Kolumna Okupa

Rocío Silva Santisteban

July 3, 2008

Betancourt liberada

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Impactante dibujo del argentino Tomas Juan Müller, tomado de aquí.

"Aún hay 700 secuestrados en Colombia" fueron parte de las primeras palabras del discurso de "liberación" que la ex candidata a la presidencia en Colombia, Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC desde hace seis años, sostuvo ante las ansiosas cámaras de televisión de todo el mundo. Además añadió que su liberación es una alegría pero a su vez una responsabilidad, y en ese sentido, un compromiso para ella misma por la liberación definitiva de todos los secuestrados.

Con absoluta calma y serenidad, repitiéndole a su madre, "no más lágrimas, ya no hay razón para esas lágrimas", su liberación se ha convertido en la noticia más impactante y positiva de los últimos acontecimientos en el sangriento campo de batalla colombiano. Según declaraciones del presidente Alvaro Uribe la operación se realizó sin soltar una sola bala pues "el mensaje es que liberen a los demás secuestrados".

Ingrid Betancourt se había convertido en un símbolo en tanto que "secuestrada de alto perfil" era considerada como una de las "joyas" para poder ser canjeada por la liberación de presos de las FARC. Después de la muerte violenta de Raúl Reyes y de la "muerte natural" de Marulanda, dos duros golpes a la guerrilla que lleva treinta años en la tupida selva nororiental colombiana, esta liberación sin duda dejará más que desconcertados a los todavía ocho mil miembros de las FARC todavía en armas.

La mayoría de analistas políticos sostienen que la guerrilla de las FARC está prácticamente desarticulada e incluso Evo Morales ha dicho que "hoy ya no es tiempo de lucha armada" para América Latina: al parecer él es el mejor ejemplo de alcanzar el poder por la vía democrática desde posiciones socialistas e indigenistas. Pero, ¿se desmovilizarán los ocho mil guerrilleros activos? Y si lo hacen, ¿es posible regresar a sus propias casas, a sus anteriores trabajos, a una especie de modus vivendi de la paz tirando las AKM a una vera del camino?

Obviamente no. Se precisará una Comisión de la Verdad a la manera peruana, tal vez, para poder situar en su real dimensión el reguero de sangre colombiano durante los últimos treinta años. No obstante, para que ésta pueda tener algún tipo de efectividad, no es posible que se inicie sin la previa desmovilización de los guerrilleros y sin una verdadera voluntad política al respecto.

Esto último es lo más difícil ahora que Alvaro Uribe hace todos los intentos por re-lanzarse, primero en una campaña por institucionalizar la reelección constitucional y ahora con estas acciones armadas "quirúrgicas" que han golpeado durante a una guerrilla devaluada moralmente por su convivencia con el narcotráfico. Y lo más extraño ha sido la coincidencia de la presencia del candidato republicano John Mc Cain en el mismo momento que el edecán del presidente, interrumpiendo una cena de gala, le daba la noticia a Uribe.

No obstante quizás Uribe sí está arriesgando todas las cartas de su mazo, pues sería precisamente Ingrid Betancourt la más candidateable de todos los políticos colombianos actuales: su serenidad y su manera de empatar con los medios a los pocos minutos de su liberación, en conjunto con un "click" con las mismas Fuerzas Armadas colombianas expresado en sus palabras precisas de gratitud, y en el abrazo a los soldados secuestrados, le otorgan desde ya el "rouge" para ser la candidata perfecta. "No descarto servir a Colombia en las circunstancias que sean necesarias, pero ahora sólo quiero disfrutar de esta libertad" ha declarado Ingrid Betancourt, más presidenciable que nunca.

June 29, 2008

¿Romper el alma o cuidar de ella?

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No sé por qué al cineasta mexicano Gonzalez Iñárritu se le ocurrió que el alma humana pesaba 21 gramos. Al parecer la idea la tomó de un experimento ocioso con cadáveres y balanzas: se llegó a la conclusión de que luego del último suspiro el cuerpo pierde ese peso. En cambio, al Greco se le ocurrió todo lo contrario: que era lo suficientemente maciza como para hacer trastabillar a un ángel. Y lo suficientemente fea como un hígado. Y tan extraña como un silex: ploma y rígida.

Con esta imagen del Greco, tomada del famoso cuadro del entierro del Conde de Orgaz, que se encuentra en Toledo, Mario Montalbetti empezó su ponencia sobre la imposibilidad de que ésta —el alma humana— sea educada porque se resiste a toda representación. Claro, si es que el alma es en realidad el inconsciente, es decir, “lo que es en nosotros más que nosotros mismos”.

“Pero, ¿quién habla del alma hoy en día?” se preguntaba Miguel Giusti, a continuación de Montalbetti. Y es cierto: es una palabra que ha perdido todo sentido de oportunidad. “Alma” se ha reducido hoy a un nombre femenino; al título de un vals, o a un video que habla de la violencia contra la mujer con un corito que repite “te voy a romper el alma”. Hay muchas otras palabras que se usan para nombrar ese núcleo duro, extraño y rígido, que portamos todos y que conforma nuestra mismidad y que al parecer constituyen términos más “modernos y solventes”: identidad, yo, self, ego, etc etc etc. En cambio, “alma”, se ha reducido a los oscuros pasadizos de las iglesias de provincia.

Por eso mismo debe haber llamado mucho la atención el nombre del seminario donde ambos investigadores, Giusti y Montalbetti, y otros más, presentaron sus ponencias: “El cuidado del alma”, un simposio sobre filosofía de la educación, organizado por Victor Krebs en la Universidad Católica. Me imagino que este título puede haber hecho irritarse o consternarse a algunos de los educadores que se encuentran en el marco de las lógicas de la excelencia y la calidad total.

Pero, precisamente, ambas ponencias de alguna manera, así como otras, pusieron en entredicho estos conceptos que atormentan a educadores, entusiasman a ministros y burócratas internacionales, y estandarizan las formas de pensar sin tener en consideración nuestras diferencias geopolíticas. Giusti al respecto sostuvo que “en algún lugar del planeta, alguna mente astuta ha sabido destilar una lección aristotélica elemental y explotarla con fines mercantiles y burocráticos. La lección es que poseemos un saber […] que consiste en un “saber hacer”, uno que se adquiere por experiencia y se cultiva constantemente [..] Esta “sabiduría práctica”, que él llama “areté”, ha sido extraída de su contexto, distorsionada en su contenido, pero hábilmente empaquetada para adaptarla al consumo [..] y vendida con todo el aparato publicitario, y con la misma inutilidad, con los que se ponen en venta nuevas gaseosas o nuevos cosméticos”.

Esta sabiduría empaquetada es la que, algunas universidades, proponen como la mejor o incluso única manera de llevar a los jóvenes hacia el futuro y el camino del progreso. Por eso les sugieren la idea de que, estudiar, es inútil, “cuidar del alma”, es absurdo: lo preciso es simplemente hacer para “saber hacer” y, por lo tanto, “pasar” por una universidad sólo se convierte en eso. Un trámite.

Al final de la conferencia, uno de los participantes, filósofo y andino, comentó que en la cultura quechua todo es dual y, a partir de un hermoso ejemplo (el sikuri como instrumento cuya melodía sólo se logra entre dos) proponía entender otro concepto del alma: la imprescindible otredad inmersa en nosotros mismos para, por lo menos, llegar a rozar siquiera la sabiduría.

June 22, 2008

Putis: un caso de basurización

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 Equipo del EDAF en el trabajo de guardar los restos (foto tomada de Paz y Esperanza).

Una mujer campesina llora ante la cámara tapándose la cara. Mira hacia la fosa. La cámara escudriña el rostro, pero ella se esconde. No jadea, sólo solloza, las lágrimas corren por sus mejillas, susurra unas palabras.

La mujer ha descubierto de nuevo el peor dolor que puede haber en un corazón: la muerte de una hija. Tú, desocupada lectora, imagina que en lugar de devolverte el cuerpo de tu hija muerta, que habiendo pasado incluso por ese tremendo y escandaloso dolor, sólo recibes la tibia, el peroné, una chompita, un ganchito de pelo.

Ahí, entre los múltiples huesos que se encuentran en la fosa común, hay un ganchito, rosado, lleno de tierra, quizás era el ganchito de pelo de su niña. "Guaguay", exclama la mujer. Han pasado 24 años y esa niña, la del ganchito de pelo, de la que ahora sólo quedan restos del cráneo abaleado con municiones que dicen FAME (Fábrica de Armamento y Municiones del Ejército), hubiera podido tener 34 años y darle nietos y entregarle una sonrisa. Pero sólo hay lágrimas, lamentos, sollozos, indignación, frustración, pobreza, desigualdad, ninguneo, olvido.

La fosa fue construida por los propios cadáveres: les habían dicho que la caven, les habían dicho que era una piscigranja, les habían mentido con lo peor que pudiera imaginarse: su anhelo de desarrollo. Mientras los hombres cavaban, a las mujeres las violaban (las marcaban, las "cavaban", las humillaban). Los niños, no uno ni dos, decenas de niños, también fueron abaleados: era mejor matar a un proyecto de terruco, por si acaso.

¿Qué puede haber en la mente de alguien que manda a hacer eso?, ¿qué tipo de pensamientos justifican que un ser humano, que no sería calificado necesariamente como un enfermo mental sino como una persona "normal", piense que esas prácticas genocidas no son sino una manera de salvar a la patria?, ¿en lugar de proteger a los peruanos asesinaban a los peruanos?, ¿para ese peruano eran "peruanos" esos peruanos? Existen una serie de discursos –maneras de entender el mundo, formas como se organizan las ideas, a través de ciertas lógicas– que le dan al pensamiento autoritario una coherencia que justifica prácticas como el racismo, la exclusión, el sexismo, la discriminación así como ciertas formas de violencia como torturas, violaciones sexuales, asesinatos y genocidios. Estos discursos autoritarios cumplen el papel político de acreditar ideológicamente estas acciones mencionadas, y yo considero que una de esas lógicas es lo que denomino "basurización simbólica".

La basurización simbólica es la forma como se mantiene al otro como una alteridad radical que no escuchamos, un espacio de descargo y descarga, cuerpo que debe ser evacuado del sistema de forma anónima para que todo siga funcionando. Una basura humana, un hombre-muladar, una excrecencia que atora la fluidez de un sistema.

El discurso de la guerra sucia o de la guerra de baja intensidad buscaba definir un enfrentamiento interno sin las características de guerra convencional con la finalidad de saltar cualquier normativa internacional en relación con el trato de prisioneros. En otras palabras, se buscaba la impunidad de los miembros de las fuerzas armadas que, dadas las circunstancias, debían emplear "métodos no convencionales" para extraer información. Este "discurso de la guerra sucia" no es que haya permitido que se cometieran "excesos" sino que implantó una lógica coherente.

Una supuesta piscigranja con más de cuatrocientos cadáveres no es un exceso: es el resultado de una manera de pensar autoritaria que, por sobre todo, considera al otro como desecho. Esa perversión debemos erradicarla para siempre.

June 14, 2008

No me quiten mi ministerio

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La creación del Ministerio del Medio Ambiente ha respondido, en concreto, a una demanda que la sociedad política ha exigido de la única manera que lo suele hacer: reclamando al Estado en las calles y en todo frente posible de lucha. Pero también a una estrategia para que el país pueda acceder a los estándares mínimos de conservación que exigen tanto los pactos multilaterales como incluso los tratados de libre comercio. Son, pues, los conflictos sociales los que, finalmente, ponen en agenda situaciones tensas que el Estado debe asumir como parte de su labor. Y una de las necesidades de esta labor es ampliar su aparato para poder distribuir no sólo la actual prosperidad económica, sino y sobre todo, organizar las formas de acceso a la equidad en una sociedad históricamente desigual e injusta.

¿Cuál ha sido el grupo humano mayoritario, en el transcurso de toda nuestra vida republicana, que ha sufrido radicales discriminaciones? Pues dos: los indígenas y las mujeres. Y doblemente subalternizadas las mujeres indígenas, por supuesto. ¿Qué hizo el Estado para disminuir esa discriminación? Pues en el transcurso de todos estos años bastante poco. En el caso de la mujeres, y considerando que pudimos ingresar a la universidad recién hace cien años y que pudimos votar —si es que estábamos alfabetizadas— recién hace cincuenta años, y que nuestras leyes de Igualdad de Oportunidades son sobre todo buenos deseos, pues las reales posibilidades de desarrollo de las mujeres se supeditan a su propio talento, sus recursos, su auto-empoderamiento, así como al azar y la necesidad.

Por eso mismo, ¿por qué motivo ahora el Estado pretende quitarnos a las mujeres un ministerio para, una vez más, invisibilizarnos y subsumirnos en una idea funcional pero absolutamente inequitativa de nuestra condición: la mujer como madre? La congresista Rosario Sasieta ha enviado una carta en la que señala que el antiguo Promudeh (Ministerio de Promoción de la Mujer) y actual MIMDES (Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social) se va a convertir en el Ministerio de la Familia. ¡¡¡¡¿Quééé?!!! Plop.

Un Ministerio de la Familia se supone debería agrupar los asuntos vinculados a primera infancia, niñez y adolescencia, planes para jóvenes, proyectos para promover la salud de los ancianos y otros aspectos, pero ¿por qué cambiar al Ministerio de la Mujer por uno como éste?, ¿por qué siempre están pensando en nosotras desde el rol de madre de familia cuando, como resulta obvio, nos desempeñamos en muchísimas otras áreas y si somos madres también tenemos a su vez otros roles igualmente relevantes en nuestra vida diaria?

En realidad el tema del Ministerio de la Familia tiene un componente ideológico claro: es un paso atrás propiciado por sectores conservadores que vinculan las políticas públicas a una doctrina o a una fe. No estoy en contra ni de las doctrinas, ni de la fe, pero si estoy a favor de un estado laico que sobre todo tenga en consideración a los ciudadanos como tales y no como miembros de una religión determinada. Todos los peruanos no tenemos por qué regirnos normativamente bajo los intereses de un determinado grupo religioso, aunque éste sea mayoritario.

Uno de los argumentos jurídicos que me parecen más solidos en la carta de Rosario Sasieta es la importancia de la persona humana —esto es, la mujer en el caso concreto— frente a las instituciones en torno al tema de formulación de derechos. La mujer debe de anteponerse a la familia, pero no sólo por ser una persona humana y la segunda un conjunto heterogéneo y abstracto —¿qué familia?, ¿la monoparental también?, ¿la familia disfuncional?, ¿o la clásica de papá, mamá e hijitos?), sino incluso porque ha estado por siglos considerada sólo parte del menaje familiar.

June 5, 2008

Menos pobres, más desiguales

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Foto: Giancarlo Tejeda.

Durante las últimas semanas varios economistas han estado participando muy activamente de la discusión sobre el tema de la medición de la pobreza en el Perú. Se han cuestionado cifras, métodos, mediciones, porcentajes y también han surgido sus dimes y diretes —“que antes tú me criticaste y que ahora yo te critico”— etcétera. Y si bien es cierto que muchos cuestionan las exageraciones, la mayoría están de acuerdo en que, si pues, efectivamente, quizás no en la proporción que señala el INEI, pero la pobreza se ha reducido.

¿Eso significa que se ha reducido la desigualdad? Pues sospecho que no, y según me lo explica un amigo economista, no, y según leo en el Informe de Oxfam, no. Un rotundo no. Como lo sostiene un artículo del informe del economista Efraín Gonzáles de Olarte, la proporción entre crecimiento económico sostenido y reducción de la pobreza parece compatible: una cifra sube, la otra baja. Pero la desigualdad sigue exactamente igual. O peor.

Entiendo que las mediciones para pobreza y desigualdad son completamente diferentes, pero más allá de índices de Gini y curvas de Lorenz, la verdad indubitable es que la situación en torno a educación en todos los estamentos (colegios y universidades), el  acceso a la salud, la realidad apocalíptica del transporte público, además de la supervivencia en calorías diaria, está repartida de una manera extraordinariamente desigual, a índices que nos equiparan con países como Zambia, Bolivia, Singapur o incluso el increíblemente desigual Brasil (que apenas nos gana 4 puntos en el índice de Gini según datos del Banco Mundial, y recuérdese que en Brasil hay 7 pobres por un rico). Si en 1985 teníamos un índice de desigualdad de 42, pues ahora ha crecido a 52.2: esa es la verdad de la milanesa.

En concreto eso significa que el otro lado (patético) de la gastronomía peruana y el éxito de lo novoandino es el hambre y la desnutrición que permiten la muerte por falta de calorías de más de cien niños en lo que ha comenzado el invierno en Puno. A su vez, que el otro lado (patético) de la impronta de Asia y sus megacomercios con Tongo cantando la pituca, es precisamente la no-reconstrucción de Pisco y los otros poblados afectados por el terremoto. Que el otro lado (patético) del crecimiento inmobiliario en Miraflores, Jesús María y Pueblo Libre, es la falta de posibilidades de acceso a créditos de construcción de los más pobres. Que el otro lado (recontra-patético) de las 4x4 y los pubs cajamarquinos, es precisamente, la extrema pobreza de extensos sectores rurales.

¿Dónde está ese crecimiento sostenido en 75 meses continuos? ¿No será, como señala el economista Silvio Rendón, que habría sectores que no crecen nada mientras otros están quizás creciendo al 16% anual o más? He ahí una manera de llamar a la desigualdad por su nombre, y si bien todos nos sentimos satisfechos de que el Perú (¿qué Perú?, pero ése es otro tema) esté creciendo —aún cuando sea a costa de materias primas— el temor de un futuro de estancamiento debe de ponernos en alerta para poder tener en consideración las formas de prevenirnos. Los minerales se acaban, el agua se acaba, ¿qué perdura? Nosotros, los seres humanos, perduramos y nos sobrepoblamos, ¿y por qué no invertir precisamente en recursos humanos? Se han abierto fondos de investigación y financiamiento de capital humano en el Congreso de la República, y aún con la alta desconfianza hacia los congresistas, debemos insistir precisamente en que esos fondos se incrementen así como otros que consideren prioritario el tema de la investigación científica y del conocimiento. Porque ser “medio pobres” pero ignorantes es el peor de todos los futuros.

La pobreza es algo más que índices, que mediciones, que cifras: cuando los economistas discuten por métodos entiendo que quieren aclarar dudas y contenidos para discusiones políticas posteriores más precisas, pero se alejan de la percepción del “hombre y mujer de a pie” que queremos saber, conocer, palpar y entender qué diablos nos pasa. ¿Quién de ustedes, queridos economistas, se atreve a explicárnoslo?

May 30, 2008

Poeta y pobre con p de patria

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Cuando el presidente Alan García nos informa que la pobreza se ha reducido cinco puntos porcentuales en un año, me pregunto: ¿en qué medida mi vida está incluida ahí, en alguna coma, de esos puntos porcentuales?, ¿cuántos de mis amigos se encuentran en medio de esas cifras?, ¿cuál de los poetas peruanos podría soñar con salir de la pobreza extrema para subir a la línea de la pobreza de solemnidad?

Vallejo murió literalmente en condiciones de precariedad económica severa y, hace pocos días, Alejandro Romualdo Valle, el autor del famoso “Himno Coral a Tupac Amaru, que es la libertad”, fue encontrado en su vivienda muerto, golpeado, quizás asesinado. Vivía solo e imaginamos que tenía para el almuerzo diario: pero la pobreza no se atenúa sólo llevándose a la boca unas cuantas proteínas, y la soledad, la falta de acceso a servicios de salud, la necesidad de una pensión de jubilación digna, son también signos claros de pobreza y abandono. Alejandro Romualdo no los poseía.

Hace algunos años, Francisco Bendezú, uno de los poetas más intensos de la generación del 50, cuyos versos “Yo soy el granizo que entra aullando por tu pecho desquiciado” son el inicio de uno de los poemas amorosos más bellos de la literatura hispánica, también murió en condiciones de desolación total: en su casa postrado en un sillón desvencijado, cubierto de colchas malolientes, abandonado, solo, triste. Una crónica publicada por Jerónimo Pimentel narraba, con lujo de detalles, esos momentos de abandono que vivía en su enfermedad el poeta dos veces laureado por el Premio Nacional de Poesía. Parecía que a esa crónica sólo le faltaba el “¡Tú sufres, tú padeces y tú vuelves a sufrir horriblemente…” como sigue gritando aún Vallejo desde su tumba.

Hace algunos años el poeta Emilio Adolfo Westphalen tuvo que ser considerado legalmente indigente para que, a través de una serie de mecanismos gubernamentales, se le permita vivir sus últimos días en la Maison Santé. Y Césareo Martínez, el autor de “Cinco razones puras (para comprometerse con la huelga)”, murió en el Hospital María Auxiliadora de San Juan de Miraflores, y felizmente que en ese momento Nicolás Lynch se encontraba en el cargo de ministro de educación y por lo menos pudo dársele a Chacho un entierro digno.

Hace poco tiempo, uno de mis compañeros generacionales de poesía tuvo que afrontar una enfermedad muy delicada y no hubo otra manera de conseguir los recursos necesarios que haciendo una “chancha”, como en los locos años 80 para comprar la cerveza de la fiesta, y un recital con cobranza de entrada para que por lo menos cubriera una parte mínima de su acceso a la salud.

¡Y ni les cuento de las artimañas que deben hacer algunas de mis amigas poetas para poder pagar las deudas, el teléfono, el colegio de la hija, los remedios de la madre! Yo misma, soy mil oficios como tantos otros (ya he hablado de mi síntoma del multiempleo ansioso), y encima seguimos financiando nuestros libros de poesía, nuestras lecturas públicas, y apostando por el premio nacional o internacional para cerrar el presupuesto de diciembre.

Dirán los optimistas que los poetas no tienen por qué morir pobres. Por supuesto que no: visitando La Chascona, la casa de Neruda en Santiago de Chile, me di perfecta cuenta que no la pasaba nada mal: su casa es un museo al hedonismo, una fiesta de colores, un espacio consagrado a la sensualidad;  la cristalería, los objetos maravillosos que pescó de sus múltiples viajes, los cuadros y los árboles. Es cierto que todo fue casi destruido durante el cateo que hizo la Junta Militar luego del golpe, y es cierto asimismo, que a los pocos días Neruda murió no sabemos si de rencor o de tristeza. Pero de que pasó pobreza, lo dudo, por lo menos no en sus últimos tiempos.

Aunque, ups, claro… él era un poeta chileno.

La imagen es el famoso cuadro de Carl Spitzweg de 1839, el poeta pobre (contando las sílabas del verso).

May 25, 2008

¿Eres poeta de verdad o qué?

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Una de las pocas fotos de María Emilia Cornejo.

Esa pregunta, hecha a boca de jarro contra Melissa Patiño en el uterotv, me hizo recordar cuando hace años me preguntaban lo mismo, antes de que yo hubiera publicado algún libro de poesía, y como ella me quedaba primero pensando, seriamente, si debía llamarme a mí misma de esa manera o no. De hecho, el primer libro que publiqué a los 20 años me convirtió en teoría e inmediatamente en poeta, pero a su vez no podía creerme que lo era. “¿Eres poeta?”— y una, a diferencia de tanto colega varón que se arroga la imagen antes que el oficio, se quedaba pasmada —como el rey del cuento— y sin saber, en realidad, si lo era, no lo era, o quizás debería serlo. Incluso ahora, luego de tantas lunas, agua bajo el puente, y libros escritos en verso, puedo seguir con la duda que tormentosa crece, preguntándome, ¿lo soy?, ¿soy poeta porque versos compongo? Lo que siempre contesto, exactamente igual a Melissa, es “escribo poesía”. ¡Diablos, por qué las mujeres seguimos siendo así!

Quizás porque los hombres siguen siendo asá.

A propósito de una reiterada e insistente campaña contra la imagen de poeta de María Emilia Cornejo me provoca hablar sobre el oficio, su relación con la identidad, y ese aspecto siempre extraño y sombrío que cruza cualquier delgada línea roja. En la excelente revista virtual El Hablador, Francisco Izquierdo Quea, aprovechando su estancia en París, le hace una larga entrevista a José Rosas Ribeyro sobre un tema que había saltado a la luz pública hace unos pocos meses al publicarse un artículo al respecto en la revista Intermezzo Tropical: la “construcción” de los poemas de María Emilia Cornejo realizada supuestamente por Rosas Ribeyro y por Elqui Burgos durante los años 70, luego del suicidio de Cornejo. Según la versión de Rosas los tres famosos y emblemáticos poemas de Cornejo (“La muchacha mala de la historia”, “Como tú lo estableciste” y “Tímida y avergonzada”) fueron ensamblados por ellos con “restos” de versos que María Emilia escribió pero no publicó.

En la entrevista de Izquierdo, Rosas Ribeyro al parecer se siente muy satisfecho de haber puesto en evidencia que, según él, el mito de María Emilia Cornejo no tiene fundamento. “A tu juicio, ¿Cornejo fue o no poeta?” le pregunta Izquierdo a Rosas, y él contesta: “No. Ella era una chica que empezaba a escribir. En sus cuadernos y en hojas sueltas apuntaba cosas acerca de sus malestares existenciales, su vida conyugal, su compromiso social de estudiante católica. La cuestión es simple: sin esos tres poemas ella no existiría hoy como poeta reconocida”.

Totalmente en desacuerdo. Falso de toda falsedad. Si esto fuera cierto, no se hubiera podido publicar el libro En la mitad del camino recorrido que incluye, además de los tres poemas citados, 27 poemas más. Según Rosas Ribeyro estos poemas no valen nada. Pero si uno verdaderamente los analiza, con detalle, incluso los “construidos”, podemos sostener que todos tienen un estilo muy parecido: se trata de textos de un lenguaje muy directo, poco adjetivado, muchos de ellos con un halo erótico —“entro lentamente por tus venas/ hasta inundar/ todos los rincones de tu cuerpo”— que denotan, precisamente, el rasgo fundamental de la poesía de Cornejo: una actitud poco pasiva frente a la relación amorosa y sexual. Rosas Ribeyro sostiene que él y Elqui Burgos “editaron” los poemas de versos sueltos y cual Pigmaliones, insuflaron con el talento de ellos, esa materia o barro de los orígenes para crear a una poeta paradigmática. Discrepo: si los versos sueltos no hubieran sido escritos de esa manera, no hubiera habido material para construir nada, en el supuesto de que esos textos hayan sido editados en su totalidad por Burgos/Rosas.

Rosas, en un acto clásico del macrocefalismo ególatra de los poetas peruanos del Perú —perdonen la tristeza y con grandes excepciones— sostiene que Cornejo sólo escribió “unos cuantos poemitas sociales” —ajá, una vez más el uso del diminutivo limeño para desacreditar a alguien— y que sí existe como poeta, lo hace en razón de esos tres poemas que, claro está, él y su amigo mudo —“es que Elqui no quiere meterse en problemas”— editaron, samplearon, remixearon cual DJ’s de la literatura escrita por mujeres. Y lo más increíble, es que en base a esto, y utilizando algunas declaraciones orales de Carmen Ollé y el silencio de Hildebrando Pérez y de Marco Martos, pone en duda no sólo la poesía de Cornejo, sino toda la literatura escrita por mujeres “que es utilizada por las feministas”.

Pronto se dirá que los poemas de Carmen Ollé los escribió Enrique Verástegui, y los de Giovanna Pollarolo, Francisco Lombardi y los de Victoria Guerrero, Enrique Bernales ¿y los míos propios?, ¿a qué poeta peruano me busco para que sea mi inventor?

May 17, 2008

San Marcos: nudo de inquietudes, plaza de victorias

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Juan Gonzalo Rosé compuso unos versos que, de alguna manera, a todos los sanmarquinos nos han acompañado en diferentes momentos de nuestras trayectorias: “San Marcos: nudo de inquietudes, plaza de victorias”. Hoy, una vez más los he recordado, ante esta oscura posibilidad de que los pagos de mi universidad hayan vuelto a ser noticia debido a las marchas reprimidas a combazos y a los disturbios de los estudiantes que protestan —a veces con gratuita violencia— contra una construcción que, de entrada, coloca a San Marcos en desventaja frente al municipio limeño que ha ganado una buena tajada del campus —veintiocho mil metros— para colocar su mastodóntico proyecto.

Que se requiere un trébol en el cruce de Venezuela y Universitaria, nadie lo duda; que se debe realizar una obra con transparencia, todos lo exigimos. Los sanmarquinos, tanto profesores, trabajadores y estudiantes, hemos “sufrido” desde hace años las ínfimas condiciones de movilidad de las cuadras respectivas de la avenida Universitaria: baches que parecían cráteres lunares que nos acompañaron “cariñosamente” durante ¡¡¡diez años!!! Y cruces de la muerte que sólo desde el deceso de un estudiante y cientos de accidentes —recordemos que al poeta Pablo Guevara lo atropelló ahí una combi— el municipio se dignó a poner un semáforo en la entrada de Letras.

Pero el tema de la precaria infraestructura vial y la obra de marras no es el punto que me interesa destacar ahora sino la oportunidad de la marcha que, una vez más, ha servido para enturbiar una protesta legítima. Los noticieros de televisión —siempre tan voluptuosos en su sensacionalismo— han aprovechado para sacar del cajón de los recuerdos el estereotipo del sanmarquino: violento, tira-piedras, bochinchero, y por último, casi terrorista. Por supuesto que no narraron los hechos desde la perspectiva de los estudiantes, ni siquiera desde el medio, sino desde el mejor ángulo para una toma conveniente sin arriesgarse mucho: detrás de los relatos oficiales que tuercen la historia para sus molinos. Felizmente desde dentro de la universidad hemos podido ver otra tomas en las que no queda duda del ingreso de la policía, ya no sólo al campus, sino incluso a los pabellones donde están las aulas, para perseguir a estudiantes y meterles golpe contra el suelo. Que esta intrusión haya tenido permiso del rector no hace sino avergonzarme.

Esta opinión —me refiero a la mía— en éste ni en ningún caso de protesta ciudadana, justifica que se hayan quemado carros o empujado vallas o incluso arrojado piedras contra los obreros de construcción —¡estudiante, el obrero no es tu enemigo!— o entonado consignas que no venían al caso. A su vez no puedo dejar de preguntarme por qué se tienta a la represión, si era obvio que en los días previos a las cumbres y precisamente por este afán de criminalización de la disidencia, las fuerzas policiales y sobre todo el ministerio del interior, tenían el dedo nervioso puesto en el gatillo. ¿Qué se intentó con una marcha institucional organizada para fecha tan poco conveniente?, ¿por qué protestar contra el alcalde Castañeda y las dudosas negociaciones en torno a la cede del terreno en esta coyuntura?, ¿acaso no hubiera sido mejor diferir la protesta y guardar energía y enfilar baterías para apoyar la Cumbre de los Pueblos? En todo caso que la ciudadanía no olvidé que los estudiantes no son terroristas y que los desmanes de unos cuantos no pueden justificar la demonización de todo el colectivo sanmarquino.

May 11, 2008

Cumbres Nevadas

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Desde los periódicos de Madrid trato de observar al Perú y su relación con los acontecimientos políticos últimos, pero a través de las noticias saturadas de Birmania, la inoperatividad de su gobierno dictatorial y la desgracia del huracán que está dejando un saldo de cien mil muertos, no logro siquiera ver la punta de la cumbre. Digamos que el tema de la reunión ALCUE no tiene, desde la propia Europa, el relieve que quizás desde Lima sentimos como algo mucho más importante.

Al margen de que se trate de una reunión diplomática y económica, esto es, noticias que en todos los periódicos del mundo se limitan a las páginas de internacionales – zona baja, la visión de América Latina como un socio estratégico para los europeos es casi la misma que nosotros podríamos dedicarle al punto: mucho más trascendental es la reunión del APEC. ¿Por qué? Pues precisamente por este nuevo orden mundial, que desde el Atlántico se ha trasladado al Pacífico y las inéditas posibilidades de alianzas entre Oriente y América en su conjunto. El protagonismo de Europa se desluce y encanece, como los mismos protagonistas de Mayo del 68, que a cuarenta larguísimos años ahora se ven desgastados y amodorrados, y como el propio Daniel Cohn-Bendit, mucho menos rojo y más verde añejo.

Por otro lado, como bien señala Alexandro Saco en su columna “Civilización”, las nuevas fuerzas conservadoras que lideran los gobiernos de Francia e Italia, nos miran más que como socios como invasores o inmigrantes a los que se debe controlar más que nunca con nuevas leyes draconianas de expulsión como las propuestas por Sarkozy y Berlusconi. En Europa ahora, y especialmente en España, somos reconocidos como los sudacas que llenan las calles de ansiedad y que malbaratean sus oficios ante la desesperación y la necesidad. De hecho el martes, caminando por una calle de Salamanca, un hombre mayor y de lentes, con terno y aparentemente respetable, me paró en seco y me preguntó a boca de jarro: “¿eres colombiana o dominicana?”. Un estudiante peruano me libró de la pregunta que hubiera seguido a continuación: “¿cuánto cobras?”.

Pero aunque en las calles europeas a las latinoamericanas nos confundan, y a los latinoamericanos los ninguneen, hay una relación de otro tipo que debe de establecerse en los más altos niveles de gobierno. Considero que este espacio de diálogo que es la cumbre ALCUE no debe poner sobre el tapete sólo las necesidades del empresariado o las angustias de los exportadores, sino también los problemas reales de miles de migrantes que se encuentran con mayor o menor fortuna en estas tierras europeas: porque a pesar de todo somos también una posibilidad potencialmente creativa, no sólo gente desesperada que busca ganarse la vida, sino seres humanos intensos que con nuestras formas de sobrevivir y nuestra paciencia andina, con nuestros silencios y nuestra poesía, hemos logrado poner en estos pagos —como se dice por acá— una pica en Flandes.

May 2, 2008

La lista negra

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 Caricatura del genial Carlín.

En todos los países donde se organizan listas negras hay un componente autoritario: desde la Rusia estalinista hasta la Alemania nazi, desde el Chile pinochetista hasta los primeros días de la voluptuosa revolución velasquista, se trata de listados de personas o de instituciones que, de alguna manera, van a participar de una represión.

Si bien es cierto que dentro de las democracias al uso, esto es necesario para poder controlar el crimen organizado, y en este caso se consideraría al terrorismo como tal, una lista negra puede conllevar a múltiples situaciones de injusticia en la medida que toda organización terrorista, desde aquella lejana en la que militó Alexander Ulianov, “Voluntad del pueblo” era su nombre, hasta las más avezadas de hoy en día como Al Qaeda, todas no son sólo y simplemente criminales, sino que tienen un objetivo político a largo plazo: la toma del poder, ergo, del gobierno y el cambio radical de las reglas de juego de una nación. Es más: algunas pretenden más bien un cambio de las reglas del juego globales que, a decir verdad, no cuestionan la injusticia del mundo sino el actual equilibrio estratégico que fortalece las posiciones occidentales.

Esta situación tan cercana entre lo político y lo delictivo construye espacios de ambigüedad tales que, desde los diferentes escenarios, se puede demonizar a los protagonistas de ambos lados del espectro. ¿Cuál sería, hoy en día por ejemplo, la diferencia entre un grupo guerrillero y un grupo terrorista? Todo dependerá del cristal con que se miré: desde la óptica del Estados atacado, de los inocentes asesinados, o de los propios alzados en armas. Incluso muchos analistas —algunos de la Escuela de las Américas— dirán: no hay diferencia alguna. Pero de hecho las diferencias están establecidas en documentos internacionales, en tanto que los grupos “alzados en armas” pueden ser considerados fuerzas beligerantes y, en ese sentido, poseer un estatus político en las Naciones Unidas. La ambigüedad de la categorización de un terrorista es lo que permite, por un lado, un hueco jurídico para lanzarse a través de él hacia el reconocimiento de un estatus internacional —a la manera de las FARC y sus lobbistas— o por el contrario, una represión indiscriminada a todo aquel que esgrima un pensamiento disidente.

Por eso mismo, como lo explicó el euro-parlamentario Raúl Romeva del Partido Verde de Catalunya, el voto negativo contra la enmienda de la lista de grupos terroristas aprobada por la Unión Europea, no giraba simplemente en torno a la inclusión o no del MRTA dentro de ella, sino en contra de la idea misma de la lista: “no hay parámetros objetivos y claros de que no haya un uso político de esa lista. El tema del MRTA no fue el aspecto que motivó a que muchos de los parlamentarios se opongan a la enmienda, el tema es mucho más complejo. No hay ni un solo diputado o diputada que avale las causas terroristas de ningún país del mundo y por eso no se debe engañar a la gente de que el parlamento europeo avale al MRTA”.

¿Y por qué el gobierno se rasga las vestiduras —en un acto performativo que ya quisieran los actores griegos— si el país que consideran como uno de sus principales aliados, los Estados Unidos, no ha incluido en la lista de 42 grupos terroristas —la mayoría árabes— al propio MRTA?, ¿Simplemente es una alharaca operística para endurecer la represión y ganarse alguito? No olvidemos las deudas con los derechos humanos que aún tienen algunas personas poderosas en este gobierno y sus aliados, por un lado; y por el otro, el importantísimo —sí, en superlativo— papel que están cumpliendo varias ONGs de derechos humanos en el megajuicio a Alberto Fujimori.

Como sostiene Romeva no se trata de un problema peruano: la forma de hacer frente a la oposición en otros países del mundo es acusarla de ser parte de grupos terroristas. Es decir, olvidarse del matiz y regresar a las calificaciones “duras”, estereotipadas, y reducir toda posición en contra al maximalismo. Esta situación no demuestra fortaleza, por el contrario, una cierta precariedad en gobernabilidad.

Y claro, la pregunta es ¿si vivimos en medio de la bonanza económica reciente, que nos sucede, para que se apliquen estas tácticas? Pues hay una respuesta que podría convertirme en terrorista según las estrategias maximalistas, y esa respuesta tiene un solo y contundente argumento: re-distribución de la riqueza. Ese es el principal papel del Estado, desde Caral hasta nuestros días, y gobierno que no lo cumpla no podrá tener éxito.






















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