, Mario Montalbetti empezó su ponencia sobre la imposibilidad de que ésta —el alma humana— sea educada porque se resiste a toda representación. Claro, si es que el alma es en realidad el inconsciente, es decir, “lo que es en nosotros más que nosotros mismos”.

“Pero, ¿quién habla del alma hoy en día?” se preguntaba Miguel Giusti, a continuación de Montalbetti. Y es cierto: es una palabra que ha perdido todo sentido de oportunidad. “Alma” se ha reducido hoy a un nombre femenino; al título de un vals, o a un video que habla de la violencia contra la mujer con un corito que repite “te voy a romper el alma”. Hay muchas otras palabras que se usan para nombrar ese núcleo duro, extraño y rígido, que portamos todos y que conforma nuestra mismidad y que al parecer constituyen términos más “modernos y solventes”: identidad, yo, self, ego, etc etc etc. En cambio, “alma”, se ha reducido a los oscuros pasadizos de las iglesias de provincia.

Por eso mismo debe haber llamado mucho la atención el nombre del seminario donde ambos investigadores, Giusti y Montalbetti, y otros más, presentaron sus ponencias: “El cuidado del alma”, un simposio sobre filosofía de la educación, organizado por Victor Krebs en la Universidad Católica. Me imagino que este título puede haber hecho irritarse o consternarse a algunos de los educadores que se encuentran en el marco de las lógicas de la excelencia y la calidad total.

Pero, precisamente, ambas ponencias de alguna manera, así como otras, pusieron en entredicho estos conceptos que atormentan a educadores, entusiasman a ministros y burócratas internacionales, y estandarizan las formas de pensar sin tener en consideración nuestras diferencias geopolíticas. Giusti al respecto sostuvo que “en algún lugar del planeta, alguna mente astuta ha sabido destilar una lección aristotélica elemental y explotarla con fines mercantiles y burocráticos. La lección es que poseemos un saber […] que consiste en un “saber hacer”, uno que se adquiere por experiencia y se cultiva constantemente [..] Esta “sabiduría práctica”, que él llama “areté”, ha sido extraída de su contexto, distorsionada en su contenido, pero hábilmente empaquetada para adaptarla al consumo [..] y vendida con todo el aparato publicitario, y con la misma inutilidad, con los que se ponen en venta nuevas gaseosas o nuevos cosméticos”.

Esta sabiduría empaquetada es la que, algunas universidades, proponen como la mejor o incluso única manera de llevar a los jóvenes hacia el futuro y el camino del progreso. Por eso les sugieren la idea de que, estudiar, es inútil, “cuidar del alma”, es absurdo: lo preciso es simplemente hacer para “saber hacer” y, por lo tanto, “pasar” por una universidad sólo se convierte en eso. Un trámite.

Al final de la conferencia, uno de los participantes, filósofo y andino, comentó que en la cultura quechua todo es dual y, a partir de un hermoso ejemplo (el sikuri como instrumento cuya melodía sólo se logra entre dos) proponía entender otro concepto del alma: la imprescindible otredad inmersa en nosotros mismos para, por lo menos, llegar a rozar siquiera la sabiduría.

June 22, 2008

Putis: un caso de basurización

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 Equipo del EDAF en el trabajo de guardar los restos (foto tomada de Paz y Esperanza).

Una mujer campesina llora ante la cámara tapándose la cara. Mira hacia la fosa. La cámara escudriña el rostro, pero ella se esconde. No jadea, sólo solloza, las lágrimas corren por sus mejillas, susurra unas palabras.

La mujer ha descubierto de nuevo el peor dolor que puede haber en un corazón: la muerte de una hija. Tú, desocupada lectora, imagina que en lugar de devolverte el cuerpo de tu hija muerta, que habiendo pasado incluso por ese tremendo y escandaloso dolor, sólo recibes la tibia, el peroné, una chompita, un ganchito de pelo.

Ahí, entre los múltiples huesos que se encuentran en la fosa común, hay un ganchito, rosado, lleno de tierra, quizás era el ganchito de pelo de su niña. "Guaguay", exclama la mujer. Han pasado 24 años y esa niña, la del ganchito de pelo, de la que ahora sólo quedan restos del cráneo abaleado con municiones que dicen FAME (Fábrica de Armamento y Municiones del Ejército), hubiera podido tener 34 años y darle nietos y entregarle una sonrisa. Pero sólo hay lágrimas, lamentos, sollozos, indignación, frustración, pobreza, desigualdad, ninguneo, olvido.

La fosa fue construida por los propios cadáveres: les habían dicho que la caven, les habían dicho que era una piscigranja, les habían mentido con lo peor que pudiera imaginarse: su anhelo de desarrollo. Mientras los hombres cavaban, a las mujeres las violaban (las marcaban, las "cavaban", las humillaban). Los niños, no uno ni dos, decenas de niños, también fueron abaleados: era mejor matar a un proyecto de terruco, por si acaso.

¿Qué puede haber en la mente de alguien que manda a hacer eso?, ¿qué tipo de pensamientos justifican que un ser humano, que no sería calificado necesariamente como un enfermo mental sino como una persona "normal", piense que esas prácticas genocidas no son sino una manera de salvar a la patria?, ¿en lugar de proteger a los peruanos asesinaban a los peruanos?, ¿para ese peruano eran "peruanos" esos peruanos? Existen una serie de discursos –maneras de entender el mundo, formas como se organizan las ideas, a través de ciertas lógicas– que le dan al pensamiento autoritario una coherencia que justifica prácticas como el racismo, la exclusión, el sexismo, la discriminación así como ciertas formas de violencia como torturas, violaciones sexuales, asesinatos y genocidios. Estos discursos autoritarios cumplen el papel político de acreditar ideológicamente estas acciones mencionadas, y yo considero que una de esas lógicas es lo que denomino "basurización simbólica".

La basurización simbólica es la forma como se mantiene al otro como una alteridad radical que no escuchamos, un espacio de descargo y descarga, cuerpo que debe ser evacuado del sistema de forma anónima para que todo siga funcionando. Una basura humana, un hombre-muladar, una excrecencia que atora la fluidez de un sistema.

El discurso de la guerra sucia o de la guerra de baja intensidad buscaba definir un enfrentamiento interno sin las características de guerra convencional con la finalidad de saltar cualquier normativa internacional en relación con el trato de prisioneros. En otras palabras, se buscaba la impunidad de los miembros de las fuerzas armadas que, dadas las circunstancias, debían emplear "métodos no convencionales" para extraer información. Este "discurso de la guerra sucia" no es que haya permitido que se cometieran "excesos" sino que implantó una lógica coherente.

Una supuesta piscigranja con más de cuatrocientos cadáveres no es un exceso: es el resultado de una manera de pensar autoritaria que, por sobre todo, considera al otro como desecho. Esa perversión debemos erradicarla para siempre.

June 18, 2008

Todorov

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La última versión del Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales ha sido para Tzevan Todorov, uno de los grandes analistas culturales contemporáneos. A Todorov, quienes estudiamos literatura, lo hemos leído desde hace muchos años cuando estaba completamente dedicado en cuerpo y alma al estructuralismo y a cierta semiótica discursiva. Posteriormente, ha publicado una serie de ensayos sobre el tema de la alteridad y de la extranjería. Siendo él búlgaro de nacimiento y francés de adopción –al igual que Julia Kristeva– ha sido uno de los intelectuales que más ha debativo el tema de la participación del "otro" en los cruces culturales, sobre todo, después de sus trabajos sobre Bernal Díaz de Castillo, la conquista de México y el descubrimiento de América.

El premio, dado el mismo día que se aprueba en Europa las draconianas leyes anti-inmigrantes, parece una respuesta desde el área de la cultura a las pretenciones europeas de mantener una sociedad endogámica. Precisamente una de las grandes maravillas de los franceses, entre otros asuntos, son sus extranjeros: Malinowski, Kristeva, Derrida, Cixous, Badiou, sólo para nombrar a algunos teóricos.

Si bien sus propuestas sobre la otredad y la interpretación de la conquista de América han sido muy polémicas y bastante criticadas desde este lado del charco, Todorov se ha convertido posteriormente en un intelectual que palpa con mucha sagacidad los intereses que cruzan nuestra era globalizada, como por ejemplo, el tema de los trabajos por la memoria que nos atañe directamente a quienes estamos tratando de entender, leer, comprender y analizar los discursos que entretejieron épocas duras para nuestros países. "Los discursos son acontecimientos motores de la historia y no solamente sus representaciones" ha dicho en su libro Nosotros y los otros.

Para más información bio-bibliográfica sobre Todorov aquí (la versión de Wikipedia en inglés tiene menos bibliografía como suele suceder con intelectuales que publican en francés).

Una entrevista muy sincera de Todorov aquí en el diario El País y aquí otra que dio para La Nación.

La foto de arriba es tercermundistamente tomada de El País de la fecha: Todorov parece más joven y guapo, así que la dejamos tal cual.

June 14, 2008

No me quiten mi ministerio

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La creación del Ministerio del Medio Ambiente ha respondido, en concreto, a una demanda que la sociedad política ha exigido de la única manera que lo suele hacer: reclamando al Estado en las calles y en todo frente posible de lucha. Pero también a una estrategia para que el país pueda acceder a los estándares mínimos de conservación que exigen tanto los pactos multilaterales como incluso los tratados de libre comercio. Son, pues, los conflictos sociales los que, finalmente, ponen en agenda situaciones tensas que el Estado debe asumir como parte de su labor. Y una de las necesidades de esta labor es ampliar su aparato para poder distribuir no sólo la actual prosperidad económica, sino y sobre todo, organizar las formas de acceso a la equidad en una sociedad históricamente desigual e injusta.

¿Cuál ha sido el grupo humano mayoritario, en el transcurso de toda nuestra vida republicana, que ha sufrido radicales discriminaciones? Pues dos: los indígenas y las mujeres. Y doblemente subalternizadas las mujeres indígenas, por supuesto. ¿Qué hizo el Estado para disminuir esa discriminación? Pues en el transcurso de todos estos años bastante poco. En el caso de la mujeres, y considerando que pudimos ingresar a la universidad recién hace cien años y que pudimos votar —si es que estábamos alfabetizadas— recién hace cincuenta años, y que nuestras leyes de Igualdad de Oportunidades son sobre todo buenos deseos, pues las reales posibilidades de desarrollo de las mujeres se supeditan a su propio talento, sus recursos, su auto-empoderamiento, así como al azar y la necesidad.

Por eso mismo, ¿por qué motivo ahora el Estado pretende quitarnos a las mujeres un ministerio para, una vez más, invisibilizarnos y subsumirnos en una idea funcional pero absolutamente inequitativa de nuestra condición: la mujer como madre? La congresista Rosario Sasieta ha enviado una carta en la que señala que el antiguo Promudeh (Ministerio de Promoción de la Mujer) y actual MIMDES (Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social) se va a convertir en el Ministerio de la Familia. ¡¡¡¡¿Quééé?!!! Plop.

Un Ministerio de la Familia se supone debería agrupar los asuntos vinculados a primera infancia, niñez y adolescencia, planes para jóvenes, proyectos para promover la salud de los ancianos y otros aspectos, pero ¿por qué cambiar al Ministerio de la Mujer por uno como éste?, ¿por qué siempre están pensando en nosotras desde el rol de madre de familia cuando, como resulta obvio, nos desempeñamos en muchísimas otras áreas y si somos madres también tenemos a su vez otros roles igualmente relevantes en nuestra vida diaria?

En realidad el tema del Ministerio de la Familia tiene un componente ideológico claro: es un paso atrás propiciado por sectores conservadores que vinculan las políticas públicas a una doctrina o a una fe. No estoy en contra ni de las doctrinas, ni de la fe, pero si estoy a favor de un estado laico que sobre todo tenga en consideración a los ciudadanos como tales y no como miembros de una religión determinada. Todos los peruanos no tenemos por qué regirnos normativamente bajo los intereses de un determinado grupo religioso, aunque éste sea mayoritario.

Uno de los argumentos jurídicos que me parecen más solidos en la carta de Rosario Sasieta es la importancia de la persona humana —esto es, la mujer en el caso concreto— frente a las instituciones en torno al tema de formulación de derechos. La mujer debe de anteponerse a la familia, pero no sólo por ser una persona humana y la segunda un conjunto heterogéneo y abstracto —¿qué familia?, ¿la monoparental también?, ¿la familia disfuncional?, ¿o la clásica de papá, mamá e hijitos?), sino incluso porque ha estado por siglos considerada sólo parte del menaje familiar.

June 5, 2008

Menos pobres, más desiguales

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Foto: Giancarlo Tejeda.

Durante las últimas semanas varios economistas han estado participando muy activamente de la discusión sobre el tema de la medición de la pobreza en el Perú. Se han cuestionado cifras, métodos, mediciones, porcentajes y también han surgido sus dimes y diretes —“que antes tú me criticaste y que ahora yo te critico”— etcétera. Y si bien es cierto que muchos cuestionan las exageraciones, la mayoría están de acuerdo en que, si pues, efectivamente, quizás no en la proporción que señala el INEI, pero la pobreza se ha reducido.

¿Eso significa que se ha reducido la desigualdad? Pues sospecho que no, y según me lo explica un amigo economista, no, y según leo en el Informe de Oxfam, no. Un rotundo no. Como lo sostiene un artículo del informe del economista Efraín Gonzáles de Olarte, la proporción entre crecimiento económico sostenido y reducción de la pobreza parece compatible: una cifra sube, la otra baja. Pero la desigualdad sigue exactamente igual. O peor.

Entiendo que las mediciones para pobreza y desigualdad son completamente diferentes, pero más allá de índices de Gini y curvas de Lorenz, la verdad indubitable es que la situación en torno a educación en todos los estamentos (colegios y universidades), el  acceso a la salud, la realidad apocalíptica del transporte público, además de la supervivencia en calorías diaria, está repartida de una manera extraordinariamente desigual, a índices que nos equiparan con países como Zambia, Bolivia, Singapur o incluso el increíblemente desigual Brasil (que apenas nos gana 4 puntos en el índice de Gini según datos del Banco Mundial, y recuérdese que en Brasil hay 7 pobres por un rico). Si en 1985 teníamos un índice de desigualdad de 42, pues ahora ha crecido a 52.2: esa es la verdad de la milanesa.

En concreto eso significa que el otro lado (patético) de la gastronomía peruana y el éxito de lo novoandino es el hambre y la desnutrición que permiten la muerte por falta de calorías de más de cien niños en lo que ha comenzado el invierno en Puno. A su vez, que el otro lado (patético) de la impronta de Asia y sus megacomercios con Tongo cantando la pituca, es precisamente la no-reconstrucción de Pisco y los otros poblados afectados por el terremoto. Que el otro lado (patético) del crecimiento inmobiliario en Miraflores, Jesús María y Pueblo Libre, es la falta de posibilidades de acceso a créditos de construcción de los más pobres. Que el otro lado (recontra-patético) de las 4x4 y los pubs cajamarquinos, es precisamente, la extrema pobreza de extensos sectores rurales.

¿Dónde está ese crecimiento sostenido en 75 meses continuos? ¿No será, como señala el economista Silvio Rendón, que habría sectores que no crecen nada mientras otros están quizás creciendo al 16% anual o más? He ahí una manera de llamar a la desigualdad por su nombre, y si bien todos nos sentimos satisfechos de que el Perú (¿qué Perú?, pero ése es otro tema) esté creciendo —aún cuando sea a costa de materias primas— el temor de un futuro de estancamiento debe de ponernos en alerta para poder tener en consideración las formas de prevenirnos. Los minerales se acaban, el agua se acaba, ¿qué perdura? Nosotros, los seres humanos, perduramos y nos sobrepoblamos, ¿y por qué no invertir precisamente en recursos humanos? Se han abierto fondos de investigación y financiamiento de capital humano en el Congreso de la República, y aún con la alta desconfianza hacia los congresistas, debemos insistir precisamente en que esos fondos se incrementen así como otros que consideren prioritario el tema de la investigación científica y del conocimiento. Porque ser “medio pobres” pero ignorantes es el peor de todos los futuros.

La pobreza es algo más que índices, que mediciones, que cifras: cuando los economistas discuten por métodos entiendo que quieren aclarar dudas y contenidos para discusiones políticas posteriores más precisas, pero se alejan de la percepción del “hombre y mujer de a pie” que queremos saber, conocer, palpar y entender qué diablos nos pasa. ¿Quién de ustedes, queridos economistas, se atreve a explicárnoslo?

May 30, 2008

Poeta y pobre con p de patria

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Cuando el presidente Alan García nos informa que la pobreza se ha reducido cinco puntos porcentuales en un año, me pregunto: ¿en qué medida mi vida está incluida ahí, en alguna coma, de esos puntos porcentuales?, ¿cuántos de mis amigos se encuentran en medio de esas cifras?, ¿cuál de los poetas peruanos podría soñar con salir de la pobreza extrema para subir a la línea de la pobreza de solemnidad?

Vallejo murió literalmente en condiciones de precariedad económica severa y, hace pocos días, Alejandro Romualdo Valle, el autor del famoso “Himno Coral a Tupac Amaru, que es la libertad”, fue encontrado en su vivienda muerto, golpeado, quizás asesinado. Vivía solo e imaginamos que tenía para el almuerzo diario: pero la pobreza no se atenúa sólo llevándose a la boca unas cuantas proteínas, y la soledad, la falta de acceso a servicios de salud, la necesidad de una pensión de jubilación digna, son también signos claros de pobreza y abandono. Alejandro Romualdo no los poseía.

Hace algunos años, Francisco Bendezú, uno de los poetas más intensos de la generación del 50, cuyos versos “Yo soy el granizo que entra aullando por tu pecho desquiciado” son el inicio de uno de los poemas amorosos más bellos de la literatura hispánica, también murió en condiciones de desolación total: en su casa postrado en un sillón desvencijado, cubierto de colchas malolientes, abandonado, solo, triste. Una crónica publicada por Jerónimo Pimentel narraba, con lujo de detalles, esos momentos de abandono que vivía en su enfermedad el poeta dos veces laureado por el Premio Nacional de Poesía. Parecía que a esa crónica sólo le faltaba el “¡Tú sufres, tú padeces y tú vuelves a sufrir horriblemente…” como sigue gritando aún Vallejo desde su tumba.

Hace algunos años el poeta Emilio Adolfo Westphalen tuvo que ser considerado legalmente indigente para que, a través de una serie de mecanismos gubernamentales, se le permita vivir sus últimos días en la Maison Santé. Y Césareo Martínez, el autor de “Cinco razones puras (para comprometerse con la huelga)”, murió en el Hospital María Auxiliadora de San Juan de Miraflores, y felizmente que en ese momento Nicolás Lynch se encontraba en el cargo de ministro de educación y por lo menos pudo dársele a Chacho un entierro digno.

Hace poco tiempo, uno de mis compañeros generacionales de poesía tuvo que afrontar una enfermedad muy delicada y no hubo otra manera de conseguir los recursos necesarios que haciendo una “chancha”, como en los locos años 80 para comprar la cerveza de la fiesta, y un recital con cobranza de entrada para que por lo menos cubriera una parte mínima de su acceso a la salud.

¡Y ni les cuento de las artimañas que deben hacer algunas de mis amigas poetas para poder pagar las deudas, el teléfono, el colegio de la hija, los remedios de la madre! Yo misma, soy mil oficios como tantos otros (ya he hablado de mi síntoma del multiempleo ansioso), y encima seguimos financiando nuestros libros de poesía, nuestras lecturas públicas, y apostando por el premio nacional o internacional para cerrar el presupuesto de diciembre.

Dirán los optimistas que los poetas no tienen por qué morir pobres. Por supuesto que no: visitando La Chascona, la casa de Neruda en Santiago de Chile, me di perfecta cuenta que no la pasaba nada mal: su casa es un museo al hedonismo, una fiesta de colores, un espacio consagrado a la sensualidad;  la cristalería, los objetos maravillosos que pescó de sus múltiples viajes, los cuadros y los árboles. Es cierto que todo fue casi destruido durante el cateo que hizo la Junta Militar luego del golpe, y es cierto asimismo, que a los pocos días Neruda murió no sabemos si de rencor o de tristeza. Pero de que pasó pobreza, lo dudo, por lo menos no en sus últimos tiempos.

Aunque, ups, claro… él era un poeta chileno.

La imagen es el famoso cuadro de Carl Spitzweg de 1839, el poeta pobre (contando las sílabas del verso).

May 25, 2008

¿Eres poeta de verdad o qué?

Filed under: Kolumnas

Una de las pocas fotos de María Emilia Cornejo.

Esa pregunta, hecha a boca de jarro contra Melissa Patiño en el uterotv, me hizo recordar cuando hace años me preguntaban lo mismo, antes de que yo hubiera publicado algún libro de poesía, y como ella me quedaba primero pensando, seriamente, si debía llamarme a mí misma de esa manera o no. De hecho, el primer libro que publiqué a los 20 años me convirtió en teoría e inmediatamente en poeta, pero a su vez no podía creerme que lo era. “¿Eres poeta?”— y una, a diferencia de tanto colega varón que se arroga la imagen antes que el oficio, se quedaba pasmada —como el rey del cuento— y sin saber, en realidad, si lo era, no lo era, o quizás debería serlo. Incluso ahora, luego de tantas lunas, agua bajo el puente, y libros escritos en verso, puedo seguir con la duda que tormentosa crece, preguntándome, ¿lo soy?, ¿soy poeta porque versos compongo? Lo que siempre contesto, exactamente igual a Melissa, es “escribo poesía”. ¡Diablos, por qué las mujeres seguimos siendo así!

Quizás porque los hombres siguen siendo asá.

A propósito de una reiterada e insistente campaña contra la imagen de poeta de María Emilia Cornejo me provoca hablar sobre el oficio, su relación con la identidad, y ese aspecto siempre extraño y sombrío que cruza cualquier delgada línea roja. En la excelente revista virtual El Hablador, Francisco Izquierdo Quea, aprovechando su estancia en París, le hace una larga entrevista a José Rosas Ribeyro sobre un tema que había saltado a la luz pública hace unos pocos meses al publicarse un artículo al respecto en la revista Intermezzo Tropical: la “construcción” de los poemas de María Emilia Cornejo realizada supuestamente por Rosas Ribeyro y por Elqui Burgos durante los años 70, luego del suicidio de Cornejo. Según la versión de Rosas los tres famosos y emblemáticos poemas de Cornejo (“La muchacha mala de la historia”, “Como tú lo estableciste” y “Tímida y avergonzada”) fueron ensamblados por ellos con “restos” de versos que María Emilia escribió pero no publicó.

En la entrevista de Izquierdo, Rosas Ribeyro al parecer se siente muy satisfecho de haber puesto en evidencia que, según él, el mito de María Emilia Cornejo no tiene fundamento. “A tu juicio, ¿Cornejo fue o no poeta?” le pregunta Izquierdo a Rosas, y él contesta: “No. Ella era una chica que empezaba a escribir. En sus cuadernos y en hojas sueltas apuntaba cosas acerca de sus malestares existenciales, su vida conyugal, su compromiso social de estudiante católica. La cuestión es simple: sin esos tres poemas ella no existiría hoy como poeta reconocida”.

Totalmente en desacuerdo. Falso de toda falsedad. Si esto fuera cierto, no se hubiera podido publicar el libro En la mitad del camino recorrido que incluye, además de los tres poemas citados, 27 poemas más. Según Rosas Ribeyro estos poemas no valen nada. Pero si uno verdaderamente los analiza, con detalle, incluso los “construidos”, podemos sostener que todos tienen un estilo muy parecido: se trata de textos de un lenguaje muy directo, poco adjetivado, muchos de ellos con un halo erótico —“entro lentamente por tus venas/ hasta inundar/ todos los rincones de tu cuerpo”— que denotan, precisamente, el rasgo fundamental de la poesía de Cornejo: una actitud poco pasiva frente a la relación amorosa y sexual. Rosas Ribeyro sostiene que él y Elqui Burgos “editaron” los poemas de versos sueltos y cual Pigmaliones, insuflaron con el talento de ellos, esa materia o barro de los orígenes para crear a una poeta paradigmática. Discrepo: si los versos sueltos no hubieran sido escritos de esa manera, no hubiera habido material para construir nada, en el supuesto de que esos textos hayan sido editados en su totalidad por Burgos/Rosas.

Rosas, en un acto clásico del macrocefalismo ególatra de los poetas peruanos del Perú —perdonen la tristeza y con grandes excepciones— sostiene que Cornejo sólo escribió “unos cuantos poemitas sociales” —ajá, una vez más el uso del diminutivo limeño para desacreditar a alguien— y que sí existe como poeta, lo hace en razón de esos tres poemas que, claro está, él y su amigo mudo —“es que Elqui no quiere meterse en problemas”— editaron, samplearon, remixearon cual DJ’s de la literatura escrita por mujeres. Y lo más increíble, es que en base a esto, y utilizando algunas declaraciones orales de Carmen Ollé y el silencio de Hildebrando Pérez y de Marco Martos, pone en duda no sólo la poesía de Cornejo, sino toda la literatura escrita por mujeres “que es utilizada por las feministas”.

Pronto se dirá que los poemas de Carmen Ollé los escribió Enrique Verástegui, y los de Giovanna Pollarolo, Francisco Lombardi y los de Victoria Guerrero, Enrique Bernales ¿y los míos propios?, ¿a qué poeta peruano me busco para que sea mi inventor?

May 23, 2008

El puente de Brooklyn

 

El puente de Brooklyn ha cumplido 125 años y lo neoyorquinos lo han festejado a lo grande. Aquí un pequeño homenaje.

CRUZANDO EL PUENTE DE BROOKLYN

Aquí estamos mi hermano y yo cruzando el puente de Brooklyn
la tensión de los cables de acero, el frío calando los huesos
la sensación de un ahogo y el cerebro parece reventar

atrás el East River
lejos la Estatua de la Libertad
pero nada de eso me interesa

yo quiero seguirlo, tengo frío, me arden los pies
mis ganas se apagan conforme avanza el tiempo
el paraguas negro y roto
atrás lejos, una imagen de Van Gogh
más adelante una vela en San Patricio prendida con vergüenza

mientras tanto mi hermano apertrechado suelta disparos
para ambos lados:
Canon F3, un segundo de cariño
retenido con urgencia

"ven, abrázame, que hace tiempo nadie me abraza".

y yo extiendo mis brazos con torpeza
él me aprieta como el oso polar del Central Park
buscando esa sensación que desate su prisión de pelos.

Ahogo un llanto, aprieto las muelas,
¿dónde están todos esos momentos que nunca nos dimos?

"Párate acá, que nos tomamos una foto".

Lleva un pie vendado y tantos meses de soledad.

¿Recuerdas cuando te dejé que peles la antena del televisor
y te cortaste un dedo?
Le tenía miedo a la sangre de mi hermanito: lloré
y envolví el dedo en toneladas de papel higiénico: gesto inútil,
ahora porta como un estandarte esa cicatriz.

Camino detrás de él sostenida por su persistencia.
Tropezamos con gente corriendo en camiseta
cruzo mi saco, meto las manos en los bolsillos, levanto las solapas,
y le grito que detesto el frío.

Pero él cojeando insiste una vez más sólo por la foto del encuentro:
dos hermanos abrazados sobre el Puente de Brooklyn
un disparo, un milagro, una revelación.

Agosto de 1999






















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